EL CURR�CULUM DE HIGH SCOPE ANTE EL RETO DE LA DIVERSIDAD:
IMPLICACIONES PARA LA EDUCACI�N INFANTIL.
MTRO. ROBERTO BAROCIO QUIJANO
FACULTAD DE PSICOLOG�A, UNAM- INSTITUTO HIGH SCOPE DE MEXICO
RESUMEN.
El verdadero reto en la educaci�n se centra en la respuesta
a la diversidad que manifiestan los seres humanos. Hay un enorme
desaf�o en la tarea de dise�ar ambientes educativos que permitan
a los ni�os, - al margen de sus niveles de desarrollo, intereses,
necesidades y pr�cticas culturales-, encontrar oportunidades
significativas para desarrollar el enorme potencial humano que
todos llevamos dentro.
No podemos seguir ofreciendo ambientes similares para seres
humanos diferentes. Es necesario aprender a valorar y asumir
la diversidad, porque es la regla y no la excepci�n en los ambientes
educativos.
En esta ponencia abordar�, desde la perspectiva del Curr�culum
de High Scope (Hohmann y Weikart, 1999), c�mo podemos acercarnos
al dise�o de ambientes educativos que se ajusten a la diversidad,
considerando los siguientes elementos: el arreglo del sal�n
de clase, la organizaci�n de las actividades diarias, la interacci�n
adulto-ni�o, el proceso de observar-evaluar y planear y la relaci�n
con la familia.
PONENCIA
INTRODUCCI�N.
El Curr�culum de High Scope refleja lo que constituye una pr�ctica
educativa v�lida en t�rminos de desarrollo. Como tal centra
la atenci�n del maestro en la interdependencia entre desarrollo
y el ambiente de aprendizaje, humano y material, como marco
de referencia para guiar la educaci�n de los ni�os.
Hay algunos principios fundamentales del desarrollo que se
han convertido en gu�as �tiles para la pr�ctica educativa, por
ejemplo: 1) el principio de que los ni�os construyen activamente
su propia inteligencia; 2) el principio de que hay diferencias
individuales en el ritmo y los estilos del desarrollo de los
ni�os y; 3) el principio de que todos los dominios del desarrollo
(emocional, social, f�sico y cognitivo) son importantes y se
interrelacionan para determinar la conducta. Sin embargo, con
frecuencia estos principios se interpretan como si tuviesen
una �nica representaci�n cultural, es decir, como si hubiese
una sola manera de desarrollarse.
Con frecuencia, dice Bowman y Stott (1994), las escuelas y
los centros de desarrollo infantil han ignorado el hecho de
que hay diferentes interpretaciones culturales del desarrollo
y por lo tanto distintas pr�cticas educativas que son apropiadas.
Por lo que el desaf�o est� en reconocer la importancia de que
los maestros aprendan a colocar el desarrollo en un contexto
cultural.
Pero por desgracia, y a pesar de los avances mostrados en el
conocimiento del desarrollo humano, seguimos adheridos a un
modelo de educaci�n cuyo prop�sito central es la uniformidad,
lo homog�neo, sin percatarnos del enorme potencial humano que
todos tenemos.
Guerrero (1999) dice que Gadner ha revelado al mundo que todos
los seres humanos, sin excepci�n, poseemos un conjunto muy variado
de capacidades, por lo menos 7, que constituyen nuestro legado
filogen�tico y que re�nen todos los requisitos para ser consideradas
diversas expresiones o formas de inteligencia.
Sin embargo, insistimos en restringir el �xito de los estudiantes
al criterio �nico de rendimiento acad�mico, truncando de esta
manera las diversas expresiones de su inteligencia.
As� pues, la propuesta de este trabajo va encaminada a provocar
la reflexi�n, desde la perspectiva del Curr�culum de High Scope,
sobre si nuestros modelos educativos se adhieren verdaderamente
a la noci�n de una educaci�n genuinamente centrada en las personas,
en los ni�os, comprometida con el desarrollo �ptimo de sus mejores
competencias.
EL AMBIENTE DE APRENDIZAJE.
