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La Ecolog�a de la Ni�ez. Creando un Mundo Digno de Nuestros Ni�os

Edward Miller

Introducci�n: una nueva comprensi�n de la ni�ez

Una profunda paradoja define la condici�n de la ni�ez en los inicios del siglo 21. Los cient�ficos m�dicos y neurol�gicos, as� como los investigadores educativos y los practicantes nos han dado un vasto conocimiento sobre el desarrollo y crecimiento saludables de los ni�os. Al mismo tiempo, parecemos estar en peligro de olvidar algunas verdades fundamentales y duraderas de la naturaleza de la ni�ez y las necesidades de los ni�os. De hecho, la ni�ez en s�, como una fase singularmente importante y vulnerable de la vida humana, se haya bajo asedio.

La Alianza para la Ni�ez americana, una sociedad de educadores, profesionales de la salud, investigadores, y otros defensores de los ni�os, se fund� en 1999 para dirigirse hacia este problema. Los compa�eros en la Alianza proponen que ha llegado el momento de un esfuerzo convenido, interdisciplinario para examinar las causas subyacentes del alarmante declive en la salud de los ni�os y su bienestar en los a�os recientes, para que podamos empezar a revertir esa situaci�n.

�Por qu� est�n los ni�os bajo tal presi�n para que crezcan r�pido, estar delante de la curva, sobrepasar a todas las generaciones anteriores? �Qu� efecto tiene nuestra propia ansiedad como adultos ante los aterradores cambios tecnol�gicos y las amenazas de guerra y terrorismo en el mundo de hoy, sobre nuestros ni�os? �Estaremos empujando a los ni�os a alcanzar metas y expectativas poco realistas, en formas que son realmente da�inas para ellos?

Para entender estas importantes preguntas, debemos primero, hacernos otras m�s fundamentales. �Cu�l es nuestra imagen del ni�o, y del lugar de la ni�ez en la sociedad y en el mundo natural? �C�mo entendemos la vida interior del ni�o, y qu� es lo que �l o ella m�s necesita para convertirse en un adulto inteligente, afectuoso, fuerte, resiliente, imaginativo, y pensativo?

Si nuestra imagen del ni�o es altamente mec�nica, en la cual vemos sus mentes como computadoras que deben ser programadas y llenadas con informaci�n, entonces nuestras pol�ticas y pr�cticas educativas y de cuidado del ni�o dar�n �nfasis a la tecnolog�a, la estandarizaci�n, y empujaran a los ni�os a una realizaci�n m�s r�pida, a edades cada vez menores. Pero si nuestra imagen del ni�o es polifac�tica, reconociendo y respetando los procesos naturales, y a menudo, no lineales del desarrollo humano, y honrando la infinita variedad de las fuerzas y necesidades individuales del ni�o; entonces nuestras pol�ticas y pr�cticas tomar�n una forma m�s variada y diferenciada.

En este documento defender� que el punto de vista del ni�o, m�s polifac�tico o ecol�gico, requieren de una nueva comprensi�n de la ni�ez en s�.

Las condiciones de la ni�ez hoy d�a

La Alianza para la Ni�ez se form� debido a la preocupaci�n creciente entre educadores, investigadores, y profesionales de la salud por el declive en la salud y bienestar de los ni�os. Mientras que la proliferaci�n de enfermedades contagiosas en la ni�ez ha sido contenida, principalmente en las naciones m�s ricas, a trav�s, de la inmunizaci�n y los antibi�ticos, las proporciones de asma, las alergias, la hiperactividad, la ansiedad, la depresi�n, los des�rdenes en la alimentaci�n, la obesidad, el autismo, y la violencia entre los ni�os y adolescentes ha aumentado alarmantemente.

El predominio de la obesidad en los ni�os de los Estados Unidos, por ejemplo, aument� en un 100 por ciento entre 1980 y 1994, seg�n el Dr. David Ludwig, director del programa de obesidad en el Hospital de Ni�os en Boston. Las proporciones de suicidio en adolescentes se han triplicado durante los �ltimos 50 a�os, seg�n Dr. Kay Redfield Jamison de la Universidad de Johns Hopkins [1] . Muchos ni�os est�n experimentando niveles muy altos de stress. Un an�lisis reciente sugiri� que la "disminuci�n en la conexi�n social y los aumentos de los peligros medioambientales" eran parte de la raz�n" [2] .

Estas condiciones no son contagiosas en el sentido estrecho de la palabra, a�n as� se est�n extendiendo r�pidamente entre los ni�os de los Estados Unidos y muchos otros pa�ses. Podr�an ser bien clasificadas, sin exageraci�n alguna, como una epidemia.

Estas enfermedades tienen aspectos f�sicos, pero tambi�n son asociadas con los estados emocionales y los estilos de vida insanos. Por ejemplo, nadie sugerir�a que una buena dieta o hacer m�s ejercicio ayudar�a a un ni�o a evitar el sarampi�n. Sin embargo, tales cambios evitar�an a muchos ni�os desarrollar una diabetes Tipo II, que es una de las enfermedades que est�n en aumento y se vinculan a la obesidad y a una vida sedentaria.

