PONENCIA
  

�Por qu� Usted quiere quitarle la computadora a mi hijo?:

Repensando� la relaci�n entre el� ni�o� y la tecnolog�a.

Introducci�n

Me gustar�a empezar esta presentaci�n con una peque�a historia. El lugar, el Club de la Prensa Nacional en Washington, D.C., en septiembre del 2001. Yo hab�a hecho una simple declaraci�n en apoyo a una nota de prensa emitida por la Alianza para la Ni�ez, llamando a una moratoria en las compras de computadoras para las escuelas elementales en los EE.UU. Mis comentarios hab�an seguido las declaraciones de m�dicos, investigadores y otros especialistas de la salud infantil, todas expresando la preocupaci�n sobre varias evidencias de que el uso de las computadoras podr�a ser un factor importante en el n�mero creciente de� problemas de salud f�sicos y mentales en ni�os norteamericanos. Durante la conferencia de prensa surgieron una gran cantidad de preguntas hechas por los periodistas, la mayor�a de ellas, sorprendentemente,� sin �nimo de confrontaci�n. Sin embargo, una mujer se puso de pie y, arrojando su papel y conducta profesional, me present� una observaci�n y pregunta personal que acallaron a la sala entera.

Ella me cont� de sus esfuerzos por ense�ar a leer a su hija de cuatro a�os y la tremenda frustraci�n experimentada en los intentos para que aprendiera el alfabeto. Un d�a llev� a su hija a la biblioteca p�blica, se sent� en una computadora y ejecut� un programa de� juego de reconocimiento de letras. Los resultados asombraron a la madre periodista. Su hija comenz� a aprender el alfabeto r�pidamente, y ya estaba empezando a leer palabras completas, siempre usando el� mismo programa de la computadora. Cuando termin� su historia, la se�ora hizo una pausa, me mir� con una mezcla de confusi�n y c�lera, y pregunt�, "�Por qu� usted quiere alejar� eso de mi hijo?”

Esta es una pregunta leg�tima e importante, pregunta que espero poder contestar mejor aqu�, que como lo hice en aquella conferencia de prensa. Proceder� a hacerlo despacio, con algunos giros y vueltas porque �ste es un problema complejo, y requiere de un examen m�s profundo y comprensivo que el que los educadores han estado d�ndole. As� que por favor mant�nganse conmigo, a medida que trato de explicar� el porqu�.

A� pesar de todos los a�os que llevo ense�ando a las personas j�venes con y sobre las computadoras, yo he concluido que es probable que la introducci�n de las computadoras en la educaci�n de los ni�os peque�os es m�s da�ina que �til.

El reconocimiento de que la tecnolog�a podr�a cambiar las cosas para mal, m�s que para bien, es un sentimiento que est� prevaleciendo en estos d�as. No era hasta hace mucho tiempo que la sabidur�a convencional daba por hecho que el cambio tecnol�gico aseguraba autom�ticamente el progreso humano; que la forma en que usted usara una herramienta� era lo que importaba, y� simplemente� era una cuesti�n de tiempo e investigaci�n� descubrir la mejor manera. Pero cuando miramos atr�s y vemos la devastaci�n medioambiental del siglo XX, cuando somos testigos de las revueltas internacionales contra las cosechas gen�ticamente modificadas y aunque nos preocupemos por la p�rdida de efectividad en los antibi�ticos, dicha fe parece desesperadamente ingenua. Y con la visi�n de pesadilla, donde aviones de pasajeros son convertidos en proyectiles teledirigidos abrazada nuestra psique global, as� como, lo que una vez pareciera una visi�n futurista, la clonaci�n humana, apareciendo de repente en el presente (quiz�s), pone en claro, incluso a los ciudadanos adoradores de los EE.UU. que nuestra relaci�n con la tecnolog�a no est� tan exenta de problemas como una vez se pens�.

La tecnolog�a es un dilema Faustiano

De hecho, existe, una conciencia creciente de que nuestra relaci�n con las herramientas es mucho m�s compleja y dif�cil que lo que creyeron los optimistas del siglo XIX. Cada nueva tecnolog�a es una espada de doble filo, trayendo tanto� efectos positivos como negativos a la sociedad. Pero esos efectos no son experimentados de la misma manera. Jacques Ellul (1990), uno de los primeros pensadores en la tecnolog�a, lo resumi� de esta manera: "Los resultados positivos de una empresa t�cnica son inmediatos. Ellos se sienten enseguida, como en el caso de� la electricidad o� la televisi�n. Los efectos negativos, sin embargo, son a largo plazo, y s�lo se sienten con la experiencia" (pg 73). En otros t�rminos, la tecnolog�a siempre se nos presenta como un dilema faustiano: poder y beneficios inmediatos,� pero los debemos pagar despu�s.

Tengo la sospecha de que ello no es una revelaci�n sorprendente para muchos de los presentes en esta conferencia. Am�rica Latina tiene una larga historia de sufrimiento por los efectos sociales discordantes que han acompa�ado� a las nuevas tecnolog�as exportadas por el EE.UU. y Europa. Algunas de las ideas m�s profundas de Ivan Illich las han sacado de sus descripciones de los efectos culturalmente destructivos de� las tecnolog�as importadas por M�xico desde el Norte (1973). El reconocimiento de este peligro ha empezado a ser expresado recientemente, y con cierta alarma, por algunas partes interesadas. Justamente el a�o pasado la Academia Nacional de Ingenier�a Americana emiti� un informe que empieza de esta manera:

En el coraz�n de nuestra sociedad tecnol�gica moderna yace una paradoja� no declarada. Aunque Estados Unidos est� definido y� depende cada vez m�s de la tecnolog�a,� adoptando esta a un paso impresionante, sus ciudadanos no est�n preparados para tomar decisiones adecuadas sobre este tema� o pensar cr�ticamente sobre la tecnolog�a. (2002, pg 1)

Lo que esta organizaci�n y otros estudiosos est�n empezando a reconocer finalmente, es que los l�deres mundiales del “c�mo tecnol�gico” son notablemente ignorantes cuando se trata de� saber el� “por qu� tecnol�gico”.

Desgraciadamente, el reconocimiento de este problema apenas es mencionado en el mundo de la educaci�n. Con seguridad los expertos de tecnolog�a en la educaci�n finalmente han detenido de agobiarnos� con variaciones de un reclamo hecho por Thomas Edison en 1922, "yo creo que la pel�cula cinematogr�fica est� destinada a revolucionar nuestro sistema educativo y que en unos a�os suplantar� en gran medida, si no completamente, el uso del libro de texto" (citado en Cuban, 1986, pg 9). La centenaria tradici�n (realmente se remonta a mucho m�s tiempo atr�s) de confiar en las nuevas tecnolog�as para desplazar la educaci�n completamente, finalmente parece estar menguando.

Por qu� esta percepci�n de utop�a tecnol�gica en la educaci�n persisti� en los EE.UU, habiendo tenido una historia tan larga de fracasos implacables, y de desperdicio masivo de cuantiosos fondos para la educaci�n como resultado, es una pregunta importante a la que regresaremos despu�s. Lo que yo quiero enfatizar aqu� es que existe una pasmosa, y francamente, vergonzosa falta de conocimiento por parte de los tecn�logos de la educaci�n en los EE.UU sobre la relaci�n hist�rica, filos�fica y social entre los humanos y las m�quinas. Preparar a los maestros para el uso� de las computadoras en las escuelas sin tener en cuenta los argumentos de pensadores importantes como Ellul, Illich o Lewis Mumford, es como adiestrar a un maestro en econom�a sin tener en cuenta los argumentos de Karl Marx y Adam Smith. Esos argumentos, junto con las m�s recientes cr�ticas que emergen de los movimientos antiglobalizaci�n y� de protecci�n al medioambiente, son esenciales para ayudar a los educadores a desarrollar estrategias que hagan coincidir todo lo que se conoce sobre el desarrollo del ni�o con el� uso apropiado de las tecnolog�as para� el aprendizaje.

