El art�culo 29 de la Convenci�n sobre los Derechos de los Ni�os aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1.989, dice:

Los Estados Partes convienen en que la educaci�n del ni�o debe de estar encaminada a:

Desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y f�sica del ni�o hasta el m�ximo de sus posibilidades.

Si bien no es una definici�n, sino "a lo que debe de estar encaminada" enmarca y define perfectamente que debemos entender hoy por educaci�n. En consecuencia, hoy podr�amos definir educaci�n como aquella ofrecida al ni�o para su desarrollo integral en los aspectos biol�gico, cognitivo, socio-afectivo y espiritual, a trav�s de experiencias de socializaci�n pedag�gica y recreativa. La Educaci�n ha de ser un proceso interno por el cual el ni�o o la ni�a logra progresivamente su desarrollo integral en todas las dimensiones del ser humano

Avanzando sobre lo anterior, en el informe realizado por el Dr. Delors para la UNESCO afirma que la educaci�n en el siglo XXI ha de basarse en los siguientes pilares:


Aprender a CONOCER.

Aprender a HACER.

Aprender a VIVIR.

Aprender a SER.


Asegura el Dr. Delors que la educaci�n tiene una doble misi�n: "Ense�ar la diversidad de la especie humana y contribuir a una toma de conciencia de las semejanzas y la interdependencia entre todos los seres humanos. Desde la primera infancia, la escuela debe, pues, aprovechar todas las oportunidades que se presenten para esa doble ense�anza".

Resulta evidente que, a trav�s de la educaci�n, debemos ayudar a los ni�os y ni�as a crecer como personas libres, con capacidad cr�tica, exigiendo lo mejor que cada uno puede aportar de s� mismo a la sociedad, ayudando a formar su car�cter y a que aprendan a conducirse razonablemente a trav�s de la interiorizaci�n de roles y valores morales y sociales.

La educaci�n potencia las posibilidades que la naturaleza, la herencia o el entorno han ofrecido al ni�o o la ni�a. Nunca debe tratar de cambiarle seg�n un patr�n dado, sino estimular en �l o ella lo mejor de lo que lleva en s� mismo, encauzando y enriqueciendo su potencial.

A trav�s de la educaci�n podemos formar nuevas generaciones que conozcan y comprendan el mundo y se comprometan a mejorarlo d�a a d�a. Apoy�ndose en el conocimiento de las diferentes culturas y los nuevos conocimientos que aportan las disciplinas cient�ficas, human�sticas y art�sticas debe adaptarse a los nuevos retos y oportunidades de la sociedad contempor�nea en la que los cambios se suceden de forma r�pida.

Sin duda, la Educaci�n es mucho m�s que la adquisici�n de conocimientos de las diferentes disciplinas y nunca debe confundirse con la instrucci�n, mas en este tramo etario.

LA SOCIEDAD EN EL MUNDO ACTUAL

Si educamos al ni�o o la ni�a para la vida en sociedad, debemos reflexionar sobre el tipo de sociedad en la que va a desenvolverse, sus roles, normas, pautas y valores, adem�s de las peque�as sutilezas impl�citas en los aspectos relacionales.

Para conseguir una idea aproximada del tipo de sociedad futura debemos basarnos en el conocimiento de las culturas actuales y los cambios r�pidos que hoy se producen en las costumbres, las normas y las relaciones sociales. Sobre todo es importante observar los problemas y los motivos que los provocan para promover una educaci�n encaminada a mejorar la sociedad actual.

En la era de la comunicaci�n el 20% de la poblaci�n disfruta de la mayor�a de bienes y riquezas del planeta. Un porcentaje elevad�simo de mujeres se encuentra en situaci�n de inferioridad con respecto a los varones y m�s de 100 millones de ni�os y ni�as est�n sin escolarizar, mientras otros 100 millones no llegan a terminar los estudios primarios.

