Taller: Evaluaci�n Neuropsicol�gica Temprana
Msc. Psic. Elsa Roca de Licardie
Psic. Juan de la Cruz Moreno N�poles
El taller abordar�
a la Neuropsicolog�a de las primeras etapas de la vida mediante el modelo
Neurofisiol�gico. Debido a que los modelos localizacionistas de interpretaci�n
no pueden ni deben ser aplicados durante la ni�ez dado que los procesos de
desarrollo inherentes a estos estadios est�n en un din�mico cambio de diferenciaci�n
ontog�nica.
MODELO NEUROFISIOL�GICO
Este modelo pretende
describir y clasificar la evoluci�n y el desarrollo din�mico de las funciones
cerebrales superiores y su intervenci�n en el aprendizaje, tanto en su curso
normal como cuando han sido afectados por fen�menos patol�gicos.
El conocimiento de
la neurona es condici�n necesaria pero no suficiente, la suficiencia s�lo
puede encontrarse en los circuitos funcionales complejos (Luria, 1974.), intrincada
trama en donde decenas de miles de millones de neuronas reciben cada una miles
de conexiones e influjos sin�pticos. Los diversos analizadores neurales se
organizan (Azcoaga y cols. 1983) en verdaderos “�rganos funcionales”
dentro del sistema nervioso central (Sechenov, 1978), cada analizador neural
es espec�fico para una modalidad determinada de energ�a,(Frolov, 1955), no
obstante los diversos analizadores se interrelacionan unos y otros se integran
arm�nicamente; la experiencia y� actividad humana son producto de la integraci�n
din�mica de estos analizadores.
Dentro de un marco com�n a los individuos de la misma
especie con experiencias previas usuales, no debe extra�ar, que la anatom�a
de un analizador pueda adoptar una geograf�a no siempre uniforme y variable
a medida que el individuo evoluciona. Los reflejos de dicha actividad son
asequibles al observador externo bajo diversas funciones superiores, por ejemplo
el lenguaje.
Bejtereva (1984)
reconoce varios estadios de estabilidad de un analizador neural hasta llegar
al "estado estable" que es caracter�stico de la condici�n del adulto,
el analizador trabaja de acuerdo a las normas usuales de la neurofisiolog�a
(sumaci�n temporo-espacial, excitaci�n, inhibici�n, irradiaci�n, concentraci�n,
persistencia, latencia, etc.). La actividad de ese analizador es combinatoria
de los elementos en �l inscritos, con respecto a esas normas funcionales;
la expresi�n final de la actividad de un analizador es conducida a trav�s
de diversas v�as neurales y es asequible al observador (Azcoaga y cols. 1983).
El enfoque Neurofisiol�gico nos permite encontrar un
camino de an�lisis de las alteraciones del lenguaje infantil, y de otras funciones
ps�quicas superiores,� para ello es necesario comprender que la actividad
nerviosa superior en sus formas normales permite un equilibrio entre la excitaci�n
y la inhibici�n mismo el que se consigue durante el desarrollo; sus formas
anormales se identifican como fisiopatolog�a, en donde la relaci�n din�mica
se modifica, nuevos procesos y nuevas leyes sustituyen a las normales (Ivanov,
1955). En el caso del lenguaje, Azcoaga (1981) informa que la interacci�n
din�mica de estos procesos b�sicos� determina la formaci�n de estereotipos
y la actividad normal del cerebro.
Se denomina actividad nerviosa superior al proceso
fisiol�gico arm�nico de diversas estructuras cerebrales actuando din�micamente
por efecto de diversos est�mulos exteriores e internos (Pavlov, 1953).