Los Mensajes Enviados por las Computadoras.

Esta coincidencia es m�s importante que el desarrollo de habilidades en la computadora, o incluso usar la computadora para el aprendizaje� del contenido de� la clase. Sin embargo, nunca tendremos �xito en esta tarea, probablemente ni siquiera llegaremos a ello, si persistimos en empezar nuestra conversaci�n con la pregunta -"�C�mo el uso de las computadoras puede ayudar al aprendizaje de los ni�os?”- Necesitamos recordar el famoso aforismo de Marshall McLuhan, "El Medio es el Mensaje", y deteng�monos en prestar atenci�n exclusivamente a lo que nuestros ni�os pueden hacer con una computadora y centr�monos mucho m�s en lo que la computadora le hace a ellos. Eso es� lo que yo quiero hacer aqu�: Mirar el mensaje, o los mensajes, que este medio, la computadora, env�a a nuestros ni�os m�s j�venes. Yo quiero discutir con usted, no c�mo nosotros podemos poner la computadora a trabajar para nuestros ni�os, sino c�mo ella “trabaja” en nuestros ni�os, siempre que la usan; y c�mo tambi�n “trabaja” en nosotros. Como Neil Postman, ha observado, “Lo que necesitamos considerar sobre las computadoras no tiene nada que ver con su eficacia como una herramienta de ense�anza. Lo que necesitamos saber es en qu� forma altera nuestra concepci�n de aprender" (1993, pg 19).

Para llegar ello necesitamos dedicar alg�n tiempo a clarificar algunos conceptos err�neos sobre el papel fundamental de la tecnolog�a antes� que podamos hablar directamente de su papel en la vida infantil. El primer asunto el cual� tenemos que confrontar es la noci�n de que las herramientas son neutras. La respuesta com�n de, "es s�lo una herramienta c�mo usted la use es lo que cuenta", es totalmente insuficiente para describir nuestra relaci�n con la tecnolog�a. Esta afirmaci�n da por hecho �que las tecnolog�as no tienen influencia en nuestra conducta. Eso es absolutamente falso, por muchas razones.

En este punto yo quiero centrarme solo en una de esas razones que tienen particular importancia para los ni�os y j�venes. Es lo que ha sido llamado el principio de amplificaci�n y reducci�n. El micr�fono ofrece un ejemplo literal de este principio. Una vez que encendemos el micr�fono, autom�ticamente es amplificada mi habilidad para llegar a una audiencia mayor, pero tambi�n reduce mi habilidad para tener una conversaci�n �ntima, privada con un n�mero peque�o de� personas. Mostraremos un ejemplo, usando una computadora,� de c�mo este� proceso de amplificaci�n� - reducci�n juega un papel en las escuelas. Este ejemplo en particular involucra a estudiantes m�s viejos, pero el punto de vista que muestra es extensivo a todas las edades.

Durante casi una d�cada, cuando todav�a impart�a clases en una escuela secundaria, ayud� a dise�ar y coordin� un proyecto de telecomunicaci�n global. Normalmente, uno de mis grupos de Estudios Sociales o Arte del Idioma, participaban en el proyecto que yo estaba tutorando. Yo asum� personalmente un grupo de voluntarios durante un a�o,� los cuales resultaron ser los estudiantes de Arte del Idioma, cuya aula se encontraba�� pasando el vest�bulo. Justo al lado de esta aula se hallaba un grupo que recib�a clases de Ingl�s como segundo idioma. De hecho, las puertas de ambas aulas estaban a unos 20 pies camino al vest�bulo� y se encontraban una al lado de la otra. Un d�a, durante el proyecto, result� ser que me hallaba fuera de� mi oficina cuando son� el timbre que anunciaba el fin de clases. Not� que mis voluntarios se dirig�an a sus vestidores. Lo que llam� mi atenci�n fue que justo al lado de ellos estaban caminando, tal y como lo hicieron todo el a�o, los estudiantes del curso de Ingl�s como segundo idioma. Ning�n estudiante del proyecto de telecomunicaci�n global, ninguno del curso de Arte del Idioma se fij� en los estudiantes de Ingl�s� y mucho menos habl� con ellos. Nos hab�amos pasado meses intercambiando ideas sobre las diferentes culturas del mundo con estudiantes del otro lado del planeta y nunca se les ocurri� a estos estudiantes (o a sus maestros) volver sus cabezas meramente 90 grados para hablar con estudiantes de Bosnia, Somalia,� Sud�n, Rusia, M�xico, la Rep�blica Checa, y media docena de otras naciones.

Yo no culpo de ello a los estudiantes. No es f�cil voltear la cabeza hacia los estudiantes de Ingl�s como segunda lengua. Pero, claro, la sencillez con que Internet posibilita lidiar con esta dificultad es simplemente el asunto. Si lo que los j�venes necesitaran aprender fuese f�cil no har�an falta maestros, o escuelas – la “red (Internet)”, con su flujo interminable de informaci�n, probablemente ser�a suficiente. Si las computadoras traen alguna revoluci�n a la educaci�n, esta debe partir de la realizaci�n de que, la responsabilidad del maestro, empieza donde la facilidad para aprender termina. Y en lo que� se refiere a la educaci�n multicultural esa facilidad acaba d�nde la relaci�n de carne y hueso comienza. Aprender sobre las distintas culturas es simplemente un asunto de recoger la informaci�n – es algo f�cil y relativamente sin esfuerzo. Convivir o relacionarse con otras culturas no� lo es. Ello solo ocurre cuando las distintas costumbres y creencias chocan en carne propia y nos obligan excavar dentro de nosotros mismos, luchando con nuestras creencias m�s �ntimas. Esta es, simplemente, la parte� crucial, a menudo la m�s dolorosa del aprendizaje, que lleva a la tolerancia real y al entendimiento - en otros t�rminos, a una transformaci�n del alma humana. Es precisamente de esto que la Internet� tiende a escudarnos. Y el mundo est� en� gran peligro hoy, en parte, porque� por un lado las tecnolog�as de las comunicaciones amplifican nuestro conocimiento sobre otras culturas, y por otro reduce la necesidad de desarrollar la compasi�n, tolerancia y humanidad que vienen de los� encuentros directos y sostenidos con esas culturas. Esta es una lecci�n que todos los maestros necesitan aprender en la era de la computadora: que estas poderosas tecnolog�as expanden el poder de nuestros estudiantes para obtener informaci�n sobre el mundo exterior, pero en ese proceso, tienden a sacarnos� de las actividades que desaf�an y nutren las capacidades internas necesarias para aprender de ese mundo exterior.

Lo que falta en esos Mensajes

Perm�tanme volver al ejemplo del micr�fono para enfocar este punto en la direcci�n de la ni�ez. Sospecho que todos� hemos disfrutado alguna vez de una actuaci�n de un peque�o cantando, cuya voz nos llega con la ayuda de un micr�fono. Esa herramienta amplifica el poder de un ni�o, cuyo desarrollo pulmonar a�n no es completo. Algunos de ustedes, quiz�s tambi�n como yo, se han sentado a escuchar actuaciones similares en escuelas secundarias donde los cantantes, mascullan en el micr�fono, abriendo apenas� sus bocas y extendiendo sus pechos, porque confiando en esa herramienta que durante a�os ellos han tenido, nunca tuvieron que desarrollar su propia capacidad y poder pulmonar. En el trabajo con los ni�os,� que est�n en el proceso de desarrollar todo tipo de capacidades internas, es esencial recordar que amplificando y dando ayuda externa a esas capacidades, las herramientas, incluyendo las herramientas mentales, tambi�n pueden eliminar la necesidad y oportunidad para desarrollar esas capacidades de manera completa dentro del ni�o. Por esto es qu� Marshall McLuhan escogi� usar un t�rmino� m�s fuerte al referirse a esta caracter�stica: �l lo llam� “amplificaci�n y amputaci�n”.