Se estima que en el mundo existen 800 millones de analfabetos que, habitualmente se hallan en situaci�n de pobreza extrema y, en muchos casos, est�n sometidos a explotaci�n. Esta poblaci�n menos favorecida est� compuesta por los sectores marginales de los pa�ses m�s desarrollados y gran parte de la poblaci�n de Africa, Asia y Am�rica Latina, donde mueren al a�o millones de ni�os y ni�as a causa de enfermedades de f�cil curaci�n, por falta de alimentos o v�ctimas de alg�n tipo de violencia.

En el planeta hay una clara desigualdad en la distribuci�n de riquezas de todo tipo. En los pa�ses m�s pr�speros un amplio sector de la poblaci�n dispone de formaci�n acad�mica superior, la mayor�a de hogares poseen ordenador, comunicaci�n por Internet, televisi�n interactiva, telefon�a fija y celular y otros adelantos tecnol�gicos que les dan acceso al conocimiento y a la cultura.

Las zonas con recursos materiales disfrutan de los avances de las ciencias consiguiendo sociedades democr�ticas con mayor libertad y dinamismo.

En estas comunidades hay una tendencia muy extendida al consumo exagerado y a la competitividad desmesurada, el estr�s est� generalizado afectando incluso a la poblaci�n infantil. Los excesos en la alimentaci�n, el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas ha disparado el n�mero de enfermedades. Los problemas de inestabilidad emocional son numerosos, la ansiedad y la depresi�n est�n muy extendidas y el porcentaje de casos de suicidios es superior al de �pocas anteriores. Ha decrecido en cantidad y calidad el tiempo que las madres y padres dedican a sus hijos e hijas en la misma progresi�n que aumenta la cantidad de bienes materiales que les ofrecen, siendo �ste uno de los problemas que los soci�logos analizan cuando argumentan que la instituci�n familiar est� en crisis.

Estos pa�ses m�s avanzados est�n sufriendo otra gama de "enfermedades": la violencia e inseguridad ciudadana, el racismo y los movimientos xen�fobos, los problemas de drogadicci�n y narcotr�fico, la emigraci�n que suele crear guetos de miseria en los per�metros de las grandes ciudades, el grave deterioro del medio ambiente, y un largo etc.

Las desigualdades entre pa�ses ricos y pobres amenazan el equilibrio del planeta ya que los m�s desarrollados parecen tener como objetivo aumentar su abundancia (que no parece ofrecer felicidad generalizada entre la poblaci�n), mientras los desfavorecidos cada vez se ahogan m�s en la frustraci�n, la decepci�n, la amargura, el des�nimo y la impotencia.

Hoy, que tanto hablamos de la aldea global, debemos ser conscientes de que nuestro planeta es uno solo y de que los efectos negativos de los desequilibrios nos terminan afectando a todos porque un conflicto b�lico o la hambruna de una zona provoca una emigraci�n masiva de sus ciudadanos hacia lugares m�s pr�speros que aumentar�n los problemas antes mencionados, o los resultados de los �ndices de las bolsas de Tokio o Nueva York desestabilizan la econom�a de la mayor�a del planeta, por citas algunos ejemplos.

Ya que cualquier conflicto, problema o injusticia puede afectarnos a todos, todos somos responsables de promover los VALORES HUMANOS que consigan la solidaridad, la apertura y la tolerancia a otras razas y culturas. Compartir con los pa�ses m�s desfavorecidos parte de la riqueza y los conocimientos y, a trav�s de la solidaridad conseguir justicia, igualdad y mayor libertad para todos los pueblos de nuestra aldea global. Porque juntos, y a trav�s del di�logo podemos buscar soluciones a las diferencias que existan y podemos realizar acciones conjuntas para frenar el deterioro del medio ambiente.

La soluci�n a los graves problemas del mundo actual se halla en la EDUCACION y, como explic�bamos en el primer cap�tulo de esta Justificaci�n, los responsables somos los Agentes Educativos. Como nos recuerda un proverbio oriental: "Si deseas prosperidad para un a�o, planta arroz. Si deseas prosperidad para diez a�os, planta arboles. Pero si lo que deseas es prosperidad para toda la vida, educa a las nuevas generaciones".

