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APRENDIZAJE, DESARROLLO
Y DIDÁCTICA. UNA PERPECTIVA INTEGRADORA DE LA EDUCACIÓN INFANTIL.
Margarita Arroyo A
Una conjunción de determinaciones sociales, económicas,
culturales, ideológicas y políticas, entre otras, intervienen,
sin duda, en la definición de cierta orientación normativa en
el campo de la educación infantil. Sin embargo, la influencia
de las corrientes psicológicas y pedagógicas que en el transcurso
del tiempo han dando luz sobre procesos tan delicados como los
de aprendizaje y desarrollo de los niños, han tenido un peso decisivo
en tal orientación y en la forma como se realiza en la práctica
educativa. Junto con el de maduración, la interpretación que de
estos conceptos ha sido fuente de propósitos y fundamentos de
las principales propuestas pedagógicas y didácticas llevadas a
la práctica en la educación inicial y preescolar, y han sido un
ingrediente importante en la conformación de una cultura pedagógica
en estos niveles.
En este artículo desarrollo una aproximación general
de la manera como distintos enfoques teóricos han fundamentado
a los modelos pedagógicos sobresalientes en esta práctica educativa,
en México. Esto me lleva hacer una reflexión sobre la propuesta
misma y, principalmente, sobre la manera como se concibió la organización
didáctica; por consiguiente, el lugar del docente, del niño y
de lo que en cada caso se entendiera por contenidos.
Al aportar estas reflexiones en la relación teoría
práctica, intento resignificar el concepto de didáctica,
desde el constructivismo, que es la última fase en que la práctica
educativa del nivel ha estado incursionando. Interesa trabajar
en esta dirección por que desde esta postura se ha generado otra
ética en las relaciones entre la educadora (docente) y los niños
al reconocerlos como sujetos de conocimientos, inteligentes, pensantes
y capaces de tener una participación activa y responsable en sus
aprendizajes. Porque, como veremos mas adelante, significa para
el docente otro compromiso profesional frente al conocimiento
y su enseñanza y frente a si misma(o) en la transformación de
sus objetivos y formas de intervención. Estas ideas nos remiten,
por lo tanto, a otro esquema didáctico que implica otra conciencia
acerca de la actividad de enseñanza en educación infantil.
Este recorrido ofrece, además, algunos elementos
para caracterizar lo que han sido, y son, algunas de las formas
de pensar de la mayor parte de este gremio docente; considero
esto importante en tanto configuran la base desde la cual asimilan
las innovaciones, en procesos de transformación de la práctica
y ayudan a explicarnos muchos de los conflictos que viven, como
docentes, frente a las decisiones de cambio curricular.
Los referentes que utilizo los he tomado de la
experiencia mexicana, que es la base de mis conocimientos. Sin
embargo, estoy segura de que hay rasgos en estas historias en
los que pueden reconocerse educadoras de otros países.
Como he señalado, una cierta recuperación de la
memoria acerca de los modelos dominantes en la educación preescolar
en México, ayuda a entender la manera como se fue plantando la
organización didáctica bajo los enfoques teóricos que en esa época
influyeron, hasta las últimas propuestas que es cuando se marca
la transición al enfoque psicogenético. Es posible identificar
en ello el concepto que se tenía de cada uno de los elementos
que he señalado __los niños, la educadora y los contenidos__ de
sus funciones y relaciones en las situaciones didácticas.
Por un largo tiempo que casi ocupó el siglo pasado,
hubo un enfoque educativo caracterizado, en forma dominante por
lo que identificamos como práctica tradicional Esta, en la educación
preescolar, tomó forma en torno a una serie de imágenes que tenían
sentido en relación al nombre que le dio origen y con el que tradicionalmente
se le identifica, es decir, los jardines de niños o kindergarten
en alemán..
El jardín de niños nació y se difundió con la
idea de ser una extensión del hogar y poder educar a los niños
con los cuidados y enseñanzas propias de la madre, idea que, aún
subyace en las prácticas. El niño fue concebido desde un ideario,
claramente biológico, como una planta, un grano a germinar, una
planta humana a desenvolverse, una florecita a cultivarse.
Un ser pequeño e indefenso que tendría que ser guiado y protegido.
