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Conferencia MTY
Primera infancia
y las nuevas tecnolog�as
- Dr. Franklin Mart�nez Mendoza -
El extraordinario auge de la ciencia y la tecnolog�a
en el milenio que comienza ha tra�do aparejado el cuestionamiento
de la necesidad de que la educaci�n provea a las nuevas generaciones
de las posibilidades intelectuales y formativo generales para
poder asimilar tal desarrollo tecnol�gico, y poder as� dar respuesta
a las necesidades sociales, para lo cual se plantea hacerlo incluso
en la educaci�n desde las primeras edades.�
Esto no es algo f�cil de resolver, e implica ante
todo, tener una clara idea de la significaci�n de la primera infancia
en la formaci�n del individuo, y de hasta donde es posible influir
para la consecuci�n del prop�sito anteriormente se�alado. Es por
eso que es indispensable para realizar un an�lisis objetivo de
la cuesti�n el se�alar algunas particularidades de la edad que
son imprescindibles conocer para afrontar dicho an�lisis desde
una perspectiva cient�fica.
La primera infancia, considerada como aquella etapa
del desarrollo que abarca desde el nacimiento hasta los 6 � 7
a�os, y que en la mayor parte de los sistemas educacionales coincide
en t�rminos generales con el ingreso a la escuela, y que ha recibido
numerosas denominaciones: primera infancia, edad inicial o temprana,
edad infantil, edad preescolar, entre otras, es considerada por
muchos como el per�odo m�s significativo en la formaci�n del individuo,
pues en la misma se estructuran las bases fundamentales de las
particularidades biol�gicas, fisiol�gicas y f�sicas, y de las
formaciones psicol�gicas de la personalidad, que en las sucesivas
etapas del desarrollo se consolidar�n y perfeccionar�n.
Esto se debe a m�ltiples factores, uno de ellos
radica en el hecho de que en esta edad dichas estructuras biofisiol�gicas
y psicol�gicas est�n en pleno proceso de formaci�n y maduraci�n,
lo que hace particularmente significativa a la estimulaci�n que
pueda hacerse sobre dichas estructuras, y por lo tanto, de las
cualidades, procesos y funciones f�sicas y ps�quicas que dependen
de las mismas. Es quiz�s el momento de la vida del ser humano
en el cual la estimulaci�n, la educaci�n, es capaz de ejercer
la acci�n m�s determinante sobre el desarrollo, precisamente
por actuar sobre formaciones que est�n en franca fase de maduraci�n.
Si esto es as�, es obvio que al momento de considerar
la influencia que las nuevas metodolog�as y tecnolog�as pueden
ejercer sobre el desarrollo en estas edades tan tempranas de la
vida, se haga necesario realizar un an�lisis profundo de lo que
puede significar la inclusi�n de tales nuevos procedimientos,
y las consecuencias positivas o negativas que pueden tener sobre
el desarrollo de la personalidad en estos momentos iniciales de
su formaci�n.
Pero primero, para abordar esta cuesti�n, se necesita
definir a que se le llama desarrollo, y sus particularidades en
la primera infancia, algo que constituye un aspecto que ha suscitado
grandes discusiones dentro de la ciencia psicol�gica de anta�o
y que permanece vigente en el momento actual.
Del concepto de desarrollo en la primera infancia
El t�rmino desarrollo tiene una importante significaci�n
no solamente dentro de la psicolog�a y la pedagog�a, sino tambi�n
dentro de la filosof�a, de la sociolog�a, de la pediatr�a, de
la biolog�a y ciencias afines, etc. Pero, �qu� es desarrollo?
Para ello se hace preciso delimitar inicialmente el concepto m�s
general de� estructura o sistema.
Todo objeto o fen�meno de la realidad material
o ideal se presenta en la naturaleza en forma de una determinada
estructura, lo mismo en el plano f�sico, biol�gico, psicol�gico
o social. Esta estructura, por supuesto, se compone de elementos
que la caracterizan, y entre los cuales se establecen ciertas
relaciones. El conjunto de estos elementos, y las relaciones
que se establecen entre ellos, definen a la estructura, siendo
la relaci�n que se da entre unos elementos y otros tan estrecha,
que basta la transformaci�n de un elemento del sistema, o de la
Esto sucede en
cualquier aspecto de la formaci�n del individuo, en el orden biol�gico
o social, en la esfera a del psiquismo, o en cualquier otro aspecto
de la actividad humana que se quiera analizar.
Ahora bien, �cu�ndo se habla de desarrollo dentro
de una estructura cualquiera?: Si la introducci�n de nuevos elementos
no altera la estructura previa, por no haber transformaci�n de
las propiedades existentes entre los mismos, estamos ante lo que
se denomina crecimiento; pero si la inclusi�n implica un cambio
estructural, si se modifica el car�cter de las relaciones que
existen entre los elementos de la estructura y surgen nuevas
relaciones internas, entonces se habla de desarrollo.
Es decir, el desarrollo implica siempre la aparici�n
de nuevas propiedades, de una nueva cualidad; si esto no
sucede as� y lo que se da tan solo es un aumento de los elementos
sin cambios de estas relaciones, sin aparici�n de una nueva cualidad,
solo estamos ante un fen�meno de crecimiento.
Por supuesto, la aparici�n de la presente estructura
no implica en medida alguna la desaparici�n de la anterior, sino
su inclusi�n dentro de lo nuevo que ha surgido, su transformaci�n
en funci�n del fen�meno actual, para recomenzar el proceso de
otros cambios cuantitativos hasta el salto de una cualidad diferente.
Es decir, los elementos de la antigua estructura persisten, solo
que ahora cambia la formaci�n de su utilizaci�n, se subordinan
a la forma actual. M�s, para que surgiera esta funci�n nueva,
era condici�n necesaria e indispensable la existencia de la anterior.
Nada surge de la nada, y todo lo nuevo depende de la estructura
previa, parte de lo anteriormente existente, en un proceso dial�cticamente
determinado y no espont�neo.
El enriquecimiento de una estructura, su crecimiento
y perfeccionamiento, implica necesariamente el surgimiento de
nuevas funciones. Por lo tanto, si hablamos de desarrollo este
presupone siempre un perfeccionamiento, una nueva funci�n, una
estructura cuantitativa y cualitativamente diferente y superior,
que se opera dentro del mismo proceso mediante un salto y que
presupone la utilizaci�n de las antiguas estructuras dominantes
como subestructuras dentro de la nueva.
Esta concepci�n del desarrollo, es de gran importancia
para el enfoque adecuado de las relaciones entre la educaci�n
y el desarrollo, entre el desarrollo y la actividad, su significaci�n
dentro de la primera infancia, y entre sus particularidades y
la posibilidad de inclusi�n de nuevas metodolog�as y tecnolog�as,
porque, de acuerdo con la concepci�n �ltima que se tenga de lo
que es el desarrollo en la formaci�n del ni�o, asimismo se ha
de estar valorando en que medida una determinada acci�n, educativa
o tecnol�gica, puede o no ser susceptible de realizarse.