Dispositivos B�sicos del Aprendizaje
Es necesario entender al aprendizaje como un proceso
que afecta el comportamiento de un animal o de un ser humano, que alcanza
a tener car�cter bastante estable y que se elabora antes modificaciones del
ambiente externo que tambi�n tienen un car�cter relativamente estable. Se
debe mencionar que existe un aprendizaje pedag�gico y un aprendizaje fisiol�gico,
en el aprendizaje fisiol�gico es necesario progresar desde los componentes
m�s elementales que intervienen en este proceso hasta los m�s complejos. Los
dispositivos b�sicos que intervienen inevitablemente en todos los procesos
de aprendizaje cualquiera que sea su car�cter van a apoyar a las manifestaciones
m�s complejas del aprendizaje fisiol�gico denominadas funciones superiores,
que se denominan tambi�n funciones psicol�gicas superiores.
La motivaci�n, uno de los dispositivos, es indispensable para que
el aprendizaje tenga lugar, si no hay condiciones adecuadas en el sistema
nervioso central que lo hagan posible o las condiciones est�n por debajo de
los requerimientos, el aprendizaje no ocurre. La motivaci�n ha sido definida
como el conjunto de condiciones que hacen posible el aprendizaje, es m�s,
que lo hacen necesario, tiene por lo tanto una propiedad apetitiva (Nuttin,
J. y col, 1969; Dell, P. y col, 1969).
Cuando se habla
de motivaci�n en sentido psicol�gico se describe un estado de receptividad
que incluye factores atencionales y sensoperceptivos. Motivar para una determinada
forma de aprendizaje escolar significa crear est�mulos convenientes que susciten
la atenci�n t�nica.
Se han distinguido dos tipos de atenci�n, f�sica y
t�nica, el primer tipo es brusco y de breve duraci�n; el otro es sostenido.
La atenci�n� f�sica ser�a un fen�meno muy ligado al reflejo de orientaci�n;
deben coexistir una estimulaci�n sensorial con un grado definido de alerta
cortical. En estas condiciones, la estimulaci�n determina la respuesta atencional
en cuesti�n, cuya magnitud est� dependiendo del grado de alerta cortical.
En cuanto a la atenci�n sostenida o t�nica corresponde a un mantenimiento
de nivel adecuado de receptividad de uno o varios canales sensoriales. El
mantenimiento de este nivel de receptividad estar�a garantizado, adem�s de
la motivaci�n y la sensopercepci�n, por la estimulaci�n desde la corteza cerebral
a los niveles� descendentes. Este circuito incesantemente recorrido por una
estimulaci�n adecuada tiende a mantener un tono sostenido de excitabilidad
cortical para determinados tipos de estimulaciones que se est�n recibiendo;
estas estimulaciones est�n siendo sometidas a su vez a la actividad anal�tico
sint�tica propia de la corteza cerebral.
En la vida cotidiana,
ambos tipos de atenci�n se influyen rec�procamente
La habituaci�n
fue postulada como un fen�meno de aprendizaje negativo (Hern�ndez
Pe�n, 1955) consiste en que la actividad superior del hombre es capaz de tener
una acci�n de filtro para dejar de poner atenci�n a los est�mulos que no son
completamente �tiles o relevantes para la acci�n que est� realizando o le
interesa realizar.
La memoria
es un dispositivo b�sico indispensable para construir a nivel superior el
almac�n de informaci�n que est� disponible con diferentes caracter�sticas
para ser procesado, aumentado y regulado para el uso oportuno en la cotidianidad
del trabajo a distintos niveles, desde la interacci�n humana m�s elemental
hasta la cient�fica m�s compleja. Despu�s de que el organismo recibe la estimulaci�n
adecuada y logra un tono atencional suficiente, el mismo es susceptible de
enviar a su almac�n aquellos aspectos m�s relevantes que le son propios a
su individualidad. En la memoria se distinguen de manera general, tres procesos,
registro de la informaci�n, codificaci�n - almacenamiento y evocaci�n. Existen
diferentes tipos de clasificaciones de la memoria: por su duraci�n corto y
largo plazo, por su nivel de conciencia, explicita e impl�cita; por el tipo
de informaci�n, autobiogr�fica, sem�ntica, cultural, etc..