EDUCACI�N EN VALORES

Cada ni�o o ni�a es un ser humano �nico, original e irrepetible, el m�s perfecto y bello producto de la Naturaleza. Tambi�n, y debido a las influencias del ambiente, llega a ser el producto de la cultura en la que se desenvuelve.

En el mundo civilizado, en especial en el medio urbano, la formaci�n del ni�o o la ni�a se desarrolla de forma distinta a lo dispuesto por la Naturaleza. La satisfacci�n de su existencia depende tanto de su persona como del entorno que le rodea, y este ambiente externo ha de serle favorable de modo que no amenace su seguridad, ni obstaculice su necesidad de satisfacci�n.

La educaci�n debe respetar y potenciar la individualidad del ni�o o la ni�a pero teniendo en cuenta que no es un ser aislado sino un sujeto social que nace y crece en comunidad y evoluciona hacia la independencia en funci�n de la calidad de relaciones humanas que establezca.

El ni�o o ni�a dispone de naturaleza sociable desde que nace, est� concebido para la convivencia. A medida que crece va siendo capaz de asumir responsabilidades como miembro de la sociedad y de aportar a �sta su originalidad, que nunca debe confundirse con ego�smos caprichosos.

Partiendo de esta premisa y sabiendo que el ni�o o ni�a cuando nace desconoce los roles, las normas, las pautas y los valores morales y sociales de su comunidad, los agentes educativos nos convertimos en facilitadores de experiencias y relaciones que facilitan su progresiva madurez social.

Podemos definir un valor como un elemento real, deseable, objetivo y conveniente al ser humano que lo interioriza a trav�s de la experiencia individual y se convierte en una norma moral de conducta.

La persona, a trav�s de su experiencia selecciona. Elige y hace suyo un sistema de valores que le ayuda a desarrollar una conciencia moral y a adquirir el compromiso individual de organizar su conducta llev�ndolos a la pr�ctica.

La educaci�n, como se ha menciona en apartados anteriores, est� cargada de un contenido moral que ofrece una gu�a de conducta al ni�o o la ni�a desde su primera infancia promoviendo la madurez interna necesaria para adquirir una conciencia moral aut�noma.

El peque�o o peque�a, en las primeras etapas del desarrollo, se abre al conocimiento de s� mismo, del mundo que le rodea y de las personas de su entorno, es decir, se educa influenciado por el ambiente en que se desenvuelve. Este ambiente debe ofrecer unos modelos de roles y valores positivos aceptados por la comunidad, ayud�ndole a alejarse de los valores negativos, las fuerzas destructivas o los contravalores.

Siempre es positivo recordar el art�culo 2� de la Declaraci�n Universal de los Derechos Humanos de 10 de Diciembre de 1.948 que nos ofrece una visi�n universalista de los valores:

"La educaci�n tendr� por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales, favorecer� la comprensi�n, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos o religiones y promover� el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz".

LA EDUCACI�N TEMPRANA EN VALORES

Resulta evidente que la educaci�n es ante todo un viaje interior, cuyas etapas corresponden a las de la maduraci�n constante de la personalidad. Maduraci�n en la que iremos adquiriendo y consolidando conocimientos y actitudes en las que basaremos nuestros comportamientos y acciones.

Del mismo modo resulta b�sico aprender a vivir juntos, para lo cual ser� imprescindible educar desde la primera infancia las normas por las que se rige, o deber�a regirse, esta convivencia. Si Educaci�n Temprana la hemos definido en multitud de ocasiones como aquella encaminada a "desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y f�sica del ni�o hasta el m�ximo de sus posibilidades", podemos afirmar que es aquella encaminada al desarrollo de la personalidad, y de los valores que nos permiten la convivencia, hasta el m�ximo de sus posibilidades.