Sobre la irregularidad del desarrollo
Otro aspecto importante, una vez definido a que
se le puede llamar desarrollo, es como este se da en el transcurso
evolutivo de la formaci�n del ni�o.
Es conocido que la infancia del ser humano transcurre
en una serie de etapas cualitativamente diferentes en su desarrollo
ps�quico, que permite caracterizar a cada una de ellas, establecer
sus principios fundamentales y determinar sus actividades directrices.
Este proceso por supuesto, no es regular, y durante el transcurso
de este desarrollo se dan per�odos de relativa estabilidad en
que los logros y adquisiciones son poco perceptibles y relevantes,
y otros en que se dan cambios espectaculares en un breve espacio
de tiempo, y que transforman totalmente la actividad ps�quica
y le confieren una cualidad cualitativamente superior.
Esta resaltante irregularidad de momentos de
cambios lentos y bruscas transformaciones va a caracterizar el
desarrollo de los ni�os en la primera infancia, y determina
un ritmo r�pido e intenso del desarrollo, que hace que una adquisici�n
cualquiera en un momento dado, sea r�pidamente sobrepasada y sustituida
por otra adquisici�n m�s compleja, en un t�rmino de tiempo relativamente
corto. Los momentos de relativa lentitud en la adquisici�n de
logros, y que han recibido tradicionalmente la calificaci�n de
etapas, unido a los per�odos de grandes y r�pidas transformaciones
las crisis del desarrollo- van a caracterizar la
edad infantil, y hace la educaci�n en estas edades tempranas un
asunto realmente complejo y que requiere de un profundo conocimiento.
A su vez dentro de una misma etapa los ni�os y
ni�as muestran grandes diferencias individuales, que determinan
�ndices de desarrollo variables dentro de una misma etapa, un
diferente ritmo de apropiaci�n y adquisici�n de los logros, una
distinta intensidad de c�mo se manifiestan sus comportamientos,
lo cual, no solamente est� relacionado con las particularidades
de sus condiciones de vida y educaci�n, sino tambi�n con la de
sus propios componentes biogen�ticos, las caracter�sticas de su
funcionamiento cortical y las de su actividad nerviosa superior,
relaci�n entre los factores internos y externos t�picos en cada
momento del desarrollo y que ha recibido el nombre de situaci�n
social del desarrollo.
Esta maduraci�n general del organismo del ni�o,
y en particular de su sistema nervioso (maduraci�n que tambi�n
tiene un car�cter irregular y por etapas), sin generar por s�
misma nuevas formaciones psicol�gicas, crea en cada momento evolutivo
las condiciones y premisas espec�ficas para la asimilaci�n de
una experiencia de nuevo tipo, para el dominio de nuevos procedimientos
de la actividad, para la formaci�n de nuevos procesos ps�quicos.
Asimismo, la estimulaci�n que se ofrece y la intensificaci�n
de la maduraci�n que se provoca por estas condiciones de vida
y educaci�n, de determinados sistemas del organismo, de determinadas
estructuras cerebrales, en una etapa evolutiva dada, ejercen una
influencia decisiva sobre la bioqu�mica cerebral, sobre la morfog�nesis
de las estructuras nerviosas, en particular la mielinizaci�n de
las v�as nerviosas, y el crecimiento y diferenciaci�n de las neuronas
en las correspondientes zonas de la corteza cerebral.
As�, el desarrollo evolutivo del ni�o, que es dependiente
de la asimilaci�n de la experiencia social, tiene a la vez una
profunda base org�nica que crea, por un lado las premisas indispensables
para el desarrollo, y por el otro, sufre cambios sustanciales
bajo la influencia de las peculiaridades del funcionamiento de
los correspondientes sistemas funcionales, que se realizan en
los diferentes tipos de la actividad infantil.
Dentro de esto, el tomar en consideraci�n estas
particularidades psicofisiol�gicas, tiene una influencia decisiva
en que el desarrollo marche por canales apropiados, para lo cual
es necesario tomar en cuenta que:
- El organismo del ni�o, su cerebro en crecimiento,
y cuya maduraci�n a�n no ha concluido, tiene peculiaridades
funcionales que a�n no se han creado, y cuyo trabajo es a�n
limitado
- Las posibilidades del desarrollo solo se alcanzan
si los m�todos y formas que se empleen se estructuran en correspondencia
con dichas particularidades psicofisiol�gicas.
- La estimulaci�n solo adquiere un car�cter impulsor
del desarrollo si se considera la importancia que tienen las
estructuras psicofisiol�gicas� que se forman en cada per�odo
evolutivo dado para el curso general de la formaci�n por etapas
de la personalidad.
- Las nuevas estructuras espec�ficas que surgen
en cada etapa evolutiva, pueden formarse de� manera muy diferente
en dependencia de las condiciones en que se propicia la estimulaci�n,
de las particulares condiciones de vida y educaci�n�������
En el tr�nsito de una etapa a otra se van a dar
entonces cambios fundamentales que indican la direcci�n del desarrollo.
As�, en el ni�o y la ni�a:
� Cambia su actividad principal,
lo cual va a determinar entonces que en cada etapa hay una actividad
que dirige b�sicamente el desarrollo,
� Cambia el sistema de interacciones
que establece con los que le rodean en funci�n de lo que de �l
se espera en el cumplimiento de sus nuevas tareas
� Cambia la interrelaci�n entre los procesos
y funciones ps�quicas determinando un cuadro nuevo y diferente
en la estructura de su psiquis, de su conciencia, en cada per�odo
del desarrollo.
La caracterizaci�n psicol�gica evolutiva del ni�o
y la ni�a responde entonces a particularidades internas del desarrollo
en su interrelaci�n dial�ctica con las condiciones de vida y educaci�n
como factores externos determinantes
Sin embargo, resulta necesario enfatizar nuevamente
que el desarrollo del ni�o es de naturaleza hist�rica y est� socialmente
condicionado. Por lo tanto, los l�mites evolutivos de cada etapa,
el tiempo de inicio y culminaci�n de los per�odos de profundos
cambios, pueden variar sensiblemente en dependencia de las costumbres,
las tradiciones y las particularidades de la educaci�n en cada
pa�s, grandemente determinado por su nivel de desarrollo. Ser�a
absurdo esperar iguales particularidades y per�odos en el desarrollo
de la infancia en las sociedades primitivas que en las del mundo
contempor�neo.
Igualmente, en el momento actual no es posible
encontrar id�nticos o semejantes niveles de realizaci�n entre
los ni�os de los pa�ses altamente desarrollados y los pa�ses en
los cuales el desarrollo infantil se produce en condiciones menos
estimulantes; o en un mismo pa�s, entre los ni�os que pertenecen
a las clases econ�micamente favorecidas y los que viven en extrema
pobreza. Ello no significa ning�n fatalismo: cambien las condiciones
de vida y estimulaci�n y cambiar�n los niveles de desarrollo.
