MODALIDADES DE EDUCACI�N INFANTIL PARA LA
DIVERSIDAD DE NI�AS� Y NI�OS LATINOAMERICANOS:
� UNA MIRADA EVALUATIVA�
Ofelia Reveco Vergara
Santiago, Enero 2004
INTRODUCCI�N
Este documento se elabora a partir de consideraciones y dimensiones
de car�cter: pol�tico, cultural, �tico y pedag�gico
Desde una dimensi�n pol�tica, se considera que todas las ni�as
y ni�os tienen derecho a una educaci�n de calidad entendida
como el derecho de todas y todos a aprender con alegr�a, seguridad
y facilidad, los conocimientos, normas, valores y actitudes
necesarias para desenvolverse en el mundo actual, en la diversidad
de situaciones que cada quien vive y vivir�.
Desde una perspectiva cultural se considera a una educaci�n
que reconozca en la diversidad de culturas y su riqueza; que
potencie su valorizaci�n y aprendizaje. Que permita disfrutar
de la naturaleza, respet�ndola y aport�ndole para su continuidad
y desarrollo. Que siente las bases para gozar aprendiendo con
las creaciones humanas; el arte,� la ciencia, etc. Que permita
mirar con distancia la cotidianeidad de tal forma de ser cr�tico
respecto de aquello que no concuerda con los valores de cada
uno y a la vez con la cercan�a que hace a cada una y cada uno
comprometerse con lo que sucede m�s all� del n�cleo familiar,
la comunidad, la regi�n, el pa�s, el continente.
Derecho a una educaci�n que permita a ni�os y adultos, a hombres
y mujeres, a ricos y a� pobres hablar de igual a igual, sin
sentirse que uno est� m�s preparado que el otro, que uno vale
m�s que el otro; para dialogar, disfrutar o actuar.
Tambi�n este documento se construye desde una perspectiva Latinoamericana,
porque las educadoras y educadores necesitamos conocer m�s all�
de nuestra sala, de nuestra Escuela, de nuestro pa�s. Ello nos
da la distancia para observar cr�ticamente lo que hacemos, la
cercan�a para descubrir en lo que otro hace una idea para implementar
una mejor educaci�n y a la vez,� sentirnos parte de una gran
red que crea, que innova, porque todas y todos buscamos ofrecer
una educaci�n de calidad a� ni�os y ni�as que son diversos.��
La cuarta perspectiva de construcci�n es la Pedagog�a. El an�lisis
se hace desde dicha Ciencia, porque proporciona las herramientas
conceptuales, investigativas y pr�cticas� desde la cual se educa,
desde la cual se puede hacer realidad esta educaci�n de calidad.
Una buena administraci�n, una buena gesti�n colaborar� en el
prop�sito; pero s�lo colaborar�; finalmente la educaci�n, su
calidad se juega en el d�a a d�a de cada �Educadora con sus
ni�as y sus ni�os.
Y la quinta consideraci�n, que cruza las anteriores, es la
�tica. Considera que� la educaci�n implica antes que nada compromiso
con personas y por ende, implica� hacerse cargo de cada quien:
ni�a, ni�o, madre, padre. Es un compromiso de hoy con personas
�nicas, aunque� teniendo siempre presente un ideal de sociedad.
Desde estas cinco perspectivas se observar� a la infancia y
lo que la Educaci�n� Infantil Latinoamericana propone para ella:�
en un primer cap�tulo conceptualizando “infancia”,
para luego mostrar algunas de sus caracter�sticas o, m�s bien
de las infancias� Latinoamericanas. En un tercer cap�tulo observaremos
la oferta de Educaci�n Infantil, mostrando situaciones comunes
de programas posibles de conocer p�blicamente; para finalizar
con un cuarto cap�tulo de conclusiones y propuestas.
El �ltimo cap�tulo tiene por prop�sito reafirmar los m�ltiples
desaf�os que la Educaci�n Infantil Latinoamericana tiene pendientes:
de cobertura, de calidad y de equidad. Las respuestas, las propuestas
quedan en las manos de cada una de nosotras, aunque no solas,
con el apoyo de quienes toman decisiones en los diversos �mbitos:
pa�ses, estados, regiones, provincias, comunas, escuelas y jardines
de ni�os/ as.
I.� CONCEPTOS DE NI�EZ Y JUVENTUD COMO CONSTRUCCI�N
SOCIO-CULTURAL
Los conceptos de ni�ez, juventud y adultez, desde una perspectiva
et�rea, son f�ciles de determinar y existe un cierto consenso
en Occidente respecto de su definici�n. La UNICEF, organismo
de las Naciones Unidas especializado en la infancia, lo utiliza�
para referirse a los menores de 18 a�os.
Desde una perspectiva biol�gica la ni�ez y la adultez son distintas.
Sin embargo, estas diferencias estar�n socialmente dadas por
las concepciones que existan respecto de ellas, por los desaf�os
que se le planteen, por las tareas que se espera cumplan, por
los comportamientos que se supone deben tener, entre otros.
Adem�s estas concepciones tendr�n diferencias, muchas veces
sustantivas de sociedad en sociedad, en determinados momentos
hist�ricos, y seg�n sea el grupo cultural al cual se pertenece.
“La infancia es socioculturalmente variable, lo que
equivale a decir que no existe una naturaleza infantil en el
sentido de un sustrato biol�gicamente fijo y determinante de
formaciones socioculturales. Se dan en verdad ciertas invariantes
en la ni�ez, pero el aspecto espec�fico que ella toma en una
sociedad dada est� condicionada por las caracter�sticas propias
de esa sociedad”. [1]
Si bien desde una perspectiva biol�gica y sicol�gica, la ni�ez,
la juventud o la infancia tendr�a ciertas caracter�sticas que
no dependen de convenciones sociales; desde una perspectiva
sociol�gica y antropol�gica cambia sustantivamente de una sociedad
a otra y de una cultura a otra; m�s a�n, dentro de la misma
sociedad o cultura existe diversidad dependiendo de variables
hist�ricas.
La distinci�n entre infancia y adultez existe en todas las
sociedades, gener�ndose incluso momentos especiales, “ritos
de pasaje” que hacen expl�cito a trav�s de un acto social
el paso de una a otra etapa, sin embargo su caracterizaci�n
y exigencias tampoco son homog�neas.
En la cultura Occidental, la ni�ez como construcci�n cultural
s�lo surge alrededor del siglo XVIII, consolid�ndose posteriormente.
Anterior a ello, las altas tasas de mortalidad infantil, hac�a
que los adultos estuviesen preparados para la muerte de sus
hijos. Por otra parte, la fragilidad de los menores hac�a que
estos tuviesen un escaso valor en t�rminos econ�micos, dado
que no pod�an aportar recurso a la familia, porque el tipo de
trabajo de la �poca no lo hacia posible. Por ello, el concepto
de infancia inicia su desarrollo en el contexto de la Revoluci�n
Industrial pues permite a ni�os y j�venes asumir diversos trabajos
y, los cambios en la esperanza de vida hace que tambi�n los
menores adquieran un mayor valor en t�rminos de un seguro para
la vejez. Recordemos que en este per�odo la familia era entendida
como una sociedad que aseguraba la supervivencia de sus miembros,
y no se le ve�a como un espacio de afecto, concepto que hoy
s� existe.
Fue principalmente la acci�n de educadores cristianos quienes
comienzan a proporcionar una concepci�n distinta de familia
y de ni�o. La familia como espacio de cuidado de los ni�os y
ni�as, de preocupaci�n por su bienestar y de infante como un
ser distinto del adulto con caracter�sticas propias. Es en esta
misma �poca que surge “el amor maternal”, como construcci�n
social, previa a ello, en general las madres no manifestaban
dicho amor como un instinto, tal es as� por ejemplo que:
“En 1780 s�lo 1000 de los 21.000 bebes nacidos cada
a�o en Paris eran amamantados por sus madres. Otros mil reci�n
nacidos, los ni�os de las familias privilegiadas, eran amamantados
por nodrizas fuera de Paris. Muchos mor�an ante lo que hoy considerar�amos
indiferencia de los padres, quienes frecuentemente ignoraban
el paradero de sus hijos”(Ochoa.1983.Op. cit. P�g: 5)”.
La inexistencia de una concepci�n social de infancia o de ni�ez
explica que previo al siglo XVIII, la educaci�n fuese igual
para ni�os y adultos, que no existiese distinci�n por edades
en los juegos o diversiones, que no hubiese inhibiciones de
tipo sexual, o respecto de la muerte frente a los menores. El
concepto de ingenuidad de los ni�os y ni�as tampoco exist�a.
Deteng�monos a escuchar la voz de un antiguo educador, de Ferriere
y su reacci�n frente a la concepci�n de ni�o /a existente en
la �poca y su correlato en una forma de educar:
“El ni�o ama la naturaleza: se le amontona en salas
cerradas; quiere jugar: se le hace trabajar; quiere que su actividad
sirva para algo: se hace de modo que su actividad no tenga fin
alguno; quiere moverse: se le obliga a mantenerse inm�vil; quiere
manipular objetos: se le pone en contacto con las ideas; quiere
servirse de sus manos: no se pone en juego m�s que su cerebro;
quiere hablar: se le impone el silencio; quiere razonar: se
le hace memorizar; quiere buscar por s� mismo la ciencia: se
le sirve hecha; quisiera seguir su fantas�a: se le doblega bajo
el yugo del adulto; quisiera entusiasmarse: se inventan los
castigos; quisiera servir libremente: se le ense�a a obedecer
pasivamente. “Simul ac cad�ver”.
[2]
Los conceptos de ingenuidad, fragilidad, necesidad de protecci�n,
caracter�sticas propias de la ni�ez y diferentes a las del adulto,
se desarrollan a partir del siglo XVII, produciendo profundos
cambios en la vida de los menores y tambi�n de la escuela. Ya
no basta una escuela que s�lo instruye, que no considera las
caracter�sticas y necesidades de los ni�os. Es en ese contexto
que comienza a avanzar� una pedagog�a (paido=ni�o, gog�a=estudio),
tal como queda demostrado en la obra de Comenius y en la de
otros pensadores y pedagogos de la �poca. Al respecto cabe citar
a otro educador, a Pestalozzi, reflexionando sobre la educaci�n
y la escuela, desde un determinado concepto de ni�ez:
“T� lo sabes, amigo m�o. M�s repres�ntate, por un
instante a�n, todo el horror de ese asesinato. Hasta los cinco
a�os se abandona a los ni�os al pleno goce de la naturaleza,
se deja obrar sobre ellos todas las impresiones que de �sta
reciben. Ellos sienten su fuerza, ellos gozan ya por todos sus
sentidos de la libertad y de todos sus encantos; la marcha natural
y libre que sigue en su desarrollo el salvaje y que lo hace
materialmente feliz, se deja ya ver en ellos por una tendencia
bien definida. Y despu�s que ellos han gozado cinco a�os enteros
de las delicias de la vida sensitiva, se hace desaparecer bruscamente
de su vista toda la naturaleza que los rodea; una fuerza tir�nica
suspende el curso encantador de su independencia y libertad;
se les arroja como ovejas a manadascompactas, en un cuarto
infecto; se les encadena inexorablemente durante horas, d�as,
semanas, meses, a�os, a la contemplaci�n de las infelices letras,
uniformes y sin atractivo y se imprime a toda su vida una direcci�n
que presenta con su existencia anterior un contraste capaz de
volverlos locos...” [3]
Si bien el concepto de ni�ez se desarrolla y sedimenta ligado
a la escuela, es un concepto excluyente en la medida que quienes
asisten son los varones y las clases privilegiadas; otros sectores
sociales, las mujeres y los pobres quedan excluidos. Por ello,
ya a los 10 a�os las ni�as eran consideradas adultas, eran entregadas
en matrimonio o entraban a trabajar desde corta edad y, lo mismo
suced�a con ni�os y ni�as de los sectores m�s pobres. En estos
casos, se pasaba a la adultez a edades m�s tempranas.