�Por qu� nuestros ni�os est�n experimentando tal stress y mala salud? La pobreza es una de las culpables. Ella contribuye a una nutrici�n pobre y a la falta de acceso a programas de guarder�a y preescolares provistos de personal adulto, consciente de la importancia de una dieta saludable, el ejercicio f�sico, y de las pr�cticas educativas apropiadas para el desarrollo. La pobreza tambi�n exacerba las faltas de equidad de nuestro sistema de cuidado de la salud, en el que muchos ni�os no disponen de cuidado preventivo o de la asistencia m�dica b�sica a las enfermedades cr�nicas.

Pero la pobreza por s� sola no explica el aumento en las enfermedades relacionadas con el stress en los ni�os de todos los grupos sociales, incluso los m�s adinerados. Tres tendencias simult�neas e interrelacionadas han contribuido al declive general de la ni�ez en los a�os recientes:

� Primero, muchos adultos exigen demasiado de los ni�os, demasiado pronto - incluyendo un sobrecargado curr�culo acad�mico a edades tempranas, que contrapone la necesidad que tienen los ni�os del juego abierto e imaginativo; existe un �nfasis mal dirigido a las pruebas estandarizadas y en la comparaci�n de unos ni�os con otros; y los efectos de una carga excesiva de actividades simples.

� Segundo, los ni�os sufren cada vez m�s de la falta de conexiones fuerte, seguras, personales con adultos afectivos.

� Tercero, hay una creciente evidencia del da�o que ocasiona, al desarrollo saludable la sobre exposici�n a los medios electr�nicos de comunicaci�n - incluidos la televisi�n, los videojuegos, y las computadoras - y el asalto de anuncios comerciales dirigidos a los ni�os.

Demasiado y muy pronto

Los expertos en el desarrollo del ni�o han advertido durante a�os sobre los peligros de las crecientes expectativas poco realistas de los padres y los maestros sobre el crecimiento de peque�os [3] . El �nfasis en las actividades acad�micas a edades tempranas se ha producido a expensas de lo qu� los adultos tienden a considerar como ocupaciones "infantiles", como por ejemplo el juego. Pero las investigaciones muestran que el juego imaginativo en la ni�ez temprana produce logros en las habilidades del lenguaje, la soluci�n de problemas y las habilidades sociales, adem�s de mejorar la salud f�sica. Edgar Klugman y Sara Smilansky, dos investigadores de vanguardia en este campo, defienden que la evidencia de los logros que se obtienen del juego es tan fuerte que debiera ser un elemento central en el curr�culo en la educaci�n de ni�os peque�os hasta la edad de los ocho a�os. "De muchas formas cruciales", escriben, "el juego, un viejo amigo, despierta el potencial de cada ni�o."

A�n as� la mayor�a de los kindergarten p�blicos ofrecen poco tiempo para el juego. La mayor�a del tiempo escolar de los ni�os de cuatro a cinco a�o en adelante, se consagra a aprender a escribir, leer, y la aritm�tica. Simplemente muchos ni�os no est�n listos para el trabajo acad�mico enfocado a edades tan peque�as. La expectativa de que ellos dominen estas habilidades, est�n preparados o no, desde el punto de vista de su desarrollo, trae consigo un riesgo serio y ampliamente no reconocido.

A la edad de los siete a�os la mayor�a de los ni�os est�n listos para dominar las habilidades elementales de alfabetizaci�n y la manipulaci�n de los n�meros de una manera relativamente f�cil, sin stress. Pero pocos padres o educadores de la ni�ez a edades tempranas, en los EE.UU., est�n dispuestos a esperar todo ese tiempo. A muchos ni�os se les clasifica como deficientes o incluso como discapacitados a la edad de cinco o seis a�os, sobre la base de pruebas de lectura altamente inestables. La clasificaci�n en muchos casos, se vuelve una profec�a que se cumple por si sola.

Los ni�os peque�os pobres est�n en mayor riesgo de ser privados de las oportunidades para el juego creativo, especialmente al aire libre y en la naturaleza, y por tanto, del est�mulo f�sico y mental y del alivio de la tensi�n que este tipo de juego permite. Los esfuerzos para obligar a las escuelas p�blicas urbanas, a los programas Head Start y otros programas orientados hacia la ni�ez a edades tempranas, para producir mejores resultados, dando �nfasis a la repetici�n para aprender las letras y los n�meros y a otras actividades llamadas de alfabetizaci�n tempranas, despoja a estos ni�os del tiempo para el juego, que tan desesperadamente necesitan. Mientras la intervenci�n con la alfabetizaci�n a veces es necesaria, a la larga poco puede hacerse con ni�os de tres a seis a�os de edad, y la investigaci�n indica que las experiencias, emocionalmente ricas, del lenguaje compartido, como los son la lectura de libros en voz alta, la narraci�n, la poes�a, y los juegos de rimas con los adultos favoritos son las m�s eficaces.

