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EL PROCESO DE LA LECTOESCRITURA
DESDE LA ÓPTICA DE LA ESTIMULACIÓN TEMPRANA
Taller Desarrollado
por: Rosa Iglesias Iglesias
LA LECTOESCRITURA DESDE
EDADES TEMPRANAS CONSIDERACIONES TEÓRICAS-PRÁCTICAS
INTRODUCCIÓN
Cuando analizamos las aptitudes que están
presentes en el acto lector, nos damos cuenta que es una de las
actividades más complejas y completas que podemos ofrecer a los
niños. Por lo tanto no es de extrañar que constantemente se realicen
investigaciones, seminarios, congresos,
en relación a este
tema, siendo un objeto de revisión e investigación, tanto conceptual
como de las variables involucradas, procesos básicos, etc.
La lectura, es una herramienta que abre las puertas
del conocimiento, es un instrumento indispensable para tener acceso
a las diversas ramas del saber y un camino de promoción social.
De ahí, la importancia que tiene un adecuado proceso de aprendizaje
lector desde edades tempranas. Por eso le doy tanta importancia
al papel del educador cuando se inicia con los niños a enseñarle
a abrir esas puertas, esas posibilidades que es el aprendizaje
de la lecto-escritura.
El educador infantil tiene la responsabilidad,
ya sea cuando se empieza el aprendizaje reglado, como el aprendizaje
previo, de abrir esa puerta a los niños, de hacerle el primer
paso para adquirir el hábito lector que como todo hábito, es una
necesidad, la necesidad de leer todos los días, ese es
el objetivo principal que tendremos que plantear en nuestra mente
cuando estemos en el aula. El que ese niño que tenemos delante
le estamos poniendo las primeras piedras, la primera base para
crear esa necesidad, que sea una necesidad gratificante y satisfactoria
en él.
Como dice Doman "el descubrimiento
del lenguaje escrito debe ser una aventura feliz para el niño
pequeño", por lo tanto tenemos una enorme responsabilidad
cuando nos dedicamos a estas primeras edades, a estos niños que
en principio no tienen la puerta abierta al conocimiento lector
y nosotros vamos a intentar abrir esa puerta a la gran aventura
del descubrimiento del lenguaje escrito. Pero debemos tener siempre
presente que lo importante es la comprensión de un nuevo lenguaje
y no la adquisición de un mecanismo.
En la realización de este taller pretendo
mostrar la práctica educativa que hemos llevado a cabo con los
niños en los distintos momentos de su desarrollo para conseguir
una adquisición lectoescritora que le proporcione alegrías y que
le provoquen un mayor interés, posibilitando la adquisición del
hábito lector.
El hábito de la lectura no es algo innato.
El hombre no llega al mundo apreciando los libros; está es una
capacidad que desarrolla con la práctica y como consecuencia de
un modo de conducta que se le propone.
Este hábito es una conducta incorporada
que poco a poco se va enraizando en nuestras costumbres cotidianas
convirtiéndose en una exigencia, de la cual nos cuesta trabajo
prescindir. Este hábito comienza a conformarse desde las edades
más tempranas; cuando se arrulla a un bebé con nanas, cuando se
juega con él con rimas y retahílas, cuando se le relacionan con
la palabra,
y su cultivo prosigue año tras años, sin interrupción.
Es el resultado de un proceso de aprendizaje, de inculcar una
costumbre, un patrón de conducta. Pero no basta con motivar en
el niño una actitud favorable hacia la lectura, de lo que se trata
es de crear un sólido vínculo que propicie un acercamiento regular
y por su propia voluntad a los textos como medio de satisfacer
sus exigencias intelectuales y de entretenimiento.
Reflexionando sobre el párrafo anterior
nos damos cuenta de la gran labor como educadores que se nos plantea,
a la hora de llevar a cabo una práctica educativa que favorezca
positiva y gratificante el acercamiento del niño al lenguaje escrito.