La sensopercepci�n
Antiguamente se
acostumbraba separar la sensaci�n de la percepci�n, siendo la primera la recepci�n
de est�mulos simples, y a la percepci�n, la combinaci�n de dichos est�mulos
en estructuras m�s complejas que pod�an ser evocadas.
La psicolog�a,
la neurofisiolog�a y la neuropsicolog�a han demostrado concluyentemente, que
no hay sustento para una concepci�n as� simplificada y sistematizada. Lo que
corresponde es considerar un proceso complejo en el que cada est�mulo constituye
parte de un todo funcional que puede ser a su vez nuevo o estar incorporado
al individuo. En cierto modo los procesos sensoperceptivos son procesos de
aprendizaje, y como tales podr�n modificarse y reorganizarse en el desarrollo
del ni�o.
La capacidad de
an�lisis entre los est�mulos puede llegar a ser muy espec�fica y estos est�mulos
pueden combinarse entre s� en s�ntesis complejas denominadas gnosias.
La participaci�n
de cada uno de estos diversos componentes b�sicos en los procesos de aprendizaje
puede ser complicado y s�lo la investigaci�n experimental ser� capaz de definir
en situaciones particulares de que modo participa uno con relaci�n a otro.
No obstante, aun cuando sea preciso respetar la complejidad del proceso de
aprendizaje es conveniente acostumbrarse a contar con estos factores b�sicos,
pues no es infrecuente que sea preciso operar en un sentido u otro modific�ndolos.
Brevemente, refiri�ndonos
a lo motor, debe considerarse las habilidades de coordinaci�n de todo el cuerpo
que se representan en las posiciones posturales y despu�s en la locomoci�n,
la carrera, el equilibrio est�tico y din�mico, la flexibilidad; ellas se organizan
de manera m�s compleja para dar lugar a las praxias que permiten los movimientos
finos y las coordinaciones vinculadas al uso del espacio. Cabe mencionar que
el desarrollo de la motricidad es trascendente para el avance cognoscitivo,
pues es gracias a ella que el ni�o puede realizar las actividades exploratorias
investigativas de su entorno.
El Lenguaje
El estudio de la palabra
ha tenido a lo largo de la historia de las investigaciones ling��sticas diversos
enfoques, se ha analizado su origen, fonolog�a, morfolog�a, desarrollo ontog�nico,
sem�ntica, as� como sus funciones: designativa, generalizadora, analizadora
de los rasgos del objeto, etc.
El aprendizaje fonol�gico en ni�os menores de cuatro
a�os, pone de manifiesto, que los 17 fonemas conson�nticos del espa�ol de
acuerdo a la AFI, inician su aprendizaje a los 18 meses y consolidan el mismo
a los cuarenta y ocho (Roca de Licardie y cols., 2003) siendo los primeros,
la /t/, /n/, /m/ /b/ y /p/; y los �ltimos, /f/, /r/ y /rr/; el orden de adquisici�n
de los fonemas en los ni�os del estudio citado, permaneci� constante. De esta
manera se observa que el primer grupo de consonantes identificado, estuvo
consolidado en la mayor�a de las producciones f�nicas que componen estos datos.
Lo anterior constituye una confirmaci�n de lo enunciado por Jakobson (1969)
en el sentido de que los fonemas anteriores se consolidan primero que los
posteriores. Es importante mencionar que a partir de 42 y 48 meses ya se han
consolidado la mayor�a de las consonantes, incluso aquellas que pertenecen
la grupo de los fonemas l�quidos: /l/, /r/ y /rr/ que constituyen de acuerdo
a Jakobson las adquisiciones m�s tard�as y que cierran el proceso de adquisici�n
fonol�gica, o sea que para esta edad, la mayor�a de los fonemas debe estar
consolidada en los ni�os.