A�n m�s; la investigaci�n nos dice que los beneficios de los programas de la ni�ez a edades tempranas que pujan por las actividades acad�micas, como contraposici�n a los juegos iniciados por el ni�o, son una ilusi�n. El Dr. Lilian G. Katz, codirector de la ERIC Clearinghouse on Elementary and Early Childhood Education, cita dos estudios recientes , por Susan L. Golbeck [4] y por Rebecca Marcon [5] , concluyendo que, "La evidencia sugiere que mientras la instrucci�n acad�mica parece ser beneficiosa cuando sus efectos se prueban a corto plazo, parece colocar en desventaja a los ni�os a largo plazo, cuando es comparada a los programas preescolares que ofrecen a los ni�os la oportunidad para la iniciativa y el tipo de atenci�n asociados a esta"

La proliferaci�n de ex�menes estandarizados utilizados para prop�sitos de alto nivel, � o sea, para tomar decisiones importantes sobre el futuro individual de los ni�os �a�ade, adem�s, niveles de stress a estos. Ahora, en muchos Estados, se amenaza a los ni�os con atrasarlos en la escuela o negarles el diploma de secundaria, sino se someten a una prueba particular de selecci�n m�ltiple. Las evaluaciones de los maestros, de las escuelas, y de los distritos escolares est�n ligadas ahora con los resultados en los tests, estando los sueldos, las pagas extraordinarias, e incluso los precios inmobiliarios vinculados a las notas que obtienen los ni�os. Crece la evidencia de que tales pol�ticas est�n literalmente enfermando a muchos ni�os, adem�s de matar su gozo en el aprendizaje. Las enfermeras y los psic�logos de las escuelas informan que ni�os tan peque�os como los del tercer grado se hayan al tanto de los altos niveles vinculados a estas pruebas y est�n exhibiendo niveles aumentados de ansiedad y dolencia que se relacionan directamente con el miedo de quedarse rezagados o de ser incapaces de graduarse. En California, las pruebas incluyen instrucciones que les indican a los maestros qu� tienen que hacer cuando el ni�o vomita sobre el folleto de la prueba [6] .

Falta de las relaciones fuertes con adultos afectivos

Tambi�n las investigaciones sobre el desarrollo del ni�o muestran que el contribuyente m�s importante al crecimiento intelectual y a la salud emocional son las interacciones humanas ricas, en la casa, en la escuela, y en la comunidad. Los ni�os crecen cuando reciben una atenci�n y cuidado consistente por parte de adultos que los entienden y honran los hitos generales de la ni�ez as� como los talentos y necesidades �nicas del ni�o individual. "No necesitamos justificar a tales interacciones como parte del entrenamiento de las habilidades sociales u otras metas deseables, que algunos sostendr�an deben ubicarse dentro del marco de la esfera familiar", escriben los psic�logos Stanley Greenspan y Beryl Benderly. "M�s bien, su importancia se demuestra por el hecho de que ellas se entretejen inextricablemente con el proceso del aprendizaje. [7] "

De manera similar, la investigaci�n sobre la reforma de la escuela urbana muestra concluyentemente que las estrategias m�s eficaces para mejorara las escuelas con problemas involucran la transformaci�n de las relaciones humanas en la escuela. Esto significa crear comunidades mutuamente apoyadoras y afectivas d�nde los ni�os, los padres, y los maestros tienen el tiempo y los recursos para conocerse bien unos a otros y entender las fuerzas y necesidades particulares. Un estudio a largo plazo de los graduados de las singularmente exitosas escuelas del Parque Central Este, en la zona oriental de Harlem, encontr� que hab�a tres cualidades que hicieron a estas escuelas diferentes: (1) la escuela se tom� en serio y ayud� al desarrollo de las pasiones, talentos, e intereses especiales de los estudiantes; (2) los estudiantes desarrollaron fuertes relaciones con sus maestros y compa�eros de clase; y (3) la escuela ten�a un impacto positivo en las familias de los estudiantes. Como resultado, los estudiantes llegaron a amar el proceso de aprendizaje, sinti�ndose estimados y respetados [8] .

A�n as� estas verdades sobre el aprendizaje y la ense�anza han sido ampliamente ignoradas por los pol�ticos y los creadores de pol�ticas americanos. La aplastante tendencia en la educaci�n en los recientes a�os ha sido las pol�ticas basadas en los "est�ndares" y las pruebas de altos niveles, en la que todos los ni�os son juzgados por la misma varita r�gida y muchos de nuestros mejores y m�s afectuosos maestros han sido desplazados de la profesi�n por las pr�cticas que ellos ven como inhumanas y en contra del ni�o. Adem�s, un acercamiento muy mec�nico a la educaci�n - como por ejemplo usar la ense�anza por un gui�n - est� tomando auge como uno de los medios m�s eficaces para preparar a los ni�os para las pruebas.