Si queremos realmente responder a la diversidad del potencial
humano y a las diferencias en necesidades, intereses y niveles
de desarrollo, tenemos que pensar en ambientes educativos en
donde todos los ni�os puedan acceder a las oportunidades para
el aprendizaje y desarrollo que los har�n �nicos como personas,
que les permitir�n tener �xito al margen de la tentaci�n por
la uniformidad.
En el caso de la educaci�n inicial, estos ambientes se organizan
en �reas de trabajo, las cuales albergan abundantes materiales
que permiten la elecci�n por parte del ni�o y lo motivan a involucrarse
en la experiencia directa y concreta y en la reflexi�n acerca
de las consecuencias de sus acciones.
Por otra parte, el dise�o de estos ambientes no se limita al
sal�n de clase, se extiende al �rea exterior, porque se reconocen
las potencialidades educativas de estos ambientes, pero sobretodo
porque se decide alejarse de una educaci�n del cuello para arriba,
centrada en solamente los aprendizajes acad�micos.
Ambientes como �stos celebran y dan la bienvenida a la diversidad;
se dise�an para que las motivaciones, los intereses, las necesidades
y los niveles de desarrollo que caracterizan a los ni�os puedan
tener cabida en el programa educativo.
LA ORGANIZACI�N DE LAS ACTIVIDADES DIARIAS.
Dentro de un modelo uniforme, homogenizador, todos los ni�os
siguen las instrucciones del maestro; de todos se esperan los
mismos resultados. Es m�s, se reconoce s�lo como correcta la
ejecuci�n que se ajusta a las demandas del profesor.
�C�mo puede un comportamiento de este tipo generar condiciones
para el desarrollo de los talentos personales, de las potencialidades
que todo ni�o demuestra?
Lo que se requiere es un ambiente educativo que promueva y
valore las oportunidades para planear las propias experiencias
de aprendizaje, para llevarlas a cabo y para evaluarlas. Epstein
(2003) menciona que la investigaci�n ha demostrado que la metacognici�n
(pensamiento de segundo nivel y habilidades para la resoluci�n
de problemas) se desarrolla cuando los ni�os son estimulados
para reflexionar, predecir, cuestionar y hacer hip�tesis.
Cuando un ni�o planea, identifica sus metas y considera las
opciones para lograrlas. Planear� involucra��� decidir�� sobre��
acciones�� y�� predecir�� interacciones, reconocer problemas
y proponer soluciones, as� como anticipar consecuencias y reacciones.
La reflexi�n, dice Epstein,� es m�s que memoria o la repetici�n
de actividades realizadas.� La reflexi�n es recuerdo con an�lisis.
Cuando se promueve la reflexi�n, el ni�o va m�s all� de meramente
reportar lo que ha hecho; trata de comprender lo que aprendi�
en el proceso, lo que fue interesante,� c�mo se sinti� con respecto
a esto, y lo que puede hacer para construir a partir de, o ampliar
la experiencia.�
En s�ntesis, la reflexi�n consolida el conocimiento para que
�ste pueda generalizarse a otras situaciones, y de este modo,
conducir a mayor predicci�n y evaluaci�n.�
Son precisamente estos procesos los que estimulamos cuando
el ni�o convierte sus deseos en intenciones, las realiza y como
parte de este proceso se enfrenta a la resoluci�n de problemas,
problemas que ponen en juego su inteligencia y le permiten aprender.
El ciclo culmina cuando el ni�o reflexiona acerca de lo que
se propuso y de lo que logr�.
El proceso de planear, llevar a cabo y evaluar resulta fundamental
no s�lo para el desarrollo de la inteligencia del ni�o; tambi�n
lo es para dar cabida a la diversidad de intereses y motivaciones
que los ni�os presentan. �Alentar a los ni�os a tomar
la iniciativa� en la persecuci�n de sus intereses, da lugar
a un sentido de control sobre su entorno y sobre su capacidad
para transformarlo. Cuando los ni�os planean y reflexionan,
no s�lo�� consideran lo que est�n haciendo� y lo que
est�n aprendiendo, tambi�n est�n adquiriendo al mismo tiempo
competencias acad�micas, sociales y art�sticas (Epstein, 2003).
LA INTERACCI�N ADULTO- NI�O.
Uno de los factores din�micos que resulta determinante en la
calidad de un programa educativo es la interacci�n que el adulto
establece con los ni�os.