En el contexto de estas afirmaciones, cabe preguntarse, �En
Am�rica Latina� existe La Infancia como representaci�n, como
construcci�n social, o existen infancias distintas, o m�s bien
la infancia es muy breve? �Es lo mismo la infancia, la ni�ez,
la juventud para quien habita un medio rural que en uno urbano?
�Para quien pertenece a un hogar catalogado en el primer quintil
de ingreso aut�nomo per capita, que para quien pertenece a un
hogar calificado en el quinto quintil; para quien pertenece
a un Pueblo Ind�gena que para nuestra poblaci�n mestiza? �La
construcci�n social que nuestras sociedades� Latinoamericanas
hace respecto de la ni�ez femenina es igual a la masculina?
Sin embargo, a los Educadores y Educadoras nos formaron en
la idea de una ni�ez, de una juventud homog�nea y, aparentemente
la escuela, la educaci�n, act�a como si la ni�ez, la juventud,
la infancia fuera algo naturalmente dado, neutro, objetivo y
universal.Respecto de ello, postulamos la tesis que ser
ni�o o ni�a remite a modos distintos de vivir humanamente la
vida, dependiendo de los medios materiales a los que se acceda,
al tipo de familia y de comunidad de la cual se es parte, de
los momentos hist�ricos en el cual se vive, por ende, en Am�rica
Latina, no existir�a La Ni�ez o La Infancia sino diversas ni�eces
e infancias. �Cu�l es la situaci�n de esta diversidad se infancias?,
es la pregunta que abre el segundo cap�tulo
II.�� SITUACI�N DE LA INFANCIA LATINOAMERICANA Y SU CONTEXTO,
LA FAMILIA
2.1���������� Acerc�ndonos a la Situaci�n de la Ni�ez
Alrededor de 1/3 de la poblaci�n de Am�rica Latina corresponde
a menores de 14 a�os, tal como se puede observar en el siguiente
cuadro
| Porcentaje
de la poblaci�n entre 0 y 14 a�os en la Regi�n, real
y proyectada [4] . |
| PAIS |
1990 |
2000 |
2010 |
2020 |
| ARGENTINA |
30.6 |
27.7 |
25.7 |
23.3 |
| BOLIVIA |
41.2 |
39.6 |
36 |
31.4 |
| BRASIL |
34.7 |
28.8 |
25.2 |
23.2 |
| CHILE |
30.1 |
28.5 |
24.9 |
22.9 |
| COLOMBIA |
36 |
32.7 |
28.8 |
25.6 |
| COSTA RICA |
36.4 |
32.3 |
28.5 |
25.8 |
| CUBA |
23.1 |
21.2 |
17.3 |
16.2 |
| ECUADOR |
39 |
33.8 |
29.2 |
25.2 |
| EL SALVADOR |
40.8 |
35.6 |
31.9 |
27.4 |
| GUATEMALA |
45.9 |
43.6 |
39.8 |
34.7 |
| HAITI |
47.3 |
40.2 |
35.8 |
32.5 |
| HONDURAS |
45.2 |
41.7 |
36.1 |
30.7 |
| MEXICO |
38.6 |
33.1 |
28.4 |
24.6 |
| NICARAGUA |
46.4 |
42.6 |
38.1 |
32.4 |
| PANAMA |
35.3 |
31.3 |
26.8 |
23.4 |
| PARAGUAY |
42 |
39.5 |
35.6 |
32.4 |
| PERU |
38.2 |
34.5 |
29.7 |
25.7 |
| REP. DOMINICANA |
38.4 |
33.5 |
29.4 |
26.3 |
| URUGUAY |
26 |
24.8 |
23.5 |
21.8 |
| VENEZUELA |
38.2 |
34 |
29.5 |
25.9 |
| TOTAL (excluye los pa�ses
del Caribe de habla inglesa) |
35.3 |
30.8 |
27 |
24.1 |
El promedio actual de menores de 14 a�os es de 30.8%, sin embargo
Guatemala, Hait�, Nicaragua, Paraguay y Bolivia tienen aproximadamente
diez puntos m�s que dicho promedio. As� mismo, los porcentajes
de poblaci�n infantil m�s bajos los encontramos en Cuba, y Uruguay,
con aproximadamente 8 puntos bajo el promedio.
Estos altos porcentajes de poblaci�n infantil, nos permite
se�alar que Am�rica Latina posee una de las pir�mides poblacionales
m�s j�venes, por ejemplo si lo comparamos con los pa�ses europeos,
estos tienen como promedio alrededor del 18%.
Desde la perspectiva de la poblaci�n proyectada, algunos pa�ses
tendr�n una sustancial disminuci�n porcentual atribuible a la
llamada transici�n demogr�fica; situaci�n social y cultural
que se caracteriza en lo sustancial� por planificar y distanciar
el nacimiento de los hijos/ as. Es el caso de Chile, Argentina,
Brasil, Panam�. En otros pa�ses con una gran poblaci�n infantil
se explica por el incremento� de embarazo en adolescentes, la
baja escolaridad de una parte importante de la poblaci�n que
afecta negativamente, el no uso de sistemas de planificaci�n
familiar, pautas culturales, entre otros
Un segundo aspecto que nos permite tener una visi�n acerca
de la realidad que vive la infancia en Am�rica Latina es la
Tasa de Mortalidad Infantil. Este indicador se encuentra tradicionalmente
asociado a los niveles de desarrollo material y de recursos
humanos que los pa�ses poseen, as� como tambi�n a variables
socioculturales relativas al cuidado de los ni�os, a la lactancia
materna, a las pautas de crianza, entre otras. El siguiente
cuadro muestra nuestros niveles:
| Mortalidad
de ni�os menores de cinco a�os para Am�rica Latina�
por cada mil Nacidos vivos
[5] |
| |
1960 |
1970 |
1980 |
1990 |
1995 |
2000 |
| Nivel mundial |
197 |
147 |
117 |
93 |
87 |
83 |
| Nivel regional |
153 |
123 |
84 |
53 |
44 |
37 |
| Argentina |
72 |
71 |
38 |
28 |
25 |
21 |
| Bolivia |
255 |
243 |
170 |
122 |
97 |
80 |
| Brasil |
177 |
135 |
92 |
60 |
48 |
38 |
| Chile |
138 |
96 |
35 |
20 |
14 |
12 |
| Colombia |
122 |
113 |
58 |
35 |
32 |
30 |
| Cuba |
54 |
43 |
22 |
13 |
10 |
9 |
| Ecuador |
178 |
140 |
98 |
57 |
43 |
32 |
| El Salvador
|
191 |
162 |
118 |
60 |
47 |
40 |
| Guatemala |
202 |
168 |
139 |
82 |
64 |
59 |
| Hait� |
253 |
221 |
195 |
150 |
137 |
125 |
| Honduras |
204 |
170 |
103 |
61 |
49 |
40 |
| M�xico |
134 |
110 |
74 |
46 |
36 |
30 |
| Panam� |
88 |
68 |
46 |
34 |
30 |
26 |
| Paraguay |
90 |
76 |
61 |
37 |
34 |
31 |
| Per� |
234 |
178 |
126 |
75 |
60 |
50 |
| Republica Dominicana
|
149 |
128 |
92 |
65 |
56 |
48 |
| Uruguay |
56 |
57 |
42 |
24 |
23 |
17 |
| Venezuela |
75 |
61 |
42 |
27 |
26 |
23 |
Si bien el promedio mundial es de 83 cada 1000 nacidos vivos,
existen diferencias significativas entre continentes, regiones
y pa�ses. Basta observar dos promedios extremos en Am�rica:
Hait� con una Tasa de 125/1000 y Cuba con 9/1000. Sin embargo,
las inversiones en educaci�n y salud est�n rindiendo sus frutos,
mostr�ndose una tendencia al decreciente para todo el continente.
Por ejemplo, Bolivia ten�a una tasa de 255 en el 1960 y al 2000
de 80; Per� de 234 y al 2000 de 50. Sin embargo, existen pa�ses
como Hait� donde este decrecimiento ha sido menor 253 en 1960
y 125 al 2000.��
Las principales causas que explican� la mortalidad de los menores
de 5 a�os son las IRA y enfermedades diarreicas tal como se
observa en el siguiente gr�fico:
Las enfermedades diarreicas agudas constituyen uno de los problemas
de salud m�s serios que enfrentan nuestros pa�ses respecto de
los� menores de 5 a�os. A 1990 se estimaba para� este grupo
de edad entre 750 y 1000 millones de episodios diarreicos y
cerca de 5 millones de defunciones anuales por esta causa; o
sea, unas 10 defunciones cada minuto, por lo que dif�cilmente
otro problema de salud plantee una situaci�n tan dram�tica.
En Am�rica Latina la OPS [6] estima que un 17,6% de las muertes de los ni�os
ocurre debido a cuadros diarreicos agudos, lo cual guarda relaci�n
con las condiciones sanitarias e higi�nicas de la poblaci�n.
Un segundo tipo de enfermedades son� las afecciones respiratorias
con un 14,71%; bronconeumon�as, neumon�as, bronquitis obstructivas,
entre otras.
Un tercer aspecto importante de conocer cuando se trata de
tener una visi�n acerca de la situaci�n de la infancia dice
relaci�n con el estado nutricional de los menores, el siguiente
cuadro lo muestra pa�s a pa�s y por sexo:
| Prevalencia
(%) de la poblaci�n menor de cinco a�os de la regi�n
con bajo peso, seg�n grado de severidad por� sexo
[7] |
| PAIS |
Moderada [8] |
Severa [9] |
ni�os |
Ni�as |
a�o �������
|
| Bolivia |
9.5 |
1.7 |
9.9 |
9.0 |
1998 |
| Brasil |
5.7 |
0.6 |
5.9 |
5.4 |
1996 |
| Chile |
0.8 |
... |
... |
... |
1999 |
| Colombia |
6.7 |
0.8 |
6.6 |
6.9 |
2000 |
| Cuba |
4.1 |
0.4 |
4.0 |
4.3 |
2000 |
| Republica Dominicana |
4.6 |
1.0 |
4.4 |
4.9 |
2000 |
| Ecuador |
14.8 |
1.9 |
15.7 |
13.7 |
1999 |
| El Salvador |
11.8 |
0.8 |
12.0 |
11.5 |
1998 |
| Guatemala |
24.2 |
4.7 |
25.7 |
22.5 |
1998-99 |
| Hait� |
27.5 |
8.1 |
26.9 |
28.0 |
1994-95 |
| Honduras |
24.5 |
4 |
... |
... |
1996 |
| M�xico |
7.5 |
1.2 |
... |
... |
1998-99 |
| Nicaragua |
12.2 |
1.9 |
13.1 |
11.3 |
1998 |
| Panam� |
6.8 |
... |
... |
... |
1997 |
| Paraguay |
5.0 |
5.9 |
3.9 |
... |
1998 |
| Per� |
7.8 |
1.1 |
8.1 |
7.4 |
1996 |
| Uruguay |
4.5 |
0.8 |
... |
... |
1994-95 |
| Venezuela |
4.7 |
0.7 |
4.7 |
4.6 |
1999 |
Como se puede observar los porcentajes m�s altos de menores
de 5 a�os desnutridos los encontramos en Hait� y Guatemala,
tanto en la categor�a “severo” como “moderado”,
el m�s bajo en Chile y s�lo en la categor�a de moderado.
Es importante observar tambi�n el peso de la variable g�nero
en la desnutrici�n. En algunos de los pa�ses existen m�s ni�as
desnutridas que ni�os, es el caso de Colombia, Cuba y Hait�.
Posiblemente son pautas culturales las que lo explican. As�
mismo, en los restantes pa�ses son m�s los ni�os varones.
