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Construyendo la Alfabetización
a través del lenguaje en las Aulas Preescolares.
David K. Dickinson, EdD.
Boston College
En este artículo describo brevemente el contexto
histórico e intelectual de mi propio trabajo y repaso algunos
hallazgos claves que apoyan los resultados empíricos. También,
repaso mis esfuerzos para trasmitirles a los maestros de preescolar;
las principales ideas referentes a las investigaciones, fruto
del trabajo de muchos estudiosos; y suministrarle experiencias
de desarrollo profesional que los ayuden de una manera más efectiva,
en el surgimiento de la alfabetización en los niños que están
en las aulas de preescolar.
Ubicando el contexto histórico y escolar
El trabajo en la alfabetización temprana surgió
de diferentes tradiciones investigativas y esta entremezcla de
tradiciones escolares ha producido un campo de estudio que está
construyendo un complejo y multifacético retrato de los orígenes
de alfabetización. A lo largo del siglo veinte existió un marcado
interés en conocer cómo los niños aprenden a leer (Adams, 1990;
Chall, 1960); pero sólo en los últimos treinta años es que las
raíces de alfabetización temprana empezaron a ser investigadas
de una forma sistemática (Clay, 1975, 1979; Ferreiro y Teberosky,
1982; Sulzby y Teale 1991, Teale y Sulzby, 1986). El interés
en esta área ha aumentado dramáticamente en los Estados Unidos,
con el reconocimiento de las correlaciones a largo plazo entre
las habilidades de alfabetización de los niños en edades tempranas
en su carrera escolar, y su éxito subsecuente (Cunningham y Stanovich,
1997; Show. et al., 1991). El Interés también ha sido alimentado
por el reconocimiento de que las oportunidades para que los niños
tengan un inicio fuerte son determinadas, en alto grado por factores
demográficos, como el ingreso familiar, la educación paternal,
la raza y el entorno del idioma (Dickinson y Snow, 1987; Tarullo
y Zill, 2002; Strickland, 2001; Whitehurst y Lonigan, 1998, 2001).
Comenzando en los años 60 y 70 los investigadores
del lenguaje del niño (por ejemplo, Berko-Gleason, 1958; Brown,
1973) empezaron a describir la naturaleza sistemática del desarrollo
de este; resaltando la construcción de reglas en el lenguaje por
los niños. En la década del 70 el papel del “input”
en la alfabetización empezó a recibir una extensa atención (por
ejemplo, Snow y Ferguson, 1977). Otros, trabajando con distintas
tradiciones de estudio, empezaron a examinar la importancia de
la variabilidad en los ambientes del lenguaje, en niños de edades
tempranas, asociados a la raza (Labov, 1972), y las diferencias
culturales (Heath, 1982; Phillips, 1972), como se reveló en los
hogares y en las aulas (por ejemplo, Cazden, John y Hymes, 1972).
A principios de los 80 los investigadores del lenguaje comenzaron
a examinar la intersección entre el lenguaje y la alfabetización
(Dickinson, 1987; Dickinson y Snow, 1987; Hart y Risley, 1995;
Snow, 1983).
A mediados de los 80 se puso en claro que las raíces
de la alfabetización se extendían a las edades tempranas de los
niños (Ferreiro y Teberosky, 1982; Groelman y Oberg, 1984; Teale
y Sulzby, 1986). Todavía existía muy poco conocimiento sobre los
detalles de la intersección entre el lenguaje y la alfabetización;
o sobre las experiencias que en la casa y en el aula apoyaban
la adquisición de este; y otras habilidades relacionadas con la
escritura, en los niños pequeños. Fue en este contexto donde
surge el creciente interés sobre el tema y es la causa por la
que Catherine Snow y yo emprendimos el “Estudio del desarrollo
del lenguaje y la alfabetización en la Casa y en la Escuela”
(Snow y Dickinson, 1991). Cuando comenzamos en 1987, iniciamos
un examen longitudinal intensivo de cómo los padres y maestros
de niños de las familias de bajos ingresos, apoyaban el desarrollo
de las habilidades del lenguaje en los pequeños.