Los logros fundamentales del desarrollo de la personalidad en educaci�n temprana consisten en la formaci�n de la autoconciencia y de una indudable subordinaci�n y jerarquizaci�n de motivos. Gracias a esto el ni�o y la ni�a adquieren un mundo interior bastante estable, que les permite una activa y consciente participaci�n en el mundo que les rodea e imprime una determinada tendencia a toda su conducta.

La condici�n fundamental para poder hablar de una formaci�n de la personalidad en esta edad es que su comportamiento puede ser previsto, lo cual implica una direcci�n del comportamiento. El punto central de esta formaci�n es la observancia de reglas de conducta que son socialmente aceptadas, normas que los ni�os y ni�as asimilan en su actividad y en la comunicaci�n con los adultos y el mundo circundante, y que les permiten regular su conducta de manera mucho mas efectiva que en etapas posteriores

Desde este punto de vista, los valores se conforman en el proceso de desarrollo del individuo, a partir de sus etapas mas tempranas.

Dentro de esta concepci�n los valores son infinitos, en el sentido en que es infinita la realidad objetal e ideal. Ello hace que realizando acciones que abarquen una gama importante de aspectos de la realidad, se est�n sentando las bases para la formaci�n de m�ltiples valores. Dentro del enfoque "global del ni�o o ni�a" se instauran las premisas de los distintos valores espec�ficos que van a caracterizar al ser humano adulto, sin que se pueda pretender hablar de valores espec�ficos en tan tiernas edades.


LOS PROGRAMAS DE FORMACION DE VALORES

Los programa educativo para la formaci�n de valores en edades tempranas han de ser sencillo de llevarse a la pr�ctica, ofrecer un modelo positivo de roles y transmitir cualidades o virtudes fundamentales. En un mundo cada d�a mas globalizado han de ser universales. Han de poder adaptarse a las diferentes culturas y comunidades.

La formaci�n de valores en la educaci�n temprana debe realizarse de la misma manera en que se conforman los h�bitos, habilidades, conocimientos y capacidades, y mediante los mismos procesos y procedimientos educativos, ESTO ES DE MANERA GLOBALIZADA. En los primeros a�os de la vida los valores, como todo en el ni�o, tienen un enfoque globalizado, al igual que sucede con los conceptos, las normas, las nociones, las capacidades, habilidades y otras formaciones psicol�gicas, porque la actividad del ni�o y la ni�a en estas edades tiene un car�cter generalizado. Solo en el final de la edad preescolar es que se comienza a plantear una diferenciaci�n de estos valores globales, en la medida en que el desarrollo afectivo y cognoscitivo permite un conocimiento y una vivencia mayor de la realidad circundante. Igualmente, han de tratarse con la misma intensidad que estos,�

Hemos considerado la globalizaci�n a trav�s de los siguientes valores:


Respeto

Colaboraci�n

Solidaridad

Participaci�n

Adaptaci�n

Autocontrol

Valoraci�n

Observaci�n

Cuidado

Comprensi�n

Ayuda

Compromiso

Responsabilidad

Defensa

Concienciaci�n

Adquisici�n aptitudes positiva


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Pretendemos ofrecer a los ni�os y ni�as la oportunidad de elaborar y buscar conocimientos apreciando la importancia y el valor de �stos por s� mismos y su utilizaci�n en la vida diaria.

Un programa dirigido a ni�os y ni�as de estas edades tempranas no puede ser uniforme, por ello hemos elegido actividades que, con estrategias sencillas, puedan individualizarse y adaptarse con facilidad a las necesidades comunes del grupo que lo desarrolla y a las individuales de cada ni�o o ni�a.

Los verdaderos protagonistas del programa son los ni�os y ni�as a quienes va dirigido y �nicamente ha de servir al fin de que �stos integren los valores sociales y morales

El juego constituye la actividad principal del desarrollo en la edad preescolar, y mediante el mismo el ni�o o ni�a aprende las relaciones mas importantes de la realidad. Por lo tanto, la formaci�n de valores en estas edades ha de organizarse de manera l�dica y en la propia actividad, si bien la concientizaci�n y verbalizaci�n como fase final del proceso de formaci�n, ha de significar el momento metodol�gico que culmine un determinado nivel de adquisici�n.