Para poder llegar a una buena práctica tenemos
que estar apoyados antes en una buena teoría, en una reflexión
de porqué se hacen estas cosas. Así, antes de abordar las consideraciones
prácticas para llevar a cabo un aprendizaje lectoescrito, reflexionemos
y analicemos los contenidos teóricos que nos condicionan la práctica
educativa para llevar a cabo este aprendizaje.
En primer lugar abordaremos qué es lo que
hace una educadora o un educador cuando se encuentra que va a
enseñar a leer y a escribir a un niño.
En principio lo que nos planteamos es buscar
la información teórica, revisar todo lo que hay publicado, ver
los diferentes métodos que están editados y reflexionando, viendo
el grupo que tiene de niños y sobre todo, de acuerdo con el equipo
docente del centro (creo que eso también es muy importante, la
reflexión conjunta del equipo educativo, porque pensar lo coordinado
que tiene que estar este tipo de aprendizaje como para que un
educador en un aula haga un tipo de método que a lo mejor al año
siguiente se encuentre a un educador que haga un método distinto,
no sería ese el rumbo adecuado) al final nos encontramos con una
serie de criterios que nos determinan, cual es la metodología
más adecuada.
Una vez que la elegimos la llevamos a la
práctica, y la llevamos de una manera investigadora, en primer
lugar porque nos vamos dando cuenta de variables que son útiles
y que además los niños responden bien a ellas y otras variables
que las vamos desechando porque en ese grupo o con esos niños
no son útiles.
Poco a poco vamos recreando esa metodología,
e iremos buscando recursos nuevos y puede que, de hecho he conocido
bastantes casos en que encuentran unos caminos nuevos que a lo
largo del tiempo se dan cuenta que es una aportación, a lo mejor
pequeña o grande porque de todo hay, y la dan a conocer.
Antes de darla a conocer se necesita otra
vez esta reflexión, el ver lo que se ha hecho, estructurarlo para
darlo a conocer al resto y poder participar toda la comunidad
educativa de estas investigaciones, de estos adelantos en el aula.
Por eso, el proceso que normalmente se sigue es de la teoría,
a la práctica para retomar a la teoría.
Nuestra experiencia educativa y las necesidades
e intereses de los niños con los que estamos trabajando, nos hicieron
recapacitar sobre la necesidad de elaborar un método de aprendizaje
lector en el que confluyeran de forma coherente y lógica todas
aquellas actividades que se estaban llevando a cabo en los distintos
niveles educativos del centro, y que de alguna forma no estaban
siendo lo suficientemente conjugadas entre sí
El plantearnos la elaboración de un método,
lo consideramos el paso fundamental y básico para armonizar las
experiencias que estamos realizando en cuanto el proceso lector
de nuestros niños, dándole el aporte científico necesario y recapacitando
y reflexionando sobre cada uno de los pasos a seguir.
Como he dicho anteriormente, la sistematización
de las cosas es importante, no sólo porque de esta manera se gradúan
las dificultades, sino también porque el control de error es más
riguroso, y de esta forma, la ayuda que se presta al niño es,
generalmente, la más adecuada.
A continuación vamos a ofrecer una serie
de explicaciones que ayudan a comprender y esclarecer no pocas
dudas acerca de los procesos fundamentales que permiten descifrar
la compleja función lectora. Para ello se integran las aportaciones
de la fisiología, la psicología y la didáctica.
Lo primero que tenemos que tener claro
y plantearnos es: ¿qué es lectura?, ¿qué factores intervienen
en la madurez para la lectura?, ¿cuáles son los metodologías lectoras?,
¿qué metodología seguimos? Y ¿cuándo comenzamos?
¿Qué es la lectura?
La lectura supone una indagación y un descubrimiento
realizado sobre un objeto manifiestamente comunicativo. Toda lectura
se ejerce sobre un material previamente preparado y ordenado según
las reglas comúnmente aceptadas del lenguaje utilizado por el
autor.
Leer no sólo identificar un repertorio
de signos que conforman un alfabeto y poder agruparlo en sílabas,
palabras y frases; leer no es únicamente vocalizar esas letras.