Desde la perspectiva de High Scope, la interacci�n del adulto
debe reflejar patrones de interacci�n positiva, es decir, formas
de proceder que permitan crear un ambiente de instrucci�n que
invita a la participaci�n, que motiva al intercambio, que considera
la participaci�n �nica de los ni�os a trav�s del ajuste permanente
a sus necesidades e intereses.
Por ello, una de las principales tareas del educador tiene
que ver con la creaci�n de un ambiente socio-emocional propicio
para el aprendizaje. Este ambiente podr� ser creado en la medida
en que el adulto se apegue a las siguientes estrategias:
a) Centrarse en las fortalezas: toda la teor�a
actual del aprendizaje se�ala que el proceso de aprender se
inicia con aquello de lo que somos capaces. Es a partir de este
punto que el educador puede construir un andamiaje para transitar
hacia lo que se espera como producto de la instrucci�n.
Cuando el maestro se centra en las fortalezas comunica al ni�o
una visi�n de capacidad, de logro.
b) Compartir el control: el aprendizaje implica
construcci�n de significado a trav�s del intercambio de realidades.
Este intercambio ocurre significativamente cuando el adulto
reduce su poder, tanto como le es posible, con el fin de generar
las condiciones para que los ni�os se expresen, hablen con los
otros, piensen, tomen decisiones y resuelvan problemas.
Al compartir el control, el maestro comunica al ni�o que su
participaci�n cuenta, que es valorada y bienvenida.
c) Apoyar las actividades de los ni�os: el juego
es un mecanismo esencial de aprendizaje para los ni�os. Pero
el juego sin la sinton�a y el apoyo del adulto pierde posibilidades.
El ni�o requiere del apoyo del adulto para reflexionar sobre
la experiencia, para extenderla, para aprender de ella.
Apoyar las actividades de los ni�os les hace saber que lo que
hacen vale la pena, que merece atenci�n y respeto.
d) Establecer relaciones aut�nticas: el sal�n
de clase es un espacio de trabajo compartido por seres humanos.
Como tal debe ser un lugar propicio para la expresi�n adecuada
de las emociones y los sentimientos, sobretodo si consideramos
que en una relaci�n social no hay nada que ocultar: el tono
de voz, la postura, los gestos o lo que se dice, expresa verdaderamente
lo que se siente.
����� Presentarse tal cual eres en el sal�n de clase modela
a los ni�os maneras adecuadas
����� de expresar los sentimientos y las emociones y de responsabilizarse
por ellas.
e) Ante el conflicto, utilizar un acercamiento de soluci�n
de problemas: no hay raz�n
que justifique la preferencia y el lugar que los educadores
dan a la soluci�n de problemas de tipo acad�mico. Tambi�n el
conflicto social es parte de la vida de los ni�os y no se le
puede excluir como una importante experiencia de aprendizaje.
Pero para verlo de esta manera es necesario aprender a valorar
su potencial educativo y a manejar las estrategias m�s id�neas
para enfrentarlo.
Cuando los ni�os resuelven un conflicto social, siguiendo la
estrategia que Evans (2002) propone, aprenden a aceptar y respetar
la diversidad, a la vez que� se perciben como gentes capaces
de afectar el mundo que los rodea.
El uso de estas estrategias no s�lo es importante por su contribuci�n
a la creaci�n de un ambiente socio-emocional propicio para el
aprendizaje. La exposici�n continua a estos ambientes tambi�n
aporta a la estructuraci�n de los cinco pilares b�sicos de una
personalidad sana: confianza en los otros, autonom�a, iniciativa,
empat�a� y auto-confianza (Hohmann y Weikart, 1999).
En ausencia de un ambiente socio-emocional propicio, la oportunidad
para que la diversidad se manifieste y sea bienvenida disminuye
sensiblemente porque no hay condiciones para sentirse seguro,
libre de amenaza.
OBSERVACI�N-EVALUACI�N-PLANEACI�N.
Desde la perspectiva del Curr�culum de High Scope, la observaci�n
individual, cuidadosa, de los intereses e intenciones de los
ni�os, es un paso necesario para entender su nivel de desarrollo
y para planear y llevar a cabo interacciones apropiadas. Es
esta observaci�n individual, cuidadosa, la que permite al educador
descubrir y apoyar los talentos personales, las maneras espec�ficas
en cada uno de los ni�os entiende el mundo que lo rodea.
