NEUROLOG�A, DISCAPACIDAD INTELECTIVA Y PRIMERA INFANCIA
Mar�a Teresa Ferrando Lucas,
Neuropediatra. EDEAxf
Asesor M�dico de la Asociaci�n S�ndrome X Fr�gil
de Madrid
ESPA�A
RESUMEN
La primera infancia constituye uno de los periodos
de mayor trascendencia en la vida humana. Durante la misma van a adquirirse�
hitos madurativos, tanto motores como del lenguaje, que van a constituir los
cimientos de las capacidades cognitivas;� su incorrecta adquisici�n va a marcar
toda la vida posterior del ni�o. Es un periodo en el que van a ponerse de
manifiesto los signos precoces de diferentes enfermedades, que pueden ser
evidentes en numerosas patolog�as, pero que en algunos casos son sutiles,
pueden pasar desapercibidos o confundidos con problemas menos severos y en
estos casos el diagnostico tard�o tiene, entre otras consecuencias, un retraso
en el adecuado abordaje pedag�gico del peque�o.
La discapacidad intelectiva es probablemente el
uno de los diagn�sticos mas dram�ticos a los que se enfrentan familias y profesionales.
Para las familias constituye el fin irremediable de un sue�o y va a ser necesario
mucho tiempo y mucho apoyo para que el futuro vuelva a ser contemplado con
ilusi�n y para que esto suceda la orientaci�n pedag�gica va a ser el principal
polo de trabajo porque de su adecuaci�n depende que cada ni�o pueda desarrollar
todas sus posibilidades. Para los profesionales de la medicina implica la
b�squeda de una causa etiol�gica, la frustraci�n que conlleva el no llegar
en ocasiones a encontrarla; el duro momento emocional de tener que dar un
diagn�stico que sabes que va a destrozar el coraz�n de los padres sin poder
ofrecerles la contrapartida de intentar un tratamiento curativo. Implica adem�s
el reto, si se quieren tener buenos resultados, que los profesionales procedentes
de diversas disciplinas que deben conformar el equipo multidisciplinar, est�n
coordinados, con un intercambio de fluido de informaci�n y en un plano de
absoluta igualdad y respeto. Maestros, pedagogos, psic�logos, logopedas, psicomotricistas,
terapistas ocupacionales, fisioterapeutas, todos ellos tendr�n
que intervenir y las diferentes actuaciones deber�n tener en cuenta las caracter�sticas
de la enfermedad de base, causa de la deficiencia.
En el momento del nacimiento, el cerebro posee
el n�mero total de neuronas. La maduraci�n cerebral implica, entre otros fen�menos,
la formaci�n de sinapsis, es decir la formaci�n de las estructuras que van
a ser imprescindibles a las neuronas para comunicarse entre s�. La maduraci�n
cerebral va a estar dominada por dos aspectos: uno la carga gen�tica de cada
individuo, sobre la que no podemos, hoy por hoy, intervenir; otro el aprendizaje
y aqu� si que podemos tener un papel activo: el aprendizaje implica la formaci�n
de nuevas sinapsis; de este modo mediante el aprendizaje estamos obligando
a las neuronas a establecer nuevas conexiones y secundariamente a enriquecer
los circuitos cerebrales.
Cuando durante la gestaci�n, el parto o el periodo
neonatal (primeros 28 d�as de vida) se dan condiciones patol�gicas (prematuridad,
partos dist�cicos, patolog�as maternas, sociopatias,
infecciones en el neonato, problemas respiratorios severos, signos de alarma
neurol�gica) el ni�o se considera de alto riesgo de padecer deficiencias tanto
f�sicas como cognitivas y tras el alta debe ser sometido a un seguimiento
m�dico y psicol�gico para detectar precozmente los d�ficits,
si se presentasen. Seguimiento que debe prolongarse hasta los cinco a�os de
edad.
