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Conferencia MTY
Primera infancia
y las nuevas tecnologías
- Dr. Franklin Martínez Mendoza -
El extraordinario auge de la ciencia y la tecnología
en el milenio que comienza ha traído aparejado el cuestionamiento
de la necesidad de que la educación provea a las nuevas generaciones
de las posibilidades intelectuales y formativo generales para
poder asimilar tal desarrollo tecnológico, y poder así dar respuesta
a las necesidades sociales, para lo cual se plantea hacerlo incluso
en la educación desde las primeras edades.
Esto no es algo fácil de resolver, e implica ante
todo, tener una clara idea de la significación de la primera infancia
en la formación del individuo, y de hasta donde es posible influir
para la consecución del propósito anteriormente señalado. Es por
eso que es indispensable para realizar un análisis objetivo de
la cuestión el señalar algunas particularidades de la edad que
son imprescindibles conocer para afrontar dicho análisis desde
una perspectiva científica.
La primera infancia, considerada como aquella etapa
del desarrollo que abarca desde el nacimiento hasta los 6 ó 7
años, y que en la mayor parte de los sistemas educacionales coincide
en términos generales con el ingreso a la escuela, y que ha recibido
numerosas denominaciones: primera infancia, edad inicial o temprana,
edad infantil, edad preescolar, entre otras, es considerada por
muchos como el período más significativo en la formación del individuo,
pues en la misma se estructuran las bases fundamentales de las
particularidades biológicas, fisiológicas y físicas, y de las
formaciones psicológicas de la personalidad, que en las sucesivas
etapas del desarrollo se consolidarán y perfeccionarán.
Esto se debe a múltiples factores, uno de ellos
radica en el hecho de que en esta edad dichas estructuras biofisiológicas
y psicológicas están en pleno proceso de formación y maduración,
lo que hace particularmente significativa a la estimulación que
pueda hacerse sobre dichas estructuras, y por lo tanto, de las
cualidades, procesos y funciones físicas y psíquicas que dependen
de las mismas. Es quizás el momento de la vida del ser humano
en el cual la estimulación, la educación, es capaz de ejercer
la acción más determinante sobre el desarrollo, precisamente
por actuar sobre formaciones que están en franca fase de maduración.
Si esto es así, es obvio que al momento de considerar
la influencia que las nuevas metodologías y tecnologías pueden
ejercer sobre el desarrollo en estas edades tan tempranas de la
vida, se haga necesario realizar un análisis profundo de lo que
puede significar la inclusión de tales nuevos procedimientos,
y las consecuencias positivas o negativas que pueden tener sobre
el desarrollo de la personalidad en estos momentos iniciales de
su formación.
Pero primero, para abordar esta cuestión, se necesita
definir a que se le llama desarrollo, y sus particularidades en
la primera infancia, algo que constituye un aspecto que ha suscitado
grandes discusiones dentro de la ciencia psicológica de antaño
y que permanece vigente en el momento actual.
Del concepto de desarrollo en la primera infancia
El término desarrollo tiene una importante significación
no solamente dentro de la psicología y la pedagogía, sino también
dentro de la filosofía, de la sociología, de la pediatría, de
la biología y ciencias afines, etc. Pero, ¿qué es desarrollo?
Para ello se hace preciso delimitar inicialmente el concepto más
general de estructura o sistema.
Todo objeto o fenómeno de la realidad material
o ideal se presenta en la naturaleza en forma de una determinada
estructura, lo mismo en el plano físico, biológico, psicológico
o social. Esta estructura, por supuesto, se compone de elementos
que la caracterizan, y entre los cuales se establecen ciertas
relaciones. El conjunto de estos elementos, y las relaciones
que se establecen entre ellos, definen a la estructura, siendo
la relación que se da entre unos elementos y otros tan estrecha,
que basta la transformación de un elemento del sistema, o de la
Esto sucede en
cualquier aspecto de la formación del individuo, en el orden biológico
o social, en la esfera a del psiquismo, o en cualquier otro aspecto
de la actividad humana que se quiera analizar.
Ahora bien, ¿cuándo se habla de desarrollo dentro
de una estructura cualquiera?: Si la introducción de nuevos elementos
no altera la estructura previa, por no haber transformación de
las propiedades existentes entre los mismos, estamos ante lo que
se denomina crecimiento; pero si la inclusión implica un cambio
estructural, si se modifica el carácter de las relaciones que
existen entre los elementos de la estructura y surgen nuevas
relaciones internas, entonces se habla de desarrollo.
Es decir, el desarrollo implica siempre la aparición
de nuevas propiedades, de una nueva cualidad; si esto no
sucede así y lo que se da tan solo es un aumento de los elementos
sin cambios de estas relaciones, sin aparición de una nueva cualidad,
solo estamos ante un fenómeno de crecimiento.
Por supuesto, la aparición de la presente estructura
no implica en medida alguna la desaparición de la anterior, sino
su inclusión dentro de lo nuevo que ha surgido, su transformación
en función del fenómeno actual, para recomenzar el proceso de
otros cambios cuantitativos hasta el salto de una cualidad diferente.
Es decir, los elementos de la antigua estructura persisten, solo
que ahora cambia la formación de su utilización, se subordinan
a la forma actual. Más, para que surgiera esta función nueva,
era condición necesaria e indispensable la existencia de la anterior.
Nada surge de la nada, y todo lo nuevo depende de la estructura
previa, parte de lo anteriormente existente, en un proceso dialécticamente
determinado y no espontáneo.
El enriquecimiento de una estructura, su crecimiento
y perfeccionamiento, implica necesariamente el surgimiento de
nuevas funciones. Por lo tanto, si hablamos de desarrollo este
presupone siempre un perfeccionamiento, una nueva función, una
estructura cuantitativa y cualitativamente diferente y superior,
que se opera dentro del mismo proceso mediante un salto y que
presupone la utilización de las antiguas estructuras dominantes
como subestructuras dentro de la nueva.
Esta concepción del desarrollo, es de gran importancia
para el enfoque adecuado de las relaciones entre la educación
y el desarrollo, entre el desarrollo y la actividad, su significación
dentro de la primera infancia, y entre sus particularidades y
la posibilidad de inclusión de nuevas metodologías y tecnologías,
porque, de acuerdo con la concepción última que se tenga de lo
que es el desarrollo en la formación del niño, asimismo se ha
de estar valorando en que medida una determinada acción, educativa
o tecnológica, puede o no ser susceptible de realizarse.