�C�mo es que juega esto educativamente? Todos estamos conscientes de los ejemplos superficiales, aunque importantes, como el uso de un corrector de ortograf�a en lugar de aprender las reglas gramaticales,� o usar una calculadora, en lugar de aprender a sumar. Pero si realmente queremos repensar nuestra relaci�n con la tecnolog�a, necesitamos ser� m�s sofisticados que eso. Y yo pienso que podemos ir en esa direcci�n mostrando algo realmente bastante simple, como un ni�o aprendiendo las cualidades de un �rbol. Herramientas poderosas como la computadora o los libros pueden decirle a� un ni�o de cuatro a�os mucho sobre los �rboles. Pero esto es muy diferente que aprender directamente de los �rboles. Un ni�o de cuatro a�os aprende de un �rbol estando en su presencia: pelando su corteza, subiendo entre sus ramas, desmenuzando sus hojas, sent�ndose bajo su sombra, comprendiendo su fortaleza chocando con �l. Estas experiencias de primera mano son envueltas por un sinn�mero de sentimientos y asociaciones, tan importantes como ella, - el uso de los m�sculos, el sol que calienta la piel, la esencia de las flores en el aire - ninguno de los cuales pueden siquiera igualarse por una computadora o un libro. En el proceso de aprender de un �rbol se involucra un acto creativo que compromete todos los sentidos: imaginativamente conectando el �rbol con los sentimientos y est�mulos de respuesta que uno genera.

Preg�ntele a los ecologistas norteamericanos por qu� la mayor�a de los programas medioambientales con ni�os� son enfocados ahora en actividades comunitarias en lugar de salvar la selva, y ellos le dir�n probablemente lo que han aprendido por propia experiencia: “que a menos que ella aprenda de ni�a a amar� un �rbol en particular,� no amar� la selva lo suficiente como un adulto, para ayudar a protegerla, no importa cu�nta informaci�n alarmante sobre el tema usted le de” (Talbott, 1995). Es casi imposible querer profundamente algo que usted s�lo conoce en teor�a.

Claro, nada de esto es una visi�n nueva. Rousseau lo supo, hace casi 300 a�os, para que sea significativa,� la informaci�n sobre el mundo tiene que crecer de las ra�ces de las experiencias profundas. Esto tambi�n se cumple cuando los� ni�os� aprenden a relacionarse con las personas. Hoy los maestros, de todas partes de los EE.UU., est�n usando las capacidades de comunicaci�n e instrucci�n de la lengua que posee la computadora para mejorar (o amplificar) las habilidades de escritura y lectura de sus estudiantes, desde el preescolar hacia arriba. Al mismo tiempo, se estima que esta generaci�n de ni�os experimentar� 1/3 menos de conversaciones cara a cara durante sus a�os escolares, que la generaci�n de hace 30 a�os (Hammel, 1999). Estas dos observaciones est�n estrechamente relacionadas, porque las investigaciones muestran que son precisamente la interacci�n cara a cara con personas adultas importantes para el ni�o� uno de los elementos m�s importantes en el desarrollo, tanto de las habilidades de comunicaci�n escrita� como la oral. Y no es la cantidad de instrucci�n� que el ni�o consigue leyendo lo que predice si se volver� un lector �vido, sino cuan a menudo se lee en compa��a de un adulto importante para �l, otra actividad cara a cara. Ninguna cantidad de entretenidas instrucciones dadas por una m�quina� puede compensar la p�rdida de la comprensi�n profunda, intuitiva y apreciaci�n de la lengua que viene de la comunicaci�n directa del ni�o con los seres humanos afectivos. Lo que vemos en �EE.UU. es a� padres bienintencionados y a educadores infantiles profundizando en los problemas de la alfabetizaci�n usando la computadora para intentar superarlos.

El Problema Detr�s de la Computadora

Yo espero que los haya convencido, por lo menos, de que la computadora es algo m�s problem�tico que lo que todas esas gentes, que intentan venderle su software, quieren que ustedes crean. A�n, yo no creo que la fuente de esos problemas reside en la propia computadora. Para llegar a la fuente, nosotros tenemos que asomarnos� m�s all� de la computadora, o a trav�s de �sta, examinar qu� es eso que tanto nos atrae hacia ella, eso que la hace tan atractiva educativamente. Pero� raramente nos detenemos a preguntar si hace alg�n da�o real a nuestros hijos.

Para llegar a ese punto quiero empezar investigando una actividad escogida hace varios a�os por la Televisi�n P�blica de Iowa como modelo de excelencia en el uso de la computadora como medio de ayuda para el aprendizaje. En el programa, llamado “Teach to tech” y donde fui invitado como comentarista, se mostr� un video.

El video muestra una clase de cuarto grado que usa las computadoras para producir un informe en hipertexto electr�nico sobre una historia que ense�a algunas lecciones importantes sobre la vida y la muerte, la amistad y comunidad. En video se presentaba a un grupo de estudiantes que orgullosamente mostraban y discut�an las importantes lecciones sociales que hab�an aprendido. Seguidamente el maestro explica que sus estudiantes estaban tan entusiasmados con el proyecto, usando la computadora que incluso dejaron de salir al receso, prefiriendo quedarse en sus asientos trabajando en el mismo. El maestro destaca que ellos nunca har�an tal cosa si se tratase de escribir un informe de 15 p�ginas. Al final del video, el superintendente escolar sugiere que es crucial ense�ar a los ni�os c�mo usar las computadoras en edades tempranas para que ellos salgan de la escuela con las habilidades que necesitan para tener �xito en una sociedad altamente� tecnol�gica. Claramente, los mensajes mostrados por este video fueron dise�ados para resonar con las preocupaciones m�s comunes de maestros y padres: 1. La computadora puede motivar a los estudiantes; 2. La computadora ayuda a los ni�os a aprender- haciendo; 3. La computadora no crea tendencias antisociales - de hecho, puede usarse para aprender sobre la comunidad.

�El entusiasmo del maestro era contagioso y mis colegas del panel estaban impresionados. Ni siquiera yo podr�a negar, que esos fines fueron cumplidos en esta clase.

Quiz�s el rasgo m�s sutil e impresionante del uso de las computadoras que es exhibido en este video es uno: las computadoras le dan un poder extraordinario a las personas j�venes para controlar un ambiente particular de aprendizaje. Los ni�os que suelen tener un control tan limitado sobre tantas cosas, a menudo, responden positivamente a este regalo. Es este sentido de poder y mando el que se amplifica, cada vez que una� computadora es usada por un ni�o. Pero, como yo mismo intent� convencerlos hace un rato, ning�n regalo tecnol�gico es realmente libre. Hay algunos costos aqu�, reducciones que acompa�an las amplificaciones. Para llegar a esas reducciones, perm�tanme hacer una serie de preguntas ret�ricas:

La primera pregunta tiene que ver con el receso: �Por qu� el maestro est� tan complacido de que los estudiantes se abstuvieron de ir al receso para trabajar en la computadora? Si nos preocupamos absolutamente por la socializaci�n de los ni�os peque�os, tiene que ser porque ellos necesitan de esas habilidades para volverse miembros positivos de una sociedad libre. Pero, �d�nde?, �en una escuela?, �es qu� los ni�os son precisamente libres para practicar la negociaci�n con su propia comunidad?