�Para Bernardo Kliksberg
[10] la desnutrici�n y junto con otros aspectos relativos
a la pobreza, llevan a fuertes retrasos en los ni�os, que los
afectaran a lo largo de su vida; estudios de UNICEF identificaron
retrasos en el desarrollo psicomotor de una muestra de ni�os
pobres de bajo peso a partir de los 18 meses de edad: a los
cinco a�os de edad la mitad de los ni�os de la muestra examinada
presentaban retrasos en el desarrollo del lenguaje, 40% en su
desarrollo general, y 30% en su evoluci�n visual y motora.
2.2���������� L as Familias de las ni�as y los ni�os
El fen�meno de las madres adolescentes, da cuenta de un tipo
de contexto para la infancia, caracterizado por la gran vulnerabilidad;
en la medida que son madres-ni�as quienes se hacen cargo de
los menores. La situaci�n al respecto se puede observar en el
siguiente cuadro:
| FERTILIDAD
15-19 A�OS ESTIMADA PARA EL QUINQUENIO 2000 2005 |
| PAIS [11] |
Nacimientos
anuales por 1000 mujeres entre 15-19 a�os |
| Argentina |
61 |
| Bolivia |
75 |
| Brasil |
71 |
| Chile |
44 |
| Colombia |
80 |
| Costa Rica |
81 |
| Cuba |
65 |
| Republica
Dominicana |
93 |
| Ecuador |
66 |
| El Salvador |
87 |
| Guatemala |
111 |
| Hait� |
64 |
| Honduras |
103 |
| M�xico |
64 |
| Nicaragua |
138 |
| Panam� |
75 |
| Paraguay |
75 |
| Per� |
53 |
| Uruguay |
70 |
| Venezuela |
95 |
Como se puede observar, los pa�ses con los m�s altos porcentajes
de madres adolescentes son Nicaragua, Guatemala, Honduras, Venezuela
y Rep�blica Dominicana. Los porcentajes m�s bajos los encontramos
en: Chile, Per� y Cuba.
Adem�s de la juventud de muchas madres, alrededor del 22% de
los hogares en Latinoam�rica est�n encabezados por mujeres [12] . La correlaci�n entre est� variable y la
pobreza es evidente en la regi�n, a modo de ejemplo; en Venezuela,
Costa Rica y Paraguay, m�s de la mitad de los hogares encabezados
por mujeres viven en situaci�n de extrema pobreza.
Estos dos indicadores edad de las madres y Jefatura Femenina
del Hogar, son importantes para� caracterizar el ambiente familiar
en que se desarrollan los ni�os y ni�as.
El impacto del tipo de familia en la educaci�n de los ni�os/
as se puede observar en el siguiente cuadro:
| Poblaci�n
infantil urbana entre 7 y 14 a�os que se han retrasada
en el curso de su educaci�n formal
[13] |
| Tipo de Hogar |
Total |
Cuartil de ingreso m�s
bajo |
Cuartil de ingreso m�s alto |
| Familia nuclear |
21.4 |
29.6 |
9.3 |
| Monoparental |
24.5 |
33.5 |
9.9 |
| Uni�n consensual |
32.6 |
36.9 |
14.5 |
| Uni�n constituida
legalmente |
17.2 |
24.8 |
8.8 |
| Otros |
27.3 |
33.9 |
13.8 |
Las familias con uni�n de tipo consensual, cualquiera sea su
nivel socioecon�mico son las m�s desfavorables respecto de la
educaci�n de los ni�os/ as y posteriormente aquella de tipo
monoparental, donde encontramos especialmente madres solas (solteras,�
abandonadas, separadas y viudas). Las m�s favorables para los
ni�os/ as son las uniones legales y en familias nucleares.
Por otra parte, es en los sectores de pobreza donde el efecto
del tipo de familia tiene un mayor impacto. N�tese que para
el cuartil de ingreso m�s alto en aquellas familias consensuales,
un 14.5% de los ni�os/ as se retrasa en el curso de la educaci�n
formal, y para aquellas m�s pobres este retraso se da para un
396.9% de los ni�os/ as.
Este breve panorama respecto de la situaci�n de la infancia
Latinoamericana nos lleva a preguntarnos nuevamente �Podemos
hablar de una sola infancia en Am�rica Latina? �Viven una infancia
con caracter�sticas m�s o menos comunes, aquellos ni�os/ as
con desnutrici�n severa que aquellos normales? �Aquellos cuyas
madres son adolescentes que aquellos cuyas madres son adultas
y que adem�s conforman una familia con padre presente?, �Es
la misma infancia para aquellos ni�os y ni�as que se enfrentan
habitualmente a cuadros diarreicos porque en sus casa no existe
agua potable, que aquellos que cuentan con las m�ximas medidas
de seguridad en la higiene: contar con agua potable, hervir
las mamaderas, beb�rsela en un ambiente sin moscas, etc? Y finalmente,
desde la perspectiva del acceso� y de la propuesta de Educaci�n
Infantil que reciben estas infancias diversas �Existe equidad
y pertinencia?�
III.����������� LA PROPUESTA PARA LA INFANCIA EN EL� CONTEXTO
DE LA EDUCACI�N INFANTIL
3.1������ La Expansi�n del nivel
Una importante medida respecto de la infancia primera en Am�rica
Latina ha sido la importante expansi�n de la Educaci�n Infantil
durante los �ltimos a�os, especialmente a partir de los a�os
90 con Educaci�n Para Todos,� que marca un hito en el desarrollo
del nivel.
Si bien las primeras experiencias creadas para proporcionar
educaci�n� a los p�rvulos se inician tempranamente -en la primera
d�cada del 1900-� sustentadas en la Escuela Activa y construidas
desde una concepci�n de integralidad; por lo general surge como
una acci�n de visionarios o visionarias, Educadoras que vieron
la importancia de iniciar la educaci�n desde la m�s temprana
edad y, en colaboraci�n con las familias. Sin embargo, por m�s
de 80 a�os, este nivel se limit� a una peque�a cobertura, de
la cual participaban especialmente ni�os/ as de sectores medios
y alto, o por el contrario a experiencias dirigidas a los m�s
pobres, cuyas madres trabajaban y por ende no pod�an atenderlos.
Posiblemente, diversas iniciativas ocurridas durante las �ltimas
d�cadas, que ponen de manifiesto la importancia por preocuparse
de los menores de 6 a�os son lo que explica esta expansi�n,
entre otras:
� En 1970, UNICEF promueve la realizaci�n de diagn�sticos
que permitan esclarecer las condiciones de vida de los ni�os,
en el contexto de los altos �ndices de repitencia y deserci�n
escolar. En 1979 en el contexto del A�o Internacional del Ni�o,
se dan a conocer resultados de investigaciones que muestran
el efecto negativo de las malas condiciones de vida sobre los
ni�os/ as. Esta organizaci�n de las Naciones Unidas de a�o en
a�o ha ido mostrando el impacto de las malas condiciones de
vida sobre los ni�os, sensibilizando as� mismo, a los Gobiernos
y a los tomadores de decisiones, respecto de pol�ticas en pro�
de la infancia. En 1989 con la aprobaci�n de la Convenci�n de
los Derechos del Ni�o y el posterior seguimiento a su cumplimiento,
el tema de la infancia ha estado permanentemente en la agenda�
p�blica.
� En 1990, la aprobaci�n y suscripci�n de la Declaraci�n Mundial
de Educaci�n para Todos, de cuyo seguimiento queda a cargo UNESCO,�
marca otro hito respecto de la educaci�n en general y ayuda
a explicar la expansi�n del nivel. Entre otras razones, porque
ampl�a el concepto de Educaci�n B�sica, incluyendo a la Infantil
y enfatiza en condiciones de calidad y equidad para su puesta
en pr�ctica. En dicho contexto, las regiones y pa�ses fijan
compromisos a cumplir, los que son evaluados al a�o 2000.
� En 1990, se aprueba la Declaraci�n Mundial sobre la Supervivencia,
la Protecci�n y el Desarrollo del Ni�o, as� como su Plan de
Acci�n, asumiendo los pa�ses compromisos en pro de los ni�os
y ni�as.
� A partir de 1993, se realizan Simposium Latinoamericanos
de Educaci�n Parvularia, fortaleci�ndose la coordinaci�n entre
organismos preocupados por la infancia, autoridades del nivel
y educadores de aula. Potenci�ndose compromisos, comparti�ndose
experiencias y gener�ndose redes entre educadores e instituciones.
� En 1993, se realiza la V Reuni�n del Comit� Intergubernamental
del Proyecto Principal de Educaci�n, liderado por UNESCO, en
la cual se aprueba la Declaraci�n de Santiago, entre cuyos acuerdos
est� dar prioridad a la Educaci�n Inicial.
� En 1998, se realiza la Segunda Cumbre de las Am�ricas, entre
cuyos acuerdos se se�ala “facilitar el acceso a todos
los habitantes de Am�rica a la Educaci�n Preescolar,...”�
� En el a�o 2000 se realiza el Primer Simposium Mundial de
Educaci�n Infantil, en el cual participan organismos internacionales,
representantes de Ministerios de Educaci�n, organismos especializados
de Educaci�n Infantil de todos los continentes, educadoras y
otros profesionales ligados al nivel. Am�rica Latina es representada
por la totalidad de sus pa�ses y en ella se diagnostica la situaci�n
de la Educaci�n Infantil, se explicitan desaf�os y se asumen
compromisos.
� En el a�o 2000, se realiza el Foro Mundial sobre la Educaci�n
en Dakar, en cuya introducci�n se se�ala:
“ La Evaluaci�n muestra que se ha avanzado, lo que
prueba que la Educaci�n Para Todos es un objetivo realista que
se puede alcanzar. Con todo es preciso reconocer abiertamente
que se ha avanzado de manera desigual y con demasiada lentitud.
A comienzos del nuevo milenio la Evaluaci�n de Educaci�n Para
Todos se presenta as�:+
Ni tan siquiera la tercera parte de los m�s de 800 millones
de ni�os menores de seis a�os reciben alg�n tipo de educaci�n...
6. Estas cifras representan una afrenta a la dignidad humana
y la negaci�n del derecho a la educaci�n. Constituyen un obst�culo
enorme para eliminar la pobreza y lograr el desarrollo sostenible
y son desde luego, inaceptables...
...8. Desde la Primera Infancia y a lo largo de toda la
vida los educandos del siglo XXI requerir�n el acceso a servicios
educativos de alta calidad que respondan a su necesidades y
sean equitativos y atentos a la problem�tica de los g�neros.
Esos servicios no deben generar exclusiones ni discriminaci�n
alguna. Como el ritmo, el estilo, el idioma o las circunstancias
de aprendizaje nunca ser�n uniformes para todos, deber�an ser
posibles diversos enfoques formales o menos formales, a condici�n
que aseguren un buen aprendizaje y otorguen una condici�n social
equivalente.” [14]
Los Acuerdos Internacionales nombrados, as� como las resoluciones
aprobadas por los Estados miembros de la Organizaci�n de Estados
Americanos (a partir de 1991), la Declaraci�n de Cartagena de
Indias (1993)a favor de las familias, el Compromiso de Nari�o
(1994),la Conferencia Internacional sobre Poblaci�n y Desarrollo
en 1994, la Primera Cumbre de las Am�ricas en 1994, la Cumbre
Mundial sobre Desarrollo Social en 1995, la Reuni�n Hemisf�rica
de Ministros de Educaci�n en 1998, la Declaraci�n de Cochabamba
en el 2001, entre otros, dan un marco que apoy� la expansi�n
del nivel.
As� mismo, durante la �ltima d�cada� se ha incrementado el
conocimiento respecto del efecto de una educaci�n temprana en
la vida de los p�rvulos. Diversas investigaciones [15] han continuado demostrado que una Educaci�n Infantil de calidad,
es una inversi�n respecto del� presente de los ni�os y ni�as
en la medida que aporta a lograr aprendizajes de acuerdo a su
edad, as� como contribuye a su futuro escolar, nutricional y
de salud e, incluso en su adultez. A las primeras pruebas presentadas
a inicio� de 1990 acerca del positivo impacto de la Educaci�n
infantil, se han agregado otras que lo reafirman� y especifican [16]
Por otra parte, durante las �ltimas dos d�cadas la sociedad
Latinoamericana ha experimentado una profundizaci�n de tres
procesos que tienen una importante correlaci�n con el contexto
familiar. Por una parte, a) la acelerada urbanizaci�n que necesita
personal para la industria los servicios y la informaci�n; y
por otra, b) la creciente participaci�n de la mujer en la esfera
p�blica, c) as� como una mayor capacidad de negociaci�n dentro
del matrimonio para dividir las labores dentro del hogar. Para
ECLAC [17]
estos cambios crean la necesidad de articular nuevas estructuras
de apoyo para el desarrollo de los ni�os.
