5º ENCUENTRO INTERNACIONAL DE
E
DUCACIÓN INICIAL Y PREESCOLAR
25, 26, 27, 28 - MAYO 2005

CONFERENCIAS TALLERES
COMUNICACIONES
 

Taller

La pr�ctica psicomotriz educativa como actividad l�dica,
��favorece� los procesos de maduraci�n del infante,�
propiciando que el desarrollo del esquema corporal se realice del placer de actuar al placer de pensar.�
B Aucouturie

Lic. Candelar�a Ram�rez
M�xico

El placer de jugar

El juego es la actividad por excelencia de la infancia, desde muy temprana edad el ni�o expresa esa necesidad, es mediante esta actividad l�dica que se expresa y relaciona consigo mismo, los objetos, los otros ni�os y el entorno circundante. Read, (1980, p. 293) nos dice que “A trav�s del juego recrea su experiencia, clarific�ndola y haci�ndola m�s comprensible, organiza sus percepciones, pone a prueba sus capacidades, dominando sus sentimientos y conoci�ndose a s� mismo e individualizando su propio puesto en el mundo” Si es el juego, el medio de desarrollo para el ni�o, sin lugar a dudas que el lugar privilegiado para el uso de la herramienta l�dica� es la escuela, es en los Centros de Desarrollo Infantil y Jardines de Ni�os, sitios en los que se pueden crear espacios que posibiliten las experiencias, pero, �qu� clases de juegos son los adecuados? �c�mo saber seleccionar y dise�ar las actividades? �����������

La educaci�n infantil ha de respetar los estad�os evolutivos del desarrollo, en los que se van realizando procesos de maduraci�n y crecimiento del ser humano. Mart�nez y otros, (2001) se�alan que �sta es una etapa muy significativa en la vida del individuo, porque es cuando se forman los mecanismos biol�gicos,� fisiol�gicos y sociales que influyen en etapas posteriores, es en �sta, cuando se estructuran las bases fundamentales de la personalidad.� Desde su nacimiento, todo individuo va organizando el mundo a partir de su propio cuerpo, el cuerpo es considerado como una unidad funcional,� psico - afectiva - motriz.� Wallon, dice que, el ni�o se construye a s� mismo a partir del movimiento y su desarrollo va del “acto al pensamiento”, de lo “concreto a lo abstracto”, de la “acci�n a la representaci�n”, de lo “corporal a lo cognitivo”.

Arnaiz afirma que en la infancia temprana toda educaci�n es educaci�n psicomotriz. La psicomotricidad est� �ntimamente ligada al concepto del cuerpo y las experiencias sensorio-motoras t�ctiles, visuales, y otras. Abbadie (1977), se�ala que� la psicomotricidad favorece el descubrimiento del propio cuerpo en el orden de los movimientos, el descubrimiento de los otros y del entorno. Por otro lado, la psicomotricidad permite al adulto conocer lo que el ni�o expresa de s� mismo y al mismo tiempo poder entender el sentido de sus conductas (Aucouturier, 2004), por lo que la funci�n del adulto para interpretar esa comunicaci�n que se establece mediante el lenguaje corporal es de suma importancia.

Los estudios de B Aucouturier, han encontrado una estrecha relaci�n en las esferas emotivo-cognitivas y propone que la pr�ctica psicomotriz se realice en un ambiente placentero, que el infante al jugar experimente el placer de ser uno mismo y de sentirse bien, afirma que “la expresividad motriz es la manera que cada ni�o tiene de manifestar el placer de ser �l mismo, de construirse de� una manera aut�noma y de manifestar el placer de descubrir y de conocer el mundo que le rodea”. �El autor concibe al ni�o desde la “globalidad”, como un ser en el que el desarrollo va a la par en el cuerpo y emoci�n, como un ser bio-psico-social en que cada esfera interact�a con las otras de manera muy estrecha. Es en la etapa infantil (0 a 7 a�os) que las estructuras motrices afectivas y cognitivas funcionan �ntimamente unidas; y a trav�s� de las actividad senorio-motriz el ni�o se conoce a s� mismo,� explora el mundo de lo objetos y de los dem�s. Mediante actividades l�dicas de manipulaci�n, exploraci�n, coordinaci�n, etc, que el ni�o desarrolla las capacidades mentales de simbolizaci�n, an�lisis, s�ntesis y abstracci�n, y le permite la maduraci�n para pasar del pensamiento pre-operatorio al operatorio.

La propuesta del autor consiste en la creaci�n de un espacio donde el ni�o tenga la libertad de expresar ese mundo fantasmag�rico a que hace referencia Freud, que se manifieste esa tensi�n que hay entre el displacer y el placer (Nasio, 1996) mediante el juego y las actividades que realiza, �que �stas mismas le provoquen placer, ese placer que por naturaleza los seres humanos buscamos, y a la vez, se vaya dando el desarrollo de las funciones cognitivas necesarias en la conformaci�n del pensamiento operatorio .De ah� que se concibe a la sala de psicomotricidad como �espacio creado� a la disposici�n de los ni�os, en el que rodar, girar, caminar, patear, equilibrarse, construir, destruir, gritar, re�r, etc… son actividades simb�licas que “producen placer” y que van dirigidas al desarrollo de su esquema corporal y la construcci�n de su propia identidad.