En el libro de Stephen Talbott, El Futuro no Computa (1995), �l escribe, "Si yo necesito averiguar si [un ni�o] se volver� un buen ciudadano mundial, no me muestre un archivo de su correspondencia por correo electr�nico. Simplemente perm�tame observar su conducta en el patio de recreo durante unos minutos" (pg 139). No solo un “buen ciudadano mundial”, sino un buen amigo, un buen vecino, un miembro ejemplar de la comunidad. Como en el aprender de los �rboles,� s�lo cuando la estructura del aula y la autoridad del adulto es levantada, es� que los ni�os pueden practicar la disciplina necesaria para ser �miembros de una comunidad, y no s�lo aprender sobre ella.

Todo esto apunta a una conexi�n entre la tecnolog�a y un fen�meno perturbador: la disminuci�n del juego inestructurado en los Estados unidos. El comentario de este maestro no es de forma alguna �nico. IBM y Compaq han publicado anuncios en� revistas en los �ltimos cinco a�os que juegan con el tema de ni�os que se abstienen del receso para� trabajar con las computadoras. Al mismo tiempo, hemos sido testigos� que en los EE.UU., el 40% de los distritos escolares han eliminado dram�ticamente el receso escolar. (Kieff, 2001). Todo esto en la propia cara de d�cadas de investigaci�n (y siglos de sabidur�a maternal) que claramente muestran que sacar a los ni�os de� jugar por s� solos en el receso, es cr�tico para su salud f�sica, cognoscitiva y social.

He aqu� esta otra pregunta. La historia sobre la cual estos ni�os construyeron su hipertexto esta relacionada con la responsabilidad que tiene una generaci�n con la otra en cada final del ciclo de vida. �As� que, es justo preguntar por qu�, dado el tema central del� trabajo, el maestro escoger�a tener a sus ni�os todo el tiempo trabajando con las m�quinas en lugar de llevarlos a visitar a los m�s ancianos en la comunidad o pas�ndose el� tiempo con los m�s j�venes?

�Y finalmente podr�amos preguntar por qu� el maestro ofreci� como �nica� alternativa al proyecto de la computadora, hacer un informe de 15 p�ginas? De manera m�s general, la postura que nosotros debemos desafiar es que s�lo hay una opci�n entre los m�todos tradicionales de ense�ar y el m�todo de la alta tecnolog�a. Mientras que un informe de 15 p�ginas sea concebido como la �nica alternativa, la computadora ciertamente parecer� la mejor opci�n para los maestros elementales. Durante d�cadas los tecn�logos de la educaci�n� han presentado� al zumbido del maestro en el pizarr�n y al� informe, como el hombre de paja que la tecnolog�a inform�tica derrumb� a golpes. Pero en la realidad, los buenos maestros bajaron del pizarr�n hace mucho tiempo, y se han convertido en una verdadera “gu�a” al lado del alumno,� no requieren de la alta� tecnolog�a en absoluto. Ya es tiempo� de que, la paliza que la tecnolog�a hace sobre un caballo agonizante o muerto, se detenga y se compare el valor de la tecnolog�a inform�tica con estos otros m�todos de aprendizaje innovadores, compitiendo con recursos escasos. Hasta ahora, siempre y cuando ello ha ocurrido, la computadora no ha mostrado un resultado muy bueno. Incluso, el panel de Ciencias Nacionales de los EE.UU., que durante d�cadas promovi� el uso de computadoras en las escuelas, admiti�, finalmente, en un informe de 1998,

El dilema fundamental de la instrucci�n asistida por computadora y otras� t�cnicas educativas que usan las tecnolog�as de la informaci�n� es que la efectividad de su costo, comparado con otros m�todos de instrucci�n - por ejemplo, grupos m�s peque�os de clases, el aprendizaje al ritmo del alumno, aprendizaje en grupo, planes de estudios innovadores, y tutores en clase - nunca ha sido probado. (Ciencia, Pg 8-19)

 Yo no quiero entrar profundamente en el problema de la efectividad aqu�, porque sigue siendo un atolladero contencioso que realmente nos desv�a de una mejor comprensi�n de la relaci�n entre tecnolog�a y educaci�n. Yo apenas quise notar que una de las maneras que necesitamos para repensar el uso de la tecnolog�a en las escuelas del siglo XXI, es no compararlo s�lo a la� pedagog�a del siglo XIX, sino con otras maneras� innovadoras de aprender tanto del siglo XX como el del XXI.

Regresemos al video para escoger una pregunta m�s: �Dado que los cambios de tecnolog�a ocurren r�pidamente, por qu� el superintendente, clama al final de la cinta, que es importante para los estudiantes aprender habilidades t�cnicas en cuarto grado, que ser�n totalmente obsoletas mucho antes de que ellos abandonen la escuela? �Cree �l realmente que si los alumnos de cuarto a�o, en la d�cada de los ochenta, sab�an c�mo usar la computadora Apple IIes estos se preparar�an mejor para el mundo laboral� o para la� universidad que otros de su misma generaci�n que no fueron tan privilegiados y s�lo conocieron c�mo usar la Mac y la PC en la escuela secundaria? La suposici�n� que los ni�os necesitan relacionarse con las computadoras a edades tempranas, para dejar la escuela con las habilidades inform�ticas adecuadas es, para ponerlo bruscamente, absurda. Durante los diez a�os que impart� el curso de Tecnolog�a Inform�tica Avanzada, el m�s avanzado ofrecido en las Escuelas P�blicas de Des Moines, me dej� de preocupar sobre si un estudiante que solicitaba mi clase ten�a vencido el requisito previo de clases de aplicaciones de la computaci�n o incluso cualquier experiencia anterior con una computadora. Yo podr�a introducirlos en cualquier habilidad b�sica con la computadora en corto tiempo. Lo que necesitaban� traer era un esp�ritu creativo, curiosidad y el conocimiento de primera mano de ese mundo al cual ellos le pudieran aplicar sus habilidades inform�ticas. Cada vez m�s y m�s aquellos estudiantes, habiendo crecido en un mundo de televisi�n, juegos videos y� computadoras, no tra�an ese tipo de experiencias e ideas a mi aula, y encontraron� que pod�an hacer poco con las computadoras excepto lo� �sta les podr�a ofrecer. El reconocimiento de la disminuci�n de sus habilidades para utilizar las experiencias concretas de� primera mano para informar, inspirar y dirigir su trabajo en la computadora, me ayud� a comprender que incluso en una sociedad tecnol�gicamente de avanzada - sobre todo en una sociedad tecnol�gicamente de avanzada - no podemos desviar la larga y profunda absorci�n que ocurre en la interacci�n directa, f�sica y social de los ni�os a edades tempranas.

La Ideolog�a Tecnol�gica

�Por qu� nos sentimos impulsados� para buscar las formas de conseguir que los ni�os usen las computadoras a esas edades? El asunto que est� en la mira no es� que� habilidades en el uso de la computadora puede tener el ni�o. Tampoco es si los ni�os aprenden o no con las computadoras. Es algo mucho m�s importante, mucho menos consciente, que obliga a los superintendentes a destinar escasos fondos a comprar� tecnolog�a de buena fe; que conecta la extensi�n de la pr�ctica de abolir los recesos en las escuelas elementales, con un confuso entusiasmo al mirar a los ni�os peque�os sentarse� inm�viles ante una pantalla bidimensional; que provoca que los maestros vean las computadoras como la �nica alternativa a los m�todos tradicionales; eso que incita a los futuristas para ver en cada nueva invenci�n una utop�a tecnol�gica a la vuelta de la esquina.