Como toda formaci�n psicol�gica, es imposible actuar directamente en la estructuraci�n de los valores, al igual que lo es en el de las capacidades o la motivaci�n. Para ello es necesario llevar a cabo actividades bien organizadas y concebidas metodol�gicamente, que permitan que los ni�os y ni�as se orienten por s� mismos en su realizaci�n, base de orientaci�n que se transfiere a cualquier otra actividad semejante, y que progresivamente forma la capacidad, el motivo o el valor en dependencia de que es lo que se pretenda formar. Constituye un error conceptual plantearse el trabajo directo en la formaci�n de valores, y lo que se hace es trabajar en las habilidades, h�bitos, conceptos, nociones y vivencias que van a dar como resultado la formaci�n del valor.

Los valores realmente no se ense�an como tales, sino que surgen como consecuencia de la realizaci�n de actividades que sean de inter�s para los ni�os y ni�as y en las cuales se realizan acciones que van actuando sobre la composici�n de estos futuros valores. Cuando en un juego de roles o en una dramatizaci�n "el h�roe" ayuda al amigo desvalido, se est�n realizando hechos que ejercen una determinada influencia sobre la concepci�n de lo que es la amistad y la solidaridad humana, que paulatinamente, y por la repetici�n y enriquecimiento de esta actividad, van convirti�ndose en lo que posteriormente ha de constituir un valor en la personalidad.

El valor como tal se conoce, se aprende y se elige en las acciones de la vida cotidiana, por los comportamientos que los ni�os y ni�as asimilan y por los que observan en los adultos, y su formaci�n puede darse de manera espont�nea, o dirigirse pedag�gicamente. Esto �ltimo garantiza que el valor individual concuerde con lo que constituye la norma o valor social.

Si las actividades que se propician para la formaci�n de los valores se acompa�an de satisfacci�n y bienestar emocional, el ni�o y la ni�a tender� a repetirlas, y se convierten en habituales en la medida en que pasan a formar parte del sistema regulador de la conducta.

Es decir, que la formaci�n de h�bitos y realizaci�n de actividades dirigidas a formar valores deben desarrollar sentimientos y vivencias, y no solo reforzamientos externos para orientar su conducta. En este sentido, los conocimientos por s� solos no garantizan la formaci�n del valor, sino que han de acompa�arse de vivencias emocionales, que expresan en este plano la unidad de los procesos afectivos y cognoscitivos.

Por todo lo expuesto, afirmamos que las actividades dirigidas a formar los valores deben ser ricas, estimulantes y propiciadoras de vivencias emocionales positivas, constituyen la v�a educativa ideal para alcanzar una formaci�n de verdaderos valores, que los ni�os y ni�as expresen en las mas dis�miles condiciones de la vida, regulando su comportamiento a�n en aquellas que no les fueron ense�ados.

Teniendo en cuenta las caracter�sticas de la edad (tiempos de excitaci�n e inhibici�n, del sistema nervioso b�sico de los ni�os) y que los ni�os y ni�as trabajar�n aquello que conecte con su inter�s, hemos "enmarcado la educaci�n en valores" en el "club de los ni�os cuidadores del planeta tierra" porque en estas edades sienten gran atracci�n por la naturaleza (animales, plantas, etc. ) y responden f�cil y favorablemente a sus est�mulos.

�POR QU� LA EDUCACI�N AMBIENTAL?

El mundo que nos rodea constituye una totalidad, una diversidad y una unidad. Es una totalidad porque abarca todos los fen�menos naturales e ideales que existen, que se expresa en una diversidad extraordinaria de hechos, objetos e individuos, a veces muy dis�miles entre s�. Sin embargo, entre todos existe una unidad, y cada hecho o fen�meno de la realidad est� intr�nsecamente relacionado con los dem�s, y la variaci�n o el cambio en uno de ellos determina un cambio en el sistema, que inicialmente poco perceptible puede, de manera paulatina, convertirse o alcanzar una dimensi�n incalculable.