Estas etapas del desarrollo est�n generalmente
adscritas a una teor�a del desarrollo que hace que los l�mites
entre una y otra, o su conversi�n, pueda a veces resultar harto
dificultosa. Sin embargo, aunque se fundamenten en distintas teor�as,
todas coinciden en que existe una periodizaci�n del desarrollo,
que dicha periodizaci�n es secuencial y que, aunque var�en los
l�mites, ninguna etapa puede ser evadida o no considerada.
Esto es harto importante y quiere decir que el
desarrollo del ni�o es distinto cualitativamente en los diferentes
per�odos de su curso evolutivo, y que dichos per�odos son
insoslayables, aunque cambien los l�mites entre una etapa y otra
del desarrollo.��
La periodizaci�n propuesta con mayor fuerza proviene
de la teor�a hist�rico cultural, la cual esta muy marcada por
la teor�a de la actividad, y que parte de los fundamentos inicialmente
se�alados por Vigotski.
As� desde el nacimiento hasta los 6-7 a�os, la
teor�a hist�rico-cultural plantea tres etapas fundamentales del
desarrollo:
q La lactancia, desde el nacimiento hasta
el primer a�o,
q La edad temprana, desde el primero hasta
los tres a�os,
q La etapa preescolar, desde los cuatro
hasta los seis-siete a�os
Un an�lisis comparativo de las diferentes periodizaciones
(Gessell, Piaget, Wallon, entre otras) concluye que existen mas
convergencias que diferencias entre las distintas periodizaciones
propuestas por los diferentes autores, coincidencia que es mucho
m�s notable en la primera infancia, por lo que en t�rminos generales
se pueden asumir como semejantes.
Lo esencial es que todos coinciden en que
existe una periodizaci�n, que el desarrollo no es un continuo
regular sino un transcurso irregular marcado por momentos cualitativamente
diferentes, y que esta periodizaci�n sigue una determinada secuenciaci�n
de acuerdo con los indicadores o par�metros que sean tomados para
su estructuraci�n
No obstante, adem�s de esta periodizaci�n psicol�gica
tambi�n se destaca la existencia de una periodizaci�n de naturaleza
pedag�gica emp�ricamente estructurada en el sistema de educaci�n
de cada pa�s.
Es natural que tal divisi�n de la infancia establecida
sobre las bases pedag�gicas sea relativamente semejante a la real,
pero realmente no coincide con ella y lo que es fundamental, no
est� relacionada con la soluci�n de los problemas de las fuerzas
motrices del desarrollo infantil y las regularidades del tr�nsito
de un per�odo a otro.
En realidad la periodizaci�n elaborada sobre la
base de la estructura del sistema educativo de ense�anza y educaci�n
se basa en una experiencia pr�ctica, y cambia en la misma media
en que se introducen cambios en el sistema educativo, por lo que
no responde realmente al curso del desarrollo infantil que, aunque
variable, no depende de acciones administrativas y organizativas
como la periodizaci�n pedag�gica.
Es por ello que se hace cada vez m�s imperiosa
la necesidad de conciliar la periodizaci�n pedag�gica con la psicol�gica,
para que de esta manera el sistema de influencias educativas pueda
ejercer una acci�n m�s determinante sobre el desarrollo.�
Esto va a tener de igual manera una relaci�n estrecha
y directa con la posibilidad de que esta estimulaci�n se realice
dentro de una actividad, y el papel que la misma juega en el desarrollo,
y dentro de este de aquellas actividades que resultan m�s significativas
a tales fines.
La actividad y el desarrollo ps�quico
Se denomina actividad, en su sentido m�s
amplio, a la conducta del hombre determinada por la experiencia
hist�rica que �l acumula y por las condiciones sociales en que
desarrolla su vida.
En cada edad del desarrollo van a corresponderse
tipos caracter�sticos de actividades, que se relacionan entre
s� de una manera determinada, entre las que se encuentran la comunicaci�n
con las personas, la actividad con los objetos, las actividades
productivas como son el dibujo, el modelado, la pintura, entre
otras, y que con mayor o menor jerarqu�a van a estar presentes
en todo el transcurso de este desarrollo.�
El concepto de actividad constituye un concepto
fundamental de la psicolog�a cient�fica. La esencia de su enfoque
filos�fico-psicol�gico es que la actividad refleja la relaci�n
del ser humano como ser social hacia la realidad externa, relaci�n
que est� mediatizada por el proceso de transformaci�n y cambio
de esa realidad, en suma la pr�ctica productivo-material, y sobre
cuya base, surgen y se desarrollan, en el transcurso hist�rico
de la humanidad, las diferentes formas de la actividad espiritual
(cognoscitiva, art�stica, moral, etc.). As�, por nombrar un ejemplo,
el pensamiento l�gico-verbal, en �ltima instancia puede ser comprendido
cient�ficamente como una forma derivada de la actividad pr�ctica,
de la actuaci�n del ni�o con el mundo de los objetos que le rodea.
En el transcurso del desarrollo el individuo se
apropia de las distintas formas hist�rico-sociales de la actividad,
que se traducen en forma de necesidades, objetivos, im�genes.
A esta reproducci�n por el hombre de la imagen ideal de su actividad
y la de las posiciones de los dem�s, se le puede llamar conciencia.
Dicho con otras palabras, la actividad espiritual
del ser humano est� determinada por la pr�ctica social, y la actividad
es el origen y el n�cleo central de la conciencia. De esta manera,
como el reflejo ps�quico es generado en el proceso de la actividad,
el mismo no puede ser entendido fuera del estudio de la misma.
Esto quiere decir que no solo en el proceso hist�rico,
sino tambi�n en el ontogen�tico, resulta imposible considerar
el problema de la formaci�n de la conciencia y la formaci�n de
la personalidad independientemente de la relaci�n de estas con
la actividad.
De ello se desprende que el desarrollo ps�quico
del ser humano es ante todo el proceso de formaci�n de su actividad,
y, todas las cualidades, aspiraciones, objetivos e intereses y
capacidades del individuo se manifiestan en su actuaci�n en los
distintos tipos de actividad. En dependencia de lo que hace (o
sea del contenido de su actividad), de c�mo lo hace (procedimientos
de la actividad), de la organizaci�n y condiciones de la actividad
y de la actitud que la misma provoca en el sujeto, se forman las
capacidades, los motivos, los rasgos del car�cter: La personalidad
se forma en la actividad.
Conocer la estructura psicol�gica de la actividad
tiene una importancia capital para los procedimientos educativos
en la formaci�n de la personalidad del ni�o y la ni�a, pues indican
como hay que organizar estos procedimientos para que ejerzan una
influencia favorable en dicha� formaci�n de la personalidad, dado
el hecho de que la misma se conforma en el proceso de la actividad.