Sobre la irregularidad del desarrollo
Otro aspecto importante, una vez definido a que
se le puede llamar desarrollo, es como este se da en el transcurso
evolutivo de la formación del niño.
Es conocido que la infancia del ser humano transcurre
en una serie de etapas cualitativamente diferentes en su desarrollo
psíquico, que permite caracterizar a cada una de ellas, establecer
sus principios fundamentales y determinar sus actividades directrices.
Este proceso por supuesto, no es regular, y durante el transcurso
de este desarrollo se dan períodos de relativa estabilidad en
que los logros y adquisiciones son poco perceptibles y relevantes,
y otros en que se dan cambios espectaculares en un breve espacio
de tiempo, y que transforman totalmente la actividad psíquica
y le confieren una cualidad cualitativamente superior.
Esta resaltante irregularidad de momentos de
cambios lentos y bruscas transformaciones va a caracterizar el
desarrollo de los niños en la primera infancia, y determina
un ritmo rápido e intenso del desarrollo, que hace que una adquisición
cualquiera en un momento dado, sea rápidamente sobrepasada y sustituida
por otra adquisición más compleja, en un término de tiempo relativamente
corto. Los momentos de relativa lentitud en la adquisición de
logros, y que han recibido tradicionalmente la calificación de
etapas, unido a los períodos de grandes y rápidas transformaciones
las crisis del desarrollo- van a caracterizar la
edad infantil, y hace la educación en estas edades tempranas un
asunto realmente complejo y que requiere de un profundo conocimiento.
A su vez dentro de una misma etapa los niños y
niñas muestran grandes diferencias individuales, que determinan
índices de desarrollo variables dentro de una misma etapa, un
diferente ritmo de apropiación y adquisición de los logros, una
distinta intensidad de cómo se manifiestan sus comportamientos,
lo cual, no solamente está relacionado con las particularidades
de sus condiciones de vida y educación, sino también con la de
sus propios componentes biogenéticos, las características de su
funcionamiento cortical y las de su actividad nerviosa superior,
relación entre los factores internos y externos típicos en cada
momento del desarrollo y que ha recibido el nombre de situación
social del desarrollo.
Esta maduración general del organismo del niño,
y en particular de su sistema nervioso (maduración que también
tiene un carácter irregular y por etapas), sin generar por sí
misma nuevas formaciones psicológicas, crea en cada momento evolutivo
las condiciones y premisas específicas para la asimilación de
una experiencia de nuevo tipo, para el dominio de nuevos procedimientos
de la actividad, para la formación de nuevos procesos psíquicos.
Asimismo, la estimulación que se ofrece y la intensificación
de la maduración que se provoca por estas condiciones de vida
y educación, de determinados sistemas del organismo, de determinadas
estructuras cerebrales, en una etapa evolutiva dada, ejercen una
influencia decisiva sobre la bioquímica cerebral, sobre la morfogénesis
de las estructuras nerviosas, en particular la mielinización de
las vías nerviosas, y el crecimiento y diferenciación de las neuronas
en las correspondientes zonas de la corteza cerebral.
Así, el desarrollo evolutivo del niño, que es dependiente
de la asimilación de la experiencia social, tiene a la vez una
profunda base orgánica que crea, por un lado las premisas indispensables
para el desarrollo, y por el otro, sufre cambios sustanciales
bajo la influencia de las peculiaridades del funcionamiento de
los correspondientes sistemas funcionales, que se realizan en
los diferentes tipos de la actividad infantil.
Dentro de esto, el tomar en consideración estas
particularidades psicofisiológicas, tiene una influencia decisiva
en que el desarrollo marche por canales apropiados, para lo cual
es necesario tomar en cuenta que:
- El organismo del niño, su cerebro en crecimiento,
y cuya maduración aún no ha concluido, tiene peculiaridades
funcionales que aún no se han creado, y cuyo trabajo es aún
limitado
- Las posibilidades del desarrollo solo se alcanzan
si los métodos y formas que se empleen se estructuran en correspondencia
con dichas particularidades psicofisiológicas.
- La estimulación solo adquiere un carácter impulsor
del desarrollo si se considera la importancia que tienen las
estructuras psicofisiológicas que se forman en cada período
evolutivo dado para el curso general de la formación por etapas
de la personalidad.
- Las nuevas estructuras específicas que surgen
en cada etapa evolutiva, pueden formarse de manera muy diferente
en dependencia de las condiciones en que se propicia la estimulación,
de las particulares condiciones de vida y educación
En el tránsito de una etapa a otra se van a dar
entonces cambios fundamentales que indican la dirección del desarrollo.
Así, en el niño y la niña:
§ Cambia su actividad principal,
lo cual va a determinar entonces que en cada etapa hay una actividad
que dirige básicamente el desarrollo,
§ Cambia el sistema de interacciones
que establece con los que le rodean en función de lo que de él
se espera en el cumplimiento de sus nuevas tareas
§ Cambia la interrelación entre los procesos
y funciones psíquicas determinando un cuadro nuevo y diferente
en la estructura de su psiquis, de su conciencia, en cada período
del desarrollo.
La caracterización psicológica evolutiva del niño
y la niña responde entonces a particularidades internas del desarrollo
en su interrelación dialéctica con las condiciones de vida y educación
como factores externos determinantes
Sin embargo, resulta necesario enfatizar nuevamente
que el desarrollo del niño es de naturaleza histórica y está socialmente
condicionado. Por lo tanto, los límites evolutivos de cada etapa,
el tiempo de inicio y culminación de los períodos de profundos
cambios, pueden variar sensiblemente en dependencia de las costumbres,
las tradiciones y las particularidades de la educación en cada
país, grandemente determinado por su nivel de desarrollo. Sería
absurdo esperar iguales particularidades y períodos en el desarrollo
de la infancia en las sociedades primitivas que en las del mundo
contemporáneo.
Igualmente, en el momento actual no es posible
encontrar idénticos o semejantes niveles de realización entre
los niños de los países altamente desarrollados y los países en
los cuales el desarrollo infantil se produce en condiciones menos
estimulantes; o en un mismo país, entre los niños que pertenecen
a las clases económicamente favorecidas y los que viven en extrema
pobreza. Ello no significa ningún fatalismo: cambien las condiciones
de vida y estimulación y cambiarán los niveles de desarrollo.