En el aprendizaje sem�ntico, debemos considerar que
las primeras palabras en el ni�o est�n ligadas a las diferentes situaciones
y necesidades cotidianas en su relaci�n social y ambiental. Van adquiriendo
significado y sentido a trav�s de la amplitud del contexto relacional. Al
principio una palabra puede ser utilizada en muchas situaciones porque tiene
el fen�meno de ultraextensi�n. Azcoaga J. E. (1989) cit� a Clark (1974) que
al estudiar la sobregeneralizaci�n de las primeras palabras, nos proporciona
la comprensi�n del proceso por el que pasa el ni�o en el camino de su aprendizaje
sem�ntico. El sentido global de las primeras palabras se especializa, se hace
complejo, de manera que todo nuevo elemento de informaci�n de su entorno lleva
al ni�o a reestructurar el sentido inicial de las primeras palabras.
As� la palabra es un instrumento
de an�lisis de la informaci�n que el sujeto recibe del mundo externo; tras
ella comienzan a organizarse sistemas complejos de enlaces y relaciones abstractas.
La palabra empieza a introducir el objeto en una determinada categor�a de
sistemas conceptuales, jer�rquicamente organizados (Luria, 1984).
En el proceso de ontog�nesis, por el significado de
las palabras, cambia tambi�n el sistema de procesos ps�quicos participantes.
En el comienzo, las palabras
en el ni�o est�n ligadas a la acci�n y a la comunicaci�n con los adultos y
objetos que le rodean. Tienen un car�cter simpr�xico. Al trascender al plano
de la representaci�n, la funci�n principal de la palabra es referencial. Con
ella puede evocar voluntariamente im�genes, realizar enlaces sin la presencia
del objeto (Luria, 1984).
Vigotsky (1991) hizo notar
otra funci�n muy importante: la “categorial”, en la que la palabra
adem�s de representar a los objetos, los introduce en un sistema de complejos
enlaces y relaciones.
La palabra no tiene uno sino
varios significados, la palabra “casa” puede representar
una vivienda o que un individuo se va a casar, realiza un matrimonio y si
escribimos “caza” es el acto de cazar animales. Estas caracter�sticas
muestran el fen�meno de multisignificaci�n de las palabras, mismo que es m�s
de lo que puede decirse y as� la referencia exacta del objeto o el significado
parecido, es una elecci�n del significado necesario de entre una serie de
alternativas. La puntualizaci�n del significado de la palabra o su elecci�n
se realiza por marcadores y distintivos sem�nticos. Esta funci�n se lleva
a cabo habitualmente por el contexto en el que est� la palabra, el tono con
que se pronuncia, lo que da pie a afirmar que todas las palabras son multisignificativas,
polis�micas. Un aspecto esencial est� dado con el hecho de que junto con el
significado “referencial” o “denotativo” existe adem�s
una amplia esfera de lo que se llama significado “asociativo”�
o “connotativo” (Luria, 1984).
La palabra provoca una serie
de enlaces complementarios, como antes mencionamos, por la situaci�n inmediata
o por la experiencia anterior; as� la palabra “teatro”
puede evocar “amigos”, “opera”, “coro”,
“m�sica”. De esta manera la palabra se convierte en un
nodo central de una serie de im�genes y palabras ligadas a ella connotativamente
(Deese, 1962; Luria, A. R., 1980).
As� se introdujo en la ciencia
el concepto de campo sem�ntico (Trier, 1934; Porzig, 1934) [1] ; (Osgood, 1967, 1968, 1976).
Se ha se�alado que los campos sem�nticos est�n organizados
de forma muy precisa y que algunas palabras que entran en el campo sem�ntico
dado, poseen mayor disponibilidad que otras. Ello puede explicarse por la
habitualidad y la frecuencia con que se encuentra esta palabra (Miller, 1967;
Katz, 1966, 1972). Constantemente, la disponibilidad de la palabra necesaria
y la gran probabilidad de su evocaci�n depende de aquellos enlaces l�xicos
que son caracter�sticos para muchas palabras.
Valor asociativo lexical de la palabra.