Esto hace que cada edad
se caracterice por un tipo principal de actividad, y solo determinando
y revelando estos tipos de actividad es que se pueden diferenciar
los correspondientes per�odos evolutivos del desarrollo ps�quico,
y a su vez seguir su secuencia y sucesi�n gen�tica.
Pero, no cualquier actividad tiene la misma significaci�n
para el desarrollo, sino que algunas de ellas, en un momento dado
del desarrollo, cobran un car�cter rector y tienen
una importancia crucial para le formaci�n ulterior de la personalidad,
jugando el papel central en el desarrollo, mientras que otras
juegan un papel subordinado o secundario. A� esas actividades
que adquieren el papel principal en la formaci�n de la personalidad
y que conducen el desarrollo, es a las que se denominan como
actividades directrices del desarrollo.
La base del desarrollo ps�quico ha de ser entonces
la sustituci�n de un tipo de actividad por otra, la cual determina
necesariamente el proceso de formaci�n de las nuevas estructuras
psicol�gicas.
No obstante, tambi�n se destaca que, aunque la
actividad directriz es la determinante del desarrollo ps�quico
en cada per�odo evolutivo, requiere de otras actividades para
la consecuci�n de todos los logros esperables del desarrollo en
dicho per�odo en cuesti�n.
Esto tiene a su vez una significaci�n pr�ctica
evidente, y que consiste en la relaci�n que se establece entre
determinados per�odos evolutivos, sus actividades, y el sistema
de influencias que se organice para propiciar su m�xima expresi�n,
en la vinculaci�n de los per�odos y actividades con el sistema
de ense�anza.
Ampliaci�n versus aceleraci�n del desarrollo
En estrecha relaci�n con el concepto de actividad
directriz y de la necesidad de inclusi�n de otras actividades
para el desarrollo se plantean dos criterios que resultan antag�nicos,
los de la aceleraci�n y la ampliaci�n del desarrollo.
Por aceleraci�n del desarrollo, y consecuentemente,
de la ense�anza, se entiende a una tendencia bastante generalizada
en la actualidad que preconiza la introducci�n dentro del proceso
educativo de los ni�os y ni�as de estas edades, de destrezas,
comportamientos y adquisiciones que son propios y caracter�sticos
de etapas superiores del desarrollo. As�, se habla con insistencia
de la inclusi�n de la lectoescritura en los a�os iniciales, del
aprendizaje de lenguas extranjeras desde muy temprano, de la asimilaci�n
de operaciones l�gico-matem�ticas complejas a partir del surgimiento
de la funci�n simb�lica, del estudio de instrumentos musicales,
de la pr�ctica de deportes (en particular el karate y otras artes
marciales) y, por supuesto, last but not least, de las
tecnolog�as inform�ticas, de la computaci�n.
En la base de esta posici�n existe un desconocimiento
encubierto de las particularidades y necesidades propias y exclusivas
de la edad preescolar, de la actividad nerviosa superior de los
ni�os y ni�as, y de las consecuencias nefastas que para un desarrollo
sano y arm�nico de la personalidad tiene la ense�anza precoz de
contenidos para los cuales no est�n aptos f�sica ni psicol�gicamente.
A esta concepci�n de pretender acelerar el desarrollo
del ni�o y la ni�a se opone la de la ampliaci�n del desarrollo.
La teor�a de la ampliaci�n del desarrollo, y por tanto, de
la ampliaci�n y enriquecimiento de la ense�anza, establece
que en la primera infancia lo fundamental es amplificar y enriquecer
el desarrollo del ni�o con propiedades y cualidades ps�quicas
propias de la edad, con conocimientos, h�bitos y habilidades correspondientes
a esta etapa de la formaci�n del ni�o y la ni�a, sin traer, o
intentar realizar aprendizajes de h�bitos y habilidades que pertenecen
a otras etapas posteriores del desarrollo evolutivo.�
Independientemente de que las necesidades de la
sociedad implican cada vez m�s una formaci�n superior de los ni�os
y las ni�as para ser capaces de enfrentarse a las demandas sociales,
ello no implica atiborrarlos de conocimientos o de habilidades
que est�n por encima de sus reales posibilidades, o que no tienen
la misma significaci�n para el desarrollo que aquellas que son
propias de la edad. El problema no estriba en adelantar el desarrollo,
la cuesti�n radica en desarrollar al m�ximo las posibilidades
y potencialidades f�sicas y ps�quicas que corresponden� a las
particularidades de la edad, y que pueden ser incre�blemente�
amplias y significativas.
El ni�o y la ni�a
y las necesidades sociales: las nuevas tecnolog�as en la educaci�n
infantil.
John Dewey, el archiconocido fil�sofo educacional
y uno de los te�ricos que m�s influencia ha ejercido en las concepciones
de la educaci�n occidental, en especial la norteamericana, plante�
alguna vez que lo que el alumno aprend�a fuera del aula incid�a
en su desarrollo en la escuela, y que era obligaci�n del maestro,
tomar en cuenta ese aprendizaje. De no hacerse as�, ello llevar�a
como resultado que la escuela habr�a de ir perdiendo paulatinamente
relevancia como instituci�n educativa.
Esto est� muy estrechamente relacionado con el
impetuoso avance de la revoluci�n cient�fico-t�cnica, que obliga
a asimilar cada vez mas conocimientos en edades cada vez mas tempranas.
As�, cincuenta a�os atr�s nadie hubiera pensado en la necesidad
de formar habilidades computacionales en la escuela primaria,
y hoy, esto es parte del diario quehacer del escolar en muchos
sistemas educacionales, al menos a partir de determinada edad.
Esta remembranza de las palabras de John Dewey
tiene una estrecha relaci�n con lo anterior, con todo aquello
que el ni�o y la ni�a aprenden fuera del �mbito escolar
pero que, sin embargo, ejerce una influencia considerable sobre
el proceso de ense�anza de la propia escuela, por ser parte ya
del nivel de desarrollo de la sociedad en que se vive. Uno de
los principios generales m�s importantes de la educaci�n consiste
en que la ense�anza ha de realizarse en relaci�n estrecha con
el medio circundante, lo cual quiere decir que la educaci�n elitista,
encerrada en una torre de marfil, que no toma en cuenta lo que
sucede extramuros, tarde o temprano queda rezagada en su
funci�n educadora.
En este sentido, L. A. Venguer, un importante psic�logo
ruso fallecido hace pocos a�os, refer�a que las posibilidades
del ni�o y la ni�a de la primera infancia eran infinitamente mayores
que las que hasta el momento se supon�a, y que la cuesti�n
fundamental era determinar qu� y con qu� v�as garantizar ese aprendizaje.
Sin embargo, insist�a en que esto no pod�a verse desvinculado
de las particularidades de los procesos ps�quicos y experiencia
vital de la edad.