El Estudio del desarrollo del idioma y la alfabetización
en la casa y en la escuela.
Fundamentamos nuestro estudio sobre la suposición
de que una rica experiencia en el lenguaje durante los años preescolares
juega un papel decisivo para que los niños puedan adquirir la
habilidad de comprensión de lectura, cuando ellos lleguen a
la escuela media (Tabors, Snow y Dickinson, 2001). Existía un
gran apoyo a esta hipótesis; en los estudios longitudinales preliminares
de Show (Snow, Barnes, Chandler, Goodman y Hemphill 1991) y otros
(Cunningham y Stanovich, 1997; Wells; Whitehurst y Lonigan, 1998).
Nosotros asumimos que las habilidades en el lenguaje
deben jugar un papel fundamental en la alfabetización en las edades
tempranas, y que existen diferentes grupos de habilidades de este
(Snow y Dickinson, 1991). Las habilidades son aquéllas que se
necesitan para mantener conversaciones informales con los amigos
y familiares; habilidades que usan el lenguaje conversacional
apoyado en el contexto (situacional: nota del traductor). A menudo,
durante las interacciones cara a cara, las personas usan fuentes
de información distintas al lenguaje, para hacerse comunicar y
entenderse unos a otros. Por ejemplo, cuando las personas conversan,
usan a menudo gestos, entonación, y expresiones faciales. Ellos
también frecuentemente se refieren a las experiencias que han
compartido, experiencias que simplemente pueden evocarse, y no
necesitan que se discutan al detalle. Por otro lado, en las sociedades
tecnológicas, para poder entender el lenguaje escrito, las personas
deben apoyarse frecuentemente en las palabras y la sintaxis, ya
que ellos entienden el significado de otras, sin muchos de los
apoyos disponibles en las conversaciones cara a cara. Al lenguaje
que menos necesita de los apoyos contextuales, nosotros lo llamamos
"lenguaje descontextualizado.
Nosotros hipotetizamos que la frecuencia de las
experiencias de los niños que usaron el lenguaje en situaciones
que requirieron de las habilidades lingüísticas descontextualizadas,
predecirían fuertemente sobre el desarrollo en la alfabetización
temprana en ellos y su desarrollo subsecuente. Para probar esta
hipótesis empleamos técnicas de investigación que nos permitieron
capturar los detalles más ricos de la vida del niño en la casa
y en el aula. Grabamos las conversaciones en los dos lugares,
y entrevistamos a las madres y a los maestros; le preguntamos
sobre sus experiencias con los pequeños (vea Dickinson y Tabors,
2001, para los detalles). Transcribimos estas cintas y las codificamos
de manera que nos permitiera identificar los tipos de interacciones
y experiencias que apoyan el lenguaje de los niños y el desarrollo
de su alfabetización. Luego, cuando los niños de nuestro estudio
estaban en el grado preescolar, comenzamos a introducir un conjunto
de tareas de lenguaje y de alfabetización temprana. Estas tareas
evaluaron el vocabulario receptivo de los niños, su habilidad
narrativa, el conocimiento de las letras, la lectura y la escritura
en esta edad, así como comprensión fonética.
Cuando relacionamos nuestras descripciones sobre
las experiencias de los niños en sus casas, encontramos que existen
tres dimensiones en las experiencias tanto en el aula como en
la casa de los niños de edad preescolar, que se relacionan con
su éxito en el proceso de alfabetización al final del kindergarten:
1) Vocabulario variado: Los padres
y los maestros proporcionaron en la exposición de los niños un
vocabulario variado durante las conversaciones. En las aulas,
a medida que fueron mayores las oportunidades que tuvo el niño
de hablar con su maestro, escuchó un vocabulario más variado;
porque la charla del maestro con el niño incluyó un rango considerable
mayor de palabras, en comparación con la conversación con sus
coetáneos. También encontramos alguna evidencia de que los niños
se apoyan unos a otros, cuando están aprendiendo el vocabulario,
porque la variedad de vocabulario que usaron todos en sus conversaciones
con los maestros les ayudó a predecir la amplitud en el vocabulario
de los niños en particular que estábamos estudiando. La variabilidad
en el apoyo del vocabulario visto en las casas fue particularmente
importante para predecir el desarrollo del vocabulario de los
infantes.