La g�nesis de la expresi�n,
a partir de una estructura profunda, es un postulado que se debe a Chomsky
(1957, 1965). Sin embargo, para describir el an�lisis de los caminos usados
en la b�squeda de los mecanismos psicol�gicos del paso del pensamiento a la
expresi�n verbal desarrollada, y la descripci�n detallada del proceso psicol�gico
de la formaci�n de la expresi�n, dice Luria (1980) [2] :
�“Se tiene impresi�n
de que desde los tiempos de Vigotsky se avanz� muy poco en este problem�tico
terreno, y que la hip�tesis seg�n la cual la expresi�n verbal se forma no
directamente del pensamiento sino a partir de la etapa intermedia del habla
interior, con todas sus particularidades psicol�gicas, quedaba como �nico
elemento del cual se puede partir para ulteriores construcciones”.
El planteamiento de Vigotsky
(1991) del lenguaje interior con su funci�n predicativa y estructura reducida
se enriqueci�, con la hip�tesis ling��stica de las estructuras sem�nticas
y sint�cticas profundas.
La representaci�n sem�ntica,
no debe ser considerada ni como una cadena lineal, ni como un �rbol jer�rquicamente
organizado. Una unidad l�xica determina el lugar de la idea correspondiente
a un sistema completo de relaciones que tienen que ver con diferentes nociones,
que a su vez se vinculan con otro conjunto de unidades l�xicas por la proximidad
sem�ntica de sus rasgos o por� la cercan�a fon�tica y ellas tienen signos
gramaticales que permiten la uni�n entre s�.
Para formular un pensamiento,
la persona que habla, ha de dividir su representaci�n sem�ntica en palabras,
pero como ellas est�n relacionadas con una gran cantidad de otras palabras
de su idioma y est� incluida en una red de muchos sentidos, el paso mental
organizado, para la formulaci�n de la expresi�n, es la elecci�n entre muchas
posibilidades, hay un filtrado sin el cual no se puede dar origen a la expresi�n.
Las investigaciones de Luria,
A. R., y Vinogradova, O. S., (1954, 1971), [3] demuestran que existe una red pluridireccional de relaciones.
En la normalidad las relaciones de significado bloquean a las semejanzas sonoras.
En la patolog�a o en estado inhibitorio y a edades muy tempranas, las relaciones
sonoras est�n accesibles, o se desinhiben y nivelan en su preferencia a las
relaciones sem�nticas.
Si se examinan las palabras
que generan asociaciones l�xicas es necesario identificar las que necesariamente
exigen la ayuda, auxilio y complementaci�n de algunas otras. Entre ellas est�n
los verbos transitivos, algunos adjetivos y otras. No as� sustantivos y verbos
intransitivos. Ejemplo de verbos transitivos que tienen la necesidad de completud
son: “apagar”, (qu�); “hay”, (qu�);
“acordarme”, (de qu�); “gastar”, “ayudarle”,
“comprender” etc. (Fillmore, 1970); (Zholkovski y otros,
1964, 1967, 1970) [4] .
Muchas palabras se vivencian como incompletas y necesitan
una complementaci�n de otras palabras. A esto se le denomina “valencias
de las palabras”. Estas valencias son un factor complementario importante
que determina la elecci�n de la palabra necesaria. La siguiente red (Lira,
O. y Moreno, J., 1998) ilustra como pueden extenderse las conexiones de las
valencias o enlaces l�xicos a partir de cada rama; no estamos diciendo que
la relaci�n es lineal, se realizan v�nculos en varios sentidos y se movilizan
las conexiones en diferentes ramas. Esto ha sido muy explicado en el modelo
de arcos y ramas, con las relaciones� del “rema” y el “tema”
analizados en el modelo sentido�texto de Mel�cuk (1989).