Las madres, no cuentan con el mismo tiempo para dedicar a sus
hijos y por otra, los padres quieren participar m�s activamente
en su vida.
3.2. LA EXPANSI�N EN CIFRAS
En ese contexto, la Educaci�n Infantil adem�s de los beneficios
directos para los ni�os y ni�as se transforma en un apoyo para
las familias. La cobertura para este nivel en Am�rica Latina,
se puede observar en el siguiente cuadro:
| TASA
BRUTA DE MATR�CULA EN PROGRAMAS DE DESARROLLO DE LA
INFANCIA [18] |
| PAIS |
PERIODO |
A�OS
DE EDAD |
TOTAL
PRIMER A�O DEL PERIODO |
TOTAL
SEGUNDO A�O DEL PERIODO |
| ARGENTINA |
1991-1997 |
3-5 |
48.4 |
55.8 |
| BOLIVIA |
1990-1999 |
4-5 |
32.2 |
36.4 |
| BRASIL |
1991-1997 |
4-6 |
50.5 |
58.5 |
| COLOMBIA |
1991-1997 |
3-5 |
13.2 |
29.6 |
| COSTA RICA |
1990-1998 |
2-6 |
25.6 |
29.6 |
| CUBA |
1997 |
0-5 |
--- |
98 |
| CHILE |
1990-1997 |
0-5 |
--- |
23.1 |
| ECUADOR |
1990-1998 |
0-5 |
6.9 |
13.4 |
| GUATEMALA |
1992-1998 |
5-6 |
31.3 |
37.4 |
| HONDURAS |
1990-1999 |
4-6 |
17.1 |
38.9 |
| M�XICO |
1990-1998 |
3-5 |
62.2 |
76.9 |
| NICARAGUA |
1995-1998 |
3-6 |
17.2 |
23.6 |
| PANAMA |
1990-1998 |
3-5 |
17.4 |
22.2 |
| PARAGUAY |
1990-1997 |
4-6 |
8.9 |
22.6 |
| PERU |
1993-1998 |
3-5 |
52.3 |
61.5 |
| REP. DOMINICANA |
1989-1998 |
3-5 |
5.7 |
32 |
| URUGUAY |
1996-1999 |
3-5 |
51.9 |
63.2 |
Como es posible observar, la cobertura de este nivel ha tenido
un crecimiento ostensible en la d�cada. Sin embargo en general
esta se ha focalizado en los grupos et�reos mayores. El pa�s
con mejor cobertura es Cuba y aquella con menor es Rep�blica
Dominicana. Por ende, desde la perspectiva de la cobertura,
podemos se�alar que la infancia de 5 a�os, la vive de un modo
distinto que aquella de 2 a�os, la primera tiene mayores oportunidades
que la segunda
En la medida que la Educaci�n Parvularia� se ha expandido,
una parte importante de la poblaci�n infantil que ingresa al
1� a�o de Educaci�n Primaria, ha participado al menos un a�o
en dicho nivel, ello se puede observar en el siguiente cuadro:
| PORCENTAJE
DE NUEVOS ALUMNOS QUE INGRESAN AL PRIMER GRADO DE LA
ENSE�ANZA PRIMARIA Y QUE HAN PARTICIPADO� DE ALG�N PROGRAMA
DE EDUCACI�N INFANTIL. [19] |
| PAIS |
PERIODO |
PRIMER
A�O DEL PERIODO |
ULTIMO
A�O DEL PERIODO |
| TOTAL |
URBANO |
RURAL |
TOTAL |
URBANO |
RURAL |
| BOLIVIA |
1990-1999 |
31.7 |
32.4 |
25.4 |
59.8 |
61.8 |
40.3 |
| COLOMBIA |
1997 |
... |
... |
... |
29.6 |
37.5 |
14.5 |
| CHILE |
1997 |
... |
... |
... |
90.6 |
... |
... |
| ECUADOR |
1990-1998 |
34 |
52 |
14.7 |
44.4 |
63.3 |
20.3 |
| EL SALVADOR |
1991-1997 |
11.8 |
22.5 |
3.5 |
35.9 |
47.6 |
28.5 |
| GUATEMALA |
1992-1998 |
11.2 |
21.1 |
6.5 |
24 |
47 |
15.3 |
| M�XICO |
1990-1998 |
72.6 |
|
|
90.7 |
|
|
| NICARAGUA |
1995-1998 |
34.1 |
50.9 |
20.2 |
39 |
53.4 |
28.1 |
| PANAMA |
1990-1998 |
56.7 |
82 |
32.9 |
67 |
100 |
68.3 |
| PARAGUAY |
1990-1997 |
20.7 |
43.4 |
4.9 |
44.3 |
67.8 |
27.7 |
| PERU |
1993-1998 |
73.3 |
78.9 |
65.7 |
83.9 |
97.2 |
64.3 |
| REP. DOMINICANA* |
1998 |
... |
... |
... |
47.4 |
... |
... |
N�tese el crecimiento sustantivo que ha tenido la participaci�n
de ni�os y ni�as en la Educaci�n Parvularia previo al ingreso
a la Educaci�n B�sica. Los casos de Panam�, Per� y Bolivia muestran
un incremento de� 300% y m�s en un per�odo de 7 a�os. Por ende,
para la primera infancia, desde la perspectiva de la posibilidad
de experiencia en la Educaci�n infantil previo a su ingreso
a la Primaria ha aumentado en los �ltimos a�os.
| CRECIMIENTO
DE LA EDUCACI�N INFANTIL PARA EL GRUPO DE 2 A 5 A�OS:
MATR�CULA Y PERSONAL DOCENTE
[20]
1970-1999 |
| A�os |
Matr�cula(en miles) |
% Educaci�n privada |
Personal Docente en miles |
| 1970 |
1815 |
27 |
66 |
| 1975 |
2795 |
30 |
98 |
| 1980 |
4737 |
30 |
177 |
| 1985 |
9406 |
25 |
366 |
| 1990 |
11918 |
25 |
518 |
| 1995 |
14.290 |
25 |
666 |
| 1997 |
15.050 |
24 |
729 |
El incremento en la cantidad de ni�os/ as atendidos, va ligado
al aumento en el n�mero de Educadoras formadas como tales, procesos
que se muestran en el siguiente cuadro:
Como se puede observar, en la d�cada del 80, la matr�cula pr�cticamente
se dobla, lo mismo sucede con la cantidad de Educadoras que
se hacen cargo de la educaci�n de los ni�os/ as. As� mismo,
puede observarse que� hasta la d�cada de 1980, es la educaci�n
privada la que tiene mayor participaci�n en la oferta de este
tipo de educaci�n, situaci�n que se va revirtiendo posteriormente.�
Un an�lisis m�s detallado del crecimiento de la Educaci�n infantil
puede observarse en el siguiente cuadro que da cuenta del proceso
pa�s a pa�s, desde tres perspectivas: cantidad de ni�os/ as,
Maestras y Escuelas, durante dos d�cadas:
Ver tabla
A pesar de los notable esfuerzos realizados por los pa�ses
por masificar esta educaci�n, transform�ndola� en un derecho
para la totalidad de los ni�os y ni�as de nuestro continente,
el esfuerzo a�n no es suficiente. La actual cobertura es s�lo
de alrededor del 30% como promedio para el grupo de 0 a 6 a�os,
de aproximadamente 76% para el grupo de 5-6 a�os y del 26.4%
de la demanda potencial de la poblaci�n de 0-4 a�os [21] .
M�s a�n, estas cifras est�n construidas a partir de una oferta
que es extremadamente heterog�nea. En Am�rica Latina existe
una variedad de formas de atenci�n-educaci�n de los ni�os/ as
que se homologan al concepto de Educaci�n Infantil. Por ende,
parte de la expansi�n se explica por considerar acciones o programas
tan diversos como:� la entrega de alimentos para mejorar la
dieta alimenticia, Modalidades de Cuidado infantil,� as� como
Modalidades Educativas Integrales; en las cuales los ni�os/
as reciben educaci�n, cuidado de la salud, protecci�n y alimentaci�n
de acuerdo a sus requerimientos nutricionales.
Si bien es comprensible que en la realidad Latinoamericana,
dada la situaci�n de pobreza en que muchos de los ni�os y� ni�as
viven; el s�lo cuidado, la sola protecci�n o prevenci�n de la
salud y del estado nutricional es una necesidad; dichas formas
de atenci�n de la infancia, no corresponden necesariamente a
Educaci�n Infantil, por ende la pregunta necesaria de hacerse
ser�a �Cu�nto de la expansi�n en Educaci�n Infantil corresponde
realmente a ella, cu�nto a cuidado, cu�nto a programas de prevenci�n
en salud, cu�nto a programas de alimentaci�n� y cu�nto a programas
de Educaci�n Familiar?
Esta� pregunta no se puede responder, dado que las cifras p�blicas
no est�n desagregadas seg�n modalidad de atenci�n. Por ello,
qued�monos con la pregunta, y con ella in mente, continuemos�
analizando la Educaci�n Infantil.�
A modo de s�ntesis y respecto de cobertura podemos se�alar
que en la Educaci�n Infantil Latinoamericana se dieron las siguientes
tendencias en el per�odo 1990-2000 [22] :
� Se increment� la cobertura en 15 de los pa�ses. En cinco
pa�ses, la tasa bruta de matr�cula tuvo un incremento cercano
o que sobrepasa el 50% y un pa�s de la regi�n ha logrado la
universalizaci�n de la educaci�n de los ni�os de 0 a 6 a�os.
� En el tramo de edad de 3 a 6 a�os el rango de la tasa bruta
de matr�cula era del 5% al 62% al inicio de la d�cada, mientras
que al final del per�odo el rango fue de 22 a 77%.
� En el tramo de edad de 4 a 6 a�os la tasa bruta de matr�cula
tuvo un rango de valores de 9% a 50% al inicio de los noventa,
llegando a un rango de 22% a 58% al final de la d�cada.
� El porcentaje de alumnos de nuevo ingreso a primer grado
que asistieron a un programa de educaci�n o cuidado de la primera
infancia tuvo un rango de valores de entre 11% y 74% al inicio
de la d�cada, para finalizar la misma con valores que oscilaron
entre 24% y 91%. Para las �reas urbanas los valores de este
porcentaje estaban entre 21% y 82% al inicio del per�odo, llegando
a un rango entre 47% y 100% al final. Por su parte, en el sector
rural el porcentaje a comienzos de los noventa se encontraba
en un rango entre 3% y 66%, mientras que al final este rango
estaba entre 14% y 68%.
Hasta ahora hemos demostrado que la infancia Latinoamericana
es diversa, que desde la perspectiva del acceso a Educaci�n
Infantil, esta se ha expandido fuertemente en el �ltimo decenio,
aunque se ha dado preferentemente para el grupo et�reo mayor
(5 a�os), la pregunta que ahora cabe hacerse es �Qu� tipo de
educaci�n se le est� ofreciendo a esta diversidad de infancias?
IV.���������� CARACTER�STICAS DE LA EDUCACI�N INFANTIL LATINOAMERICANA
4.1�� ALGUNOS DATOS HIST�RICOS
La respuesta desde la historia, es que la Educaci�n Infantil
Latinoamericana naci� diversa en cuanto a sus propuestas curriculares,
aunque homog�nea en la concepci�n pedag�gica que la sustentaba.