Aucoturier, (1993b) partiendo de la base de que el placer es inherente a la naturaleza humana se�ala que hay tres niveles de “expresividad motriz”, en las que el ni�o se expresa:

a.- Las sensaciones internas del cuerpo sobre todo aquellas que est�n especialmente ligadas al laberinto, como lo son, los giros, el balanceo, las ca�das, subirse, saltar, empujar y correr.

b.- Las sensaciones internas de placer-displacer, �stas son sensaciones visuales� al encontrarse con la mirada del otro, como los� juegos de aparecer-desaparecer, entrar y salir, desordenar-ordenar.

c.- La aparici�n del “como si en el ni�o”, y se refiere al juego socializado, simb�lico, en la que el ni�o puede adoptar diferentes personajes, dar significado a objetos, lo que da lugar al placer de pensar de desarrollar el lenguaje.

Fases.-

La propuesta tiene siete fases (Rota, 1994, citado en Arnaiz, 1996):

1.- Fase de seguridad profunda, el ni�o trabaja sobre las sensaciones internas y el tono muscular, relacionando emoci�n-movimiento. “El tono muscular consiste en un estado permanente de ligera contracci�n en el cual se encuentran los m�sculos estriados. La finalidad es la de servir de tel�n de fondo a las actividades motrices y sensoriales”. (Stambak, 1999 pag 19 en Garc�a y Berruezo, 2000). Estudios han demostrado que existe una relaci�n estrecha entre la tonicidad muscular y la emoci�n, como educadores podemos constatarlo cuando el ni�o est� en contacto con materiales educativos, al manipularlos expresa diversas reacciones, ya sea grito, risas, ansiedad. Como bien afirma Wallon, la contracci�n muscular no significa �nicamente movimiento y tensi�n, sino tambi�n actitud y gesto.

2.- Maternaje, se trata de dar seguridad y reconocimiento al ni�o para facilitar el camino a la autonom�a. Ajuriaguerra (1986) menciona que entre el beb� y su madre (o cualquier persona que tiene a su cuidado un infante) se establece el di�logo t�nico, la actividad postural es el medio de comunicaci�n entre ambos, sus emociones se expresan de manera t�nica. La postura se relaciona principalmente con el cuerpo, mientras que el equilibrio con el espacio. Correr, saltar, girar, lanzar son actividades motrices b�sicas que demandan de un control postural y equilibrio.

3.- Fase de la sensorio-motricidad, favorecen en el ni�o la toma de conciencia de las partes de su cuerpo, coordinaci�n �culo-manual, estructuraci�n espacio-temporal, en fin de la formaci�n del esquema corporal en general. El esquema corporal es el conjunto de las sensaciones t�ctiles, visuales propioceptivas que experimenta el cuerpo en relaci�n con el mundo exterior. Coste, (1980), en sus estudios menciona� que “es el resultado de la experiencia del cuerpo de la que el individuo toma poco a poco conciencia y constituye la forma de relacionarse con el medio con sus propias posibilidades”. Resulta� evidente que no nacemos con el esquema corporal, sino que se va construyendo paulatinamente mediante las experiencias motrices a las que es expuesto el ni�o.

4.- Fase de los juegos pre-simb�licos, estimulan los procesos de construcci�n de la identidad corporal estructurada y diferenciada, ya que el ni�o a�n no puede distinguir la realidad de la fantas�a. Piaget, (citado en Fonseca, 1996) realza la importancia de la motricidad en la formaci�n de la imagen mental; las actividades perceptivo-motoras prolongan la interiorizaci�n de im�genes visuales que preparan los primero esquemas operatorios que dar�n sustento al lenguaje y a la reflexi�n.

5.- Fase de los juegos simb�licos, permite al ni�o trasladar sus vivencias a un plano cognitivo organizando las im�genes mentales y expres�ndolas mediante el juego. Piaget (1936) afirma que mediante la actividad corporal el ni�o piensa, aprende, crea y afronta los problemas, es a trav�s del juego que puede desarrollar estas funciones, al mismo tiempo que hay un predominio general de la vida afectiva que se manifiesta en cualquier actividad que realice.