Investigaciones cubanas importantes han corroborado
este aserto de Venguer, como la realizada sobre un sistema de
construcci�n para la formaci�n de capacidades intelectuales, de
S. Le�n, quien logr� que en la actividad de construcci�n con bloques,
el ni�o y la ni�a, al final de la primera infancia, fueran capaces
de planificar y esbozar en un plano la construcci�n a realizar
con sus bloques, de la misma manera que lo hace un arquitecto,
que dise�a primero el plano de la casa o edificaci�n que pretende
construir, y que los ni�os llegan a hacer con construcciones realmente
complejas. O como la realizada por F. Mart�nez, que en una fase
del desarrollo tan inicial como la edad temprana demostr� como
ni�os de 18 meses a dos a�os de edad pod�an, no solo realizar
acciones con instrumentos, sino incluso construir el artefacto
para llevar a cabo la acci�n instrumental.
Ser arquitecto a los seis a�os, o construir un
instrumento a los dos, cuando apenas se sabe hablar, son dos ejemplos
de las enormes posibilidades ps�quicas de los ni�os y ni�as en
la primera infancia. Sin embargo, hay algo que no debe escapar
al an�lisis: ambos son logros que est�n en estrecha relaci�n con
las particularidades del pensamiento propias de los ni�os y ni�as
de esta edad.
Por lo tanto, el hecho de que el ni�o y la ni�a
en la edad temprana pueden aprender cualquier cosa, tiene
que estar estrechamente relacionado con las particularidades de
la edad. Cualquier cosa sin tomar en consideraci�n esto, conduce
indefectiblemente a los criterios nefastos de la aceleraci�n del
desarrollo, y consecuentemente, de la ense�anza. Experiencias�
de que en esta edad los ni�os y ni�as pueden asimilar cosas antes
consideradas imposibles, hay multitud de ejemplos, como es el
caso del ingeniero Nikitin, que en Rusia ense�� a leer a su ni�o
de dos a�os de edad, o los intentos de introducir habilidades
tales como la lectoescritura temprana, el aprendizaje de una segunda
lengua, de operaciones l�gicas del pensar, entre otras muchas,
entre las que se incluye la de las nuevas tecnolog�as como la
computaci�n.
En nuestra exposici�n vamos entonces a abordar
esta problem�tica desde el punto de vista de las nuevas tecnolog�as
de informaci�n y comunicaci�n, en primer lugar porque los fundamentos
de su an�lisis son generalizables a las metodolog�as y contenidos
ya se�alados, y en segundo, por su complejidad, que obliga a la
consideraci�n de m�ltiples aspectos para un an�lisis cient�fico
y objetivo de ellas.
El vertiginoso desarrollo cient�fico-t�cnico de
la sociedad actual y su proyecci�n futura, plantea retos trascendentales
a la educaci�n de las nuevas generaciones. En este sentido, lo
que hoy se crea y valora como novedoso, pr�cticamente ma�ana se
vuelve obsoleto y fuera de �poca; lo que en este momento constituye
una verdad cient�fica un�nimemente aceptada en poco tiempo deviene
material controversial del cual muchos disienten, pues surgen
elementos de la realidad que profundizan y muchas veces cuestionan
los datos anteriores. Esto se va convirtiendo en una forma habitual
del comportamiento cient�fico� y va se�alando la necesaria transformaci�n
que es preciso hacer en la mentalidad del hombre actual.
Un vistazo r�pido a la investigaci�n cient�fica
revela que cada vez se acorta m�s
el plazo entre lo que un hallazgo de la ciencia
es determinado y su puesta en pr�ctica en la realidad cotidiana.
As�, mientras que a principios del pasado siglo XX, un invento
cualquiera tomaba a�os para convertirse en una realidad de la
vida habitual, a mediados de la centuria este plazo se hab�a reducido
a menos de un a�o� y hacia sus finales solamente semanas. En el
nuevo milenio que acaba de iniciarse es muy probable que esto
sea un intervalo a�n mucho m�s breve y requiera de una constante
transformaci�n de los procedimientos y procesos tecnol�gicos que
posibiliten tal desarrollo.
Por supuesto, en la medida en que la sociedad plantea
nuevos retos tecnol�gicos al hombre, asimismo se los plantea a
su capacidad de dar respuesta a los mismos� y obliga a la formaci�n
de nuevas capacidades mentales para enfrentar estos retos. As�,
cincuenta a�os atr�s, cuando la astron�utica era una ciencia solo
existente en la imaginaci�n de algunos escritores de ciencia ficci�n,
a nadie se le ocurr�a la necesidad de crear en el individuo condiciones
y particularidades f�sicas y psicol�gicas para poder llevar a
cabo un viaje espacial, mientras que hoy en d�a esto forma parte
de la labor habitual de muchos especialistas, que perfeccionan
m�todos y t�cnicas que permitan desarrollar en el hombre caracter�sticas
id�neas para la realizaci�n de tales viajes y la supervivencia
f�sica y ps�quica en las hostiles condiciones del cosmos.
Como ya se dijo, cuando la inform�tica no constitu�a
parte del patrimonio habitual del conocimiento del hombre, nadie
pod�a pensar en que fuera una necesidad de su formaci�n el posibilitar
la creaci�n de habilidades computacionales, mientras
que hoy en d�a la inclusi�n de la inform�tica en el curr�culo
escolar, es un contenido que se plantea no puede faltar en un
programa educativo bien concebido.
Es decir, el devenir de la sociedad, su progresivo
desarrollo, va planteando al hombre requisitos indispensables
para dar respuesta a tales demandas.
La utilizaci�n de la inform�tica se va volviendo�
algo cada vez m�s usual e indispensable en el mundo actual, y
ya es pr�cticamente imposible concebir una actividad humana en
que la misma no est� presente, en una u otra medida. Esto hace
que se haya convertido en parte habitual de la vida, lo mismo
cuando se trabaja, se aprende, se juega o se descansa.
Por lo tanto, en nuestro criterio la pregunta actualmente
no es dilucidar si se debe o no introducir la inform�tica en el
aprendizaje escolar del ni�o y la ni�a, sino cu�ndo y c�mo.
Esto, que aparentemente conlleva una respuesta general f�cil,
no ha sido as�, y la consideraci�n de la introducci�n de la misma
en el proceso educativo ha confrontado innumerables escollos de
�ndole muy diversa, que van desde el palpable rechazo de algunos
educadores al uso de la computadora, hasta el simple hecho de
no comprender sus posibilidades en el proceso educativo y en la
formaci�n y desarrollo de potencialidades y habilidades intelectuales.
Por otra parte, si bien hemos sido inicialmente
enf�ticos en plantear la necesidad de la computaci�n en el proceso
educativo, lo cierto es que los criterios divergen al respecto,
desde posiciones muy a favor del uso de la inform�tica hasta otras
posiciones que, si bien no totalmente opuestas, son en cierta
medida esc�pticas en cuanto a la utilidad de su uso y a sus posibilidades.