Leer es mucho más, leer es: comprender, interpretar, descubrir
y disfrutar.
Una lectura que permaneciera en un puro
nivel comprensivo no pasaría de ser un acto informativo,
puntual y estático. La nota reflexiva es la que da a la lectura
su dimensión dinámica y formativa.
El lector a su vez recrea, construye
de nuevo, partiendo de los signos gráficos, las imágenes, sentimientos
y pensamientos que impregnan con su propia subjetividad.
Factores para la madurez lectora
Situado el aprendizaje de la lectura
como un proceso gradual, nos preguntamos cuáles son los factores
intervinientes en ese aprendizaje, sobre su importancia, así como
por la relación que se establece entre todos ellos.
La madurez tiene sentido en el momento
en que entendemos al niño como un ser en desarrollo, como
individuo que modifica su organización neurológica, sus formas
de pensamiento, su afectividad, sus intereses, etc. La madurez
supone el estado óptimo, para acometer una actividad, un
aprendizaje, que precisa de un repertorio de aptitudes y conductas
precias.
Encuadrado el concepto biológicamente,
la madurez es una función del tiempo, que si bien requiere
condiciones ambientales apropiadas para que se dé, es bastante
independiente, en cuanto a la posibilidad de ser acelerada, retrasada
o modificada.
A la hora de llevar a cabo nuestro trabajo
nos hemos sustentado en la teoría de J. DOWNING y D. V. THACKRAY
(1974) , los cuales definen la madurez para la lectura como:
«El momento del desarrollo en que,
ya sea por obra de la maduración o de un aprendizaje previo, o
de ambos, cada niño individualmente puede aprender a leer con
facilidad y provecho».
La madurez así entendida nos da pie a la
intervención, pues se admiten tanto las disposiciones independiente
de la acción del entorno educativo como los aprendizajes que en
él pueden darse y las dos pueden contribuir a la aparición de
la disposición lectora.
El aprendizaje de la lectura, no obstante
puede ser algo distinto a la lectura en sí misma. La metodología,
el ambiente pedagógico y las actitudes del profesor en la medida
en que contribuyen a que se den aprendizajes previos preparatorios
y necesarios, no han de contentarse con la espera, sino que han
de ejercer un papel activo cara al logro de la disposición óptima
para la lectura.
Metodológicamente, la madurez para la lectura
marcaría en todo caso la frontera propiamente dicha. Esta última
la situaríamos en el nivel de descifrado o paso de un código
de signos escritos a un código de signos hablados. La madurez
así entendida sería, respecto a la lectura, el punto antes del
cual es difícil, laborioso y poco eficaz realizar una actividad
de descifrado de signos gráficos y después del cual un retraso
en la enseñanza no tiene un valor significativo.
I.3.1 Factores fisiológicos
Dentro del apartado de los factores fisiológicos
que contribuyen y posibilitan la maduración, preocuparon desde
hace tiempo las posibles diferencias debidas al sexo.
La precocidad madurativa de las niñas respecto
as los niños, detectadas por algunas investigaciones descritas,
se fundamenta en una mejor disposición femenina para la dominancia
del hemisferio izquierdo y en el hecho de que la lectura realizada
por ese hemisferio se hace con menos errores y más comprensivamente
que con el derecho. Esta hipótesis no demostrada aún relaciona
la variable sexo con la dominancia cerebral y la lateralización
y se apoya en que las mujeres están más intensamente lateralizadas
que los hombres (71 por 100 mujeres, 48 por 100 varones, BUFFERRY,
1975).
Neurológicamente no está demostrada la
localización de un centro de control cerebral de la lectura y
parece poco probable que exista ese lugar común. Sin embargo,
no parece existir ninguna duda respecto de la existencia de zonas
de lenguaje en el hemisferio izquierdo del cerebro y de su implicación
en el aprendizaje de la lectura.