Creo que existe una ideolog�a tecnol�gica en todo el mundo, una manera de atraer al mundo, que ha crecido gradualmente en el de cursar de los �ltimos 400 a�os al punto d�nde, cuando finalmente se esculpi� en silicio, vino no s�lo a dominar nuestras acciones, sino nuestra manera de pensar. Haciendo esto, cre� una cultura en la que estamos determinados a introducir a nuestros ni�os cada vez a edades m�s tempranas.

�ste no es un pensamiento original m�o. Postman (1992) lo ha llamado “Tecnopolis”. Theodore Roszak (1969) lo nombr� “Tecnocracia”. Como quiera que lo llamemos, significa que el verdadero repensar que hay que hacer sobre la tecnolog�a tiene menos que ver con las m�quinas que est�n en el aula y m�s con el tipo de “pensamiento – m�quina” que ocurre en nosotros , y cada vez m�s en� las mentes de nuestros estudiantes. Como lo expresa el� fil�sofo Stephen Talbott, “a lo que realmente� le temo es a esa, cada vez m�s poderosa, m�quina oculta dentro de nosotros, de la cual las m�quinas que creamos son solo una expresi�n" (1995, pg 36). Aqu� es donde� se localiza ese problema: no en la computadora encima del escritorio, sino en el incremento de la mentalidad de m�quina en el interior de nuestras cabezas. Por consiguiente, las preguntas m�s importantes que debemos hacernos sobre el uso de las computadoras con ni�os de edades tempranas no tienen nada que ver con� el desarrollo de las habilidades t�cnicas, o incluso de las habilidades cognoscitivas. Esto tiene que ver con el c�mo los valores generados por este pensamiento afecta el desarrollo social, cultural, psicol�gico y moral del ni�o. Todo lo discutido aqu�, todos los ejemplos, todas las opiniones que yo he desafiado, han estado apunt�ndonos en la direcci�n de como esta ideolog�a se muestra con relaci�n a la educaci�n.

Lo que quiero hacer ahora, es describir expl�citamente esta manera de pensar. Es un proyecto dif�cil. Las ideolog�as tienden a ubicarse en el borde de nuestra conciencia - ellas moldean nuestros pensamientos, en lugar de nutrirse de �l. Tenemos� que conseguir extraer ese molde para poder echar una ojeada dentro. Eso era lo que yo estaba intentando hacer con las alternativas que suger� a las actividades mostradas en el video. Pero aun as� estaba involucrada la computadora. Quiero ser m�s general, as� que perm�tame empezar cont�ndole un incidente que me ocurri� cuando todav�a era maestro de la escuela secundaria.

  Durante los �ltimos tres a�os que yo ense�� en la escuela secundaria almorc� tres veces por semana con un estudiante que� llamar� David. Era un estudiante brillante, si bien un adolescente algo torpe, a sus 13 a�os de edad hab�a sido el mejor estudiante de la talentosa y dotada clase de Geometr�a que yo impart�a; �l y yo pas�bamos el almuerzo discutiendo un� tema de inter�s com�n, la filosof�a. Nosotros tambi�n habl�bamos sobre asuntos personales. �l me revel� que� hab�a sido diagnosticado con ADHD a una temprana edad y tomaba Ritalin desde cuarto grado. Un d�a, s�lo un par de meses antes de su graduaci�n, �l entr� apresurado� en mi cuarto y me anunci� que esa ma�ana� hab�a vaciado todo su Ritalin por el tragante del� retrete. Cuando� le pregunt� por qu�, �l me dio una respuesta notable. "Me di cuenta de que cada ma�ana cuando me levanto y paso por este ritual de suicidio del alma…”, como lo mencion�, "…tomo una p�ldora para evitar todos mis problemas antes de enfrentarlos� ni siquiera alguna vez". �l decidi� que nunca podr�a solucionar sus problemas con la familia, la escuela y los compa�eros de clase si� no le daba la oportunidad de hacerles frente, por lo que bot� las p�ldoras. Si ha tenido �xito o no con esta decisi�n a�n esta por ver - su vida ciertamente no ha� estado, desde entonces, exenta de dolor. Pero �l esper� eso. Mientras que otros a su alrededor, durante a�os definieron sus problemas en t�rminos fisiol�gicos y mec�nicos, como si hubiese algo roto dentro de �l, y buscaron ayuda en medios externos para escudarlo del acceso a ese pedazo roto, �l opt� por redefinir el problema como una batalla interior, con la esperanza de desarrollar la fuerza interna capaz de luchar y superarla �l mismo.

Aunque este ejemplo est� centrado en el uso de determinada tecnolog�a m�dica, lo que este adolescente est� confrontando no son m�s que las consecuencias de abrazar la tecnolog�a como una ideolog�a, de comprometer al mundo en un modo, que deposita cada vez m�s una mayor confianza en una orientaci�n mec�nica de la vida. El Ritalin es un tratamiento eficaz, que ayud� a todas las funciones involucradas, de una forma m�s c�moda, consiguiendo que el ni�o estuviera r�pidamente bajo control. No hizo ning�n llamado serio y doloroso a una familia disfuncional, a una comunidad fr�a o a una escuela que se negara a apoyar su precocidad; no requiri� ning�n examen de los efectos tecnol�gicos medioambientales (los aditivos de la comida, la poluci�n, etc.); no trajo consigo ninguna batalla interna en el ni�o. De un tir�n desterr� el problema fuera de la comunidad, familia o incluso del contexto espiritual, lo defini� en su contexto mec�nico-qu�mico m�s estrecho y como tal ofreci� una r�pida soluci�n mec�nico-qu�mica.

Debo apresurarme a aclarar que� no estoy aqu� abogando porque� eliminemos el Ritalin en aquellos ni�os que lo necesitan. Me he encontrado una buena cantidad de padres cuyas vidas familiares se han hecho finalmente soportables gracias a esta y otras drogas psicotr�picas para dejarse llevar por tales sugerencias f�ciles. A�n m�s, ya no existe duda alguna de que en los EE.UU. el Ritalin ha sido escandalosamente recetado. Lo qu� me gustar�a sugerir es que ello no constituye solamente una cuesti�n de un mal diagn�stico. Es tambi�n la consecuencia de confiar en una orientaci�n t�cnica, una manera de ver el mundo que ve a los ni�os en t�rminos mec�nicos y a las batallas internas de estos simplemente como una� aver�a en esa maquinaria, en lugar de un signo de que algo esta errado en el tejido social, psicol�gico, e incluso espiritual de la vida del ni�o.

En su maravilloso libro, El coraje para Ense�ar (1998), Parker Palmer usa un lenguaje notablemente similar al de mi joven amigo al generalizar el problema con esta visi�n global.

Estamos obsesionamos con manipular� a los externos porque� creemos que ellos nos dar�n un poco de poder sobre la realidad y ganaremos un poco de libertad de sus limitaciones. Magnetizados por una tecnolog�a que parece haber hecho eso exactamente, hemos descartado nuestro mundo interior. Cada pregunta que nos hacemos la convertimos en un problema objetivo que debe ser resuelto - y� creemos que para cada problema objetivo hay alguna clase de soluci�n t�cnica. Por ello entrenamos a los doctores para que reparen el cuerpo, no para honrar el esp�ritu; el clero para ser gerentes, no gu�as espirituales; maestros para dominar las t�cnicas pero no para comprometer el alma de sus estudiantes. (pg 19)

Palmer est� llamando nuestra atenci�n sobre la p�rdida gradual de fe en el desarrollo de aqu�llos recursos internos a los que David no renunci�. Ha sido a trav�s del desplazamiento, durante siglos, de la creencia en la posibilidad de lograr una vida mejor mediante el perfeccionamiento de las personas hacia el perfeccionamiento de las herramientas, que la ideolog�a tecnol�gica nos ha hecho perder el enfoque sobre el crecimiento interno de nuestros ni�os.