Los efectos negativos de enfatizar la tecnolog�a

Agregue a estas tendencias no saludables los efectos negativos de la exposici�n excesiva de los ni�os a las pantallas de la televisi�n y las computadoras. Estas m�quinas se han convertido en las ni�eras favoritas para los ni�os pobres y ricos, desde la lactancia en adelante. Ahora se dise�an muchos programas de computadora para los beb�s y los ni�os peque�os, y se marcan agresivamente para los padres, que est�n ansiosos de que sus ni�os dispongan de una ventaja al aprender. Pero no hay ninguna evidencia de que el software para los ni�os peque�os tenga el efecto deseado, y s� una creciente evidencia de que una infancia de alta tecnolog�a crea inesperados problemas de desarrollo y salud.

Hoy d�a el ni�o promedio en los EE.UU. pasa de cuatro a cinco horas por d�a, fuera de la escuela, sentado frente a las pantallas de la televisi�n o computadora. El h�bito del video es el mayor contribuyente a la obesidad de la ni�ez. Adem�s, las im�genes de las pel�culas, de los programas de televisi�n, y de las computadoras tienden a predominar sobre la propia imaginaci�n en ciernes del ni�o. Sin imaginaci�n, se empobrece el juego del ni�o. No obstante, el juego es una actividad mayor a trav�s de la cual los ni�os se ajustan al mundo. Cuando eso se les quita, es a�n m�s duro para los ni�os procesar el stress en sus vidas. Como lo refleja Richard Killingsworth de la University of North Carolina School of Public Health, "Nuestros ni�os se est�n criando como la carne de ternera, completamente en espacios cerrados".

Es m�s, muchas de las im�genes de la pantalla que llenan las vidas de los ni�os pintan escenas de aterradora violencia - en los videojuegos, en las pel�culas populares, y en los noticieros. La exposici�n a tales im�genes exacerba los problemas de muchos ni�os que ya padecen de demasiado stress. Estudios recientes sugieren que las llamadas toxinas culturales, como lo es la violencia penetrante de los medios de comunicaci�n, han alcanzado niveles peligrosamente altos, lo que ayuda a explicar el aumento de los tiroteos escolares, del elevad�simo uso de drogas psico-activas legales e ilegales, de los crecientes problemas de las enfermedades psicosom�ticas, de la rabia en los lugares p�blicos, y de un sentido general de cinismo y desesperaci�n [9] .

El neurobi�logo Antonio Damasio [10] , cuya investigaci�n ha demostrado el funcionamiento, profundamente entrelazado, de la raz�n y la emoci�n en el cerebro y el cuerpo, escribe que "la sobreexposici�n de los ni�os a la violencia, en la vida real, en los noticieros, o a trav�s de la ficci�n audiovisual, degrada el valor de las emociones y los sentimientos en la adquisici�n y despliegue de una conducta social adaptable. El hecho de que tanta violencia vicariante se presente sin una armaz�n moral, hace que s�lo capitalice su acci�n desensibilizadora".

La Academia Americana de Pediatr�a recomend� en febrero del 2001 que los ni�os por debajo de los dos a�os de edad no deben pasar tiempo alguno delante de las pantallas. Incluso despu�s de los dos a�os, los ni�os peque�os deben pasar mucho m�s tiempo comprometidos en el contacto humano directo y en el juego creativo, desarrollando sus propias imaginaciones y experimentando la vida de su propia manera. [11]

La Ecolog�a de la ni�ez

Los miembros fundadores de la Alianza para la Ni�ez tuvimos la esperanza de que, trabajando juntos, podr�amos llamar a una mayor atenci�n p�blica sobre las alarmantes condiciones de la ni�ez, descritas m�s arriba, y trabajar para encontrar soluciones con los padres, maestros, m�dicos, y otros. Pero nos hemos dado cuenta de que las pr�cticas actuales en la crianza y la educaci�n de los ni�os nacen fuera del paradigma prevaleciente o de la imagen del ni�o. Si estas pr�cticas van a cambiar, entonces la sociedad debe primero cambiar su visi�n del ni�o. Por consiguiente, nuestro trabajo debe fundamentarse, m�s all� de conocer los problemas que enfrentan los ni�os de hoy. Debemos repasar y redefinir nuestra comprensi�n b�sica de la naturaleza de la ni�ez en s�.

Dos vistas de la ni�ez

La visi�n mec�nica o materialista de los seres humanos los reduce a una terminolog�a mec�nica - el coraz�n es una bomba, el cerebro una computadora, y la mente un programa de software. Estamos alambrados para responder de ciertas maneras. Tal enfoque afecta tambi�n, la manera que vemos la inteligencia. Ello materializa al propio pensamiento, y contribuye al �nfasis creciente de las pruebas estandarizadas que pueden ser registrados por una m�quina. De ese modo, nuestra medida de lo que significa ser educado esta inexorablemente reducido a lo que las m�quinas pueden manejar.