Este enfoque dial�ctico del desarrollo marca la totalidad, diversidad y unidad del mundo que nos rodea, por lo que cualquier acci�n que se haga en el mismo, sea en el plano f�sico o qu�mico, biol�gico, psicol�gico o social, por nombrar algunos, ejerce una influencia sobre los otros, modific�ndolos, cambi�ndolos, transform�ndolos. En el sentido que esa acci�n sea positiva, as� se estar� garantizando un desarrollo apropiado, en la medida en que sea negativa, se sientan las pautas para su degeneraci�n, e incluso, su extinci�n.

El hombre, el ser humano, es la mayor y mas importante totalidad, diversidad y unidad del universo. Como organismo constituye una unidad bio-psico-social, y en la que el medio que le rodea constituye la fuente de su desarrollo, es producto de ese medio, y a su vez es la �nica especie capaz de transformar el medio que lo ha creado. Esta potencialidad de modificar el ambiente que le rodea es una cualidad �nica del ser humano. Esto hace que el conocimiento de ese medio, de sus fuerzas y leyes, de sus particularidades y condiciones, sea de importancia crucial.

El hombre, a pesar de esto, a veces act�a como si desconociera este hecho cient�fico, y depreda el mundo que le rodea, sin valorar el alcance de tales acciones depredadoras, as�, el agujero de la capa atmosf�rica de ozono es cada vez mayor, la tala indiscriminada de los bosques contin�a, avanza el proceso de desertificaci�n de la tierra y salinizaci�n de las aguas, se est� dando un calentamiento mundial de la atm�sfera y una consecuente elevaci�n del nivel del oc�ano que hace peligrar incluso la existencia de peque�os pa�ses costeros, entre tantos y tantos efectos negativos que la posibilidad del hombre de actuar sobre el medio que ha creado.

Esto hace que el conocer ese medio y como actuar inteligentemente para preservarlo sea una tarea fundamental en los inicios del milenio.

LA EDUCACI�N AMBIENTAL, UNA NECESIDAD DEL DESARROLLO

Una de las formas que el ser humano tiene a su alcance para evitar la visi�n apocal�ptica de un mundo que cada vez se vuelve mas depauperado, es lograr que cada uno de los hombres posea una apropiada educaci�n ambiental, y que act�e consecuentemente con sus postulados. Desde este punto de vista la misma se convierte en una necesidad del desarrollo y una imprescindible tarea de la educaci�n.

La educaci�n ambiental comprende tres aspectos fundamentales:

1.-El conocimiento cient�fico del medio circundante. No es posible actuar sobre algo si no se conoce como es, por lo que el conocimiento del mundo que le rodea desde una apropiada base, constituye el primer pelda�o de la educaci�n ambiental. Ello hace indispensable conocer las leyes, los factores condicionantes, los principios, las explicaciones racionales y cient�ficas de los hechos y fen�menos del mundo material, animado e inanimado. Sin esta base de conocimiento no es posible actuar sobre el medio circundante o dirigir de manera adecuada las acciones.

2.-El conocimiento de los medios y acciones para preservar el medio que nos rodea. Una vez en posesi�n de c�mo son los hechos y fen�menos del mundo natural, se impone saber como actuar y a trav�s de que v�as para preservarlo, mantenerlo y enriquecerlo. De esta manera las acciones a realizar se pueden hacer de forma mas efectiva y con menos esfuerzos y recursos que cuando se desconocen las particularidades de los fen�menos.

3.-Formaci�n de normas, principios y valores respecto al cuidado y preservaci�n del mundo natural. De nada vale que conozcamos el mundo que nos rodea y que sepamos como actuar para preservarlo, si no existe una actitud al respecto, si no se ha formado la conciencia y la valoraci�n de porqu� hay que hacerlo, esto es quiz�s el aspecto mas importante de la educaci�n ambiental.