En este diagrama
cinco son las relaciones posibles en el primer plano; sin embargo, en el siguiente
�stas se multiplican en progresi�n geom�trica y su uso depender� del tipo
de experiencia de cada sujeto en su vida cotidiana y del trabajo, si se trata
de un adulto. Los enlaces l�xicos iniciales se consideran la base, y representan
v�nculos potenciales de relaci�n.
�El lenguaje le permite al
ni�o adquirir nuevos modos de conducta y nuevos medios de organizar sus actividades
mentales, expresado en t�rminos de Vigotsky [5] :
�“Las funciones previamente
compartidas por dos personas se convierten gradualmente en sistemas funcionales
complejos de la mente que forman la esencia de la actividad mental humana
superior”.
Todas estas consideraciones
se aclaran si se toma en cuenta que estas propiedades han sido formadas en
el curso de las relaciones del ni�o con el adulto.
METODOLOG�A PARA REALIZAR EL DIAGN�STICO.
La evaluaci�n neuropsicol�gica en el ni�o y en el adulto
tiene los mismos objetivos, est� dirigida a detectar alteraciones en las funciones
psicol�gicas superiores causadas por lesiones funcionales o estructurales
del sistema nervioso central. Al mismo tiempo, la evaluaci�n neuropsicol�gica
busca establecer las relaciones entre la funci�n cerebral y el comportamiento.
La evaluaci�n del ni�o difiere en cuanto a la metodolog�a;
el tipo de pruebas utilizadas depende de la edad, la cultura y el nivel de
desarrollo, es a veces dif�cil realizar estudios formales y en muchos casos
puede ser m�s �til la evaluaci�n no formal, basada en una buena anamnesis
y en la observaci�n del ni�o a trav�s del juego y dem�s situaciones cotidianas.
La evaluaci�n neuropsicol�gica de ni�os y adultos se debe completar a la luz
de la observaci�n cl�nica, el examen neurol�gico y de los estudios complementarios;
sin olvidar la informaci�n psicofisiol�gica y de neuroimagen; igualmente se
debe tener en cuenta el ambiente socio-educativo-cultural y el familiar.
Las funciones psicol�gicas
superiores van apareciendo y se van desarrollando a la par de la maduraci�n
del SNC, la cual depende en gran medida de la mielinizaci�n de los procesos
neuronales en las �reas de asociaci�n de la corteza cerebral. Este proceso
de maduraci�n funcional sigue un orden definido: comienza en las estructuras
m�s antiguas evolutivamente, y termina en las �reas funcionales adquiridas
m�s recientemente en la historia filogen�tica. La mayor�a de las regiones
cerebrales relacionadas con las funciones complejas del lenguaje, terminan
su mielinizaci�n hacia los 7 a�os de edad (Lecours, 1998). Por todo ello,
el abanico de posibilidades de evaluaci�n funcional se va ampliando a medida
que el ni�o madura cronol�gicamente.
Inicialmente en las primeras semanas de vida s�lo es
posible evaluar algunos reflejos elementales: los de succi�n. prensi�n, degluci�n,
los ciclos de sue�o-vigilia, la capacidad de seguimiento ocular a la luz,
el llanto y la sonrisa social; en realidad, el examen neuropsicol�gico no
se diferencia en mucho de la evaluaci�n neuropedi�trica, considerando fundamental,
la actividad motora, la capacidad adaptativa, el juego vocal; las primeras
s�labas y palabras y la conducta social.
El examen neuropsicol�gico en el segundo a�o sigue diferenci�ndose
poco de la evaluaci�n neuropedi�trica; pero despu�s de la motricidad, la funci�n
clave a estudiar es el lenguaje oral, junto con la comunicaci�n gestual y
la comunicaci�n social; en el aspecto motriz, cabe destacar que con la independencia
en el desplazamiento se hace m�s evidente la conducta exploratoria del ni�o.