As�, frente al planteamiento de S. Papert, que
en una �poca tan temprana como 1981, en su libro Desaf�o de la
mente, se�ala que los ni�os pueden aprender a usar ordenadores
de forma magistral, y que su aprendizaje puede modificar el modo
en que aprenden todo lo dem�s..., y en el que le da a la
computadora la funci�n de un instrumento did�ctico que proporciona
al ni�o y la ni�a modelos para facilitarle la adquisici�n de conceptos,
principios, reglas y generalizaciones que de otro modo se ver�an
retrasados o incluso no se adquirir�an, se destaca la posici�n
de C. Chadwick, quien en 1997, se�ala que el papel exacto de las
computadoras en la ense�anza sigue siendo un objeto de estudio,
y que despu�s de quince a�os, a�n en los pa�ses avanzados donde
hay mucho uso de los ordenadores, no existe mucha evidencia de
impactos serios en la educaci�n.
Es por ello que, aunque somos del criterio de que
la computadora lleg� para quedarse en el proceso educativo, no
por esto se debe obviar el an�lisis de aquellos que consideran
que su utilizaci�n es irrelevante o no trascendental en alcanzar
determinados logros en el aprendizaje y consecuentemente, en el
desarrollo mental de los educandos.
Lo cierto es que aunque se se�alan cr�ticas, algunas
muy severas por los efectos nocivos que su utilizaci�n excesiva
puede causar en su estado de salud,� otros enfatizan que las computadoras
significan un da�o al desarrollo de los ni�os y ni�as cuando las
mismas no se utilizan de manera racional y cient�fica, y que lo
que hay que hacer es buscar las v�as m�s apropiadas para su uso
y generalizaci�n en el proceso educativo.
No obstante, el hecho de concebir las posibilidades
de la inform�tica dentro de la primera infancia implica una particularizaci�n
que muchas veces no est� sustentada por una evidencia experimental
s�lida, lo que hace que muchos de los asertos a establecer se
apoyen considerablemente en la experiencia emp�rica que, como
se sabe, en m�s de una ocasi�n conduce a lamentables errores.
En la actualidad muchos, incluyendo la familia,
consideran que el hecho de que los ni�os y ni�as accionen computadoras
les garantiza de por s� un mayor desarrollo intelectual� y ven
a la misma como un artificio milagroso que les ha de asegurar
el futuro. Esto crea un estado mental en que se supervaloran
estas t�cnicas o procedimientos� y se les da un rol en el proceso
educativo que est�n muy lejos de cumplir.
Pero, es obvio que la escuela o el centro infantil
no puede negar que sus educandos, desde las m�s tiernas edades,
entran en contacto en el hogar con variados y complejos juegos
electr�nicos o utilizan la computadora como un juguete m�s. Incluso
para algunos padres, el juego computarizado se ha convertido en
la panacea familiar que mantiene tranquilos a sus hijos durante
horas, algo que se comparte con la televisi�n y los v�deos infantiles.
Por lo tanto, la cuesti�n no es obviar una realidad
inobjetable, sino c�mo actuar para que la escuela mantenga el
lugar que debe ocupar en el aprendizaje de los alumnos y en el
desarrollo de su creciente personalidad.���������
Esto implica una verdad insoslayable: la era de
la computaci�n ha llegado a la escuela, el problema radica ahora
en c�mo concebirla en el proceso educativo.
Lo anterior implica definir qu� objetivos pedag�gicos
y qu� fines did�cticos se pretenden lograr con estas nuevas t�cnicas
de informaci�n, y c�mo deben utilizarse en las diferentes situaciones
educativas. Lo m�s dif�cil es que, como estas t�cnicas han surgido
inicialmente en la industria del entretenimiento y la recreaci�n
(fundamentalmente como juegos electr�nicos en el caso de la computadora),
se requiere de un estudio cient�fico profundo para adecuarlos
a las condiciones espec�ficas de la did�ctica.
Por supuesto que es importante que los ni�os y
ni�as tengan oportunidades de jugar sin peligro con estas tecnolog�as
e incorporar las mismas en sus juegos imaginativos. Pero lo que
no es justificable es que por relacionarse con dichos artefactos,
se pierda la posibilidad del juego, de entrar en contacto con
otros ni�os y ni�as, con los objetos y materiales m�s diversos,
aprender y experimentar con las cosas m�s comunes de la vida cotidiana.
Esta tecnolog�a, que se da como resultado del acelerado
desarrollo cient�fico t�cnico de la sociedad� y que forma parte
ya de la vida diaria de los peque�os, tiene necesariamente que
tener su contrapartida en la escuela, que no puede estar a la
zaga del devenir social.
Obviamente la educaci�n no pod�a estar ajena al
desarrollo tecnol�gico, y es as� que se habla de una inform�tica
educativa, que en su sentido m�s amplio consiste en una ciencia
encargada de dirigir la selecci�n, elaboraci�n, dise�o y explotaci�n
de los recursos inform�ticos vinculados al proceso docente� educativo.
Esto implica la utilizaci�n de la computadora en la ense�anza
y su aplicaci�n general en la administraci�n docente.
En el caso que nos ocupa, la educaci�n, esto se
concreta en m�ltiples cuestiones, tales como:
Estudio e investigaci�n de las relaciones de la
inform�tica y su repercusi�n en el desarrollo infantil.
Fundamentos pedag�gicos y did�ctica de la ense�anza
asistida por computadoras.
Selecci�n, dise�o, elaboraci�n y evaluaci�n de
software educativos.
Estudio e investigaci�n de los usos de la computadora
en el �mbito escolar:� como objeto de estudio, como medio de ense�anza
y como instrumento de trabajo.
Capacitaci�n de maestros y educadores para utilizar
la computadora en su actividad pedag�gica.
Y muchas otras aplicaciones que surgen cada d�a,
en la misma medida en que se desarrollan nuevas tecnolog�as.
Esto es as� porque la computadora de por s�
no necesariamente determina un aprendizaje efectivo, para
ello es necesario que la misma se� inscriba dentro de una proyecci�n
educativa que determine sus potencialidades y posibilidades de
colaborar a un aprendizaje real de los educandos.
A la inform�tica educativa corresponde entonces
organizar el sistema de influencias tecnol�gicas dentro de
la concepci�n pedag�gica general y espec�fica que orienta todo
el proceso educativo en su conjunto.
Este auge de los enfoques tecnol�gicos no ha podido,
sin embargo, cumplimentar esas expectativas y reflejan que, incluso
en los pa�ses m�s desarrollados, a�n no alcanzan los presupuestos
que en un momento inicial auguraron algunos te�ricos de la ciencia
inform�tica.
Igualmente, la utilizaci�n de la computadora en
el trabajo educativo exige un dise�o, una organizaci�n, un uso
apropiado y un conocimiento cabal de sus posibilidades. La computadora
es un instrumento, un medio en manos del educador, que es quien
dirige el proceso educativo. Claro est�, ello conlleva que el
docente� tiene que conocer a la computadora, de lo que �sta es
capaz y de lo que no facilita, y saber usarla en la consecuci�n
de sus objetivos educativos. La computadora, seg�n algunos, es
un medio facilitador del aprendizaje, pero su alcance depende
del modelo de ense�anza y del papel que se le otorgue en el proceso
educativo, en el cual el docente mantiene y ha de mantener, el
rol principal.