LA EDUCACI�N AMBIENTAL EN LOS NI�OS Y LAS NI�AS DE 2 A 6 A�OS

El programa de educaci�n temprana ha de tener como una de sus prioridades la educaci�n ambiental, por la significaci�n que la misma tiene no solo para el desarrollo, sino incluso para la propia supervivencia del g�nero humano.

Esta educaci�n ambiental se logra mediante los m�s diversos contenidos, que deben estar considerados en el programa, y que impliquen la formaci�n de conocimientos apropiados, de formas de acci�n para la preservaci�n del mundo natural, y de normas y valores respecto a su conservaci�n.

Esto ha de estar comprendido dentro de los contenidos del conocimiento del mundo natural y social, en el cual los ni�os y ni�as aprendan los hechos y fen�menos de la naturaleza animada e inanimada, las funciones del organismo, la interrelaci�n entre el medio y su salud y nutrici�n, el ciclo continuo de la vida, entre otras tantas cosas. As�, cuando el ni�o aprende y observa en el germinador como nace una planta de una semilla, y como las condiciones de luz, calor y humedad act�an sobre la misma, asimismo est� adquiriendo conciencia de las leyes del mundo vegetal. O cuando descubre que un pedazo de hielo coloreado se diluye en el agua sin dejar rastro de s�, est� aprendiendo como se puede contaminar una fuente de vida como es el agua, descubriendo as� leyes del mundo f�sico. Y si se le posibilita distinguir que existe una relaci�n entre la forma y la estructura de un animal de acuerdo con su medio como sucede con un oso polar, est� incorporando principios del mundo animal. Lo importante y fundamental es que siempre la explicaci�n de los hechos y fen�menos se hagan sobre una base verdaderamente cient�fica, sin proporcionar respuestas de tipo m�gico, m�stico o que solamente tengan un fundamento emp�rico.

Pero si a este ni�o o ni�a se le ense�a que si alimenta al animal este se vuelve cada vez mas grande y saludable, si aprende que proporcionarle agua, cuidados y atenci�n hacen cada vez mas hermosa a las plantas, si aprende las relaciones entre sus acciones y los conocimientos que posee para actuar sobre las cosas y seres del mundo que le rodea, y de ello se deriva un mejor desarrollo de los mismos, asimismo estar� consolidando su aprendizaje de los medios y acciones para preservar dicho mundo. Por eso no basta que en el contenido del programa se incluyan los conocimientos, sino tambi�n como actuar sobre el mismo.

A su vez, y lo mas importante, que sobre este conocimiento intelectual se consoliden emociones y sentimientos de amor hacia las plantas y los animales, hacia lo bella que es la naturaleza y el mundo que le rodea, y que esta belleza ambiental es un don que le ha sido dado y que cada ni�o y ni�a debe aprender a amar y conservar. Solo as� se garantiza que el conocimiento se interiorice y se imbrique con lo afectivo-motivacional, y se garantice una apropiada educaci�n ambiental.

Esto ha de empezar incluso desde que el ni�o da sus primeros pasos y la educadora dulcemente le dice que no maltrate las hojas o que no golpee al animalito que se le muestra en la actividad pedag�gica, y se concatena posteriormente con contenidos dirigidos al conocimiento como tal y a las formas de actuar, en numerosas acciones de la vida cotidiana: el cuidado del huerto, la alimentaci�n de los pececitos y pajaritos, la higienizaci�n del centro, en el propio juego y la actividad libre, en fin, a trav�s de todas las v�as pedag�gicas y metodol�gicas posibles.

Esto hace que la educaci�n ambiental se convierta realmente en un programa transversal y general que se desarrolla a trav�s de todas las actividades del centro, porque las mismas, de una forma u otra, se relacionan con los conocimientos, las acciones o las normas y valores de la educaci�n ambiental.

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