De los tres a los cinco a�os, la conducta motora logra
total independencia; el lenguaje tiene una velocidad de desarrollo muy alta
fonol�gica, morfol�gica, sint�ctica y sem�ntica, las gnosias simples han permitido
la complejidad suficiente para llegar a un reconocimiento visoespacial y del
esquema corporal, que junto con las praxias finas permitir�n acceder a la
lectoescritura, proceso en el cual tambi�n interviene el adecuado manejo escolar. [6]
T�CNICAS DE INVESTIGACI�N
PARA EXPLORAR EL LENGUAJE EN NI�OS Y SUS POSIBLES ALTERACIONES
Este apartado recomienda, t�cnicas que permiten reconocer
dos aspectos muy importantes del lenguaje, expresivo y comprensivo y las probables
alteraciones, y gdiscriminar la necesidad del maestro.
Un buen estudio anamn�sico y pruebas no formales en
condiciones naturales de juego y de la vida cotidiana, dan informaci�n suficiente
del lenguaje infantil; para esto se propone una sesi�n de juego ling��stico
que documente ese lenguaje. A partir de establecer el rapport con el ni�o,
se prepara un ambiente de juego con est�mulos propios del ambiente, edad,
cultura y sexo. El psic�logo� o el maestro act�a como un gu�a invitando y
solicitando conversaciones acerca de los objetos o situaciones relacionadas
a ellos, durante un per�odo de 30 a 40 min. En la sala de juego, los est�mulos
usados deben ser el principal centro de motivaci�n. Se recomienda: tel�fono,
pelota, instrumento musical (trompeta, arm�nica, xil�fono, etc.), muebles
de casa, animales dom�sticos o del zool�gico, utensilios del hogar, personas,
etc. Para ni�as agregue mu�ecas y art�culos de belleza; para ni�os puentes
carros, aviones, camiones, etc. Es indispensable grabar la sesi�n con prop�sito
de captar todas las elocuciones del ni�o fonol�gica, morfol�gica y sint�cticamente
as� como anotar durante la misma las situaciones contextuales que corresponden
a las expresiones. Terminada la sesi�n el psic�logo o maestro debe transcribir
la toma de lenguaje completa. Si es necesario puede utilizar un di�logo dirigido,
en el cual pregunte al ni�o situaciones relativas a sus gustos, familia, paseos,
etc. Est� t�cnica es de aplicaci�n viable a partir de dos y medio � tres a�os
de edad; ante ausencia total del lenguaje (mutismo) la evaluaci�n se realiza
a trav�s de la observaci�n de las estrategias comunicativas gestuales y onomatop�yicas,
en el aspecto expresivo, y en el comprensivo a trav�s de realizaci�n de �rdenes
sencillas de selecci�n-identificaci�n y/o ejecuci�n con elementos cercanos
a su medio cotidiano (ej. dame el vaso, acuesta al ni�o en su cuna, etc.).
Otros aspectos a evaluar: las gnosias y praxias, as�
como la motricidad gruesa son susceptibles de ser evaluadas a trav�s de los
dibujos, la actividad gr�fico-pl�stica en el aula, la psicomotricidad y el
juego, todos ofrecen m�ltiples oportunidades de observaci�n que con indicadores
precisos permiten conocer los niveles de desarrollo en los ni�os; el pensamiento,
proceso ps�quico muy complejo, es susceptible de ser evaluado a trav�s del
juego l�gico, el di�logo y la coherencia de la comunicaci�n; estas estrategias
y otras formales, de acuerdo a distintas edades de los ni�os, pueden ser utilizadas.
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[1]
Citado en Luria, A. R., 1984.
[3] Tomado en Luria, 1980.
[4]
Tomado en Luria, 1980.
[5]
citado por Luria, 1962, P�g. 9.
[6] Para mayor informaci�n de este desarrollo puede consultar
el cap�tulo de "ontogenia del lenguaje" del libro Los retardos del
lenguaje en el ni�o de Azcoaga y cols. 1981; as� como el de evaluaci�n del
desarrollo neuropsicol�gico infantil, de Lopera, F. en el libro "Neuropsicolog�a
infantil" de Roselli y Ardila, 1992.