En el caso de las cromosomopatias, algunas de ellas son evidentes� ya en el
momento del nacimiento debido a un fenotipo f�sico muy concreto, tal como
sucede en el s�ndrome de Down; otras pueden sospecharse por una hipoton�a importante
en el periodo neonatal, tal como el s�ndrome de Prader-
Willi; otras, sin embargo no ser�n sospechadas en
ese momento, pero s� empiezan a presentar sus primeros s�ntomas durante los
primeros meses y a�os� en forma de retardo madurativo� y trastornos de conducta.
No es posible en una ponencia desmenuzar todas
las patolog�as que pueden ser causa de disfunci�n intelectiva. Elegir una,
tiene la ventaja de poder servir de modelo de actuaci�n, y de analizar como
la carga gen�tica, condicionante de una enfermedad, puede tener variadas manifestaciones
biol�gicas y cognitivas, sobre las que adem�s puede influir no solo la interacci�n
con otros genes, sino los aspectos educativos y del entorno.
El S�ndrome X Fr�gil es la primera
causa de disfunci�n intelectiva de causa� hereditaria, pero� si nos limitamos
a definirlo as� nos quedamos muy lejos de la realidad. La riqueza de sus manifestaciones
biol�gicas y neurocognitivas constituyen no solo un reto a la hora de sospechar
el diagn�stico sino que es uno de los ejemplos mas claros de la necesidad
de abordaje multidisciplinario de una patolog�a.
Se acepta que el 80% de los afectados est� por
diagnosticar. Sin embargo el diagn�stico precoz es fundamental para el consejo
gen�tico y para el adecuado abordaje educativo. La educaci�n va a estar condicionada
por el fenotipo cognitivo- conductual, consecuencia de la disfunci�n en la
integraci�n sensorial que acompa�a a esta patolog�a y que va a constituir
el n�cleo de sus dificultades con un peso en algunos casos mas importante
que la propia limitaci�n intelectual. Retraso en la adquisici�n de los hitos
motores y del lenguaje; trastornos de conducta que van de la hiperactividad
al espectro autista; disfunci�n sensorial que puede manifestarse como fobias
a sonidos, texturas, conducta de evitaci�n; estereotipias motoras; trastorno
del lenguaje de semiolog�a variada, pero con particular alteraci�n de la pragm�tica;
timidez extrema; baja autoestima; hipoton�a; otitis de repetici�n; estrabismo;
pies planos; macrocefalia; epilepsia; alteraciones cardiacas, se cuentan entre
las� manifestaciones cl�nicas del s�ndrome y son consecuencia de la falta
de�� prote�na FRM provocada por una mutaci�n gen�tica; prote�na que es necesaria
para la correcta sinapsis de las neuronas y para la formaci�n del tejido conjuntivo.
La afecci�n puede pasar desapercibida en los portadores,
y en los afectados sus manifestaciones durante la primera infancia pueden
llevar al diagn�stico err�neo de trastorno del desarrollo.� A pesar de los
avances en las t�cnicas diagn�sticas, que permiten� el diagn�stico preimplantacional,
la enfermedad sigue siendo poco conocida. Los actuales logros que implica
el descenso de la media de edad a la que se diagnostica se enfrenta a los
datos negativos del infradiagn�stico, fundamentalmente
en las ni�as; de las dificultades del abordaje pedag�gico y cognitivo en general
por los numerosos puntos en los que hay que actuar y de la integraci�n social
y laboral de los adultos.
Conocer esta patolog�a es entender mejor la relaci�n
entre cerebro y gen; es adem�s� entender como la actuaci�n pedag�gica puede
estar condicionada y debe ser adaptada a las caracter�sticas de trastornos
cognitivos gen�ticamente determinados y como la neurolog�a puede explicar
las necesidades educativas especiales.� Pero sobre todo es estar, desde el
entorno privilegiado del aula, preparados para reconocer precozmente la sintomatolog�a,
y modificar todos aquellos aspectos educativos que sean necesarios para adaptarlos
a las necesidades del ni�o.
(Nota: el pasado a�o, se adopt� en Espa�a el sustituir
el calificativo de retardo mental por el de discapacidad intelectiva y es
as� como ha sido utilizado en el presente resumen)