2) Discurso extendido: Los niños
se beneficiaban si participaban en conversaciones que usan un
discurso extendido. Por ejemplo, los niños lo hicieron mejor,
mientras más oportunidades tuvieron para oír y producir explicaciones,
narraciones personales, y comprometiéndolos a pretender más.
Una actividad primaria que da lugar a este tipo de charla, tanto
en las casas, como en las aulas, es la lectura de libros. El
tiempo durante las comidas es también un escenario, encontrado
en casas y aulas, donde los adultos y los niños pueden comprometerse
en un valioso discurso extendido. También, en las aulas, durante
el juego libre, los maestros apoyaron el desarrollo del lenguaje
cuando ellos los comprometieron en conversaciones que giraron
entorno a un solo tema. Fueron muy valiosas las discusiones que
los maestros tuvieron con los grupos de niños, sobre los libros
que ellos estaban leyendo en voz alta, sobre todo, cuando ellos
guiaron a los niños hacia conversaciones analíticas que les exigían
pensar sobre la historia o discutir los significados de las palabras.
(Dickinson y Smith, 1994). La variabilidad en las experiencias
de los niños en el aula relacionadas con el discurso extendido,
fue particularmente importante para predecir el lenguaje y la
alfabetización del niño al final del kindergarten.
3) Ambientes intelectualmente propicios.
Un tercer factor de importancia en las casas y las aulas para
el desarrollo de los niños a edades tempranas lo constituyeron
los ambientes que proporcionaron estimulación cognoscitiva
y lingüística. En las casas de los niños, fue la lectura frecuente
de libros el contribuyente más importante en el lenguaje y el
desarrollo de la alfabetización. En las aulas, fue importante
el apoyo para la escritura y un currículo que cambiaba y se enfocaba
en la introducción de la nueva información.
Después que los niños dejaron el grado preescolar,
continuamos evaluando su lectura y habilidades de lenguaje a lo
largo de la escuela primaria, y en la escuela secundaria y encontramos
una correlación muy fuerte entre las habilidades del niño en el
kindergarten y sus evaluaciones al final del séptimo grado. Por
ejemplo, la comprensión de la lectura de séptimo grado estaba
estrechamente ligada al vocabulario receptivo en el kindergarten
(r = .71; p <.001). Estos datos subrayan la fuerte continuidad
entre las habilidades de la alfabetización en edades tempranas
y posteriores, y resaltan la necesidad de identificar las experiencias
en los años preescolares que contribuyen a la adquisición del
lenguaje y al desarrollo de las habilidades de alfabetización.
Resultados como éstos resaltan la importancia de asegurar que
las experiencias de los niños durante los años preescolares proporcionen
una base fuerte para el aprendizaje posterior de la alfabetización.
La importancia de experiencias preescolares
de alta calidad
Un gran número de investigaciones llevada a cabo
en los Estados Unidos ha demostrado que los programas de mayor
calidad dan como resultado un mejor desempeño de los niños (por
ejemplo, (Barnett, 1995, 2001; Campbell y Ramey, 1994, 1995;
NICHD, 2002; Peisner-Feinberg y Burchinal, 1997). Desgraciadamente,
nuestra investigación indica que hay deficiencias significativas
en la calidad del apoyo que se proporciona en muchas aulas.