Este punto de vista mec�nico ve - conscientemente o inconscientemente - a la m�quina como un arquetipo. La m�quina viene primero y da lugar tanto al universo f�sico como al universo intelectual. Es como si el ser humano fuese hecho a semejanza de la m�quina y no a la inversa.

No es sorprendente, entonces, que las nuevas y m�s complejas m�quinas lleguen a ser vistas como iguales a lo natural y lo humano y, finalmente, superior a ellos. Rodney Brooks, director del M.I.T.'s Artificial Intelligence Laboratory, describe en su libro "La Carne y las M�quinas: C�mo los Robots nos van cambiar" el desarrollo de Kismet, "el primer robot del mundo, verdaderamente sociable, capaz de interactuar con las personas sobre una misma base." Brooks defiende la tesis de que, en el futuro cercano, todos "nos volveremos una fusi�n entre la carne y las m�quinas." [12] Tampoco es sorprendente de que algunas personas hablan ahora sobre "las m�quinas espirituales" (como en el t�tulo del libro de 1999, de Raymond Kurzweil) [13] y de la "teolog�a de la tecnolog�a." [14] Hemos alcanzado el umbral de adorar literalmente a las m�quinas como el nuevo dios.

Ser�a m�s exacto decir que una bomba mec�nica tiene ciertas similitudes con el coraz�n (y algunas diferencias significativas, tambi�n), o que la computadora ha sido modelada sobre la base del cerebro y el sistema nervioso. Entonces estar�amos poniendo lo primero como lo que es.

Mirando a los ni�os en un contexto amplio

La frase la "ecolog�a de la ni�ez" representa un punto de vista contrastante. La palabra ecolog�a viene del griego: oikos, que significa "casa", y logos, que significa "palabra", "sabidur�a", o "comprensi�n". As� la ecolog�a podr�a significar el lenguaje de la casa, o de la Tierra, que es nuestra casa.

La ciencia de la ecolog�a - la interrelaci�n de los organismos vivos - ofrece muchos principios que son �tiles en nuestra compresi�n sobre la naturaleza y las necesidades de los ni�os: mirar la vida en un contexto amplio; la importancia de la diversidad; la irreducible totalidad de los organismos; la beneficencia (como mostrar bondad hacia las criaturas salvajes); el rechazo a la idea de poseer o manejar la biosfera; la comuni�n y armon�a entre la humanidad y la naturaleza; y una conciencia plena del peligro inherente a cualquier innovaci�n tecnol�gica que conlleve a un cambio medioambiental o biol�gico irreversible.

La ecolog�a mira a las criaturas vivientes en un contexto amplio, y a su interdependencia. Por consiguiente, un punto de vista ecol�gico pregunta c�mo el ni�o es afectado por su ambiente f�sico, social (la familia, los amigos, el barrio), y cultural (la escuela, las artes, la comunidad religiosa). �C�mo trabajan estos ambientes en su conjunto para crear un contexto para el desarrollo del ni�o?

El ecologista David Orr escribe, en su libro "Con la Tierra en la mente" que "no se le debe obligaci�n o piedad alguna a las m�quinas." [15] Si miramos a los ni�os como peque�as maquinas, entonces, no le "debemos" nada, y no necesitamos percibir compasi�n alguna por sus luchas. M�s bien, nuestro acercamiento ser� simplemente intentar dise�arlos, a trav�s de la educaci�n, para servir al bienestar econ�mico de la sociedad. Ellos se vuelven no m�s que herramientas para llevar m�s all� la prosperidad.

La visi�n ecol�gica, por otro lado, reconoce a los ni�os como seres vivientes a los cuales debemos una obligaci�n por su propia naturaleza intr�nseca, no debido a su utilidad potencial. Debemos entonces preguntar: �qu� tipo de crianza y pr�cticas educativas satisfacer�n mejor sus necesidades y establecer�n las condiciones que promuevan su salud?

Ir�nicamente, el punto de vista mec�nico y estrechamente utilitario es tambi�n,

a la larga, el que parece menos econ�mico. Los ni�os que padecen de enfermedades relacionadas con el stress y discapacidades probablemente son los menos dados a convertirse en trabajadores productivos o contribuir en general al bienestar de la sociedad. Los ni�os que son educados dentro de valores humanos, les gusta trabajar y encuentran la alegr�a y un prop�sito en ese trabajo.

Los costos m�dicos para tratar a los ni�os - y a los adultos en que se convertir�n - contra enfermedades como la depresi�n, la hiperactividad, el autismo, los desordenes de ansiedad, la diabetes de tipo II, y otras m�s que est�n en aumento, ser�n asombrosos. Cu�nto gasto innecesario, y cu�nto sufrimiento, se evitar�a si nuestro principio gu�a en la crianza y la educaci�n del ni�o fuese el credo del m�dico: Primero, no hagas da�o.