6.- Fase de los juegos de precisi�n, ejercitando la coordinaci�n de movimiento y el uso del espacio. El desarrollo del espacio-temporalidad se va conformando, primero el ni�o tiene que diferenciar el yo corporal del mundo exterior, para despu�s ubicarse en el espacio f�sico que le rodea, aproximarse a los objetos y otros que hay en el entorno que le rodea. La lateralizaci�n, tiene una estrecha relaci�n con el eje corporal� y los hemisferios cerebrales,  paulatinamente se va produciendo la organizaci�n de las referencias espaciales, favorece la orientaci�n� del� cuerpo en el espacio consigo mismo,� con los objetos, y con los otros. Se va desarrollando en una secuencia de tres fases; la primera es de indefinici�n de (0 a 2 a�os), la segunda es de alternancia (de 2 a 4 a�os), la tercera es la de automatizaci�n, la instrumental (de 4 a 7 a�os).

Se ha encontrado que las nociones de espacio, de relaciones y de orientaci�n espaciales se construyen a la par de la maduraci�n nerviosa, y est�n determinadas por las experiencias vividas en la casa, escuela y en todo aquel ambiente en que se desenvuelve el ni�o. El tiempo es la duraci�n que separa dos percepciones espaciales sucesivas (Garc�a y B,� 2000), se encuentra muy vinculado a la noci�n de espacio. En la escuela podemos observar que los peque�os no logran hacer una distinci�n de los hechos, como el hoy, ayer, ma�ana, de ah� que muchos cuentos infantiles inician: “�rase un vez, hace mucho pero mucho…tiempo……

7.- Fase de los juegos de representaci�n, mediante el dibujo, modelaje, construcci�n con madera o narraciones. Es en este momento en que el ni�o toma distancia respecto al uso del movimiento y da lugar a la creaci�n, y a las funciones cognitivas, y al lenguaje.

El orden de las fases se realiza acorde a la evoluci�n madurativa del ni�o, su implementaci�n es flexible, pl�stica y creativa.

Metodolog�a.-

Se recomienda de 3 a 5 sesiones a la semana, la duraci�n de la sesi�n va en funci�n de la edad madurativa de los ni�os� (30 a 45 minutos).

En cada sesi�n se llevan a cabo tres rituales:

1.- Ritual de entrada y salida

2.- Sesi�n de expresividad motriz (se realiza alguna de las fases).

3.- Sesi�n de representaci�n (mediante dibujos, modelado, construcciones con maderas).

Las formas de intervenci�n del “psicomotricista” (o profesor) est�n centradas en� dar confianza y seguridad al ni�o con el solo hecho de su presencia y actuaci�n, podr� participar en el juego s� y solo s� el ni�o lo invita, y definitivamente que la observaci�n e interpretaci�n� que haga de� la sesi�n son fundamentales en el desarrollo y evoluci�n de los ni�os.

Los materiales que se utilizan son variados, colchones, rodillos, pelotas, aros, juguetes etc. La sesi�n demanda de una planeaci�n, seguimiento y evaluaci�n. La sala requiere de un acomodo intencional de los materiales, previo a cada sesi�n.

El trabajo educativo tiene la funci�n de crear las condiciones l�dicas necesarias para la maduraci�n global del ni�o, el educador por su parte ser el catalizador de esos procesos de maduraci�n. En palabras de Aucouturier (2004, p�g 149) “Comunicar, crear y pensar son las tres finalidades de la educaci�n que proponemos…La pr�ctica psicomotriz se inscribe adem�s en un proyecto filos�fico y social en el que la escuela es el lugar para la formaci�n de la democracia y de la responsabilidad….”

Referencias Bibliogr�ficas

Aucouturier, B (2004). �Por qu� los ni�os se mueven tanto? Lugar de la acci�n en el desarrollo psicomotor y la maduraci�n psicol�gica de la infancia. Barcelona. Edit GRAO.

Aucouturier, B (2004). �Los fantasmas de acci�n y la pr�ctica psicomotriz. Espa�a: Edit GRAO.

Arnaiz, P (1996). Proyecto curricular para la diversidad. Madrid. Edit: C.C.S.

Arnaiz, P. Psicomotricidad y adaptaciones curriculares. Psicomotricidad. Revista de Estudios y experiencias. No 47, 43-62

Berruezo, P y Adelantado P (1995). El Cuerpo, el Desarrollo y la Psicomotricidad
Revista de Estudios y Experiencias No. 49, vol. 1 pp. 15 - 26 x.

Fonseca, V� (1996). Estudio y G�nesis de la Psicomotricidad. Barcelona Edit: Inde.

Garc�a, J y Berruezo P (1994). �Psicomotricidad y Educaci�n Infantil. Madrid : Ed. CEPE.

Mart�nez F y otros (2001). Los procesos evolutivos del ni�o. La Habana: Ed. Pueblo y Educaci�n.

Nasio, J (1996). Grandes Psicoanalistas. Introducci�n� a las obras. Barcelona: Gedisa.

Piaget, J. (1936). La naissance de l’intelligence chez l’enfant. Neuch�tel: Delachaux et Niestl�x.

Wallon, H. (1942). De l’acte � la pens�e. Essai de psychologie compar�e. Par�s: Flammarion.

http://www.redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/cursosytalleres/psicomotricidad/lectura%201.htm

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