Ya en 1800, varios pa�ses de Am�rica Latina comienzan a preocuparse
de la educaci�n de los ni�os/ as peque�os a trav�s de: la traducci�n
de Cantos a la Madre de Federico� Fr�ebel en M�xico, Chile y
Cuba o, al interior de las leyes de Educaci�n Primaria, o en
las obras de notables educadores.
La temprana creaci�n de los primeros Kindergarten, Jardines
infantiles y Escuelas de P�rvulos; por ejemplo en Argentina
en 1823, en Brasil en 1875, en M�xico en 1883, en El Salvador
en 1886, en Uruguay en 1892, en Cuba en 1889, en Ecuador, en
1900, en Per� en 1902, en Bolivia en 1906, en Panam� en 1908,
en Chile en 1909, en Costa Rica en 1924, da cuenta de la importancia
otorgada a la educaci�n de esta edad.
La educaci�n para la primera infancia que se instaura en Am�rica
Latina, conlleva en s� un cambio respecto de la tradici�n educativa
que exist�a hasta la fecha en el mundo occidental. Se sustenta
en la visi�n de los ni�os y ni�as como seres �nicos, con caracter�sticas
propias, por ello, no es casual que la racionalidad que fundamenta
la Educaci�n Infantil Latinoamericana se caracterice por
[23] :
� ��Afirmar que la educaci�n es un derecho desde que se nace,
en la medida que el ni�o o ni�a aunque peque�o ya es persona,
que es en los primeros a�os de vida donde el desarrollo es m�s
acelerado y, la curiosidad natural que posee da cuenta de la
necesidad� de aprender, la cual debe ser satisfecha.
� ��Declarar que el ni�o y la ni�a, es el centro de la Educaci�n
Infantil y por ende se requiere de una pedagog�a pertinente
a sus necesidades e intereses: activa, que da libertad, que
se da en el contexto de la naturaleza del ni�o/ a, que respeta
y considera las caracter�sticas propias de cada p�rvulo, pertinente
a cada cultura, y que debe dar la oportunidad de relacionarse
y aprender con otros.
� ��Considerar que la Educaci�n Infantil colabora con las
familias en su rol de primeros educadores, especialmente con
aquellas m�s pobres y con las madres que trabajan, apoy�ndolas
adem�s de educaci�n, con cuidado y acciones de prevenci�n en
salud.
Esta Educaci�n Infantil� desde una perspectiva pedag�gica,
se encuentra ligada a la Escuela Activa, y por ende a los aportes
de Comenius, Decroly, Fr�ebel, Montessori, Agazzi, entre otros.
Son Escuelas de P�rvulos, Kindergarten o Jardines Infantiles
que se desarrollan en locales especialmente habilitados, que�
cuentan con mobiliario de peque�o tama�o a la manera de las
propuestas de Montessori, con material did�ctico diverso, a
la manera de Montessori� y Fr�ebel, se usa material de deshecho
o los “ tesoros de los ni�os/ as a la manera de Agazzi.�
Curricularmente la Educaci�n Infantil costarricense, hondure�a,
chilena, cubana, mexicana y brasilera reconocen expresamente
la influencia Froebeliana en sus inicios, aunque posteriormente
son enriquecidas por Montessori, especialmente en el caso de
Argentina, Chile y Uruguay y por Decroly� en Colombia y Chile.
La preocupaci�n por contar con Educadoras especialistas en
este nivel, hace que se inicie su formaci�n en las Escuelas
Normales, se contraten educadoras en Europa, o se env�en docentes
a dicho continente a fin de lograr una formaci�n profesional
de calidad, en esa nueva concepci�n pedag�gica.� Su rol en estas
modalidades,� que podemos denominar Cl�sica es el de educar
a los ni�os/ as en una concepci�n integral,� articulada con
las familias.
M�s all� de las primeras experiencias de Educaci�n Infantil
realizadas a trav�s de la potenciaci�n del rol educativo de
las familias utilizando para ello la traducci�n de obras de
Fr�ebel, en 1865 surgen con fuerza las denominadas Modalidades
Alternativas (No Formales o No Convencionales),� report�ndose
las primeras en Per�, en la ciudad de Puno, modalidades que
se expanden; a trav�s de la creaci�n de los Wawasi y Wawa-Uta
en comunidades Quechuas y Aymaras, cuya principal caracter�stica
es� realizar las actividades dirigidas a los ni�os/ as a trav�s
de miembros de la comunidad. Estas experiencias adem�s de sustentarse
en los principios de la Educaci�n Infantil, incorporan principios
propios de la promoci�n social en el �mbito local. En estos
casos, el rol del Educador no es s�lo el docente que realiza
actividades pedag�gicas con los ni�os/ as sino es tambi�n el
l�der, el motivador de la comunidad en pos de la infancia.
En los 1970, comienzan a desarrollarse experiencia Alternativas
de Educaci�n Infantil en Colombia, Guatemala, Chile, Ecuador,
El Salvador, M�xico, Panam� y Venezuela, las cuales son expuestas
y discutidas en el Primer Seminario respecto de “ Experiencias
de Educaci�n Inicial No Escolarizadas en pa�ses de Am�rica Latina”.
4.2����� ALGUNAS EXPERIENCIAS DIRIGIDAS A NI�OS/ AS DE 0-6
A�OS
Hemos tomado la decisi�n del t�tulo de este apartado y no hablar
de modalidades de Educaci�n Infantil, dado que algunas de ellas
cumplen con los criterios de educaci�n y otras no; sin embargo,
todas ellas representan el esfuerzo de pa�ses, instituciones
y personas de realizar alg�n tipo de actividad dirigida a los
p�rvulos.
Por otra parte, el t�tulo se�ala que mostraremos s�lo algunas
experiencias, pues en el caso de algunos pa�ses se dispone de
la informaci�n para mostrarlas todas aunque sucintamente, sin
embargo en otros, si bien existen m�s modalidades, no hay informaci�n
p�blica y,� su exclusi�n podr�a interpretarse como mayor inter�s
de algunos pa�ses por los ni�os/ as respecto de otros, situaci�n
que no es necesariamente as�.
Entremos ahora a responder a la pregunta que abre este cap�tulo,
desde el presente. Podemos afirmar que la denominada “Educaci�n
Infantil” hoy es diversa. Sin embargo, ahora cabe preguntarse
�Esta diversidad en la oferta dar� cuenta de respuestas educativas
pertinentes para las muchas infancias, aunque a su vez tienen
necesidades igualitarias en cuanto a derechos y diferenciadas
en cuanto a necesidades? Desarrollemos la respuesta:
Si bien en Am�rica Latina existe una gran diversidad de modalidades
o programas de Educaci�n Infantil, a todos ellos podemos agruparlos
en dos grandes tipos:� Educaci�n Infantil y Cuidado Infantil.
La Educaci�n Infantil es aquella que se propone entregar educaci�n
integral, considerando aspectos pedag�gicos, de nutrici�n, salud
y de cuidado. En su concreci�n adquiere una diversidad de denominaciones,
de dependencias, de organizaci�n de los grupos. Por otra parte,�
se ejecuta a trav�s de una amplia gama de modalidades o programas
de atenci�n.
� Existen jardines infantiles, escuelas maternales, escuelas
preescolares, centros abiertos, jardines de ni�os, entre otros.
� En algunos pa�ses, los Servicios dependen del Ministerio
de Educaci�n, en otros de organismos t�cnicos especializados,
de Fundaciones privadas, de las Primeras Damas, etc.� Por otra
parte, la atenci�n de las diferentes edades, muchas veces depende
de instituciones distintas.
� Los grupos de p�rvulos se organizan en niveles de 0 a 3
a�os y de 3 a 5, en otros pa�ses de 0 a 2, 2 a 4 y 5 a 6. A
su vez, estos sub-niveles reciben diferentes nombres: Educaci�n
Inicial y Educaci�n Preescolar, Educaci�n Parvularia, Educaci�n
Preb�sica, etc.
� Las modalidades de atenci�n pueden ser Presenciales o Semipresenciales,
Cl�sicas o Alternativas, Programas Parentales o dirigidos a
los ni�os/ as. Se habla tambi�n de Formales o No Formales, de
Convencionales o No Convencionales.
Asimismo, existen diversas formas de Cuidado Infantil: guarder�as,
hogares de cuidado, entre otras.
� Si bien en algunos pa�ses atienden al mismo grupo et�reo
que la modalidad anterior, su �nfasis es m�s bien asistencial;
focalizando su quehacer en proteger y satisfacer las necesidades
b�sicas de los ni�os y ni�as, especialmente de los m�s pobres.
� Estas modalidades de cuidado tambi�n tienen una variedad
de dependencias: de los Ministerios de Salud, Trabajo, Bienestar
Social, otros organismos responsables de las pol�ticas de la
primera infancia, iglesias, organismos no gubernamentales, y
agencias de cooperaci�n internacional.
En el tramo de edad de 0 a 3 a�os, las modalidades m�s frecuentes
son aquellas Alternativas que se dirigen a los ni�os / as en
situaci�n de mayor desventaja, de zonas rurales e ind�genas
y� se estructuran sobre la base de� la denominada� “participaci�n
de la familia y la comunidad”.
En suma, las Modalidades de Cuidado, est�n atendiendo especialmente
a la infancia m�s pobre, rural, e ind�gena y las de Educaci�n
Infantil a la infancia de mayores ingresos y urbana. �Ser�n
de una calidad similar ambas ofertas?
Tal se�al�bamos al introducir este ac�pite, mostrar lo que
existe es complejo dado que la informaci�n no siempre es accesible
p�blicamente, sin embargo, con la informaci�n disponible hemos
decidido mostrar las experiencias accesibles desde 5 categor�as:
su nombre, principal prop�sito, tipo de personal que est� a
cargo de ella, espacio en el cual funciona y finalmente tipo
de ni�as y ni�os que se propone atender, a continuaci�n, la
informaci�n:
Ver tabla2
Este panorama hace posible� concluir lo siguiente:
� Existe una diversidad de experiencias en Am�rica Latina,
sin embargo en general, no existe informaci�n p�blica que de
cuenta de ellas desde la perspectiva de la sistematizaci�n,
desde las lecciones aprendidas, desde la evaluaci�n o desde
el seguimiento; de tal forma de conocerlas desde sus aciertos
y fracasos, desde sus logros y problemas a fin de tomarla como
ideas base para otros pa�ses.
� Algunas experiencias se repiten en todos los pa�ses de la
regi�n, aunque con distinto nombre. Es el caso del Jard�n de
Infantes entre las Modalidades Cl�sicas, y los Hogares Comunitarios
entre las� Modalidades Alternativas
� Las� Experiencias Cl�sicas, es decir con Educadora Especialista
a cargo, en un local especialmente construido y objetivos de
educaci�n integral, est�n dirigidas especialmente a ni�as y
ni�os de sectores urbanos y posiblemente de mejor nivel socioecon�mico
en la medida que no focalizan su atenci�n como sucede con las
Modalidades Alternativas, las cuales explicitan que van dirigidas
a poblaci�n urbano marginal, rural o ind�gena.
� Las Experiencias Alternativas por su parte, caracterizadas
porque la encargada es una madre o agente comunitario,� funcionan
en casas de familias o, en locales comunitarios. Sus objetivos
enfatizan en lo asistencial: cuidado, alimentaci�n y, en algunos
casos aquello denominado estimulaci�n. Su poblaci�n objetivos
es ni�os y ni�as menores de 6 a�os en situaci�n de pobreza o
socialmente excluida.
� Existe una mayor cantidad de Experiencias dirigidas al grupo
de 4- 6 a�os que a los grupos et�reos menores.
� Son escasos los Programas de Educaci�n Familiar, cuyo prop�sito
sea fortalecer a los padres, madres y otros familiares en proporcionar
a los ni�os y ni�as un ambiente incentivador del aprendizaje�
y del desarrollo. En general la participaci�n de los progenitores
se da en el �mbito de asumir el rol de una seudo-educadores
de un grupo de ni�os/ as o, de aportar recursos para la existencia
de la Modalidad.