Sin la recopilaci�n de esta informaci�n es dif�cil que el educador
pueda ajustarse a las demandas de los ni�os, a la diversidad
presente en todo sal�n de clase. Sin embargo, una buena parte
de nuestras pr�cticas en la educaci�n infantil apuntan en la
direcci�n de procedimientos de obtenci�n de datos no basados
en la observaci�n directa de lo que el ni�o hace en el sal�n.
Se han creado diversos mitos alrededor de la observaci�n y
la evaluaci�n de los ni�os que obstaculizan la obtenci�n y el
uso de la informaci�n adecuada, por ejemplo, pensar que la informaci�n
s�lo puede provenir de la aplicaci�n de pruebas y que �stas
nos dicen verdaderamente lo que saben los ni�os.
En contraste con esta postura, habr�a que considerar otras
alternativas para obtener informaci�n acerca de los ni�os en
el sal�n de clase que pueda ser usada como insumo para la planeaci�n
de la ense�anza.
Un registro anecd�tico, un registro de lo que los ni�os hacen
y dicen en el sal�n de clase, proporciona informaci�n acerca
de los intereses, los aprendizajes y los niveles de desarrollo
de los ni�os. Informaci�n que puede ser usada para planificar
la ense�anza.
Una an�cdota nos ayuda a identificar las experiencias de aprendizaje
en las que el ni�o se involucra,- por ejemplo, “durante
el periodo de trabajo, Jorge dice a Susana, mira estoy usando
todos los rojos para hacer mi torre”-, �y fortalece nuestra
comprensi�n acerca del desarrollo (Clasificaci�n, Jorge es capaz
de distinguir entre algunos y todos).
Enfocarnos de esta manera en lo que los ni�os hacen, ayuda
al educador a centrarse en ellos, obteni�ndose valiosa informaci�n
que puede orientar las decisiones posteriores para apoyar al
ni�o. Por ejemplo, se pueden agregar otros materiales que pueden
ser usados por Jorge para construir torres; o se podr�a pensar
en el establecimiento de una conversaci�n acerca de “algunos”
y “todos”, conceptos sobre los que Jorge muestra
ya entendimiento.
Las an�cdotas nos ayudan a reconocer las fortalezas de los
ni�os, en contraste con otros procedimientos de observaci�n
que se enfocan en el hecho de si son capaces de alcanzar una
meta en particular, centrando la atenci�n del adulto en lo que
el ni�o no puede hacer a�n o en lo que no hizo. Como se�ala
Marshall (1998), �“los relatos anecd�ticos que describen
de manera sencilla lo que los ni�os dicen y hacen ayudan al
observador a descubrir lo que es importante y significativo
para el ni�o” (p. 22).
Los registros anecd�ticos son pues un excelente instrumento
para descubrir y apoyar la diversidad de intereses, talentos,
niveles de desarrollo y patrones culturales que muestran los
ni�os.
LA PARTICIPACI�N DE LA FAMILIA.
El ambiente socializador por excelencia es la familia. Sin
su participaci�n cualquier acercamiento educativo adolece de
condiciones para proyectar su influencia al hogar. El kinder
o el centro de desarrollo infantil s�lo cruzan la vida del ni�o,
de ninguna manera se convierten en ella.
Lograr la participaci�n de la familia trae informaci�n al programa
que resulta esencial para conocer y entender la diversidad que
manifiestan los ni�os. Es a trav�s del intercambio y la colaboraci�n
con los padres de familia como podemos crear un programa educativo
que responda a la diversidad, ya que ellos tambi�n son maestros
y pueden llegar a ser excelentes compa�eros de trabajo si creamos
las condiciones para ello.
As� pues, ser� necesario modificar la manera en que concebimos
y hacemos realidad el intercambio con la familia. En primer
lugar, habr� que preocuparse� por �la reflexi�n acerca de nosotros
mismos, de nuestras ra�ces, creencias y actitudes hacia nuestra
familia, ya que todo esto se convierte en filtro para la interacci�n.