Desarrollo lineal versus transformador

Tambi�n debemos ver a la ni�ez en el contexto del tiempo, para �l cual solo es una fase de una vida entera. Es por s� misma un tiempo rico de la vida y tambi�n el fundamento para lo que viene despu�s. Sin embargo, el crecimiento basado en esta fundamentaci�n no siempre es lineal, como las medidas de la altura y peso de un ni�o, o un edificio de una estructura de ladrillos. El crecimiento humano tiene cualidades lineales y momentos de gran transformaci�n.

Ciertas habilidades parecen desarrollarse de una manera lineal a lo largo de la ni�ez temprana, por ejemplo, a medida que los ni�os construyen su vocabulario o aprenden a pararse, andar, trepar, y correr. Pero tambi�n hay transformaciones m�s parecidas a la salida de la mariposa de su capullo. Un ejemplo es cuando el ni�o est� listo para el primer grado. De pronto, entre todos los cambios asociados con la disposici�n para el primer grado, que pueden medirse, hay un cambio que es mucho m�s dif�cil de cuantificar. El ni�o, que ha aprendido principalmente a trav�s de la imitaci�n a los adultos en la ni�ez temprana, se haya ahora listo para aprender de la "ense�anza" del maestro. El ni�o de siete a�os de edad mira al maestro de una forma completamente nueva, como si fuera a decir, "Usted sabe las cosas que yo no s� y me las va a ense�ar." Es un salto hacia una nueva arena.

No hay ninguna raz�n para intentar alimentar a la oruga con el n�ctar que nutre a la mariposa. A�n no est� lista para ello. Ni tiene ning�n sentido impartirle lecciones de vuelo a la oruga. Uno tiene simplemente que crear las condiciones apropiadas para la transformaci�n, y entonces esperar a que tenga lugar. Lo mismo es verdad para los ni�os. Es el error de los adultos de reconocer la naturaleza de su transformaci�n, y la necesidad de permitir un tiempo para que tenga lugar, que resulta en nuestra propensi�n actual para buscar un curr�culo acelerado y software para los beb�s.

La orientaci�n tecnol�gica a la educaci�n y crianza de los ni�os utiliza una parte muy estrecha de la forma en que el mundo funciona - y una parte inanimada, adem�s - aplic�ndolo como un modelo para todo, incluso a la manera que los ni�os crecen y aprenden. La vida real del ni�o es parte de un sistema m�s complejo de elementos org�nicos, inorg�nicos, y sociales, todos entretejidos juntos en un tapiz rico e inseparable, que necesita ser atendido y honrado. Creer que podemos de alg�n modo fabricar de ese tapiz, el conocimiento de un ni�o, empleando s�lo su aspecto m�s reduccionista es peor que hacer de tonto. Al final amenaza tanto el desarrollo completo del ni�o, como el bienestar de la sociedad.

Los valores fundamentales de la visi�n mec�nica del ser humano - la productividad, la estandarizaci�n, la eficacia, la capacidad de ser medido, y la objetividad - cuando son impuestos al proceso de educaci�n a edades tempranas frustra las mismas caracter�sticas que clamamos como preciosas a la ni�ez: la creatividad, la imaginaci�n, la compasi�n, el esp�ritu aventurero, y la individualidad. Darle homenaje oral a estos valores, mientras sistem�ticamente se imponen pr�cticas que efectivamente los destierran del aula, no s�lo son hip�critas, sino que tambi�n confunden a los ni�os. Ello lleva eventualmente hacia el cinismo y la desconexi�n con el proceso de aprendizaje, que vemos en tantas escuelas.

Todos estos valores mec�nicos apuntan en una direcci�n: el establecimiento del control y la extensi�n del poder. Eso es lo que nos permiten las m�quinas: controlar nuestro medioambiente y extender nuestro poder sobre este. �Pero debieran ser el control y el poder los principios que gu�en la educaci�n?

En �Creciendo joven�, el antrop�logo Ashley Montagu examina la ni�ez a la luz del principio evolutivo de la neoton�a - la retenci�n de rasgos fetales y juveniles en los adultos de las especies m�s desarrolladas. [16] El triunfo evolutivo del ser humano, apunta Montagu, es nuestra habilidad de retener las cualidades infantiles de adaptabilidad y la capacidad para aprender hacia y a trav�s de la madurez. Nuestro largo per�odo de desarrollo en la ni�ez, en otros t�rminos, sirve a un prop�sito esencial. Intentar acelerarlo es una acci�n descarriada y potencialmente desastrosa.