Si analizamos la expansi�n de la Educaci�n Infantil desde la
perspectiva del tipo de Programas que lo ha permitido, podemos
afirmar que en Am�rica Latina el incremento en la cobertura
se ha realizado� especialmente a trav�s de las denominadas Modalidades
Alternativas: “No Formales o No Convencionales”,
las que se caracterizan entre otras por:
� Utilizar locales de la comunidad, o espacios de ella como;
plazas o parques, donde se atiende a los ni�os/ as.
� La educaci�n la realizan Madres, o Miembros de la Comunidad,
previa capacitaci�n que en general es breve
� Estas Madres o Monitoras (en general son mujeres), reciben
una peque�a propina por su trabajo
� Utilizar mobiliario donado o construido por las familias
y la comunidad
� El tiempo de atenci�n va desde algunas horas durante la
semana hasta el d�a completo, durante los d�as h�biles de cada
semana.
Llama la atenci�n que quienes asisten a estas Modalidades No
Formales o No Convencionales son pr�cticamente en su totalidad
ni�as y ni�os de los sectores� m�s pobres, rurales e ind�genas.
Frente a esta constataci�n necesariamente surge la pregunta:
�Por qu� los padres y madres de sectores medios y altos no generan
Modalidades No Formales para la atenci�n de sus hijos/ as? �O
es que, ante la opci�n de elegir, seleccionan Modalidades Cl�sicas?
Llama tambi�n la atenci�n que existen ciertas Modalidades No
Formales presentes pr�cticamente en la totalidad de los pa�ses
de Am�rica Latina. El caso m�s extendido es el denominado “Hogares
de Cuidado Diario”, o “Casas de Cuidado Diario”,
o “Casas Comunitarias”, “Cuidado Infantil”,
etc. Esta modalidad se caracteriza por:
� Una familia que habita en una comunidad de pobreza ofrece
su casa para ser utilizada por el programa. Sin embargo, ella
no abandona su hogar sino que contin�a haciendo vida familiar,
por lo cual, quienes all� habiten: esposo, hijos, abuelos, contin�an
en la casa en paralelo con la atenci�n de los hijos e hijas
de otras madres de la comunidad.
� Quien est� a cargo del programa, una instituci�n del estado
o privada habilitan un espacio de la casa para la permanencia
de los ni�os/ as. Esta habilitaci�n es variable en t�rminos
de la cantidad de espacios que son intervenidos por el programa,
dependiendo del pa�s y de los recursos econ�micos asignados
a �l. En la mayor parte de ellos se hacen peque�as intervenciones
en la cocina y, se le construye o arregla el piso a una pieza
si no lo tuviera, en uno de los casos, se pavimenta tambi�n
un patio.
� Se entrega a la familia, en comodato una cierta cantidad
de mesas y sillas, en general este equipamiento es menor a la
cantidad de ni�os/ as atendidos.
� En algunos casos se proporciona a la familia una cierta
cantidad de material fungible, aunque no se podr�a hablar de
material did�ctico.
� Se selecciona a la Madre encargada quien debe cumplir una
escolaridad m�nima que en general corresponde a 6� grado de
Primaria, sin embargo, este criterio no siempre se cumple, encontr�ndose
incluso “encargadas” analfabetas.
� La madre a cargo es capacitada a trav�s de programa. Este
proceso de especializaci�n var�a de un pa�s a otro, en la mayor
parte de los casos, consiste en la asistencia a 2 o 3 jornadas
de 1 d�a al a�o y visitas mensuales de una t�cnico o especialista.
La capacitaci�n contempla algunos contenidos de higiene, salud
y desarrollo infantil, en 2 casos se apoya a estas madres con
material especializado que contiene ideas de actividades a realizar
con los ni�os/ as.
� La madre “monitora” recibe mensualmente una
“propina”, en la medida que corresponde a un monto
menor que el sueldo m�nimo del pa�s del caso y no se le cancelan
Leyes Sociales. Ello lleva a que exista una gran rotaci�n de
“encargadas”; cuando logran un trabajo con mejor
salario, abandonan esta actividad.
� En algunos casos, la madre “monitora o promotora”,
es apoyada por otra madre.
� Por lo general, se atienden ni�os desde lactantes hasta
los 6 a�os asistiendo en algunos casos escolares.
� El coeficiente adulto-ni�o es variable, se atienden desde
6 ni�os hasta 17 (seg�n lo observado en terreno por la autora),
aunque no corresponda necesariamente a la normativa vigente.
� Durante el d�a los ni�os y ni�as comen, duermen y realizan
algunas actividades posibles de denominar educativas formales
como pintar, rellenar figuras, cantar y bailar.
La racionalidad que sustenta la opci�n por este tipo de modalidad,
es primeramente econ�mica y as� es explicitado por algunos de
los pa�ses. El impacto positivo de la Educaci�n Infantil, la
necesidad de expandir la cobertura� y la escasez de recursos
-o la escasa asignaci�n- para este grupo-edad, hizo que
se tomara la decisi�n� por ampliar la cobertura a trav�s de
una modalidad que tiene ventajas de a) menor costo de inversi�n
y operaci�n, b)� mejorar las condiciones de las casas habitaci�n,
por ende aportar a la calidad de vida de una familia c) ofrecer
un seudo trabajo a madres, d) mantener a un grupo de ni�as y
ni�os como “poblaci�n cautiva” para la aplicaci�n�
de otras pol�ticas que permita solucionar problemas de salud
y de tipo nutricional. Sin embargo, vale preguntarse s� esta
modalidad �Aporta Educaci�n Infantil de calidad? �Los ni�os
y ni�as que asisten a ellas logran efectivamente mejores aprendizajes
y un desarrollo adecuado para su edad?.
Posiblemente el tema de cuidado de ni�os/ as estar�a satisfecho,
y si adem�s se les proporciona alimentaci�n, tambi�n podr�a
tener un impacto nutricional positivo y, si en dichas casas
se realizan acciones de prevenci�n en salud, como: vacunaci�n,
desparasitaci�n, entre otras, tambi�n aportar�an al desarrollo
biol�gico de los ni�os y ni�as. Sin embargo, las posibilidades
de aprender, s�lo estar�a afectado positivamente si hubiera
posibilidades de educaci�n de calidad, tal como lo demuestran
las investigaciones realizadas desde el campo de las neurociencias. [25] De lo contrario desde esta
modalidad no s�lo no se estar�a aportando e ello, sino que se
estar�a manteniendo o ahondando la� brecha entre ni�os con educaci�n
de calidad y sin ella. Por otra parte, se estar�an desencadenando
en los ni�os/ as otros efectos negativos tales como: “el
s�ndrome del ni�o institucionalizado”, bastamente descrito
por la Sicolog�a o, mayor stress o agresividad [26] , tal como lo demuestran recientes investigaciones.
Una segunda Modalidad No Formal instaurada en los �ltimos 5
a�os consiste en la preparaci�n de p�rvulos para su inserci�n
escolar, desarrollando para ello ciertas habilidades b�sicas
que la Escuela exige.
Esta modalidad est� dirigida a ni�as y ni�os de 5 a�os, sin
experiencia de Educaci�n Parvularia quienes durante un corto
tiempo (alrededor de 2 meses) y en el per�odo espec�ficamente
previo a su ingreso a la Escuela Primaria -asisten a una especie
de Proped�utico-�
Si bien esta modalidad posiblemente logra su objetivo de desarrollar
habilidades b�sicas para la Escuela Primaria, �Qu� sucede con
el desarrollo integral que todo ni�o tiene en potencia? �Qu�
sucede con el derecho a la educaci�n, desde el nacimiento y,
a obtener aprendizajes de calidad sin importar sexo, condici�n
social, cultural u otra?. Desde un punto de vista �tico, la
sociedad tiene una deuda con estos� ni�os y ni�as, pues no han
tenido la oportunidad de una educaci�n de calidad desde el nacimiento.
Una tercera racionalidad imperante respecto de la expansi�n,
es el incremento de cobertura especialmente para el grupo de
5-6 a�os. A pesar que la investigaci�n muestra que para afectar
positivamente a los ni�os/ as, para ofrecer igualdad de oportunidades�
y para concretar el derecho a la educaci�n esta debiera darse
especialmente en los primeros a�os de vida.
Posiblemente la decisi�n nuevamente dice relaci�n con costos
y sumado a ello, la mayor dificultad que tiene el crear programas
educativos para los m�s peque�os porque exigen mayor especializaci�n
del personal -dada la mayor vulnerabilidad de la edad-� en el�
equipamiento, en las metodolog�as y en los recursos did�cticos
espec�ficos.�
Respecto del �nfasis en la� “participaci�n de las familias
y la comunidad” en los Programas Alternativos, debemos
recordar que es consustancial al nivel, en la medida que se
comprende como colaborador de las familias y� est� presente
en los principios curriculares que aseguran� calidad. A esta
tradici�n curricular se le suma que en los �ltimos a�os, diversas
investigaciones en el �mbito mundial demuestran que la articulaci�n
familia-educaci�n potencia efectos positivos en los aprendizajes
y en el desarrollo de los ni�os/ as. Sin embargo, el an�lisis
de esta “participaci�n”, muestra que en la mayor
parte de los programas es entendida como “entrega de recursos
humanos o materiales”, por ende m�s que participaci�n
de las familias y las comunidades, estas “realizan diversos
aportes”� a los Programas para que la Educaci�n infantil
exista.�
La develaci�n de las racionalidades que est�n tras estas modalidades
lleva necesariamente a preguntarse �Por qu� no se han buscado
otras soluciones que con el mismo� costo podr�an tener efectos
a�n m�s positivos y, sin los efectos negativos que tiene sobre
los ni�os/ as y adultos y que adem�s incrementan la brecha y
la segmentaci�n de nuestras sociedades? �Por qu� se ha optado
por modalidades institucionalizadas, atendiendo inadecuadamente
a ni�os y ni�as, tanto desde una perspectiva de salud y pedag�gica
si se pudiesen buscar soluciones por la v�a de la Educaci�n
Familiar, por ejemplo?� �Por qu� si la Educaci�n Infantil de
calidad ha demostrado su impacto positivo, la inversi�n en el
nivel contin�a consider�ndose gasto y por ende son escasos los
recursos que se le entregan?, �Por qu� en aquellos pa�ses que
existe personal profesional, se toma la decisi�n de contratar
personal no especializado?
Una posible hip�tesis ser�a que� quienes deciden y muchas veces
quienes dise�an, ejecutan y eval�an la pol�tica,� no se manejan�
los conocimientos espec�ficos de la Educaci�n Infantil y por
ende, no logran imaginar propuestas que a un menor costo tenga
un mayor impacto. Una segunda, que a pesar de existir innovaciones
que cumplen los requisitos de la pol�tica educativa; no se sistematizan
ni difunden. Podemos enunciar muchas otras hip�tesis, sin embargo,
haremos una opci�n diciendo que la constataci�n de estos fen�menos
deja abierto el campo para la Innovaci�n Educativa y en este
caso desde la perspectiva de la Pedagog�a de la Educaci�n Parvularia,
a fin de generar propuestas diversas de calidad para infancias
diversas.
V. CONCLUSIONES Y DESAF�OS
Al finalizar, creemos importante generar una s�ntesis conclusiva,
de tal forma de hacer evidente los �mbitos respecto de los cuales
tenemos desaf�os pendientes en Am�rica Latina:
Primero, no existe un concepto �nico para designar la educaci�n
de la primera infancia; se le designa con nombres tan variados
como: Preescolar, Pre- Primaria, Inicial, Parvularia, Infantil.
Sin embargo, tras este concepto existen diversas comprensiones:
� No siempre se designa la misma atenci�n; en algunos casos
contempla educaci�n, cuidado, alimentaci�n� y atenci�n m�dico
dental, en otros, s�lo educaci�n, en otros especialmente cuidado
y atenci�n nutricional.