Hemos observado, en escuelas preescolares para
niños de familias con bajos ingresos en la parte nororiental de
los Estados Unidos, y codificamos su apoyo al lenguaje y la alfabetización
de tres maneras diferentes. Hemos descrito las aulas utilizando
el instrumento “Herramientas para la Observación del
lenguaje temprano y la alfabetización en el aula””
(Smith, Dickinson, Sangeorge y Anastasopoulos, 2002). Estas herramientas
incluyen una escala fija de valoración que evalúa las aulas a
lo largo de 14 dimensiones que son agrupadas en dos grupos: 1)
ítems que describen los aspectos del aula más relacionados con
el apoyo del lenguaje y el desarrollo de la alfabetización (por
ejemplo, lectura de libros, el apoyo para la escritura, la calidad
de contenidos y el currículo, y 2) ítems que describen aspectos
del aula que se relacionan con la dirección y el clima emocional
(Ej., clima, la dirección, los materiales). Nuestro análisis de
datos de 125 aulas reveló que la puntuación para aquellos ítems
que describen el apoyo al lenguaje y la alfabetización fue consistentemente
más débiles que la puntuación de otras prácticas estándares usadas
en niños a edades tempranas (por ejemplo, materiales, organización
del aula, la dirección, el clima). Cuando consideramos los ítems
referentes al lenguaje, la alfabetización y el currículo, encontramos
que sólo el 13% de las aulas clasificó como "fuertes."
Por otro lado, los ítems que relacionan a los materiales, la dirección
y el clima reflejaron mucho más fuerza, con un 41% de las aulas
con una clasificación de “fuertes”. Creemos que esta
disparidad refleja la larga ambivalencia existente entre los educadores
en los Estados Unidos sobre la adecuación al apoyo de la alfabetización
y del aprendizaje del área de los contenidos. Como contraste,
se ha reconocido desde hace mucho tiempo que los niños pequeños
necesitan de un entorno bien ordenado y gratificante.
Estando en las aulas también observamos la actividad
de lectura de libros y encontramos razones para preocuparnos.
En 100 de las aulas dónde nos pasamos 169 días recolectando datos,
hubo 66 ocasiones donde no se realizó ninguna lectura de libros
durante nuestras dos a tres horas de observación. Observamos,
a su vez, solo en la tercera parte de las aulas, lecturas por
parte de los adultos a individuos o grupos pequeños. (Dickinson,
McCabe y Anastasopoulos, 2003). Así, en algunas de las aulas los
niños raramente tenían la oportunidad de escuchar la lectura de
los libros y en muchas no consiguieron escuchar y discutir las
lecturas en pequeños grupos, una actividad que lleva más a una
conversación significativa sobre los libros.
Examinamos también los detalles de las conversaciones
que tenían lugar entre los maestros y los niños, utilizando una
herramienta llamada “Perfil interactivo verbal del Maestro
y el niño. (Dickinson, Howard y Haine, 1998). Observamos las
aulas durante el periodo de la comida y el tiempo libre y codificamos
entre 8 y 16 30 segundos de intervalos de conversaciones entre
el maestro y el niño para ver si el maestro estaba verbalmente
comprometido; el contenido de la conversación (por ejemplo, el
control, si era sobre un evento pasado o futuro, si hablaban
sobre alfabetización o matemática, si era sobre el conocimiento
general del mundo), si la interacción se quedaba o no en un solo
tema, y si el maestro dominó o no la conversación. Los análisis
de estas conversaciones revelaron los siguientes patrones, todos
los cuales apuntan a las áreas que tienen una necesidad de mejoría:
El compromiso verbal activo: Durante el
93% de los intervalos, los maestros estuvieron verbalmente comprometidos
en alguna parte de los intervalos de 30 segundos, pero durante
la comida el 42% de estas interacciones incluyeron la charla del
maestro para menos de 5 segundos del intervalo. Dado que se ha
encontrado que el tiempo de la comida es un momento en el que
la calidad de las conversaciones puede beneficiar a los niños,
este grado de falta de atención del maestro es una cuestión de
preocupación (Cote, 2001; Snow ^).
