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Taller
La pr�ctica psicomotriz educativa como actividad
l�dica,
��favorece� los procesos de maduraci�n del infante,�
propiciando que el desarrollo del esquema corporal
se realice del placer de actuar al placer de pensar.�
B Aucouturie
Lic. Candelar�a Ram�rez
M�xico
El placer de jugar
El juego es la actividad por excelencia de la
infancia, desde muy temprana edad el ni�o expresa esa necesidad,
es mediante esta actividad l�dica que se expresa y relaciona consigo
mismo, los objetos, los otros ni�os y el entorno circundante.
Read, (1980, p. 293) nos dice que “A trav�s del juego
recrea su experiencia, clarific�ndola y haci�ndola m�s comprensible,
organiza sus percepciones, pone a prueba sus capacidades, dominando
sus sentimientos y conoci�ndose a s� mismo e individualizando
su propio puesto en el mundo” Si es el juego, el
medio de desarrollo para el ni�o, sin lugar a dudas que el lugar
privilegiado para el uso de la herramienta l�dica� es la escuela,
es en los Centros de Desarrollo Infantil y Jardines de Ni�os,
sitios en los que se pueden crear espacios que posibiliten las
experiencias, pero, �qu� clases de juegos son los adecuados? �c�mo
saber seleccionar y dise�ar las actividades? �����������
La educaci�n infantil ha de respetar los estad�os
evolutivos del desarrollo, en los que se van realizando procesos
de maduraci�n y crecimiento del ser humano. Mart�nez y otros,
(2001) se�alan que �sta es una etapa muy significativa en la vida
del individuo, porque es cuando se forman los mecanismos biol�gicos,�
fisiol�gicos y sociales que influyen en etapas posteriores, es
en �sta, cuando se estructuran las bases fundamentales de la personalidad.�
Desde su nacimiento, todo individuo va organizando el mundo a
partir de su propio cuerpo, el cuerpo es considerado como una
unidad funcional,� psico - afectiva - motriz.� Wallon, dice
que, el ni�o se construye a s� mismo a partir del movimiento y
su desarrollo va del “acto al pensamiento”, de lo
“concreto a lo abstracto”, de la “acci�n a la
representaci�n”, de lo “corporal a lo cognitivo”.
Arnaiz afirma que en la infancia temprana toda
educaci�n es educaci�n psicomotriz. La psicomotricidad est� �ntimamente
ligada al concepto del cuerpo y las experiencias sensorio-motoras
t�ctiles, visuales, y otras. Abbadie (1977), se�ala que� la psicomotricidad
favorece el descubrimiento del propio cuerpo en el orden de los
movimientos, el descubrimiento de los otros y del entorno. Por
otro lado, la psicomotricidad permite al adulto conocer lo que
el ni�o expresa de s� mismo y al mismo tiempo poder entender el
sentido de sus conductas (Aucouturier, 2004), por lo que la funci�n
del adulto para interpretar esa comunicaci�n que se establece
mediante el lenguaje corporal es de suma importancia.
Los estudios de B Aucouturier, han encontrado
una estrecha relaci�n en las esferas emotivo-cognitivas y propone
que la pr�ctica psicomotriz se realice en un ambiente placentero,
que el infante al jugar experimente el placer de ser uno mismo
y de sentirse bien, afirma que “la expresividad motriz es
la manera que cada ni�o tiene de manifestar el placer de ser �l
mismo, de construirse de� una manera aut�noma y de manifestar
el placer de descubrir y de conocer el mundo que le rodea”.
�El autor concibe al ni�o desde la “globalidad”, como
un ser en el que el desarrollo va a la par en el cuerpo y emoci�n,
como un ser bio-psico-social en que cada esfera interact�a con
las otras de manera muy estrecha. Es en la etapa infantil (0 a
7 a�os) que las estructuras motrices afectivas y cognitivas funcionan
�ntimamente unidas; y a trav�s� de las actividad senorio-motriz
el ni�o se conoce a s� mismo,� explora el mundo de lo objetos
y de los dem�s. Mediante actividades l�dicas de manipulaci�n,
exploraci�n, coordinaci�n, etc, que el ni�o desarrolla las capacidades
mentales de simbolizaci�n, an�lisis, s�ntesis y abstracci�n, y
le permite la maduraci�n para pasar del pensamiento pre-operatorio
al operatorio.
La propuesta del autor consiste en la creaci�n
de un espacio donde el ni�o tenga la libertad de expresar ese
mundo fantasmag�rico a que hace referencia Freud, que se manifieste
esa tensi�n que hay entre el displacer y el placer (Nasio, 1996)
mediante el juego y las actividades que realiza, �que �stas mismas
le provoquen placer, ese placer que por naturaleza los seres humanos
buscamos, y a la vez, se vaya dando el desarrollo de las funciones
cognitivas necesarias en la conformaci�n del pensamiento operatorio
.De ah� que se concibe a la sala de psicomotricidad como �espacio
creado� a la disposici�n de los ni�os, en el que rodar, girar,
caminar, patear, equilibrarse, construir, destruir, gritar, re�r,
etc… son actividades simb�licas que “producen
placer” y que van dirigidas al desarrollo
de su esquema corporal y la construcci�n de su propia identidad.