Una correcta lateralización
o, como mínimo, un grado significativo de preferencia por uno
de los lados, ha sido reclamado como prerrequisito indispensable
para un buen aprendizaje de la lectura. Este argumento se basa
en la constatación de que las dificultades en la lectura aparecen
más frecuentemente en los individuos que presentan inseguridad
en la orientación o arbitrariedad en cuanto a los movimientos
oculares de rastreo, y el hecho de que esta situación está ligada
a una indiferenciación hemisférica cerebral. En esta situación,
ambos hemisferios se interfieren e impiden construir un esquema
unívoco de abordar el análisis de las relaciones espaciales y
la direccionalidad de los movimientos.
En toda clase de actividad codificada -convencional-
pueden aparecer entonces trastornos debidos a la insuficiente
jerarquización cerebral, manifestándose consecuentemente en la
lectura, el deletreo, la escritura, etcétera, y adoptando comúnmente
formas de inversión, transposición, omisión.
La visión, juntamente
con la audición están también comprometidas en el
acto lector. Los defectos visuales, así como las hipoacusias,
pueden condicionar el aprendizaje de la lectura. Parece que en
general, y respecto a la visión, hay poca relación entre los defectos
visuales y la capacidad de leer, únicamente tienen cierta incidencia
la falta de agudeza visual para ver de cerca y el equilibrio muscular
deficiente en el ojo.
Durante el acto lector los movimientos
oculares son discontinuos e irregulares. Las impresiones visuales
llegan al cerebro en los momentos de pausa, cuando la imagen se
detiene en la retina. Los ojos efectúan de cuatro a diez pausas
a lo largo de una línea de longitudes normal.
Consecuentemente e independientemente de
la incidencia de defectos visuales en el aprendizaje de la lectura,
existe un factor de madurez ocular relacionado con el tomo muscular
y la automatización de los «barridos oculares», ya que no se
lee letra por letra, sino por una percepción global, sincrética,
que recae sobre los primeros signos y sobre la primera mitad de
las palabras.
La discriminación auditiva como factor
interviniente en el aprendizaje de la lectura ha merecido también
la atención de los especialistas.
I.3.2 Factores intelectuales
La complejidad de la lectura incluye el
desarrollo de capacidades de comprensión, interpretación, conceptualización,
resolución de problemas y razonamiento. No es de extrañar, pues,
que se presuponga una inteligencia general y alguna específica
suficientemente desarrollada para abordar el aprendizaje lector
y, por tanto, que en la madurez para la lectura se incluya como
elemento constitutivo el factor inteligencia.
Existe relación entre inteligencia general
y lectura, pero parece abusivo inferir una causalidad unidireccional.
Más aun, no puede despreciarse la hipótesis concurrencia de terceros
factores intervinientes y no tenidos en cuenta.
La cuestión es, pues, decidir cuál es el
momento idóneo, desde el punto de vista intelectual, para iniciar
el aprendizaje.
Podemos decir que solamente se puede hablar
de una edad concreta para el aprendizaje de la lectura según
una determinada medida de la inteligencia, en relación a un método
definido y un material didáctico y de lectura específico.
I.3.3 Factores psicológicos
La adquisición de un buen esquema corporal
y la consecuente orientación en el espacio es condición para
un buen aprendizaje de la lectura.
El niño debe haber superado el estadio
de referencia al propio cuerpo y ser capaz de orientar objetos
entre sí adquiriendo la noción de relatividad en la posición de
éstos. Corresponde esta situación a una correcta organización
perceptiva-motora como base de las estructuras témporo-espaciales.
El aspecto temporal de estas estructuras viene dado por las percepciones
visuales.
Probablemente se ha exagerado el
vínculo directo entre psicomotricidad y lectura, pero es evidente
que la implicación de este proceso de desarrollo psicomotor afecta
a las condiciones necesarias para una madurez aceptable.
Hemos hablado anteriormente de la visión
y la audición como funciones fisiológicas, pero conviene a la
vez analizar el factor psicológico de la percepción visual y auditiva
respecto a la madurez lectora.