Lo que hemos encontrado �ltimamente en la educaci�n norteamericana, es una carrera� acelerada para proporcionarles a los ni�os los medios externos necesarios de poder� para ejercer el control sobre su mundo, en detrimento de lo que podr�amos llamar la tarea "espiritual", de desarrollar los recursos internos y el apoyo de la comunidad que son necesarios para crear un clima de relaciones saludables con ese mundo. Una simple ojeada al lenguaje utilizado por el sistema de educaci�n en los EE.UU. hoy, nos indica la magnitud de ese movimiento. Rara vez los que trazan la pol�tica educativa hablan de la verdad, la sabidur�a, el juicio, el car�cter, la dignidad, la virtud o la integridad – todas las capacidades� internas que una vez formaron los ingredientes esenciales de una buena educaci�n. El idioma de la educaci�n del alma se ha reemplazado por el idioma de la m�quina: pruebas est�ndares, informes de progreso, medidas, valoraci�n externa, responsabilidad, GPAs, SATs,ACTs y todo un hospedero de terminolog�a t�cnica dise�ada para lanzar la educaci�n como un producto gobernado por la eficacia, en lugar de un acto de crecimiento gobernado por las necesidades del desarrollo humano. Por todas partes en los EE.UU. el enfoque est� en los resultados, en lugar de la comprensi�n interna, con consecuencias que llegar�an a ser un ultraje si los educadores estuvieran verdaderamente determinados, como dice Palmer, a "comprometer el alma" de sus estudiantes. S�lo un ejemplo: Hoy casi todos los estados de la naci�n realizan ex�menes de alto rendimiento a ni�os de� temprana edad como son los nueve a�os. La tensi�n causada por estos ex�menes es tan fuerte que en California ellos han agregado a los manuales de las pruebas para alumnos de cuarto grado, instrucciones de lo que el maestro debe hacer si un estudiante muy tenso vomita en la prueba. Y todav�a el pasado invierno, el Congreso pas� una ley que requiere de pruebas de habilidades en las escuelas preescolares Head Start financiadas federalmente.

La falta de equilibrio en la vida de los ni�os

Lo que estamos confrontando aqu�,� es un asunto de equilibrio. Pero como debe haber quedado claro hasta ahora, no es s�lo una cuesti�n de equilibrar el tiempo ante la computadora con otras actividades en las escuelas y el preescolar. Lo qu� tenemos que reconocer es el desequilibrio total en la vida de los ni�os, tanto dentro como fuera de la escuela, debido a la dominaci�n de la ideolog�a tecnol�gica - el hecho de que en casi todo lo que un ni�o hace, median hoy las m�quinas y el pensamiento de m�quina. McLuhan, escribiendo en 1964, anticip� el desequilibrio creciente en las vidas de los ni�os y sugiri� que la "educaci�n ser� reconocida como la defensa civil en contra de la precipitaci�n radioactiva de los medios de comunicaci�n” (1964, el pg. 267).

Obviamente, eso no pas�. Hoy en los EE.UU. los ni�os crecen bajo una dieta de viajes virtuales por el Amazona o a la �rbita planetaria y escaladas virtuales a la c�spide del Monte Everest. �stas son las ofertas comunes ahora y las escuelas claman por participar. Estas actividades que empiezan con un relumbrante juego de computadora en edad preescolar, representan para los estudiantes un salto tecnol�gico tras otro. Pero las emociones que atraen a los estudiantes en estas aventuras son� emociones substitutivas, desconectadas de su propia experiencia. �C�mo pueden esas aventuras conectarse con el alma de un ni�o que ni siquiera sale al receso? El estudiante no vuela en la �rbita del planeta, no alcanza el polo Norte, no escala el Everest. Enfrentado a la incapacidad para conectar las vidas de sus estudiantes, de forma significativa, con las representaciones simb�licas en la pantalla, el maestro descubre que constantemente debe elevar el nivel de excitaci�n de cada nueva actividad "interactiva", hasta que el aprendizaje sea� indistinguible del entretenimiento.

El a�o pasado una investigaci�n publicada en la revista Cient�fico Americano (Kubey & Csikszentmihalyi, 2002), verific� una sospecha largamente sostenida por muchos padres y maestros: esa televisi�n, y m�s probablemente, todas esas otras actividades relacionadas con una pantalla de video, poseen las mismas caracter�sticas cl�nicamente� identificables exigidas para que sean clasificados como sustancias adictivas. Este hallazgo, asombrosamente poco publicado, no sorprende a nadie que haya intentado que los ni�os usen las computadoras de una manera equilibrada. Por mi propia experiencia conozco que� devolverle a los estudiantes el ambiente terrenal que les rodea, despu�s de trabajar los proyectos de telecomunicaci�n, result� inevitablemente los sentimientos de fastidio y desinter�s - y un deseo de volver a estar conectado en l�nea. Era tan pronunciado �ste efecto� que decid� clasificar a los estudiantes que m�s lo mostraban como AGE: Adictos a Grandes Eventos. �stos son los ni�os para quien las clases tienen que tener todo el sensacionalismo multimedial de las noticias nocturnas, como �nica forma de mantenerlos comprometidos. No se sorprenda si alg�n d�a las siglas AGE (u otra� descripci�n m�s cient�fica) se agreguen a la lista de dolencias psicol�gicas en los ni�os como la LD, BD, ADD y ADHD. Pero, como en el caso de mi amigo David, los problemas de estos ni�os realmente son proyecciones de un trastorno social m�s profundo. En el n�cleo de ese trastorno est�n educadores y padres que buscando la llave a la motivaci�n, se han dejado llevar por la creencia de que la excitaci�n es un sustituto adecuado para la voluntad. Ellos se equivocan al estimular la gl�ndula suprarrenal para nutrir el alma.

Realmente, nada de esto es nuevo. Joseph Wiezenbaum pionero de la� computaci�n (1976) advirti� hace casi treinta a�os que la computadora "esclaviza� la mente que no tiene ninguna otra met�fora y pocos recursos a que apelar" (pg 277). En el mundo del� adulto saturado con la tecnolog�a inform�tica, esas otras met�foras y recursos tienen que ser desarrolladas en edades tempranas de la vida. Si nuestros ni�os est�n llamados a� establecer una conexi�n con la tierra y el viento, la carne y la sangre, lo m�s importante es que mientras sean j�venes golpeen las pelotas, jueguen con plastilina, se tiren en el c�sped, opinen, hablen cara a cara con las personas de su inter�s.� Ellos necesitan de estas experiencias tanto cuanto seamos capaces de darles. Todav�a, en lugar de ayudarnos a encontrar m�s formas para que nuestros ni�os act�en en el mundo, los abogados de la tecnolog�a nos animan a comprar otra caja electr�nica para nuestros ni�os con la que puedan mirar hacia ella, sustituyendo la informaci�n por la experiencia directa.