Aucoturier, (1993b) partiendo de la base de que
el placer es inherente a la naturaleza humana se�ala que hay tres
niveles de “expresividad motriz”, en las que el ni�o
se expresa:
a.- Las sensaciones internas del cuerpo sobre
todo aquellas que est�n especialmente ligadas al laberinto, como
lo son, los giros, el balanceo, las ca�das, subirse, saltar, empujar
y correr.
b.- Las sensaciones internas de placer-displacer,
�stas son sensaciones visuales� al encontrarse con la mirada del
otro, como los� juegos de aparecer-desaparecer, entrar y salir,
desordenar-ordenar.
c.- La aparici�n del “como si en el ni�o”,
y se refiere al juego socializado, simb�lico, en la que el ni�o
puede adoptar diferentes personajes, dar significado a objetos,
lo que da lugar al placer de pensar de desarrollar el lenguaje.
Fases.-
La propuesta tiene siete fases (Rota, 1994, citado
en Arnaiz, 1996):
1.- Fase de seguridad profunda,
el ni�o trabaja sobre las sensaciones internas y el tono muscular,
relacionando emoci�n-movimiento. “El tono muscular consiste
en un estado permanente de ligera contracci�n en el cual se encuentran
los m�sculos estriados. La finalidad es la de servir de tel�n
de fondo a las actividades motrices y sensoriales”.
(Stambak, 1999 pag 19 en Garc�a y Berruezo, 2000). Estudios han
demostrado que existe una relaci�n estrecha entre la tonicidad
muscular y la emoci�n, como educadores podemos constatarlo cuando
el ni�o est� en contacto con materiales educativos, al manipularlos
expresa diversas reacciones, ya sea grito, risas, ansiedad. Como
bien afirma Wallon, la contracci�n muscular no significa �nicamente
movimiento y tensi�n, sino tambi�n actitud y gesto.
2.- Maternaje, se trata de dar
seguridad y reconocimiento al ni�o para facilitar el camino a
la autonom�a. Ajuriaguerra (1986) menciona que entre el beb� y
su madre (o cualquier persona que tiene a su cuidado un infante)
se establece el di�logo t�nico, la actividad postural es el medio
de comunicaci�n entre ambos, sus emociones se expresan de manera
t�nica. La postura se relaciona principalmente con el cuerpo,
mientras que el equilibrio con el espacio. Correr, saltar, girar,
lanzar son actividades motrices b�sicas que demandan de un control
postural y equilibrio.
3.- Fase de la sensorio-motricidad,
favorecen en el ni�o la toma de conciencia de las partes de su
cuerpo, coordinaci�n �culo-manual, estructuraci�n espacio-temporal,
en fin de la formaci�n del esquema corporal en general. El esquema
corporal es el conjunto de las sensaciones t�ctiles, visuales
propioceptivas que experimenta el cuerpo en relaci�n con el mundo
exterior. Coste, (1980), en sus estudios menciona� que “es
el resultado de la experiencia del cuerpo de la que el individuo
toma poco a poco conciencia y constituye la forma de relacionarse
con el medio con sus propias posibilidades”. Resulta� evidente
que no nacemos con el esquema corporal, sino que se va construyendo
paulatinamente mediante las experiencias motrices a las que es
expuesto el ni�o.
4.- Fase de los juegos pre-simb�licos,
estimulan los procesos de construcci�n de la identidad corporal
estructurada y diferenciada, ya que el ni�o a�n no puede distinguir
la realidad de la fantas�a. Piaget, (citado en Fonseca, 1996)
realza la importancia de la motricidad en la formaci�n de la imagen
mental; las actividades perceptivo-motoras prolongan la interiorizaci�n
de im�genes visuales que preparan los primero esquemas operatorios
que dar�n sustento al lenguaje y a la reflexi�n.
5.- Fase de los juegos simb�licos,
permite al ni�o trasladar sus vivencias a un plano cognitivo organizando
las im�genes mentales y expres�ndolas mediante el juego. Piaget
(1936) afirma que mediante la actividad corporal el ni�o piensa,
aprende, crea y afronta los problemas, es a trav�s del juego que
puede desarrollar estas funciones, al mismo tiempo que hay un
predominio general de la vida afectiva que se manifiesta en cualquier
actividad que realice.
6.- Fase de los juegos de precisi�n,
ejercitando la coordinaci�n de movimiento y el uso del espacio.