� No siempre se designa la atenci�n del mismo grupo et�reo,
en algunos casos los pa�ses se refieren al grupo de 0 a 6 a�os,
en otros -en la mayor�a- s�lo a los de 5-6 a�os, en otros
al rango et�reo de 4-6 a�os
Esta conceptualizaci�n heterog�nea reviste un gran problema
en la medida que a partir de ella, se pueden hacer interpretaciones
inadecuadas, que llevan a an�lisis errados respecto de lo que
cada pa�s est� realizando y en definitiva a decisiones de pol�ticas,
programas y proyectos no siempre las m�s adecuadas. Por ejemplo,
cuando observamos el crecimiento de la oferta en este nivel,
algunos pa�ses se�alan haber logrado un incremento de 20 o 30
% respecto de la d�cada base, la pregunta que surge para un
analista externo al pa�s es por ejemplo �Cu�nto invirti� y c�mo
lo hizo para lograr ese r�pido crecimiento? Su respuesta permitir�a
utilizar una modalidad similar en otros pa�ses. Sin embargo,
luego de tomada la decisi�n de replicar la pol�tica en otro
lugar, se descubre que no era educaci�n lo que estaba tras el
concepto sino Cuidado de Ni�os/ as y que en los resultados de
evaluaciones con grupo experimental y control, los ni�os y ni�as
participantes de esta denominada Educaci�n infantil lograban
peores resultados que quienes permanec�an con sus familias.
Por otra parte, las alabanzas externas a este crecimiento hace
que los tomadores de decisiones del� pa�s en cuesti�n,� no se
planteen nuevos desaf�os porque la oferta ya existe, y con la
calidad de ella se han logrado las metas.
Segundo, las dependencias del nivel son diversas, entre
pa�ses y al interior de cada pa�s. Si bien en general en
todos los pa�ses existen unidades a cargo de este nivel en los
Ministerios de Educaci�n, por lo general su acci�n refiere al
grupo et�reo de 5-6 a�os o 4-6 a�os, quedando los otros grupos
a cargo de una diversidad de instituciones del �mbito de la
Salud, del Bienestar Social o Fundaciones de Primeras Damas.
Esta situaci�n genera dos grandes �mbitos de problemas:
� La desarticulaci�n en algunos casos y en otros la diversidad
existente en las pol�ticas dirigidas a la primera infancia al
interior de cada pa�s y entre pa�ses, incluso respecto del mismo
grupo et�reo. Por ejemplo en aspectos tan cotidianos como la
alimentaci�n, en uno de los pa�ses, el 100% de los ni�os/ as
atendidos por una de las instituciones satisfacen el 65% de
las necesidades nutricionales diarias y en la otra instituci�n
s�lo una parte de los ni�os y en un 20%; en otro pa�s, el 100%
de las ni�as/ os atendidos por una de las instituciones cuenta
con profesionales especializadas a cargo, con locales especialmente
construidos, con material did�ctico ad hoc y con sistemas de
evaluaci�n peri�dico unido a capacitaci�n permanente y gratuita
para las docentes y� en la otra instituci�n, los ni�os del mismo
grupo et�reo son atendidos por madres, en casa de la comunidad
y sin el material did�ctico m�nimo necesario.
� El costo de mantener, dos, tres o m�s instituciones con
cargo al presupuesto estatal, significa un lujo para pa�ses
que cuentan con escasos recursos y que a la vez tienen pendiente
el desaf�o de la expansi�n de �ste nivel.
Tercero, prop�sitos de atenci�n integral, que si bien
dan cuenta de la visi�n con la cual se inicia este nivel en
Am�rica Latina y que habla positivamente de la comprensi�n de
una educaci�n dirigida a los ni�os peque�os que los considerara
como seres integrales. Sin embargo, a partir de los dos puntos
previos queda la duda si esta educaci�n integral de calidad
planteada en los prop�sitos de la totalidad de los pa�ses es
para todos/ as o s�lo para algunos pocos, los atendidos en determinadas
instituciones. Esta situaci�n generar�a dos problemas:
� Primero, la existencia de dos tipos de educaci�n en el continente
y al interior de los pa�ses. Una primera que se orienta por
interesantes prop�sitos de educaci�n integral de calidad y una
segunda cuyos prop�sitos no est�n expl�citos. Ello hablar�a
de una falta de transparencia en los fines perseguidos.
� Un segundo problema dice relaci�n con la inequidad que se
genera el existir una educaci�n con prop�sitos compartidos nacional
e internacionalmente y a la cual acceden los sectores m�s acomodados�
y otra, que se ofrece a los sectores m�s pobres, rurales e ind�genas.
Cuarto, actualmente en la totalidad de los pa�ses, es el
primer nivel de la educaci�n, aunque en lo general no es
pre requisito para la Educaci�n Primaria y tampoco es obligatorio.
Ha sido incluida en diversos cuerpos legales y de la normativa
educativa. Esta situaci�n legal aporta posibilidades y tambi�n
obst�culos en el contexto de la cultura Latinoamericana.
� Si esta educaci�n la consideramos para todo el per�odo que
abarca la primera infancia, no debiera ser prerrequisito ni
obligatoria, dado que el espacio familiar, es rico en afecto,
comunicaci�n y juego; experiencias positivamente favorecedoras
del aprendizaje y del desarrollo, especialmente para los primeros
a�os de vida de las ni�as y los ni�os.
� Sin embargo, este hecho tambi�n dificulta la asignaci�n
de recursos en la medida que� en nuestra cultura se hace lo
que la ley se�ala y dado que existen otros niveles u otras acciones�
obligatorias, se tender� a invertir en aquellos legalmente obligatorios,
postergando la entrega de recursos para este nivel.
Quinto, universalizaci�n u obligatoriedad del nivel de 5
a�os. Si bien no todos los pa�ses han logrado la meta de
atender al 100% de los ni�os/ as de la edad previa al ingreso
a la Educaci�n Primaria, est� entre sus propuestas y al menos
se ha logrado aproximadamente un 70% de cobertura.
� Esta pol�tica ha favorecido la expansi�n del nivel en la
medida que ha sido una meta clara y precisa, facilit�ndose su
implementaci�n.
� Sin embargo, si la pol�tica hubiera estado sustentado en
aquello que la investigaci�n muestra, la expansi�n de esta educaci�n
se debiera haber iniciado por los menores de 3 a�os, en raz�n
que es el per�odo cr�tico respecto� de los aprendizajes y el
desarrollo. Posiblemente ha sido el menor costo que implica
la atenci�n del grupo 5-6 a�os, as� como la consideraci�n de
esta educaci�n por su car�cter remedial lo que ha primado.��
Sexto instauraci�n en la mayor parte de los pa�ses de la
formaci�n de educadores especialistas en Pedagog�a de Educaci�n
Preescolar, Inicial o Parvularia. Si bien dada la importancia
que algunos de los pa�ses� asignaron a la Educaci�n Infantil,
les hizo� iniciar tempranamente la formaci�n de especialistas,
incluso de personal a nivel profesional, otros dejaron en manos
de personal no especializado la educaci�n dirigida a la primera
infancia, hasta hace muy pocos a�os. M�s a�n, una parte de los
pa�ses, a�n hoy en d�a, �forma a sus educadores s�lo para trabajar
con los ni�os /as mayores de 3 o de 4 a�os.
� El tipo de formaci�n, los a�os de estudio, el tipo de instituciones
que entregan la titulaci�n, las edades para la cual se prepara,
es a�n diversa (Escuelas Normales, Institutos de Formaci�n Superior
o Universidades). Sin embargo, la tendencia es hacia la especializaci�n
de los educadores que trabajen en este nivel.
� Al un�sono, las Modalidades Alternativas por lo general
han dejado en manos de personal con escasa especializaci�n e,
incluso baja escolaridad, la� docencia dirigida a los ni�os
y ni�as provenientes de los sectores m�s desaventajados socialmente.
Si bien las madres pueden ser excelentes personas con vocaci�n,
lo que se acrecienta si reciben alguna capacitaci�n para potenciar
su rol como tales, no cuentan con los requisitos m�nimos para
ser un profesional y su capacitaci�n tampoco lo permite.
� Esta diversidad en la formaci�n de los recursos humanos
que trabajan con la primera infancia, nuevamente genera inequidades.
Quienes pertenecen al 10% de la poblaci�n con mayores ingresos
econ�micos env�an a sus hijos a Programas de Educaci�n Infantil
a cargo de profesionales formados en Universidades e instituciones
de Educaci�n Superior, y quienes provienen de los sectores m�s
pobres a programas donde sus docentes son madres con escasa
escolaridad y especializaci�n.
Una s�ptima caracter�stica dice relaci�n con un coeficiente
mayor adulto-ni�o que al inicio de la d�cada.
� Sin embargo cabe preguntarse, �Qui�nes son esas docentes?�especialistas
o madres capacitadas? Nuevamente esta es una pregunta imposible
de responder, dado que las cifras p�blicas no siempre distinguen
entre personal profesional, t�cnico, monitores u otros.
� La segunda pregunta que surge, porque la informaci�n disponible
hace imposible responderla es �Cu�les son los coeficientes adulto-ni�o/
a seg�n edad? � Se asigna la misma cantidad de adultos para
ni�os / as de 0-1 a�os que para 2-3 a�os, que para las restantes
edades? Si nos orientamos por los prop�sitos expl�citos de este
nivel, estos coeficientes debieran ser distintos.
� Respecto del tema del personal que trabaja con ni�os/ as,
a partir de observaciones realizadas por la autora se puede
concluir que en general las modalidades m�s extendidas - No
Formales- habitualmente trabajan con madres, o monitoras o promotoras,
asignando a menudo 2 por cada grupo de ni�os/ as. Si se costea
la inversi�n� que significa pagar dos propinas, el mismo recurso
permitir�a cancelar un profesional o, un estudiante de Pedagog�a.
�Por qu� no se toma esa decisi�n? Posiblemente la respuesta
ser� porque con esta pol�tica solucionamos dos problemas: cuidado
infantil y trabajo para la mujer. Sin embargo, dicha respuesta
es rebatible, si estamos en el campo de la educaci�n de los
ni�os /as; nuestra primera y gran preocupaci�n debieran ser
los ni�os/ as, por ende, preferenciar la contrataci�n de personal
especializado.
Octavo, fortalecimiento de la denominada participaci�n de
la familia y la comunidad en la Educaci�n Infantil, a trav�s
de diversas formas. En una reciente investigaci�n realizada
por UNESCO sobre el tema, se muestra que en general la denominada
participaci�n no ser�a tal, sino m�s bien que corresponder�a
a otras formas de relaci�n entre la familia y la educaci�n:
a) Entrega de Beneficios, b) Entrega de Recursos Humanos, c)
Entrega de Recursos Materiales d) Incorporaci�n al Consejo de
las escuelas o jardines e) en diversas Modalidades de Educaci�n
Familiar. [27]
Por ende,
� Si se pretende potenciar la participaci�n con fines de articulaci�n
familia-escuela- comunidad, de desarrollar el ejercicio ciudadano
respecto de la educaci�n por parte de las familias y la comunidad
y si el prop�sito es fortalecer el rol educador de las familias,
se debe aclarar en Am�rica Latina y en el �mbito de cada pa�s
el concepto y, a partir de ello evaluar si las pol�ticas y programas
existentes realmente son de participaci�n.
Novena acci�n Reformas Curriculares. Esta acci�n tiene
un gran significado en la b�squeda de la calidad de la educaci�n
que se ofrece a los ni�os/ as.��
� En los �ltimos a�os, la mayor parte de los pa�ses ha generado
nuevos curr�culum que actualizan los objetivos y contenidos
a ser trabajados con los ni�os y ni�as. As� mismo, muchos de
los pa�ses que ya pose�an curr�culum, lo ampliaron a edades
inferiores.
� Sin embargo, ninguno de los pa�ses explicita capacitaciones,
apoyo con materiales para las docentes, entre otros, imprescindibles
para la implementaci�n de reformas de este tipo.