Estas etapas del desarrollo están generalmente
adscritas a una teoría del desarrollo que hace que los límites
entre una y otra, o su conversión, pueda a veces resultar harto
dificultosa. Sin embargo, aunque se fundamenten en distintas teorías,
todas coinciden en que existe una periodización del desarrollo,
que dicha periodización es secuencial y que, aunque varíen los
límites, ninguna etapa puede ser evadida o no considerada.
Esto es harto importante y quiere decir que el
desarrollo del niño es distinto cualitativamente en los diferentes
períodos de su curso evolutivo, y que dichos períodos son
insoslayables, aunque cambien los límites entre una etapa y otra
del desarrollo.
La periodización propuesta con mayor fuerza proviene
de la teoría histórico cultural, la cual esta muy marcada por
la teoría de la actividad, y que parte de los fundamentos inicialmente
señalados por Vigotski.
Así desde el nacimiento hasta los 6-7 años, la
teoría histórico-cultural plantea tres etapas fundamentales del
desarrollo:
q La lactancia, desde el nacimiento hasta
el primer año,
q La edad temprana, desde el primero hasta
los tres años,
q La etapa preescolar, desde los cuatro
hasta los seis-siete años
Un análisis comparativo de las diferentes periodizaciones
(Gessell, Piaget, Wallon, entre otras) concluye que existen mas
convergencias que diferencias entre las distintas periodizaciones
propuestas por los diferentes autores, coincidencia que es mucho
más notable en la primera infancia, por lo que en términos generales
se pueden asumir como semejantes.
Lo esencial es que todos coinciden en que
existe una periodización, que el desarrollo no es un continuo
regular sino un transcurso irregular marcado por momentos cualitativamente
diferentes, y que esta periodización sigue una determinada secuenciación
de acuerdo con los indicadores o parámetros que sean tomados para
su estructuración
No obstante, además de esta periodización psicológica
también se destaca la existencia de una periodización de naturaleza
pedagógica empíricamente estructurada en el sistema de educación
de cada país.
Es natural que tal división de la infancia establecida
sobre las bases pedagógicas sea relativamente semejante a la real,
pero realmente no coincide con ella y lo que es fundamental, no
está relacionada con la solución de los problemas de las fuerzas
motrices del desarrollo infantil y las regularidades del tránsito
de un período a otro.
En realidad la periodización elaborada sobre la
base de la estructura del sistema educativo de enseñanza y educación
se basa en una experiencia práctica, y cambia en la misma media
en que se introducen cambios en el sistema educativo, por lo que
no responde realmente al curso del desarrollo infantil que, aunque
variable, no depende de acciones administrativas y organizativas
como la periodización pedagógica.
Es por ello que se hace cada vez más imperiosa
la necesidad de conciliar la periodización pedagógica con la psicológica,
para que de esta manera el sistema de influencias educativas pueda
ejercer una acción más determinante sobre el desarrollo.
Esto va a tener de igual manera una relación estrecha
y directa con la posibilidad de que esta estimulación se realice
dentro de una actividad, y el papel que la misma juega en el desarrollo,
y dentro de este de aquellas actividades que resultan más significativas
a tales fines.
La actividad y el desarrollo psíquico
Se denomina actividad, en su sentido más
amplio, a la conducta del hombre determinada por la experiencia
histórica que él acumula y por las condiciones sociales en que
desarrolla su vida.
En cada edad del desarrollo van a corresponderse
tipos característicos de actividades, que se relacionan entre
sí de una manera determinada, entre las que se encuentran la comunicación
con las personas, la actividad con los objetos, las actividades
productivas como son el dibujo, el modelado, la pintura, entre
otras, y que con mayor o menor jerarquía van a estar presentes
en todo el transcurso de este desarrollo.
El concepto de actividad constituye un concepto
fundamental de la psicología científica. La esencia de su enfoque
filosófico-psicológico es que la actividad refleja la relación
del ser humano como ser social hacia la realidad externa, relación
que está mediatizada por el proceso de transformación y cambio
de esa realidad, en suma la práctica productivo-material, y sobre
cuya base, surgen y se desarrollan, en el transcurso histórico
de la humanidad, las diferentes formas de la actividad espiritual
(cognoscitiva, artística, moral, etc.). Así, por nombrar un ejemplo,
el pensamiento lógico-verbal, en última instancia puede ser comprendido
científicamente como una forma derivada de la actividad práctica,
de la actuación del niño con el mundo de los objetos que le rodea.
En el transcurso del desarrollo el individuo se
apropia de las distintas formas histórico-sociales de la actividad,
que se traducen en forma de necesidades, objetivos, imágenes.
A esta reproducción por el hombre de la imagen ideal de su actividad
y la de las posiciones de los demás, se le puede llamar conciencia.
Dicho con otras palabras, la actividad espiritual
del ser humano está determinada por la práctica social, y la actividad
es el origen y el núcleo central de la conciencia. De esta manera,
como el reflejo psíquico es generado en el proceso de la actividad,
el mismo no puede ser entendido fuera del estudio de la misma.
Esto quiere decir que no solo en el proceso histórico,
sino también en el ontogenético, resulta imposible considerar
el problema de la formación de la conciencia y la formación de
la personalidad independientemente de la relación de estas con
la actividad.
De ello se desprende que el desarrollo psíquico
del ser humano es ante todo el proceso de formación de su actividad,
y, todas las cualidades, aspiraciones, objetivos e intereses y
capacidades del individuo se manifiestan en su actuación en los
distintos tipos de actividad. En dependencia de lo que hace (o
sea del contenido de su actividad), de cómo lo hace (procedimientos
de la actividad), de la organización y condiciones de la actividad
y de la actitud que la misma provoca en el sujeto, se forman las
capacidades, los motivos, los rasgos del carácter: La personalidad
se forma en la actividad.
Conocer la estructura psicológica de la actividad
tiene una importancia capital para los procedimientos educativos
en la formación de la personalidad del niño y la niña, pues indican
como hay que organizar estos procedimientos para que ejerzan una
influencia favorable en dicha formación de la personalidad, dado
el hecho de que la misma se conforma en el proceso de la actividad.