El desarrollo del espacio-temporalidad se va conformando, primero
el ni�o tiene que diferenciar el yo corporal del mundo exterior,
para despu�s ubicarse en el espacio f�sico que le rodea, aproximarse
a los objetos y otros que hay en el entorno que le rodea. La lateralizaci�n,
tiene una estrecha relaci�n con el eje corporal� y los hemisferios
cerebrales, paulatinamente se va produciendo la organizaci�n
de las referencias espaciales, favorece la orientaci�n� del� cuerpo
en el espacio consigo mismo,� con los objetos, y con los otros.
Se va desarrollando en una secuencia de tres fases; la primera
es de indefinici�n de (0 a 2 a�os), la segunda es de alternancia
(de 2 a 4 a�os), la tercera es la de automatizaci�n, la instrumental
(de 4 a 7 a�os).
Se ha encontrado que las nociones de espacio,
de relaciones y de orientaci�n espaciales se construyen a la par
de la maduraci�n nerviosa, y est�n determinadas por las experiencias
vividas en la casa, escuela y en todo aquel ambiente en que se
desenvuelve el ni�o. El tiempo es la duraci�n que separa dos percepciones
espaciales sucesivas (Garc�a y B,� 2000), se encuentra muy vinculado
a la noci�n de espacio. En la escuela podemos observar que los
peque�os no logran hacer una distinci�n de los hechos, como el
hoy, ayer, ma�ana, de ah� que muchos cuentos infantiles inician:
“�rase un vez, hace mucho pero mucho…tiempo……
7.- Fase de los juegos de representaci�n,
mediante el dibujo, modelaje, construcci�n con madera o narraciones.
Es en este momento en que el ni�o toma distancia respecto al uso
del movimiento y da lugar a la creaci�n, y a las funciones cognitivas,
y al lenguaje.
El orden de las fases se realiza acorde a la
evoluci�n madurativa del ni�o, su implementaci�n es flexible,
pl�stica y creativa.
Metodolog�a.-
Se recomienda de 3 a 5 sesiones a la semana,
la duraci�n de la sesi�n va en funci�n de la edad madurativa de
los ni�os� (30 a 45 minutos).
En cada sesi�n se llevan a cabo tres rituales:
1.- Ritual de entrada y salida
2.- Sesi�n de expresividad motriz (se realiza
alguna de las fases).
3.- Sesi�n de representaci�n (mediante dibujos,
modelado, construcciones con maderas).
Las formas de intervenci�n del “psicomotricista”
(o profesor) est�n centradas en� dar confianza y seguridad al
ni�o con el solo hecho de su presencia y actuaci�n, podr� participar
en el juego s� y solo s� el ni�o lo invita, y definitivamente
que la observaci�n e interpretaci�n� que haga de� la sesi�n son
fundamentales en el desarrollo y evoluci�n de los ni�os.
Los materiales que se utilizan son variados,
colchones, rodillos, pelotas, aros, juguetes etc. La sesi�n demanda
de una planeaci�n, seguimiento y evaluaci�n. La sala requiere
de un acomodo intencional de los materiales, previo a cada sesi�n.
El trabajo educativo tiene la funci�n de crear
las condiciones l�dicas necesarias para la maduraci�n global del
ni�o, el educador por su parte ser el catalizador de esos procesos
de maduraci�n. En palabras de Aucouturier (2004, p�g 149)
“Comunicar, crear y pensar son las tres finalidades de la
educaci�n que proponemos…La pr�ctica psicomotriz se inscribe
adem�s en un proyecto filos�fico y social en el que la escuela
es el lugar para la formaci�n de la democracia y de la responsabilidad….”
Referencias Bibliogr�ficas
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mueven tanto? Lugar de la acci�n en el desarrollo psicomotor y
la maduraci�n psicol�gica de la infancia. Barcelona. Edit GRAO.
Aucouturier, B (2004). �Los fantasmas de acci�n
y la pr�ctica psicomotriz. Espa�a: Edit GRAO.
Arnaiz, P (1996). Proyecto curricular para la
diversidad. Madrid. Edit: C.C.S.
Arnaiz, P. Psicomotricidad y adaptaciones curriculares.
Psicomotricidad. Revista de Estudios y experiencias. No 47, 43-62
Berruezo, P y Adelantado P (1995). El Cuerpo,
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x.
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Barcelona Edit: Inde.
Garc�a, J y Berruezo P (1994). �Psicomotricidad
y Educaci�n Infantil. Madrid : Ed. CEPE.
Mart�nez F y otros (2001). Los procesos evolutivos
del ni�o. La Habana: Ed. Pueblo y Educaci�n.
Nasio, J (1996). Grandes Psicoanalistas. Introducci�n�
a las obras. Barcelona: Gedisa.
Piaget, J. (1936). La naissance de l’intelligence
chez l’enfant. Neuch�tel: Delachaux et Niestl�x.
Wallon, H. (1942). De l’acte � la pens�e.
Essai de psychologie compar�e. Par�s: Flammarion.
http://www.redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/cursosytalleres/psicomotricidad/lectura%201.htm
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