La adecuaci�n de un ambiente educativo que responda a la diversidad
necesita de un educador que se informa y aprende de los ni�os
y las familias, as� como de sus estilos y tradiciones. El educador
adem�s cultiva relaciones positivas con la familia a trav�s
de aceptarla y confiar en ella, de valorar las diferencias humanas,
de enfocarse en las fortalezas de sus miembros y de comunicarse
clara y sinceramente con ellos.
Por otra parte, el educador anticipa la excelencia de cada
ni�o, evitando adjudicar etiquetas o estereotipos a los ni�os
o a sus familias. Para �l (ella) cada ni�o es competente y da
por sentado que alcanzar� el �xito.
CONCLUSION.
Leo Buscaglia (citado en Guerrero, 1999) cuenta que un grupo
de animales decidieron asociarse para fundar una escuela. Cinco
de ellos, un conejo, un p�jaro, una ardilla, un pez y una anguila�
formaron el Consejo de Educaci�n y decidieron acerca de las
pol�ticas de la escuela. El conejo propuso que se aprendiera
a correr, el pez que se aprendiera a nadar, el p�jaro que se
aprendiera a volar y la ardilla a trepar �rboles. Como a todos
les pareci� bien que los animales se instruyeran en las mismas
cosas, formaron un programa de estudios de car�cter integral.
El conejo obten�a las m�s altas calificaciones en correr, pero
le resultaba imposible trepar a los �rboles como lo hac�a la
ardilla, es decir, en forma perpendicular. Tuvo tantos accidentes
que termin� con el cerebro da�ado y ya no pudo correr como antes.
En trepar sacaba cero. El p�jaro volaba muy bien pero le iba
muy mal cuando intentaba correr en tierra firme, se lastimaba
las alas por lo que disminu�an sus calificaciones en materia
de vuelo. Al igual que el conejo, sacaba ceros en trepar �rboles.
Qui�n tuvo m�s �xito en esta escuela fue la anguila, con menos
inteligencia que sus compa�eros, pero dispuesta a hacer todo
lo que se le ense�aba, ni bien ni mal. No obstante, los educadores
estaban contentos, pues se convirti� en modelo del alumno aplicado
que se esfuerza por aprender todas las materias por igual.
En este trabajo he tratado de hacer evidente que el reto actual
de la educaci�n infantil est� en dejar atr�s esa concepci�n
homog�nea, uniforme que tan l�cidamente Leo Buscaglia nos ejemplifica,
para dar paso a la valoraci�n y al apoyo de la enorme diversidad
que mostramos los seres humanos.
Esto ser� dif�cil de lograr sin un cambio en la cultura de
la educaci�n infantil. En este trabajo s�lo hemos explorado
5 de las dimensiones que habr� que considerar para construir
ambientes educativos en donde se valore, reconozca y promueva
la diversidad.
REFERENCIAS.
Epstein, Ann, S. (2003). How planning and Reflection Develop
Young Children’s Thinking Skills. Young
Children. September, pp.28-36.
Evans, B. (2002) “You can�t come to my birthday
party: conflict resolution with young children”.
Ypsilanti, MI: High Scope Press.
�Guerrero Ortiz, L. (1999) Educaci�n Inicial: a la b�squeda
del tesoro escondido. �C�mo reenfocar la misi�n de la educaci�n
infantil hacia la emergencia y el florecimiento del inmenso
potencial humano? OEI, Revista Iberoamericana de Educaci�n,
Enero-Abril, pp. 75-92.
Hohmann, M. y Weikart, D. (1999) La educaci�n de los
ni�os peque�os en acci�n. M�xico: Editorial Trillas.
�Bowman, B.T. y Stott, F.M. (1994) “Understanding Development
in a Cultural Context”. En Mallory, B.L. y New R.S. (edit.).
Diversity and Developmentally Appropriate Practices: Challenges
for Early Childhood Education. New York: Teachers College
Press.pp.119-133.
Marshall, B. (1998) An�cdotas: el ni�o como punto de enfoque.
En Barocio, Q.R., (Compilador) “Observaci�n, Evaluaci�n,
Planeaci�n en el Curr�culum de High Scope”. M�xico:
Editorial Trillas. pp. 19-24.