Esto hace que cada edad
se caracterice por un tipo principal de actividad, y solo determinando
y revelando estos tipos de actividad es que se pueden diferenciar
los correspondientes períodos evolutivos del desarrollo psíquico,
y a su vez seguir su secuencia y sucesión genética.
Pero, no cualquier actividad tiene la misma significación
para el desarrollo, sino que algunas de ellas, en un momento dado
del desarrollo, cobran un carácter rector y tienen
una importancia crucial para le formación ulterior de la personalidad,
jugando el papel central en el desarrollo, mientras que otras
juegan un papel subordinado o secundario. A esas actividades
que adquieren el papel principal en la formación de la personalidad
y que conducen el desarrollo, es a las que se denominan como
actividades directrices del desarrollo.
La base del desarrollo psíquico ha de ser entonces
la sustitución de un tipo de actividad por otra, la cual determina
necesariamente el proceso de formación de las nuevas estructuras
psicológicas.
No obstante, también se destaca que, aunque la
actividad directriz es la determinante del desarrollo psíquico
en cada período evolutivo, requiere de otras actividades para
la consecución de todos los logros esperables del desarrollo en
dicho período en cuestión.
Esto tiene a su vez una significación práctica
evidente, y que consiste en la relación que se establece entre
determinados períodos evolutivos, sus actividades, y el sistema
de influencias que se organice para propiciar su máxima expresión,
en la vinculación de los períodos y actividades con el sistema
de enseñanza.
Ampliación versus aceleración del desarrollo
En estrecha relación con el concepto de actividad
directriz y de la necesidad de inclusión de otras actividades
para el desarrollo se plantean dos criterios que resultan antagónicos,
los de la aceleración y la ampliación del desarrollo.
Por aceleración del desarrollo, y consecuentemente,
de la enseñanza, se entiende a una tendencia bastante generalizada
en la actualidad que preconiza la introducción dentro del proceso
educativo de los niños y niñas de estas edades, de destrezas,
comportamientos y adquisiciones que son propios y característicos
de etapas superiores del desarrollo. Así, se habla con insistencia
de la inclusión de la lectoescritura en los años iniciales, del
aprendizaje de lenguas extranjeras desde muy temprano, de la asimilación
de operaciones lógico-matemáticas complejas a partir del surgimiento
de la función simbólica, del estudio de instrumentos musicales,
de la práctica de deportes (en particular el karate y otras artes
marciales) y, por supuesto, last but not least, de las
tecnologías informáticas, de la computación.
En la base de esta posición existe un desconocimiento
encubierto de las particularidades y necesidades propias y exclusivas
de la edad preescolar, de la actividad nerviosa superior de los
niños y niñas, y de las consecuencias nefastas que para un desarrollo
sano y armónico de la personalidad tiene la enseñanza precoz de
contenidos para los cuales no están aptos física ni psicológicamente.
A esta concepción de pretender acelerar el desarrollo
del niño y la niña se opone la de la ampliación del desarrollo.
La teoría de la ampliación del desarrollo, y por tanto, de
la ampliación y enriquecimiento de la enseñanza, establece
que en la primera infancia lo fundamental es amplificar y enriquecer
el desarrollo del niño con propiedades y cualidades psíquicas
propias de la edad, con conocimientos, hábitos y habilidades correspondientes
a esta etapa de la formación del niño y la niña, sin traer, o
intentar realizar aprendizajes de hábitos y habilidades que pertenecen
a otras etapas posteriores del desarrollo evolutivo.
Independientemente de que las necesidades de la
sociedad implican cada vez más una formación superior de los niños
y las niñas para ser capaces de enfrentarse a las demandas sociales,
ello no implica atiborrarlos de conocimientos o de habilidades
que están por encima de sus reales posibilidades, o que no tienen
la misma significación para el desarrollo que aquellas que son
propias de la edad. El problema no estriba en adelantar el desarrollo,
la cuestión radica en desarrollar al máximo las posibilidades
y potencialidades físicas y psíquicas que corresponden a las
particularidades de la edad, y que pueden ser increíblemente
amplias y significativas.
El niño y la niña
y las necesidades sociales: las nuevas tecnologías en la educación
infantil.
John Dewey, el archiconocido filósofo educacional
y uno de los teóricos que más influencia ha ejercido en las concepciones
de la educación occidental, en especial la norteamericana, planteó
alguna vez que lo que el alumno aprendía fuera del aula incidía
en su desarrollo en la escuela, y que era obligación del maestro,
tomar en cuenta ese aprendizaje. De no hacerse así, ello llevaría
como resultado que la escuela habría de ir perdiendo paulatinamente
relevancia como institución educativa.
Esto está muy estrechamente relacionado con el
impetuoso avance de la revolución científico-técnica, que obliga
a asimilar cada vez mas conocimientos en edades cada vez mas tempranas.
Así, cincuenta años atrás nadie hubiera pensado en la necesidad
de formar habilidades computacionales en la escuela primaria,
y hoy, esto es parte del diario quehacer del escolar en muchos
sistemas educacionales, al menos a partir de determinada edad.
Esta remembranza de las palabras de John Dewey
tiene una estrecha relación con lo anterior, con todo aquello
que el niño y la niña aprenden fuera del ámbito escolar
pero que, sin embargo, ejerce una influencia considerable sobre
el proceso de enseñanza de la propia escuela, por ser parte ya
del nivel de desarrollo de la sociedad en que se vive. Uno de
los principios generales más importantes de la educación consiste
en que la enseñanza ha de realizarse en relación estrecha con
el medio circundante, lo cual quiere decir que la educación elitista,
encerrada en una torre de marfil, que no toma en cuenta lo que
sucede extramuros, tarde o temprano queda rezagada en su
función educadora.
En este sentido, L. A. Venguer, un importante psicólogo
ruso fallecido hace pocos años, refería que las posibilidades
del niño y la niña de la primera infancia eran infinitamente mayores
que las que hasta el momento se suponía, y que la cuestión
fundamental era determinar qué y con qué vías garantizar ese aprendizaje.
Sin embargo, insistía en que esto no podía verse desvinculado
de las particularidades de los procesos psíquicos y experiencia
vital de la edad.