Las investigaciones concluyen que la percepción
auditiva es más importante que la visual; que la importancia de
la percepción visual es mayor en los estadios iniciales del aprendizaje
lector; que la discriminación de letras es una condición básica
para el buen aprendizaje de la lectura, que las pruebas de análisis
fonético son las que dan unos valores predictivos más altos y
que una deficiencia de percepción auditiva comporta un cierto
problema en el aprendizaje de la lectura.
I.3.4 Factores emocionales
En algunas ocasiones, junto al fracaso
en el aprendizaje de la lectura, aparecen simultáneamente indicios
que hacen pensar en trastornos emocionales o de la personalidad.
Difícil es deslindar cuándo esos trastornos son causa o consecuencia
de la dificultad de aprendizaje. En cualquier caso, toda tarea
larga, sistemática, progresiva y con cierto grado de complejidad
la lectura reúne esas características, requiere un equilibrio
emocional, una motivación y un grado razonable de gratificación
para que el proceso siga su curso normal.
Parece que hay una serie de síntomas que
aparecen frecuentemente en los niños que fracasan, son los siguientes:
1. Timidez muy acentuada, se ofende
fácilmente, pronto a ruborizarse, tiene maneras curiosas y egocéntricas,
sentimientos de inferioridad.
2. Indiferente, inclinación a la sumisión,
desatento, aparentemente perezoso.
3. Distante, sueña despierto, tiene
reacciones evasivas, forma parte de pandillas, falta a la escuela,
se aleja de la sociedad.
4. Tensión nerviosa, hábitos nerviosos,
tales como morderse las uñas, inquietud, tartamudeo, insomnio.
Probablemente, no en todos los casos, ciertas
actitudes educativas en padres y maestros pueden contribuir a
dificultar el proceso de aprendizaje lector, como pueden ser:
1. Una sobreprotección familiar puede
hacer que el niño se sienta inseguro.
2. Una educación excesivamente permisiva,
sin un mínimo de disciplina personal y hábitos, puede conseguir
que el niño se sienta inerme ante una actividad sistemática y
que requiera cierto esfuerzo.
3. Una presión excesiva por parte de
la familia o el maestro, respecto al aprendizaje, puede desanimar
al niño y conducirle a desistir del intento de aprender a leer.
En todo caso, es también seguro que el
fracaso en el aprendizaje de la lectura genera frecuentemente
un rechazo por extensión a todo lo escolar, y que el niño «no
sabe leer» puede sentirse discriminado, distinto e inferior a
sus compañeros, originando así un auténtico problema de adaptación
e integración en el grupo de camaradas y en la escuela.
Conviene estar extremadamente atentos a
estas situaciones y detectarlas, a ser posible, antes de que se
produzcan, ya que la sensación de inferioridad o fracaso, además
de comprometer todo el equilibrio emocional del niño, dificultarían
grandemente las tareas de recuperación o correctiva.
I.3.5 Factores ambientales
El ambiente que rodea al niño influye en
el grado de madurez para la lectura, puesto que es la referencia
de todas las experiencias que llenarán o no de significado a los
símbolos impresos.
La madurez se adquiere respecto a la posibilidad
de efectuar una actividad determinada, pero también orientada
y referida a intereses concretos y significativos para el niño,
que pueden ser desarrollados y satisfechos con esa actividad.
Por tanto, no le basta al maestro saber
si el niño está maduro para iniciar el aprendizaje de la lectura.
Debe saber también qué texto puede leer -no únicamente
respecto a su dificultad, sino a su significación-
Los niños aprenden mejor a leer cuando
pueden identificar con el ambiente a los personajes y situaciones
presentados en los libros y más aún cuando los textos han sido
elaborados oralmente por él mismo.
Los métodos lectores
El método es el modo de hacer algo en orden. La
finalidad en nuestro caso. Citando a Santiago Molina, es indicar
la progresión a seguir en el proceso de enseñanza aprendizaje
de la lecto-escritura y basándonos en este progreso es en lo que
se clasifican los métodos didácticos sobre el tema. Esta clasificación,
que siempre se ha seguido por la progresión, ha tenido diversos
nombres.
Es ya clásica la clasificación de SIMON
(1924), que distingue dos formas de afrontar el proceso de enseñanza
de la lectura; la analítica y la sintética.