Weizenbaum tambi�n se�al� que el pensamiento t�cnico no apunta en absoluto a ninguna direcci�n moral o �tica. Por consiguiente, a medida que las m�quinas que ponemos en las manos de nuestros hijos son m�s poderosas, es indispensable� que aumentemos nuestros esfuerzos para ayudarles a reconocer la inmensa responsabilidad que ellos tienen para usarlas en beneficio de la humanidad. Esta visi�n asumi� un significado muy profundo para m�, cuando comprend�, mientras ense�aba mis clases de Tecnolog�a Inform�tica Avanzada que estos estudiantes ten�an m�s poder para hacer da�o a las personas, que cualquier adolescente habr�a� tenido alguna vez en su vida, y todo ello� a una distancia segura. A menudo parec�a que los estudiantes con mayor experiencia y habilidad en el uso de la computadora ten�an un mayor problema para pensar en proyectos que se ajustaran a mis severas normas �ticas. Cuando, fuera de toda frustraci�n, una vez estuve de acuerdo en permitir a algunos de estos estudiantes intentar penetrar y romper la seguridad de la red de computadoras de la escuela, la respuesta fue, “Eh, b�rbaro! " y all� fueron, hasta que yo los arrastr� nuevamente atr�s y reafirm� mi autoridad en el aula. Cual es el punto que estoy intentando mostrar: una vez que los controles externos fueron levantados, no hab�a ning�n control interior en muchos de estos muchachos de 17-18 a�os para hacerse cargo de la situaci�n.

�De d�nde vendr� ese control cuando nosotros liberemos a generaciones enteras de� estos jovenzuelos a la sociedad? A menos que estemos deseosos de dejar caer toda esa farsa de proteger y agrandar la libertad individual en el mundo, debemos ayudar a nuestros j�venes (y quiz�s debiera agregar, a algunos de nuestros l�deres m�s viejos)� a que desarrollen la fuerza moral y �tica necesaria para poder resistir la tentaci�n de abusar� del enorme poder de las m�quinas. Esas cualidades toman mucho tiempo y esfuerzo para desarrollarse en un ni�o, pero ellas deben ser un requisito previo tanto para usar una computadora poderosa, como para aprender a teclear. Intentar ense�ar a un estudiante a �domar y utilizar el poder de la computadora apropiadamente sin esos rasgos morales y �ticos es como hacer crecer un �rbol sin� ra�ces.

Son esas ra�ces, son esos recursos internos de nuestros ni�os lo que hace que se conecten a una comunidad y generen un fuerte sentido de responsabilidad moral y �tica que, a su vez, puede disciplinar el poder que las computadoras ponen a su servicio. En vez de nutrir esas ra�ces para que ellos encuentren su lugar en la comunidad, nosotros le ponemos a nuestros ni�os peque�as m�quinas que hacen que dirijan sus energ�as a afianzar el poder y control sobre su entorno. Y entonces nos preguntamos por qu�, cuando en los EE.UU. nuestra adolescencia suburbana de alta tecnolog�a� se encuentra confundida, enfadada, deprimida o agobiada, no extiende la mano a la comunidad para buscar ayuda, o excava profundamente dentro de s� para encontrar la fuerza interior que le ayude a perseverar; sino se lanza hacia la m�s poderosa (y a menudo mortal)� herramienta que pueda encontrar para resolver sus problemas. Si hay algo que yo quiero trasmitirle a ustedes� hoy es que nuestros esfuerzos en los EE.UU. para utilizar las m�quinas como una v�a para el aprendizaje f�cil, indoloro y acelerado han sido a costa del desarrollo de� la fuerza interior de nuestros ni�os y a la profunda desconexi�n con la comunidad, y del mundo entero, pero sobre todo nuestros ni�os, est� pagando un precio extremadamente alto por �l.

�Luego, qu� debemos hacer?

Repensando nuestra relaci�n con la tecnolog�a.

Me siento un poco avergonzado al confesar que habiendo recorrido grandes distancias para describir el problema, est� renuente a sugerir cualquier soluci�n. Ciertamente, ofrecer� algunas modestas sugerencias. Estoy renuente a ello, en parte, debido a la naturaleza del propio problema, que est� muy vinculado a la cultura. Me parece que alguien que venga de los EE.UU., una cultura completamente tecnol�gica, a pesar de su riqueza enorme y capacidad para criar f�sicamente saludables a sus hijos, y que se ha convertido en un lugar extremadamente insano para los j�venes, debe ser circunspecto a la hora de ofrecer un consejo sobre el uso de tecnolog�a educativa,� a educadores de otras culturas, a no ser que sea de cautela. Mi propia experiencia viviendo y ense�ando en Ecuador me sugiere que las culturas latinoamericanas comparten ciertas caracter�sticas profundamente humanas que ofrecen alguna protecci�n contra los aspectos destructivos de la ideolog�a tecnol�gica, que la computadora promueve sutilmente pero insistentemente. Quiz�s esos valores y tradiciones le ayudar�n a tomar a ustedes decisiones m�s sabias que las que hemos tomado nosotros. Por eso debe hacerse un gran esfuerzo para conservar esas tradiciones culturales, porque la tecnolog�a es, como Postman (1995) nos recuerda, un dios celoso.

En todo caso, yo no voy a sugerir que usted cierre con llave las puertas de la escuela para que no entren las computadoras. Eso no ser�a ni realista, ni sabio. Yo no hubiera pasado tanto tiempo de mi carrera ense��ndoles a los estudiantes de secundaria c�mo usar las computadoras si yo hubiese pensado que ellas son inherentemente malas. Pero la pr�ctica norteamericana de tirar las computadoras indiscriminadamente en cada uno de los niveles de� la educaci�n e intentar, luego, encontrar algo que hacer con ellas no debe repetirse en el mundo. Lo que tard�amente necesitamos, y que espero sea tambi�n de valor para ustedes, son programas sistem�ticos y conscientes que coloquen a la� computadora en el lugar apropiado en relaci�n con el desarrollo del ni�o y que al mismo tiempo proporcionen una clase de inoculaci�n contra los efectos nocivos que acompa�an sus beneficios. Durante los �ltimos tres a�os he estado trabajando con la Alianza para la Ni�ez para desarrollar un conjunto de preceptos evolucionistas y pautas tecnol�gicas para ayudar a los educadores a establecer esos tipos de programas. Las asunciones se basan� en la� creencia que para los ni�os peque�os, la decisi�n para usar cualquier tipo de tecnolog�a debe regirse por su habilidad de apoyar y ahondar en lo que nosotros consideramos son las esencias de una ni�ez saludable. Estas esencias incluyen:

1. Las relaciones afectivas estrechas con adultos responsables.

2. La actividad al aire libre, exploraci�n de naturaleza, cultivar un huerto o jard�n, y otros encuentros directos con la naturaleza.

3. Tiempo para la obra activa, creativa, como la parte central del curr�culo� para los ni�os peque�os.

4. La m�sica, el drama, los t�teres, el baile, la pintura, y las otras artes, ofrecidas como contenidos separados y como un tipo de levadura para introducir todo el rango de los dem�s asuntos acad�micos a la vida.

5. Las lecciones pr�cticas, el trabajo manual, y otras atractivas actividades f�sicas que literalmente personifican las primeras lecciones efectivas� para los ni�os peque�os de las ciencias, matem�ticas, y la tecnolog�a.