Investigaciones cubanas importantes han corroborado
este aserto de Venguer, como la realizada sobre un sistema de
construcción para la formación de capacidades intelectuales, de
S. León, quien logró que en la actividad de construcción con bloques,
el niño y la niña, al final de la primera infancia, fueran capaces
de planificar y esbozar en un plano la construcción a realizar
con sus bloques, de la misma manera que lo hace un arquitecto,
que diseña primero el plano de la casa o edificación que pretende
construir, y que los niños llegan a hacer con construcciones realmente
complejas. O como la realizada por F. Martínez, que en una fase
del desarrollo tan inicial como la edad temprana demostró como
niños de 18 meses a dos años de edad podían, no solo realizar
acciones con instrumentos, sino incluso construir el artefacto
para llevar a cabo la acción instrumental.
Ser arquitecto a los seis años, o construir un
instrumento a los dos, cuando apenas se sabe hablar, son dos ejemplos
de las enormes posibilidades psíquicas de los niños y niñas en
la primera infancia. Sin embargo, hay algo que no debe escapar
al análisis: ambos son logros que están en estrecha relación con
las particularidades del pensamiento propias de los niños y niñas
de esta edad.
Por lo tanto, el hecho de que el niño y la niña
en la edad temprana pueden aprender cualquier cosa, tiene
que estar estrechamente relacionado con las particularidades de
la edad. Cualquier cosa sin tomar en consideración esto, conduce
indefectiblemente a los criterios nefastos de la aceleración del
desarrollo, y consecuentemente, de la enseñanza. Experiencias
de que en esta edad los niños y niñas pueden asimilar cosas antes
consideradas imposibles, hay multitud de ejemplos, como es el
caso del ingeniero Nikitin, que en Rusia enseñó a leer a su niño
de dos años de edad, o los intentos de introducir habilidades
tales como la lectoescritura temprana, el aprendizaje de una segunda
lengua, de operaciones lógicas del pensar, entre otras muchas,
entre las que se incluye la de las nuevas tecnologías como la
computación.
En nuestra exposición vamos entonces a abordar
esta problemática desde el punto de vista de las nuevas tecnologías
de información y comunicación, en primer lugar porque los fundamentos
de su análisis son generalizables a las metodologías y contenidos
ya señalados, y en segundo, por su complejidad, que obliga a la
consideración de múltiples aspectos para un análisis científico
y objetivo de ellas.
El vertiginoso desarrollo científico-técnico de
la sociedad actual y su proyección futura, plantea retos trascendentales
a la educación de las nuevas generaciones. En este sentido, lo
que hoy se crea y valora como novedoso, prácticamente mañana se
vuelve obsoleto y fuera de época; lo que en este momento constituye
una verdad científica unánimemente aceptada en poco tiempo deviene
material controversial del cual muchos disienten, pues surgen
elementos de la realidad que profundizan y muchas veces cuestionan
los datos anteriores. Esto se va convirtiendo en una forma habitual
del comportamiento científico y va señalando la necesaria transformación
que es preciso hacer en la mentalidad del hombre actual.
Un vistazo rápido a la investigación científica
revela que cada vez se acorta más
el plazo entre lo que un hallazgo de la ciencia
es determinado y su puesta en práctica en la realidad cotidiana.
Así, mientras que a principios del pasado siglo XX, un invento
cualquiera tomaba años para convertirse en una realidad de la
vida habitual, a mediados de la centuria este plazo se había reducido
a menos de un año y hacia sus finales solamente semanas. En el
nuevo milenio que acaba de iniciarse es muy probable que esto
sea un intervalo aún mucho más breve y requiera de una constante
transformación de los procedimientos y procesos tecnológicos que
posibiliten tal desarrollo.
Por supuesto, en la medida en que la sociedad plantea
nuevos retos tecnológicos al hombre, asimismo se los plantea a
su capacidad de dar respuesta a los mismos y obliga a la formación
de nuevas capacidades mentales para enfrentar estos retos. Así,
cincuenta años atrás, cuando la astronáutica era una ciencia solo
existente en la imaginación de algunos escritores de ciencia ficción,
a nadie se le ocurría la necesidad de crear en el individuo condiciones
y particularidades físicas y psicológicas para poder llevar a
cabo un viaje espacial, mientras que hoy en día esto forma parte
de la labor habitual de muchos especialistas, que perfeccionan
métodos y técnicas que permitan desarrollar en el hombre características
idóneas para la realización de tales viajes y la supervivencia
física y psíquica en las hostiles condiciones del cosmos.
Como ya se dijo, cuando la informática no constituía
parte del patrimonio habitual del conocimiento del hombre, nadie
podía pensar en que fuera una necesidad de su formación el posibilitar
la creación de habilidades computacionales, mientras
que hoy en día la inclusión de la informática en el currículo
escolar, es un contenido que se plantea no puede faltar en un
programa educativo bien concebido.
Es decir, el devenir de la sociedad, su progresivo
desarrollo, va planteando al hombre requisitos indispensables
para dar respuesta a tales demandas.
La utilización de la informática se va volviendo
algo cada vez más usual e indispensable en el mundo actual, y
ya es prácticamente imposible concebir una actividad humana en
que la misma no esté presente, en una u otra medida. Esto hace
que se haya convertido en parte habitual de la vida, lo mismo
cuando se trabaja, se aprende, se juega o se descansa.
Por lo tanto, en nuestro criterio la pregunta actualmente
no es dilucidar si se debe o no introducir la informática en el
aprendizaje escolar del niño y la niña, sino cuándo y cómo.
Esto, que aparentemente conlleva una respuesta general fácil,
no ha sido así, y la consideración de la introducción de la misma
en el proceso educativo ha confrontado innumerables escollos de
índole muy diversa, que van desde el palpable rechazo de algunos
educadores al uso de la computadora, hasta el simple hecho de
no comprender sus posibilidades en el proceso educativo y en la
formación y desarrollo de potencialidades y habilidades intelectuales.
Por otra parte, si bien hemos sido inicialmente
enfáticos en plantear la necesidad de la computación en el proceso
educativo, lo cierto es que los criterios divergen al respecto,
desde posiciones muy a favor del uso de la informática hasta otras
posiciones que, si bien no totalmente opuestas, son en cierta
medida escépticas en cuanto a la utilidad de su uso y a sus posibilidades.