El acercamiento de la sociedad moderna a la ni�ez es similar a su acercamiento al medioambiente. Creemos que podemos hacer lo que queramos y la Tierra se ajustar� a ello. Empezamos a despertarnos cuando Rachel Carson se�al� el v�nculo entre el DDT y la muerte de los p�jaros, y cuando el Lago Erie qued� tan contaminado que literalmente se quem� delante de nuestros ojos. A�n as�, creemos que la Tierra puede adaptarse eternamente a nuestros excesos, a pesar de las advertencias de recalentamiento global y el derretimiento de los casquetes polares. Igualmente, pensamos que podemos hacer cualquier cosa que queramos con los ni�os y estos se adaptar�n eternamente. Los seres humanos son flexibles, sobre todo los ni�os, pero les han pedido que se ajusten a tantos modelos malsanos que su capacidad de adaptaci�n ahora est� en riesgo. As� como la Tierra est� padeciendo por nuestros excesos, sufren ahora los ni�os. La frase "la ni�ez t�xica" no es m�s una exageraci�n.

Aprendiendo lo que somos

Nuestra preocupaci�n con el desarrollo externo en lugar del interno nos ha llevado a nuestra fascinaci�n por las m�quinas, el dominio de masas de verdadera informaci�n, y soluciones tecnol�gicas para problemas profundamente humanos. Como escribe Parker Palmer en su libro, El Valor para Ense�ar, "Nosotros estamos obsesionamos con manipular lo externo porque creemos que nos dar� un poco de poder sobre la realidad y un poco de libertad de sus restricciones. Magnetizados por una tecnolog�a que parece simplemente haber hecho eso, desechamos el mundo interior.... Es por eso que entrenamos a los maestros para dominar las t�cnicas pero no comprometerse con el alma de sus estudiantes". [17]

El violonchelista Pablo Casals pone el problema de otra manera, notablemente pertinente a la dificultad en que nos encontramos ahora todos - un mundo rehecho por los ataques terroristas y el miedo. En su autobiograf�a, Alegr�as y Pesares, Casals pregunt�:

�Qu� le ense�amos a nuestros ni�os? Le ense�amos que dos y dos son cuatro, y que Par�s es la capital de Francia. �Cu�ndo les ense�aremos tambi�n lo que son? Debi�ramos decirle a cada uno de ellos: �Sabes lo que t� eres? T� eres una maravilla. T� eres �nico. En todos los a�os que han pasado, nunca ha habido otro ni�o igual que t�. Tus piernas, tus brazos, tus diestros dedos, la manera que te mueves. Puedes convertirte en un Shakespeare, en un Miguel �ngel, en un Beethoven. Tienes la capacidad para todo.

S�, t� eres una maravilla. �Y cu�ndo crezcas, podr�s entonces da�ar otro que como t�, es una maravilla? Tu debes trabajar - todos nosotros debemos trabajar para hacer el mundo digno de sus ni�os. [18]

Los Imperativos de la ni�ez

Ahora, los seres humanos ejercen el inaudito poder para sostener una guerra entre si y con otras especies - y tambi�n, el inaudito poder para sostener la vida. �C�mo podemos preparar a nuestros ni�os para estas imponentes responsabilidades morales? �Bastar� solamente con el dominio de las habilidades t�cnicas? �O ser� esencial, para la supervivencia de la humanidad, un sentido renovado de la reverencia y devoci�n por la vida?

El co-fundador de Sun Microsystems Bill Joy nos advirti� del desaf�o que enfrentamos cuando escribi� en el 2000 que "las tecnolog�as del siglo 21 - la ingenier�a gen�tica, la nanotecnolog�a, y la rob�tica (GNR) - son tan poderosas que ellas pueden engendrar clases enteras de nuevos tipos de accidentes y abusos. Lo m�s peligroso, por primera vez, estos accidentes y abusos est�n ampliamente al alcance de individuos o grupos peque�os de individuos. Ellos no requerir�n de grandes recursos o de materia primas raras. El conocimiento por si solo habilitar� su uso." [19]

Nuestra tarea, entonces, es educar a nuestros ni�os de forma tal que desarrollen los rasgos de car�cter y h�bitos de mente que, ech�ndose sobre las espaldas las inauditas responsabilidades morales, demandar� un futuro de alta tecnolog�a. Fracasamos en esta tarea si negamos los imperativos de la ni�ez.

�Cu�les son estos imperativos? Anteriormente ya hemos nombrado algunos de ellos. En nuestra apurada cultura, se privan a muchos ni�os, ricos y pobres, de estos elementos esenciales para una ni�ez saludable: relaciones cercanas con los adultos afectivos, la actividad f�sica, el tiempo para jugar, la experiencia directa con la naturaleza, la m�sica y el arte, las lecciones pr�cticas de todos los tipos, y las ricas experiencias cara a cara del lenguaje con las personas vivientes, no con las m�quinas.