Desde este punto de vista, puede ser un poderoso
recurso did�ctico, y el educador ha de entender que la computadora,�
convenientemente� utilizada, puede ser un instrumento facilitador
del conocimiento, ayudando de igual manera a desarrollar capacidades
diversas.
En el caso del ni�o y la ni�a de las primeras edades,
por estar todos sus sistemas neurol�gicos, sensoriales y motrices
en plena formaci�n y maduraci�n, se hace un requisito importante
el valorar de manera bien sopesada y cr�tica las posibilidades
reales de la introducci�n de la computaci�n con fines educativos,
so pena de causar un da�o irreparable con una acci�n que se pretende
beneficiosa y que en otras edades mayores, por haberse conformado
y madurado ya las estructuras biofisiol�gicas y las formaciones
psicol�gicas, pueden no ser tan lesivas como en los a�os tempranos
del desarrollo.
Por esto se hace indispensable conocer profundamente
el transcurso evolutivo del desarrollo f�sico y psicol�gico de
los ni�os y ni�as comprendidos en estas edades y de las condiciones
en que se propicia de manera m�s efectiva, en particular,� en
aquellos procesos y propiedades que m�s directamente tienen que
ver con el aprendizaje electr�nico: las particularidades del funcionamiento
de su sistema nervioso y de la actividad nerviosa superior, su
capacidad de resistencia y rendimiento mental, la motricidad fina,
la percepci�n, el pensamiento, su atenci�n, su memoria, su imaginaci�n,
en fin todo aquello que entra en relaci�n con la acci�n de una
computadora.
De igual manera se hace indispensable considerar
aquellos factores emocionales y motivacionales que est�n imbricados
en el proceso del aprendizaje electr�nico, pues, como ha afirmado
Piaget enf�ticamente, no es posible concebir un acto intelectual,
como es utilizar una computadora, que no tenga presente un componente
afectivo, al igual que es imposible considerar un hecho afectivo
desprovisto de un componente cognoscitivo, en una estrecha unidad
y relaci�n de lo emocional y lo intelectual.
De sobra es conocido que el manejo de la computadora�
muchas veces se convierte en una fiebre que monopoliza
todo el comportamiento del ni�o y la ni�a, que pasan la mayor
parte de su tiempo diario con juegos electr�nicos que limitan
su participaci�n activa en otras actividades, en particular el
juego cooperativo con sus coet�neos, situaci�n que requiere de
una explicaci�n y, naturalmente, de una correcta dosificaci�n
en el uso de la computadora, algo que, como ya se dijo, se sabe
muy poco o casi nada en estas primeras edades del desarrollo.
En el caso de la educaci�n infantil la introducci�n
de la computaci�n en el proyecto curricular no puede ser un fen�meno
aleatorio, sino, todo lo contrario, un plan muy bien pensado
y concebido, por las implicaciones que ello tiene en el proceso
educativo con estos ni�os y ni�as.
De igual manera, traspolar criterios y concepciones
de la significaci�n y utilizaci�n de la inform�tica en otras edades
a la edad infantil puede constituir un hecho m�s� grave que con
otros aspectos y conocimientos del trabajo educativo, con los
cuales en m�s de una ocasi�n se ha pretendido hacer ciencia, como
ha pasado con la intenci�n de ubicar la lectoescritura temprana,
por s�lo nombrar alguno.
En el caso de la educaci�n preescolar su utilizaci�n
requiere de estudios profundos que permitan dar pasos firmes y
seguros. La computadora es un instrumento, un procedimiento metodol�gico
que nunca podr� sustituir la labor del educador y su orientaci�n
del proceso� educativo.
Tampoco es valedero tomar la posici�n radicalmente
opuesta: que el proceso educativo debe estar completamente ajeno
a tales t�cnicas, esto no hace m�s que evadir lo que ya es una
realidad objetiva� y que es el hecho de que la computadora ya
ha invadido el quehacer infantil en forma de juegos y divisas
electr�nicas.
Pero el mismo hecho de considerar sus posibilidades
dentro de la educaci�n preescolar plantea dos cuestiones fundamentales:
1. La inform�tica para las edades preescolares�
ha de tomar necesariamente en consideraci�n las condiciones, leyes
y principios del proceso educativo.
2. La inform�tica en la educaci�n preescolar tiene
que partir de un conocimiento cabal y profundo del desarrollo
de los ni�os y las ni�as en esta etapa de la vida.
Aceptar esto es validar las potencialidades
que puede tener la computadora como medio para la asimilaci�n
de conocimientos, la formaci�n de h�bitos y habilidades, la consecuci�n
de diferentes capacidades y en suma, para contribuir a su desarrollo.
Esto hace que el centro infantil, cobre un rol
importante en esta direcci�n, pues son los �nicos� que pueden
organizar de una manera verdaderamente cient�fica el sistema de
influencias que puede ejercer la computadora y a su vez influir
en los padres para un uso adecuado de los juegos electr�nicos.
Independientemente de la importancia y significaci�n
que� tiene para el desarrollo� la computadora, no hay que olvidar
que es un instrumento, una m�quina,� que no puede asumir
la responsabilidad de lo que hace. Esa responsabilidad es del
educador. Para esto� ha de comprender las caracter�sticas b�sicas
de la computadora, sus potencialidades y limitaciones� y saber
usarlas dentro del contexto educativo y en dependencia de las
necesidades docentes. Claro est� que esto requiere de una capacitaci�n
que le permita un m�nimo de conocimientos para discernir los usos
educativos de la misma, lo cual es mucho m�s relevante en este�
per�odo del desarrollo� infantil en que� poco se conoce de c�mo
organizar el proceso educativo con el apoyo de estos artificios
electr�nicos.
Un criterio muy interesante sobre la inserci�n
de la inform�tica en la educaci�n infantil, es la de A. Zaporozhets,
cient�fico preescolar ruso, autor de muchas investigaciones en
psicolog�a y pedagog�a de la primera infancia, quien se�ala
que la introducci�n de la computaci�n en la primera
infancia tiene que considerar tres principios fundamentales que
se derivan de la teor�a hist�rico cultural de Lev
Vigotski. Estos principios son:
El de la educaci�n como gu�a del desarrollo
El de la actividad
El de la ampliaci�n o enriquecimiento de la ense�anza
Para este eminente cient�fico, la computadora satisface
estos tres principios b�sicos, pues concibe que su pr�ctica y
ejercitaci�n (con un programa educativo que lo respalde y metodolog�a
apropiada de realizaci�n, por supuesto) promueve el desarrollo,
que ello se facilita en la propia actividad con la computadora,
propiciando el surgimiento de nuevas habilidades y capacidades,
lo� que hace que� considere� muy importante, incluir la computadora
en la educaci�n infantil, que a su vez,� significa� ampliarla�
y enriquecerla y en modo alguno implica una perjudicial aceleraci�n
de la misma, pues para �l, la computadora es un medio af�n a las
particularidades y necesidades de la psique infantil en estas
edades iniciales de la vida.�
Esto hace que la computaci�n en la edad preescolar
tenga dos funciones que est�n estrechamente interrelacionadas.