Así, frente al planteamiento de S. Papert, que
en una época tan temprana como 1981, en su libro Desafío de la
mente, señala que los niños pueden aprender a usar ordenadores
de forma magistral, y que su aprendizaje puede modificar el modo
en que aprenden todo lo demás..., y en el que le da a la
computadora la función de un instrumento didáctico que proporciona
al niño y la niña modelos para facilitarle la adquisición de conceptos,
principios, reglas y generalizaciones que de otro modo se verían
retrasados o incluso no se adquirirían, se destaca la posición
de C. Chadwick, quien en 1997, señala que el papel exacto de las
computadoras en la enseñanza sigue siendo un objeto de estudio,
y que después de quince años, aún en los países avanzados donde
hay mucho uso de los ordenadores, no existe mucha evidencia de
impactos serios en la educación.
Es por ello que, aunque somos del criterio de que
la computadora llegó para quedarse en el proceso educativo, no
por esto se debe obviar el análisis de aquellos que consideran
que su utilización es irrelevante o no trascendental en alcanzar
determinados logros en el aprendizaje y consecuentemente, en el
desarrollo mental de los educandos.
Lo cierto es que aunque se señalan críticas, algunas
muy severas por los efectos nocivos que su utilización excesiva
puede causar en su estado de salud, otros enfatizan que las computadoras
significan un daño al desarrollo de los niños y niñas cuando las
mismas no se utilizan de manera racional y científica, y que lo
que hay que hacer es buscar las vías más apropiadas para su uso
y generalización en el proceso educativo.
No obstante, el hecho de concebir las posibilidades
de la informática dentro de la primera infancia implica una particularización
que muchas veces no está sustentada por una evidencia experimental
sólida, lo que hace que muchos de los asertos a establecer se
apoyen considerablemente en la experiencia empírica que, como
se sabe, en más de una ocasión conduce a lamentables errores.
En la actualidad muchos, incluyendo la familia,
consideran que el hecho de que los niños y niñas accionen computadoras
les garantiza de por sí un mayor desarrollo intelectual y ven
a la misma como un artificio milagroso que les ha de asegurar
el futuro. Esto crea un estado mental en que se supervaloran
estas técnicas o procedimientos y se les da un rol en el proceso
educativo que están muy lejos de cumplir.
Pero, es obvio que la escuela o el centro infantil
no puede negar que sus educandos, desde las más tiernas edades,
entran en contacto en el hogar con variados y complejos juegos
electrónicos o utilizan la computadora como un juguete más. Incluso
para algunos padres, el juego computarizado se ha convertido en
la panacea familiar que mantiene tranquilos a sus hijos durante
horas, algo que se comparte con la televisión y los vídeos infantiles.
Por lo tanto, la cuestión no es obviar una realidad
inobjetable, sino cómo actuar para que la escuela mantenga el
lugar que debe ocupar en el aprendizaje de los alumnos y en el
desarrollo de su creciente personalidad.
Esto implica una verdad insoslayable: la era de
la computación ha llegado a la escuela, el problema radica ahora
en cómo concebirla en el proceso educativo.
Lo anterior implica definir qué objetivos pedagógicos
y qué fines didácticos se pretenden lograr con estas nuevas técnicas
de información, y cómo deben utilizarse en las diferentes situaciones
educativas. Lo más difícil es que, como estas técnicas han surgido
inicialmente en la industria del entretenimiento y la recreación
(fundamentalmente como juegos electrónicos en el caso de la computadora),
se requiere de un estudio científico profundo para adecuarlos
a las condiciones específicas de la didáctica.
Por supuesto que es importante que los niños y
niñas tengan oportunidades de jugar sin peligro con estas tecnologías
e incorporar las mismas en sus juegos imaginativos. Pero lo que
no es justificable es que por relacionarse con dichos artefactos,
se pierda la posibilidad del juego, de entrar en contacto con
otros niños y niñas, con los objetos y materiales más diversos,
aprender y experimentar con las cosas más comunes de la vida cotidiana.
Esta tecnología, que se da como resultado del acelerado
desarrollo científico técnico de la sociedad y que forma parte
ya de la vida diaria de los pequeños, tiene necesariamente que
tener su contrapartida en la escuela, que no puede estar a la
zaga del devenir social.
Obviamente la educación no podía estar ajena al
desarrollo tecnológico, y es así que se habla de una informática
educativa, que en su sentido más amplio consiste en una ciencia
encargada de dirigir la selección, elaboración, diseño y explotación
de los recursos informáticos vinculados al proceso docente educativo.
Esto implica la utilización de la computadora en la enseñanza
y su aplicación general en la administración docente.
En el caso que nos ocupa, la educación, esto se
concreta en múltiples cuestiones, tales como:
Estudio e investigación de las relaciones de la
informática y su repercusión en el desarrollo infantil.
Fundamentos pedagógicos y didáctica de la enseñanza
asistida por computadoras.
Selección, diseño, elaboración y evaluación de
software educativos.
Estudio e investigación de los usos de la computadora
en el ámbito escolar: como objeto de estudio, como medio de enseñanza
y como instrumento de trabajo.
Capacitación de maestros y educadores para utilizar
la computadora en su actividad pedagógica.
Y muchas otras aplicaciones que surgen cada día,
en la misma medida en que se desarrollan nuevas tecnologías.
Esto es así porque la computadora de por sí
no necesariamente determina un aprendizaje efectivo, para
ello es necesario que la misma se inscriba dentro de una proyección
educativa que determine sus potencialidades y posibilidades de
colaborar a un aprendizaje real de los educandos.
A la informática educativa corresponde entonces
organizar el sistema de influencias tecnológicas dentro de
la concepción pedagógica general y específica que orienta todo
el proceso educativo en su conjunto.
Este auge de los enfoques tecnológicos no ha podido,
sin embargo, cumplimentar esas expectativas y reflejan que, incluso
en los países más desarrollados, aún no alcanzan los presupuestos
que en un momento inicial auguraron algunos teóricos de la ciencia
informática.
Igualmente, la utilización de la computadora en
el trabajo educativo exige un diseño, una organización, un uso
apropiado y un conocimiento cabal de sus posibilidades. La computadora
es un instrumento, un medio en manos del educador, que es quien
dirige el proceso educativo. Claro está, ello conlleva que el
docente tiene que conocer a la computadora, de lo que ésta es
capaz y de lo que no facilita, y saber usarla en la consecución
de sus objetivos educativos. La computadora, según algunos, es
un medio facilitador del aprendizaje, pero su alcance depende
del modelo de enseñanza y del papel que se le otorgue en el proceso
educativo, en el cual el docente mantiene y ha de mantener, el
rol principal.