En la invocaci�n de esta nueva comprensi�n de los imperativos de la ni�ez, hemos hablado no s�lo de las mentes y cuerpos de los ni�os, sino tambi�n de sus almas y esp�ritus, y de la dimensi�n moral de este trabajo. Hacemos esto con un conocimiento de la conexi�n profunda de todas las cosas. Como lo escribi� Sven Birkerts en las Eleg�as de Gutenberg:

Estamos experimentando en nuestros tiempos una p�rdida de la profundidad - una p�rdida, es decir, del mismo paradigma de la profundidad. El sentido de la profunda y natural conexi�n de las cosas es una funci�n de la conciencia vertical. Su apoteosis es lo que se llam� alguna vez sabidur�a. La sabidur�a: el conocimiento no de los hechos, sino de las verdades sobre la naturaleza humana y los procesos de la vida. Pero sumergida por los datos, y en el torbellino de las tecnolog�as que la manipulan, ya nosotros no pensamos en esos t�rminos m�s amplios y necesariamente m�s imprecisos. En nuestra edad lateral, viviendo en las burocracias de la informaci�n, nosotros no nos aventuramos a una demanda por ese tipo de comprensi�n. En su lugar, tendemos a avergonzarnos de aqu�llos t�rminos que una vez nos atemorizaron - la verdad, el significado, el alma, el destino.... Tildamos a las personas que usan estas palabras de ser suaves y nost�lgicas. [20]

La Alianza para la Ni�ez se compromete a explorar y promover una perspectiva ecol�gica en la ni�ez, basada en nuestros mejores conocimientos de las necesidades realmente desarrolladoras y espirituales del ni�o. Cimentando nuestro trabajo en la ecolog�a de la ni�ez nos anima a que consideremos cada problema de la ni�ez con la profundidad y amplitud que se merece. S�lo en este baile de las relaciones rec�procas entre la vida del ni�o individual, la vida de la comunidad, y el resto de la vida en la Tierra es que nosotros crearemos un mundo digno de nuestros ni�os.



[1] Jamison, Kay Redfield: La noche cae r�pido: Comprendiendo al Suicidio. El n�mero de suicidios se ha elevado o declinado levemente en periodos recientes, en parte por la mejor�a de la atenci�n de emergencia traum�tica en los Hospitales.

[2] Journal and Social Psychology,, Diciembre 2000

[3] Elkind, David: La ni�ez apurada, Reading, Mass.: Addison-Wesley, 1981.

[4] Golbeck, Susan. L. (2001). Modelos Instructivos para la ni�ez a edades tempranas: En busca de una pedagog�a Reguladora del ni�o / Guiada por el maestro. En S. L. Golbeck (Ed.) Perspectivas Psicologicas en la educaci�n de la ni�ez a edades tempranas. Reformando dilemas en la Investigaci�n y Pr�ctica. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates

[5] Marcon, Rebecca. (2002). "Subiendo de grado: La relaci�n entre los modelos preescolares y el �xito m�s tarde en la escuela, Early Childhood Research & Practice. Vol. 4, No. 1 http://ecrp.uiuc.edu/v4n1/marcon.html

[6] Louey, Sandy y Erika Ch�vez: "Inquietudes relacionadas con los tests impactan a algunos alumnos y padres". Sacramento Bee, Marzo 14, 2002

[7] Greenspan, Stanley y Beryl Benderly, El crecimiento de la mente y los peligrosos or�genes de la inteligencia, Perseus Publishing, 1998

[8] Bensman, David: El Este del Parque Central y sus Graduados: Aprendiendo de coraz�n, New York: Teachers College Press, 2000

[9] Lasn y DeGrandpre: "La Cultura Toxica en los EE.UU.," Adbusters Magazine No. 36, Julio/Agosto 2001.

[10] Damasio, Antonio: El error de Descartes: La emoci�n, la raz�n y el cerebro humano, Avon Books, 1995, p. 247

[11] American Academy of Pediatrics Committee on Public Education Policy Statement: "Los ni�os, los adolescentes y la televisi�n," Vol. 107, No. 2, February 2001

[12] Brooks, Rodney, La carne y las m�quinas: C�mo nos cambiaran los Robots, Pantheon, 2002.

[13] Kurzweil, Raymond, La era de las m�quinas espirituales: Cuando las computadoras exceden la inteligencia Humana, Penguin Books, 1999.

[14] Noble, David, La religi�n de la tecnolog�a: La divinidad del hombre y el esp�ritu de invenci�n, Penguin Books, 1999

[15] Orr, David, Con la Tierra en la mente: Sobre educaci�n, el medioambiente y el prospecto humano, Island Press, 1994.

[16] Montagu, Ashley, Creciendo J�ven, New York: McGraw-Hill, 1981.

[17] Palmer, Parker, El coraje de ense�ar: Explorando el panorama interior de la vida del maestro, Jossey-Bass, 1997.

[18] Casals, Pablo, Alegr�as y penas: reflexiones. , Macdonald & Co., 1970.

[19] Joy, Bill: "Porque el futuro no nos necesita," Wired Magazine, Abril 2000.

[20] Birkerts, Sven, Eleg�as a Gutenberg : La suerte de leer en la era electr�nica, Winchester, Mass.: Faber & Faber, 1994