� Por otra parte, al leer los documentos curriculares, se
evidencia que estos est�n construidos para educadores profesionales
�C�mo implementar�n estas reformas las educadoras de las denominadas
Modalidades No Formales, con escasa escolaridad y capacitaci�n?��
La s�ntesis de estas regularidades que perfilan la Educaci�n
Infantil Latinoamericana permite descubrir aquellos temas� no
considerados, y que constituyen otros desaf�os:
� La necesidad de sistematizar, evaluar e informar de las
experiencias existentes en Am�rica Latina.
[28]
� La necesidad de crear innovaciones respecto de Modalidades
Alternativas de Educaci�n infantil con objetivos de educaci�n
integral a menor costo que las Cl�sicas.
� La necesidad de crear Modalidades dirigidas a los menores
de 4 a�os.
� La necesidad de crear Programas de Educaci�n Familiar con
calidad educativa.
� La generaci�n de� normativas y orientaciones espec�ficas
para el nivel, que faciliten la continuidad de las pol�ticas
m�s all� de los Gobiernos. Por ejemplo, coeficientes t�cnicos
para un curr�culum inclusivo, material did�ctico y mobiliario
seg�n nivel educativo.
� La realizaci�n de procesos pertinentes y relevantes de capacitaci�n,
perfeccionamiento y actualizaci�n de personal que trabaja con
ni�os/ as.
� La� sistematizaci�n y evaluaci�n de los programas y proyectos
en curso.
� El fomento de investigaciones respecto de los ni�os y ni�as,
de su educaci�n, de la docencia, entre muchos otros.
� El trabajo de generaci�n o apoyo para ello, respecto de�
material educativo diverso que potencie los aprendizajes de
los p�rvulos.
� La potenciaci�n del dialogo, la reflexi�n y el intercambio
en el �mbito de los pa�ses bajo la forma de congresos, talleres,
etc.
� La incorporaci�n de la tecnolog�a en la Educaci�n infantil
� El apoyo de los medios de comunicaci�n a la Educaci�n Infantil
y familiar
Y finalmente, nuestra gran tarea debemos focalizarla primeramente
en las respuestas a las siguientes preguntas:
� �C�mo ofrecemos Educaci�n Infantil al 70% de los ni�os y
ni�as, a las diversas infancias que existen en Am�rica Latina
y que hoy no tienen acceso; pero, con propuestas de calidad
y culturalmente pertinentes?
� �C�mo transformamos las modalidades pobres para ni�os pobres
en Educaci�n Infantil de calidad?
� �C�mo generamos una Educaci�n Infantil de calidad para los
ni�os y ni�as pertenecientes a nuestros Pueblos Ind�genas?
� �C�mo generamos programas de Educaci�n Familiar que efectivamente
hagan de los padres y madres mejores padres y madres de los
p�rvulos y no seudo-educadores?�
Y para finalizar, un poema que resume y nos da la pasi�n para
fortalecer o emprender la tarea:
Piecesitos de ni�o
Azulosos de fr�o
�c�mo os ven y no os cubren,
Dios m�o!
Picesitos heridos
Por los guijarros todos,
Ultrajados de nieves
y lodos
Piecesitos de ni�o,
dos joyitas sufrientes,
�c�mo pasan sin veros
las gentes! [1]
(Gabriela Mistral)
[1] Ochoa,
Jorge. “La Infancia como construcci�n cultural”.
Santiago de Chile, CIDE, 1983, p�g. 3.
[2] Ferriere,
A. D. Transformemos la escuela lineamiento a los padres
y a las autoridades. Espa�a, Barcelona, Imprenta Claras�,
p�g. 16.
[3] Pestalozzi,
Juan E.. Como Gertrudis ense�a a sus hijos. Madrid, Editorial
El Magisterio Espa�ol., 1923, P�gina 43.
[4] CEPAL 2001. Anuario estad�stica
para Am�rica Latina y el Caribe,. www. Eclac.org
[5] UNICEF 2001. Situaci�n
Mundial de la Infancia.
[6] Organizaci�n Panamericana
de la Salud 1996.
[8] �Porcentaje
de ni�os cuyo peso se encuentra dos desviaciones standard
bajo la media������ internacional de referencia
[9] �Porcentaje
de ni�os cuyo peso se encuentra tres desviaciones standard
bajo a media internacional de referencia
[10] ����������� “La situaci�n Social de Am�rica Latina
y sus impactos sobre la familia y la educaci�n”
Bernardo Kliksberg, Documento INDES/BID En http: //200.10.69.98/revista/num/rev014/REV14-ART13.PDF
[11] �����������
UNICEF 2001
[12] ����������� UNICEF.1996. “Perfiles
en Desarrollo de Ni�os y Ni�as en Am�rica Latina y el Caribe”
Oficina Regional de UNICEF para Am�rica Latina y el Caribe.
Segunda edici�n, marzo 1996 Santaf� de Bogot�, Colombia�
[13] ����������� CEPAL 1995 “Family and future a Regional
programme in latin America and the Caribbean” ECLAC,
Primera edici�n, Santiago de Chile .Basado en encuestas de
ECLAC llevadas a cabo en� Argentina, Colombia, Uruguay y Venezuela.
[14] �������� ��� UNESCO. 2000. Marco de acci�n de
Dakar. Paris
[15] �������
���� �BBC, Play For Tomorrow, Londres, Inglaterra. 1992 (video)
; Myers Robert: 1992. The Twelve Who Survive, Rout�ledge
en cooperaci�n con UNESCO, Londres y Nueva York. Cap�tulo
1 Why Invest in early chilhood development? P�g. 3 a 14.;
Reveco V. Ofelia: "Despejando Mitos de la Educaci�n Parvularia".
Revista Perspectiva. Universidad Central. Marzo 1994.; Marcon,
Rebeca. An Early Learning Identification Follow Up Study:
Transition from the Early to the later Chilhood Grades.�
Washington, DC: District of Columbia Public Schools, 1994.�����
High Scope Early Childhood 1994 The Perry Preschool Program�
Long terms Efects. High Scope Early Childhood. Policy
Papers. National Association For Education Of Young Children.
Development Appropiate Practice on Early Chilhood Program
Serving Children From Birth Trough Age 8. Expanded Edition.
Washington DC NAEYC, 1992. Fujimoto Gaby: 1994, "Factores
que inciden en la Calidad de la Educaci�n". OEA, copia
mimeo.
�� Brunner, Jos�. 2003. Educaci�n Preescolar:
Lecciones Internacionales. Fundaci�n INTEGRA
[17] �����������
Family and Future a regional programme in Latin America and
the Caribbean 1995
[18] ����������� UNESCO 2001.Total de matriculados sobre la poblaci�n
del grupo de edades correspondiente, multiplicado por cien.
[19] ����������� UNESCO 2001.La informaci�n corresponde a porcentaje
de nuevos alumnos en primer grado de educaci�n b�sica, procedentes
del nivel inicial formal.
[20] ����������� UNESCO. OREALC. 2002. P�g: 31
[21] ����������� OREALC. UNESCO. Op cita. P�g: 32
[22] ����������� La siguiente informaci�n fue tomada
de: Reveco, Ofelia. 2000. Documento presentado en la V Reuni�n
Ministerial de Pol�ticas Sociales y de la Infancia en las
Am�ricas, en el Taller T�cnico sobre Educaci�n organizado
por UNESCO/OREALC. Kingston, Jamaica, 9 al 13 de Octubre del
2000
[23] ������ Compte, Enriqueta. 1909. “El jard�n
de Infantes de Montevideo” en OMEP. Vigencia y Compromiso.
OMEP. 1992. Montevideo.Uruguay ; Maluschka, Leopoldina. El
Kindergarten. Su organizaci�n, adopci�n e instalaci�n. 1909.
Editorial Ivens. Santiago. Chile; entre otras.
[24] Eta informaci�n fue extra�da de: OEA-JUNJI.1993.
Desarrollo de una Atenci�n Integral Pertinente a Am�rica Latina
para el ni�o Menor de 6 a�os. JUNJI.; CINDE, Fujomoto, Gaby.
2002. Modalidades No Formales; Reveco, Ofelia y otros2002.
Informes Evaluaci�n de la Calidad de la Educaci�n Infantil
en Nicaragua, salvador y Costa Rica. CIDE_BID y Kotliarenko,
Ma Ang�lica y Otros.2002 Informe Evaluaci�n de la Calidad
de la Educaci�n Infantil en Guatemala. CIDE_BID ; OREALC/
UNESCO. Evaluaci�n Educaci�n Para Todos (informes por pa�ses).
[25] � �������� Myers Robert: 1992. The Twelve
Who Survive, Rout�ledge en cooperaci�n con UNESCO, Londres
y Nueva York. Cap�tulo 1 Why Invest in early chilhood development?
P�g. 3 a 14.� Love, John; Schochete, Peter, and Meckstroth.
2000. Investing in Effective chidcare and education: lessons
from research. En: World Bank. From Early child development.
Washington. D.C. P�g: 145-194 Ivanovic, Dy Buitron, C. 1987.
Nutritional Status, birth weight and breast feeding of elementary
first grade chilean students”Nutritions Report International,
vol�men 36 n� 6. Ivanovic y otros. 1989. “Nutritional
status and educational achievement of elementary first grade
Chilean students. Nutritional Reports International. Vol�men
39. n|�6. Snow, C y otros. 1991. Unfulfilled Expectations:
Home and School Influences on Literacy. Cambridge. Massachusets.
Harvard University Press. �tala, E. 1992. Desnutrici�n, desarrollo
sicomotor y rendimiento escolar” en Mejorando las oportunidades
educativas de los ni�oos que entran a la escuela. Filp Johanna
y Cabello, Ximena. Compiladoras. UNICEF, CIDE. Mustard, Fraser.
2000. Early child development and the Brain-the base for helth,
learning and behavior Trought life. en: World Bank. From
Early child development. Washington. D.C. P�g: 23-62.
National Association For Education Of Young Children. Development
Appropiate Practice on Early Chilhood Program Serving Children
From Birth Trough Age 8. Expanded Edition. Washington
DC NAEYC, 1992. Ivanovic y Buitron en 1987, por Ivanovic y
otros en 1989, por Snow en 1991, por �talah en 1992. Reveco,
Ofelia; Mella, Orlando. El impacto de la Educaci�n Parvularia
en la Educaci�n B�sica. Serie Estudios n� 3 JUNJI. 2000. High
Scope Early Childhood 1994 The Perry Preschool Program�
Long terms Efects. High Scope Early Childhood. Policy
Papers.(King y Berry.1980, Psacharopoulus y Woodhall.1985),
Banco Mundial 1980; Fuller. 1970; Patrick y Kehrenberg. 1973;
Sack, Carnoy y lecaros.1980; Jim�nez, Kugler y Horn.1986;
Perraton, Jamison y Orivl. 1982Psacharoupulus y Arraigada.1986;
Psacharouplus.1980; Hadad y otros.1990citados por: Comisi�n
Econ�mica para Am�rica latina y el Caribe.1996. Inversi�n
en la Infancia. N.U., UNICEF. Santiago Chile. P�g:26. Gilbert,
Susan. 2003. Two studies Link Child Care to behavior Problems.
New York Time. 16 de Julio y The Hope of Head start. New York
Time. 22 de Julio. Reveco, Ofelia. 2002. Criterios de calidad
de la Educaci�n Parvularia: lo que muestra la investigaci�n.
Congreso de Educaci�n infantil. Asociaci�n Mundial de educadores
infantiles. Espa�a
[26] ���
Gilbert, Susan. 2003. Two studies Link Child Care to behavior
Problems. Ney York Time. 16 de Julio y The Hope of Head start.
New York Time. 22 de Julio
[27] �� Reveco, Ofelia. 2002 Participaci�n de la Familia
en la Educaci�n infantil Latinoamericana. OREALC. UNESCO.
Santiago. Chile. En Imprenta
[28] ����� OREALC/ UNESCO est� realizando un esfuerzo
en tal sentido a trav�s de la red INNOvemos: www.unesco.cl