Desde este punto de vista, puede ser un poderoso
recurso didáctico, y el educador ha de entender que la computadora,
convenientemente utilizada, puede ser un instrumento facilitador
del conocimiento, ayudando de igual manera a desarrollar capacidades
diversas.
En el caso del niño y la niña de las primeras edades,
por estar todos sus sistemas neurológicos, sensoriales y motrices
en plena formación y maduración, se hace un requisito importante
el valorar de manera bien sopesada y crítica las posibilidades
reales de la introducción de la computación con fines educativos,
so pena de causar un daño irreparable con una acción que se pretende
beneficiosa y que en otras edades mayores, por haberse conformado
y madurado ya las estructuras biofisiológicas y las formaciones
psicológicas, pueden no ser tan lesivas como en los años tempranos
del desarrollo.
Por esto se hace indispensable conocer profundamente
el transcurso evolutivo del desarrollo físico y psicológico de
los niños y niñas comprendidos en estas edades y de las condiciones
en que se propicia de manera más efectiva, en particular, en
aquellos procesos y propiedades que más directamente tienen que
ver con el aprendizaje electrónico: las particularidades del funcionamiento
de su sistema nervioso y de la actividad nerviosa superior, su
capacidad de resistencia y rendimiento mental, la motricidad fina,
la percepción, el pensamiento, su atención, su memoria, su imaginación,
en fin todo aquello que entra en relación con la acción de una
computadora.
De igual manera se hace indispensable considerar
aquellos factores emocionales y motivacionales que están imbricados
en el proceso del aprendizaje electrónico, pues, como ha afirmado
Piaget enfáticamente, no es posible concebir un acto intelectual,
como es utilizar una computadora, que no tenga presente un componente
afectivo, al igual que es imposible considerar un hecho afectivo
desprovisto de un componente cognoscitivo, en una estrecha unidad
y relación de lo emocional y lo intelectual.
De sobra es conocido que el manejo de la computadora
muchas veces se convierte en una fiebre que monopoliza
todo el comportamiento del niño y la niña, que pasan la mayor
parte de su tiempo diario con juegos electrónicos que limitan
su participación activa en otras actividades, en particular el
juego cooperativo con sus coetáneos, situación que requiere de
una explicación y, naturalmente, de una correcta dosificación
en el uso de la computadora, algo que, como ya se dijo, se sabe
muy poco o casi nada en estas primeras edades del desarrollo.
En el caso de la educación infantil la introducción
de la computación en el proyecto curricular no puede ser un fenómeno
aleatorio, sino, todo lo contrario, un plan muy bien pensado
y concebido, por las implicaciones que ello tiene en el proceso
educativo con estos niños y niñas.
De igual manera, traspolar criterios y concepciones
de la significación y utilización de la informática en otras edades
a la edad infantil puede constituir un hecho más grave que con
otros aspectos y conocimientos del trabajo educativo, con los
cuales en más de una ocasión se ha pretendido hacer ciencia, como
ha pasado con la intención de ubicar la lectoescritura temprana,
por sólo nombrar alguno.
En el caso de la educación preescolar su utilización
requiere de estudios profundos que permitan dar pasos firmes y
seguros. La computadora es un instrumento, un procedimiento metodológico
que nunca podrá sustituir la labor del educador y su orientación
del proceso educativo.
Tampoco es valedero tomar la posición radicalmente
opuesta: que el proceso educativo debe estar completamente ajeno
a tales técnicas, esto no hace más que evadir lo que ya es una
realidad objetiva y que es el hecho de que la computadora ya
ha invadido el quehacer infantil en forma de juegos y divisas
electrónicas.
Pero el mismo hecho de considerar sus posibilidades
dentro de la educación preescolar plantea dos cuestiones fundamentales:
1. La informática para las edades preescolares
ha de tomar necesariamente en consideración las condiciones, leyes
y principios del proceso educativo.
2. La informática en la educación preescolar tiene
que partir de un conocimiento cabal y profundo del desarrollo
de los niños y las niñas en esta etapa de la vida.
Aceptar esto es validar las potencialidades
que puede tener la computadora como medio para la asimilación
de conocimientos, la formación de hábitos y habilidades, la consecución
de diferentes capacidades y en suma, para contribuir a su desarrollo.
Esto hace que el centro infantil, cobre un rol
importante en esta dirección, pues son los únicos que pueden
organizar de una manera verdaderamente científica el sistema de
influencias que puede ejercer la computadora y a su vez influir
en los padres para un uso adecuado de los juegos electrónicos.
Independientemente de la importancia y significación
que tiene para el desarrollo la computadora, no hay que olvidar
que es un instrumento, una máquina, que no puede asumir
la responsabilidad de lo que hace. Esa responsabilidad es del
educador. Para esto ha de comprender las características básicas
de la computadora, sus potencialidades y limitaciones y saber
usarlas dentro del contexto educativo y en dependencia de las
necesidades docentes. Claro está que esto requiere de una capacitación
que le permita un mínimo de conocimientos para discernir los usos
educativos de la misma, lo cual es mucho más relevante en este
período del desarrollo infantil en que poco se conoce de cómo
organizar el proceso educativo con el apoyo de estos artificios
electrónicos.
Un criterio muy interesante sobre la inserción
de la informática en la educación infantil, es la de A. Zaporozhets,
científico preescolar ruso, autor de muchas investigaciones en
psicología y pedagogía de la primera infancia, quien señala
que la introducción de la computación en la primera
infancia tiene que considerar tres principios fundamentales que
se derivan de la teoría histórico cultural de Lev
Vigotski. Estos principios son:
El de la educación como guía del desarrollo
El de la actividad
El de la ampliación o enriquecimiento de la enseñanza
Para este eminente científico, la computadora satisface
estos tres principios básicos, pues concibe que su práctica y
ejercitación (con un programa educativo que lo respalde y metodología
apropiada de realización, por supuesto) promueve el desarrollo,
que ello se facilita en la propia actividad con la computadora,
propiciando el surgimiento de nuevas habilidades y capacidades,
lo que hace que considere muy importante, incluir la computadora
en la educación infantil, que a su vez, significa ampliarla
y enriquecerla y en modo alguno implica una perjudicial aceleración
de la misma, pues para él, la computadora es un medio afín a las
particularidades y necesidades de la psique infantil en estas
edades iniciales de la vida.