6. Enriquecer la experiencia del idioma, incluyendo la conversaci�n, la poes�a, el canto, la narraci�n, y los libros le�dos en voz alta por los� adultos cercanos a �l. (Oro del Tonto, 2000, pg 47)

Podr�a parecer que no hay absolutamente ning�n espacio� para el uso de las computadoras en estas actividades. Esta afirmaci�n es s�lo verdad si�� circunscribimos el concepto de tecnolog�a al marco estrecho de la alta tecnolog�a electr�nica. Una conceptualizaci�n m�s completa de la tecnolog�a, que abarca el uso de todo tipo de herramientas, revela que hay una fuerte relaci�n mostrada� entre el desarrollo de la ni�ez y las herramientas que los ni�os utilizan en el despliegue de las actividades sanas. La jardiner�a, los t�teres, la pintura, la m�sica, el trabajo manual, la lectura, todas se basan en la habilidad para el uso de las herramientas. Las “clases pr�cticas" infieren� directamente la importancia en el uso de una gran variedad herramientas por parte de los ni�os. Desgraciadamente, los programas actuales tienden a igualar la tecnolog�a con la tecnolog�a digital electr�nica y de esa forma, no promueven los importantes beneficios que se pueden obtener de la utilizaci�n de las herramientas de bajo perfil tecnol�gico como son: los martillos, las cuerdas, las palas, las cintas, las crayolas, etc. Una nueva cultura tecnol�gica que opera lejos de la profunda preocupaci�n del car�cter emergente en las necesidades del ni�o, reconoce la gran cantidad de actividades t�cnicas disponibles y necesarias para su crecimiento saludable. De hecho, considera que una sociedad de alta tecnolog�a requiere una ni�ez de altura.

El segundo proyecto, el estableciendo de los principios para el desarrollo de una conciencia tecnol�gica, est� en la fase final de su revisi�n, pero como su intenci�n no es ser un conjunto r�gido de normas, sino m�s bien sugerencias flexibles, no me siento cohibido al compartir este borrador con ustedes. Mi esperanza es que ustedes tomen estos principios y los adapten a sus propios contextos locales, adhiri�ndose solo a la filosof�a de promoci�n de la vida sobre la cual fueron desarrollados.

Los once principios para el desarrollo de una Conciencia Tecnol�gica

1. Vaya despacio: requiere de mucho tiempo para desarrollar la madurez emocional, social, e intelectual que se necesita para operar las tecnolog�as; as� como el monitoreo y el desarrollo apropiado de la vigilancia y del cuidado en la casa y en la escuela.

2. Relaci�nese primero con el mundo real.

3. Reconozca la vida, en toda su diversidad impredecible y temporalidad, como algo sagrado, incluso la muerte. Ni�guese a tratar a las cosas vivientes como si fuesen� m�quinas.

4. Trate a las herramientas con el respeto y con mente abierta.

5. Res�stase a la ilusi�n de que poseemos un destino tecnol�gico: el uso y dise�o de las tecnolog�as se deriva de las decisiones humanas e involucra una profunda cuesti�n de �tica.

6. Todos merecemos tener una voz en las decisiones que tienen que ver con la tecnolog�a - sobre todo aqu�llos que m�s directamente sufren sus consecuencias.

7. La tecnolog�a es s�lo una opci�n,� usted es libre de fijar los l�mites, o incluso decir que no.

8. La soluci�n de nuestros apremiantes problemas sociales y ecol�gicos depende mucho m�s del desarrollo de una conducta socialmente responsable, que del dise�o de alguna nueva y deslumbrante tecnolog�a.

9. Honre el siguiente principio preventivo: Ante todo, no haga� da�o.

10. Es la secundar�a b�sica el momento adecuado para centrarnos en el desarrollo de las habilidades y en el uso de las altas tecnolog�as,

11. Sea tecnol�gicamente consciente para educar la conciencia tecnol�gica

Estos principios son, por encima de todo, concisos. El texto completo que acompa�an estas gu�as contiene treinta p�ginas y ejemplos de c�mo estos principios pueden ser� llevados operativamente a las escuelas, casas y comunidades. Lo que quiero destacar es simplemente que todos estos principios comparten un rasgo fundamental: ellos sit�an a la tecnolog�a y a las decisiones sobre esta, dentro de la actividad humana y no al rev�s. No empiecen preguntando �c�mo podemos preparar a la juventud para un futuro tecnol�gico predeterminado? o �qu� pueden hacer nuestros ni�os con las computadoras?, sino c�mo� y cu�ndo podemos hacer que la tecnolog�a se ponga en funci�n de los prop�sitos humanos.

La tarea primordial de la educaci�n es ayudar a nuestra juventud a desarrollar el� mejor sentido de esos prop�sitos humanos. Los problemas m�s peligrosos que enfrentan mi sociedad - las drogas, la violencia, el racismo, la pobreza, la disoluci�n de la familia y la comunidad, y, por supuesto, la guerra- no puede arreglarse con la tecnolog�a; toda una serie de confusiones sobre los prop�sitos humanos. Preparar a nuestros ni�os para trabajos t�cnicos de avanzada no ayudar� a mi naci�n a responder cada una de las siguientes preguntas: �por qu� la naci�n m�s libre del mundo tiene el mayor porcentaje de ciudadanos tras las rejas? , �Por qu� la naci�n m�s rica de la historia condena a una quinta parte de sus ni�os a la pobreza? , �Por qu� el pa�s con el sistema de salud m�s moderno, es en el que sus ni�os son mas medicamentados?,� �Por qu� la sociedad tecnol�gicamente m�s avanzada de la Tierra es incapaz de proteger a sus ciudadanos de un grupo extremista de terroristas?.

Theodore Roszak, en su libro El Culto de la Informaci�n (1986), escribe que "vivimos en una era en la cual las tecnolog�as de la comunicaci�n humana se han desarrollado a una velocidad deslumbrante; pero lo que las personas tienen que decirse entre si, utilizando estas� tecnolog�as, no muestra un avance comparable " (pg 16). En EE.UU. tenemos hoy magn�ficos medios de comunicaci�n. Incluso en los EE.UU. nuestros ni�os m�s j�venes son bombardeados con mucha m�s informaci�n que la que son capaces de asimilar. De hecho, hemos llegado al punto donde estas poderosas herramientas han empezado a interferir, m�s que ayudar, en nuestra habilidad para ense�ar y aprender c�mo decirnos cosas significantes unos a los otros. Para que algo sea realmente significante debe tocar nuestra alma, no s�lo la mente. Los ni�os peque�os son, enf�ticamente, almas que buscan un significando. Ponerlos ante las m�quinas desalmadas es realmente malinterpretar lo que un ni�o necesita.

Cuando la madre - periodista me pregunt� por qu� yo quer�a alejar a su hija de aquella “m�quina de leer”, yo le respond� pregunt�ndole por qu� ella se sent�a tan ansiosa de obligar a su hija a que aprendiera a leer a una edad tan temprana, cuando indudablemente ella lo podr�a hacer un par de a�os despu�s f�cilmente, cuando� dicha� capacidad apareciera naturalmente. Le suger� que era mucho m�s importante para su hija que su madre le leyera, le ayudara a cocinar y a limpiar, jugara entre los �rboles, aprendiera a utilizar simples herramientas cuyo funcionamiento pudiese comprender, que conociera el mundo que le rodea,� en lugar de las l�neas abstractas de una pantalla de� computadora. Le dije, rudamente, que tem�a que no era su ni�a la que necesitaba aprender a leer a la edad de cuatro a�os, sino los adultos, que han comprado la noci�n de que podemos programar a un ni�o igual que programamos a las m�quinas, y mientras m�s r�pido, mejor. Si yo hubiera sabido que me iban a hacer esa pregunta, quiz�s hubiera sido m�s gentil y en cambio habr�a dicho que si ella fuese paciente y esperase por el despliegue de las capacidades naturales de su hija, los dos se ahorrar�an muchas frustraciones. Tambi�n, probablemente, ella ser�a premiada alg�n d�a con una hija que comprendiese a cabalidad toda la sabidur�a que encierra el siguiente verso b�blico, enga�osamente simple: "Para todo hay una estaci�n”. La estaci�n para la computadora no es la primavera de la vida del ni�o. 

Referencias

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