El equilibrio de participación. Nosotros
examinamos hasta que punto los niños eran los participantes verbales
activos, y comparándolo con el tiempo que escuchaban pasivamente
a los maestros, se encontró que los niños eran los participantes
activos en menos de la mitad de las ocasiones. Dado que los niños
se benefician más cuando el maestro los animan a que ellos extiendan
sus comentarios, este patrón es preocupante (Dickinson, 2001;
Dickinson y McCabe, 2001).
La extensión del tema. Se codificaron las
conversaciones para ver si giraban y profundizaban en un único
tema o no y se encontró que este tipo de interacción ocurrió
en menos del 20% de los intervalos codificados. Dado que de un
hallazgo de una investigación anterior, hemos conocido que las
conversaciones que “desarrollan un tema específico"
benefician a los niños en sus interacciones con los adultos (
McCabe y Peterson, 1991) éste, también, es un hallazgo que nos
preocupó.
El contenido de las conversaciones. Nosotros
clasificamos el contenido de las conversaciones entre el maestro
y el niño y encontramos que una tercera parte de las conversaciones
giraba sobre un evento del pasado o el futuro, o extendía el conocimiento
de los niños sobre mundo. Dado que las conversaciones ricas en
contenido conducen más al desarrollo en el apoyo de las habilidades
relacionadas con el lenguaje y la alfabetización, esto también
fue un hallazgo preocupante (Dickinson, 2001).
Resumen. Nosotros no sabemos si los resultados
obtenidos en los Estados Unidos pueden ser replicados en los
países latinoamericanos. Sin embargo, sospechamos que los distintos
factores que creemos que probablemente den lugar a esos entornos
que propician un lenguaje pobre son encontrados en muchos escenarios
donde el personal de educación es mal pagado y se está trabajando
con niños de familias de bajo ingreso o rurales. Creemos que
muchos maestros no son conscientes de la importancia que tiene
el comprometerse en conversaciones sostenidas (Dickinson, 1991,
1994). Sin este conocimiento, sus conversaciones son manejadas
por otros factores poderosos como la fatiga, las preferencias
personales de interacción (por ejemplo, el deseo de comer calladamente),
o preocupaciones con la socialización (por ejemplo, los modales
en la instrucción) y preocupaciones respecto a la dirección de
la conducta. Además, el aprendizaje de contenido no tiene siempre
una prioridad alta; por consiguiente los niños y los maestros
no hablan frecuentemente sobre temas que extenderán el conocimiento
del mundo que les rodea.
Así, aunque ahora sabemos que las aulas de preescolar
tienen el potencial para proporcionar el estímulo adecuado para
el desarrollo de la alfabetización y el lenguaje en niños de familias
de bajos ingreso; el examen cuidadoso de los modelos de las conversaciones
entre el maestro y el niño nos indica que un considerable número
de estos niños no reciben un apoyo óptimo para el desarrollo del
lenguaje en la escuela preescolar. Pero esas condiciones pueden
cambiarse.
Mejorando las Aulas Preescolares a través del
desarrollo profesional.
En un esfuerzo por ayudar a los maestros preescolares
a mejorar su apoyo al desarrollo de la alfabetización en niños
de edades tempranas, trabajé con los colegas del Centro para los
Niños y las Familias en el EDC, para desarrollar una intervención
llamada Programa de enriquecimiento del ambiente de alfabetización
(PEAA) . Este se da como un curso académico que es recibido por
equipos de maestros y supervisores. El mismo introduce a los
maestros en la teoría básica sobre el lenguaje y el desarrollo
de la alfabetización y enlaza este conocimiento con la práctica
del aula. Los maestros utilizan la teoría para practicar en sus
propias aulas y los supervisores reciben métodos eficaces para
adiestrar a los maestros.