Esto hace que la computación en la edad preescolar
tenga dos funciones que están estrechamente interrelacionadas.
Tales son:
1. La utilización de la computadora como medio
de enseñanza
2. Su utilización como medio del desarrollo infantil
Significar al uso de la computadora como medio
de enseñanza dentro del proceso educativo en la educación infantil
implica reconocer sus posibilidades dentro de la labor educativa
del programa, por una parte y por la otra, asignarle lo que es
su más importante función: contribuir al desarrollo general de
los niños y niñas en estas edades.
Por supuesto que analizar las potencialidades de
la computadora como recurso metodológico y desarrollador está
estrechamente ligado a la concepción y elaboración del software
educativo, que debe corresponderse con los objetivos de la informática
en estas edades, y con las particularidades del desarrollo.
Como medio de enseñanza la computación ha de formar
parte del sistema didáctico general y no constituir algo ajeno
al programa de educación. Desde este punto de vista, permite plantear
nuevas formas de actividad con los mismos objetivos, para
enriquecer la experiencia y posibilitar actividades más ricas
y creadoras.
Así, existen criterios de que el uso de la computadora
como medio de enseñanza facilita crear sistemas de tareas
que pueden utilizarse como formas de estimulación y demostración
de determinados contenidos del currículo, y que pueden servir
para apoyar las actividades colectivas, con la participación directa
del educador que trabaja con sus alumnos.
En cualquiera de estos casos su función básica
es la de ser un medio de enseñanza novedoso y diferente,
que bien dirigido puede facilitar la asimilación de los más variados
fines que se plantee el educador.
Si bien es importante la utilización de la computadora
como medio de enseñanza o recurso metodológico en la realización
de las actividades pedagógicas en el centro infantil, esto está
en definitiva condicionado a los logros del desarrollo que sean
posibles de alcanzar en los niños y niñas, que dependen en gran
medida de lo que se hace con el programa educativo y del cual,
los medios y recursos constituyen uno de los componentes del proceso
educativo.
Esto reitera el planteamiento ya citado que niega
que el medio de por sí sea fuente del desarrollo y que,
por lo tanto, no puede sustituir ni el programa ni al educador.
La computadora es sólo un instrumento, un medio, que correctamente
usado puede colaborar a que se obtengan logros del desarrollo,
pero por sí sola, no lo puede hacer. Por supuesto, el desarrollo
tecnológico conlleva la necesidad de la inclusión de la computadora
en la institución infantil y esto necesariamente tiene que provocar
una transformación progresiva del sistema didáctico habitual
que se realiza en el grupo infantil, del cual ha de derivarse
como una consecuencia natural vías y propuestas metodológicas
distintas a las usualmente aplicadas en el proceso educativo.
Pero, decididamente y, aunque no lo engendre por
sí mismo, lo cierto es que la computadora puede colaborar en
una dimensión importante al desarrollo general del niño y la niña
cuando es conceptual y técnicamente bien utilizada, y si bien,
no es posible valorarlo en la magnitud señalada por Papert, no
se puede negar la trascendencia que tiene y que seguramente, ha
de tener más aún en la medida en que se hagan investigaciones
que corroboren lo que teóricamente es una verdad inobjetable.
El quid de la función que se asigna a la computadora
en la educación no estriba en las particularidades de su sistema
de transmisión e interacción, sino en los sistemas de símbolos
que se pueden manejar. No es la computadora en sí, sino la
naturaleza de la información que se quiere mostrar mediante la
misma, o las habilidades que se aspiran a formar. La computadora
debe entonces ayudar al niño y a la niña a trabajar con sus mentes,
no a responder de manera automática. Debe ser un medio del desarrollo
intelectual y no una respuesta mecánica a estímulos de una cierta
significación.
El éxito de la computarización en la enseñanza
depende en gran medida del método de su introducción en el proceso
educativo, de la calidad de la técnica utilizada y de la metodología
de su aplicación, en correspondencia con las necesidades y particularidades
del grupo de niños y niñas a los que se dirigen.
Esto obliga a crear programas de software cuya
estructura responda a la estructura intelectual de la actividad
del niño y la niña, y cuando esto se logra, se promueve el
desarrollo. También obliga a que tales programas computarizados
tengan un carácter desarrollador, sean afines a los intereses
de aquellos a los que se dirigen y satisfagan su afán de creación
y experimentación.
De esta manera, la asimilación de la computadora
por parte del niño y la niña debe concebirse como el proceso
de formación en los mismos de modos y medios de realización de
su actividad que respondan a las nuevas condiciones, es decir,
a la solución de los problemas de la actividad.
Cuando esto se haga así, la computadora se convierte
en un medio de desarrollo, lo cual la trasciende como simple medio
de enseñanza. Determinar el punto hasta dónde esto puede alcanzarse,
ha de depender de la investigación que fundamente científicamente
sus posibilidades y potencialidades.
Por supuesto, hacer factible que la computadora
se convierta paulatinamente en un medio del desarrollo, implica
muchos aspectos a considerar, tales como:
La preparación motriz, intelectual y afectiva
que el niño y la niña han de tener para poder realizar la actividad
de computación.
La determinación de los requisitos higiénicos
y ergonómico-funcionales para realizar la actividad de computación
sin perjuicio al organismo del niño y la niña
El establecimiento de la metodología operativa
más adecuada para realizar la actividad.
Pero para que una tarea computarizada pueda realmente
tener un valor para el desarrollo, la misma ha de permitir que
el niño y la niña planifiquen su propia acción, elaboren un plan
mental para obtener un resultado y permita la autoevaluación de
lo que hacen, para poder modificar su acción de acuerdo con los
resultados. Esto es algo que el software educativo no puede dejar
pasar por alto.
De esta manera la computación en la edad infantil
puede tener una extraordinaria significación para el desarrollo
de los niños y las niñas, en la misma medida en que la misma se
conciba de manera científica y ocupe el papel que le corresponde
en el proceso educativo.
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