La primera supone plantear todo el aprendizaje
desde la premisa de unidades significativas, que mediante
técnicas adecuadas y materiales específicos se desglosan sucesivamente,
siguiendo un programa, hasta llegar a la unidad mínima.
El método sintético actúa a la inversa desde
las unidades mínimas -la letra y el fonema- se pasa a estructuras
cada vez más complejas -la sílaba, la palabra y la frase-, siguiendo
un programa vertical, estratificado, en el que el manejo de las
sílabas precede un conocimiento consolidado de las letras.
Esta terminología se sigue utilizando en las aulas,
en los congresos, en todas las disertaciones que hay sobre el
tema y es complicado porque en principio, por lo menos en España,
hay dos cuerpos y dos campos muy grandes como son los psicólogos
y los pedagogos (que no tenemos que decir la importancia que tiene
cada uno en este tema de la lectura), que han utilizado la nomenclatura
de manera diferente, dando más importancia al proceso de análisis
y al proceso de síntesis. Entonces, tendríamos que a lo mejor
un mismo método, los pedagogos lo clasificaban de sintético y
los psicólogos de analítico, con lo cual pienso que todavía no
hemos encontrado la terminología adecuada para clasificar los
métodos.
En la última literatura sobre el tema, sobre
todo la anglosajona, ha empezado a utilizar otro tipo de nomenclatura
que es métodos ascendentes que los ingleses llaman botton
up o métodos descendentes llamados por los ingleses top
dawn y también, por supuesto, hablamos de los métodos mixtos.
Los métodos ascendentes, los botton up,
se centran en las unidades elementales, de las unidades elementales
vamos ascendiendo a unidades más complejas, o sea, que el nombre
lo dice asciende. Son las letras, son los fonemas, son las sílabas
y se combinan para configurar las unidades más complejas como
las palabras, las frases y los textos. Dependiendo de la unidad
inicial nos encontramos con los métodos, con los alfabéticos,
en los que la unidad que dan mayor importancia sería la grafía,
al nombre de la letra, los fonéticos que daría importancia al
fonema y los silábicos a la sílaba.
Los tipos de actividades del método ascendente
serían la discriminación de grafías, la fragmentación de palabras,
la asociación de sílabas en dibujo, la asociación de gestos con
el fonema.
El otro método o la otra categoría (el anterior
era la tesis, esta sería la antítesis) sería el método descendente,
el top dawn, lo contrario que decíamos antes, su nombre descendente
porque de unidades complejas, de alto nivel, pasamos a unidades
más simples.
La característica principales que son significativos
porque las unidades complejas siempre van a buscar que el niño
las comprenda, por eso muchísimas veces estos métodos parten de
las mismas palabras que proponen los niños, de su propio vocabulario.
Su principal objetivo es que el niño trate
de comprenderlo y fomentar un aprendizaje por descubrimiento.
Son métodos que dan más importancia a los factores psicológicos
y pueden partir de las unidades complejas, pueden ser las palabras
que ya tienen significado para el niño, las frases o textos como
cuentos.
Los tipos de actividades que se llevan con
estos métodos son: frases que dicen los niños y el educador la
escribe en la pizarra que luego el niño copia, colocación de carteles
en los que los niños pueden identificar entre varias frases que
se están trabajando, lectura de cuentos con láminas motivadoras
asociando a las partes más importantes del cuento.
| MÉTODO |
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Del DISCURSO a los ELEMENTOS
¯Presentación Sintética del discurso
¯Tratamiento Analítico del discurso
¯MÉTODO DE MARCHA ANALÍTICA O DE MARCHA DESCENDENTES
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De los ELEMENTOS al DISCURSO
¯Presentación de los elementos -descomposición analítica-
¯ Tratamiento sintético de los elementos ¯
MÉTODO DE MARCHA SINTÉTICA O DE MARCHA ASCENDENTES
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Partiendo de esta dicotomía pueden distinguirse
dentro de cada uno de ellos formas puras y mitigadas de aplicación.
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