Tales son:
1. La utilizaci�n de la computadora como medio
de ense�anza
2.� Su utilizaci�n como medio del desarrollo infantil
Significar al uso de la computadora como medio
de ense�anza dentro del proceso educativo en� la educaci�n infantil�
implica reconocer sus posibilidades dentro de la labor educativa
del programa, por una parte� y por la otra, asignarle lo que es
su m�s importante funci�n: contribuir al desarrollo general de
los ni�os y ni�as en estas edades.
Por supuesto que analizar las potencialidades de
la computadora como recurso metodol�gico y desarrollador est�
estrechamente ligado a la concepci�n y elaboraci�n del software
educativo, que debe corresponderse con los objetivos de la inform�tica
en estas edades, y con las particularidades del desarrollo.
Como medio de ense�anza la computaci�n ha de formar
parte del sistema did�ctico general y no constituir algo ajeno
al programa de educaci�n. Desde este punto de vista, permite plantear
nuevas formas de actividad con los mismos objetivos, para
enriquecer la experiencia y posibilitar actividades m�s ricas
y creadoras.
As�, existen criterios de que el uso de la� computadora
como medio de ense�anza facilita crear sistemas de tareas
que pueden utilizarse� como formas de estimulaci�n y demostraci�n
de determinados contenidos del curr�culo, y que pueden servir
para apoyar las actividades colectivas, con la participaci�n directa
del educador que trabaja con sus alumnos.
En cualquiera de estos casos su funci�n b�sica
es la de ser un medio de ense�anza novedoso y diferente,
que bien dirigido puede facilitar la asimilaci�n de los m�s variados
fines que se plantee el educador.
Si bien es importante la utilizaci�n de la� computadora
como medio de ense�anza o� recurso metodol�gico en la realizaci�n
de las actividades pedag�gicas en el centro infantil, esto est�
en definitiva condicionado a los logros del desarrollo que sean
posibles de alcanzar en los ni�os y ni�as, que dependen en gran
medida de lo que se hace con el programa educativo� y del cual,
los medios y recursos constituyen uno de los componentes del proceso
educativo.
Esto reitera el planteamiento ya citado que niega
que el medio de por s� sea fuente del desarrollo y que,
por lo tanto, no puede sustituir ni el programa ni al educador.
La� computadora es s�lo un instrumento, un medio, que correctamente
usado puede colaborar a que se obtengan logros del desarrollo,
pero por s� sola, no lo puede hacer. Por supuesto, el desarrollo
tecnol�gico conlleva la necesidad de la inclusi�n de la computadora�
en la instituci�n infantil y esto necesariamente tiene que provocar
una transformaci�n progresiva del sistema did�ctico habitual
que se realiza en el grupo infantil, del cual ha de derivarse
como una consecuencia natural v�as y propuestas metodol�gicas
distintas a las usualmente aplicadas en el proceso educativo.
Pero, decididamente y, aunque no lo engendre por
s� mismo, lo cierto es que la computadora puede colaborar en
una dimensi�n importante al desarrollo general del ni�o y la ni�a
cuando es conceptual y t�cnicamente bien utilizada, y si bien,
no es posible valorarlo en la magnitud se�alada por Papert, no
se puede negar la trascendencia que tiene y que seguramente, ha
de tener m�s a�n en la medida en que se hagan investigaciones
que corroboren lo que te�ricamente es una verdad inobjetable.
El quid de la funci�n que se asigna a la computadora
en la educaci�n no estriba en las particularidades de su sistema
de transmisi�n e interacci�n, sino en los sistemas de s�mbolos
que se pueden manejar. No es la computadora en s�, sino la
naturaleza de la informaci�n que se quiere mostrar mediante la
misma, o las habilidades que se aspiran a formar. La computadora
debe entonces ayudar al ni�o y a la ni�a a trabajar con sus mentes,
no a responder de manera autom�tica. Debe ser un medio del desarrollo
intelectual y no una respuesta mec�nica a est�mulos de una cierta
significaci�n.
El �xito de la computarizaci�n en la ense�anza
depende en gran medida del m�todo de su introducci�n en el proceso
educativo, de la calidad de la t�cnica utilizada y de la metodolog�a
de su aplicaci�n, en correspondencia con las necesidades y particularidades
del grupo de ni�os y ni�as a los que se dirigen.
Esto obliga a crear programas de software cuya
estructura responda a la estructura intelectual de la actividad
del ni�o y la ni�a, y� cuando esto se logra, se promueve el
desarrollo. Tambi�n obliga a que tales programas computarizados
tengan un car�cter desarrollador, sean afines a los intereses
de aquellos a los que se dirigen� y satisfagan su af�n de creaci�n
y experimentaci�n.
De esta manera, la asimilaci�n de la computadora
por parte del ni�o y la ni�a debe concebirse como el proceso
de formaci�n en los mismos de modos y medios de realizaci�n de
su actividad que respondan a las nuevas condiciones, es decir,
a la soluci�n de los problemas de la actividad.
Cuando esto se haga as�, la computadora se convierte
en un medio de desarrollo, lo cual la trasciende como simple medio
de ense�anza. Determinar el punto hasta d�nde esto puede alcanzarse,
ha de depender de la investigaci�n que fundamente cient�ficamente
sus posibilidades y potencialidades.
Por supuesto, hacer factible que la� computadora
se convierta paulatinamente en un medio del desarrollo, implica
muchos aspectos a considerar, tales como:
La preparaci�n motriz, intelectual y afectiva
que el ni�o y la ni�a han de tener para poder realizar la actividad
de computaci�n.
La determinaci�n de los requisitos higi�nicos
y ergon�mico-funcionales para realizar la actividad de computaci�n
sin perjuicio al organismo del ni�o y la ni�a
El establecimiento de la metodolog�a operativa
m�s adecuada para realizar la actividad.
Pero� para que una tarea computarizada pueda realmente
tener un valor para el desarrollo, la misma ha de permitir que
el ni�o y la ni�a planifiquen su propia acci�n, elaboren un plan
mental para obtener un resultado y permita la autoevaluaci�n de
lo que hacen, para poder modificar su acci�n de acuerdo con los
resultados. Esto es algo que el software educativo no puede dejar
pasar por alto.
De esta manera la computaci�n en la edad infantil
puede tener una extraordinaria significaci�n para el desarrollo
de los ni�os y las ni�as, en la misma medida en que la misma se
conciba de manera cient�fica y ocupe el papel que le corresponde
en el proceso educativo.���
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