Nosotros hemos enseñado el PEAA a grupos de maestros
a lo largo de la parte nororiental de los Estados Unidos. Hemos
observado grupos con PEAA (n=40) y en otros grupos de aulas
como comparación (n=62) antes y después del curso. Evaluamos a
los niños en estas aulas (n=231 de PEAA; n=328 en grupos de comparación).
Los análisis se hicieron realizando múltiples análisis regresivos
controlando la cantidad declases recibidasanteriores a las intervenciones
además de la información acerca del profesor (ej: educación del
profesor, años de experiencia, etc.). Encontramos fuerte evidencia
de que el PEAA representó una diferencia importante en las prácticas
del aula. Usando el mismo acercamiento analítico, examinamos
nuestros datos en búsqueda de una evidencia del impacto en el
aprendizaje de los niños con la participación del maestro en el
PEAA. Encontramos como evidencia que los niños cuyos maestros
habían participado en el PEAA obtenían mejores calificaciones
en las evaluaciones de vocabulario, conocimiento fonológico y
alfabetización temprana. Recientemente también diseñamos un curso
que se impartió mediante técnicas de video conferencias y un sitio
WEB, y de nuevo se encontró fuertes efectos en las prácticas
del aula y aún un mayor impacto en el lenguaje de los niños y
en el desarrollo de habilidades de alfabetización tempranas.
Los resultados de nuestros esfuerzos en el desarrollo
profesional demuestran que los maestros que trabajan en aulas
con niños de familias de bajos ingresos pueden realizar grandes
cambios y estos cambios se pueden traducir en mejoras en las
habilidades de alfabetización a edades tempranas. Sospechamos
que se podrán observar efectos más impactantes si los currículos
son adecuados. Con este fin, estoy ayudando al desarrollo de
uno de esos currículos como actualmente hacen otros tantos investigadores
alrededor de los Estados Unidos. En la próxima década podremos
aprender mucho sobre la efectividad de esos currículos preescolares.
Conclusiones
Las investigaciones han demostrado claramente la
importancia del éxito temprano en la escuela para el éxito del
proceso de alfabetización a largo plazo. Los programas de atención
a los niños pequeños deben hacer un énfasis especial para asegurar
que los niños reciban el mayor apoyo para el desarrollo del lenguaje
a lo largo del día. Aquí sugiero algunos pasos prácticos para
ello:
- Comprometa a
los niños con un desarrollo profesional sostenido y de alta
calidad que vincule el conocimiento con la práctica en el aula,
- Construya un
entendimiento común entre sus colegas maestros y los supervisores
con respecto a las expectativas relacionadas con el propósito
de proporcionar a los niños el apoyo para el desarrollo del
lenguaje y la alfabetización,
- Lea por lo menos
una vez al día a los niños y preferiblemente más a menudo, y
haga un esfuerzo por asegurar que cada niño participe en una
lectura en pequeños grupos, al menos varias veces por semana,
- Cuando los adultos
le leen a los niños deben seleccionar aspectos del texto y discutirlos
con ellos, de maneras que animen a los niños al análisis y hablen
sobre el significado de las diferentes palabras,
- Programe el tiempo
de la comida con una cantidad suficiente de adultos que permita
que se siente al menos un adulto por cada mesa; instruya a ese
adulto en la importancia de esforzarse por comprometer a los
niños activamente en las conversaciones de sobremesa.
- Programe el tiempo
del aula de manera que propicie una cultura de la conversación
que incluya lo siguiente:
- Los maestros
hablan sobre los temas no presentes; proporcionan información
a los niños, y animan el cuestionamiento y la especulación.
- Los maestros
permanecen y ahondan en temas muchas veces (trate por 5”!)
- Los maestros
usan un vocabulario variado y atraen la atención de los niños
sobre las palabras
- Los maestros
animan a los niños a escucharse unos a otros
· Los maestros ayudan a que los padres comprendan
la importancia de sostener largas conversaciones con sus niños
y les sugieren estrategias que les ayuden a comprometerse en las
tales conversaciones con sus hijos.
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