Para ello eran pertinentes los cuidados de una madre jardinera,
de una madre buena y sensata, que no tendría que saber nada
mas, que jugar con el y apartarlo de las ideas nocivas y de
los peligros del mundo
[1] .
En los inicios del jardín de niños en México, y
estamos hablando de fines del siglo XIX y principios del pasado,
el trabajo docente se inspiraba en esta pedagogía cuya intención,
se leía, era la de ...enseñar a la madre la manera de nutrir
y dar impulso a los gérmenes de las futuras actividades psicofisiológicas
de los niños.. [2] . Estos propósitos se lograban a través de
una organización didáctica que implicaba realizar actividades
en torno a lo que en la propuesta Froebeliana se llamaban juegos
maternales, dones y ocupaciones los cuales propiciaban, habría
dicho Froebel, que los niños ....desarrollen los sentidos
y preparen a la mano para su futura misión [3] . El jugar de los niños, desde entonces, se
escolariza y se toma como herramienta para fines educativos.
Estas ocupaciones consistían en una
serie de actividades manuales que hasta la fecha nutren la cotidianeidad
de las actividades escolares, a la par que las herencias que dejaron
los dones y los juegos maternales. Para dar una idea de esto,
señalo sólo algunas: perforar, coser, dibujar, tejer, doblar y
recortar papel, modelar; pelotas cubos, superficies geométricas,
semillas y otras. En los objetivos de estas actividades se podía
manifestar el concepto que tenían sobre los niños y las pretensiones
sobre su educación y cito textualmente ...su importancia
es obvia: da una legítima y conveniente satisfacción a los instintos
de actividad e investigación; ejercita el tacto, cultiva la atención,
la observación, el juicio, la paciencia, el gusto artístico; en
una palabra: desarrolla al niño integralmente. [4]
La explicación psicológica a los cambios, evolución
o transformaciones en las capacidades de los niños se expresaban
con el concepto de maduración, muy familiar aún en preescolar.
Este, que implica un determinismo biológico, considera que las
transformaciones en los niños ocurren de manera programada y sólo
bajo las leyes de la naturaleza. Por lo tanto, tendría que ocurrir
lo mismo en todos los niños en una correspondencia uniforme de
habilidades y funciones para cada edad. Desde esta perspectiva,
la didáctica se entendería como un conjunto de actividades que
por si mismas favorecerían la maduración de funciones,
habilidades y destrezas sensorio motoras, de la atención,
la observación, la memoria y otras habilidades útiles para un
aprendizaje de la vida basado en la imitación, la repetición,
ejercitación y memorización. Es decir, una organización didáctica
que relaciona a un organismo que, mientras mejor madure, mejor
incorpora los objetos de enseñanza.
Estas ideas, propias de la pedagogía Froebeliana,
se prolongan en la teoría y práctica del J. De Niños de la M.
Rosaura Zapata [5] , influencia dominante en la educación
preescolar casi a lo largo del siglo pasado. En esta propuesta
se retoma la idea naturalista del niño considerándolo como ..la
semilla del árbol del mañana y habla del espacio didáctico
como el terreno propicio para impartir los cuidados
que la naturaleza pide, acentuando la función de la educadora
como jardinera. Si estuviésemos en un espacio poético
veríamos la congruencia con este lenguaje metafórico. Como no
es así, la consecuencia fue que estas ideas se instituyeron a
lo largo del tiempo, creando una aproximación simplista, romántica
y a la vez controladora de la tarea educativa. Paralelamente,
la formación profesional se fue dando bajo estas línea sin aterrizar
en la importancia de un conocimiento profundo del niño y de otros
contenidos, socialmente relevantes, que la institución educativa
tendría que incorporar. En este aspecto, predominaban los contenidos
centrados en el entrenamiento y en un entretenimiento socializador.
Paradójicamente, y como parte de este esquema biológico,
Zapata señala que el niño es fisiológicamente, un animal
en desarrollo [6] al que habría que dominar y controlar.
Para ello resalta, más aún, el valor del juego como una poderosa
herramienta educativa y plantea una organización didáctica que
implica la con-fusión entre juegos y actividades.
Las implicaciones didácticas consecuentes a esta
idea de animalidad que ha dominado todo el siglo pasado (y en
muchos aspectos hasta nuestros días), se concretan en una especie
de administración de los juegos que parece responder a la necesidad
de control y dominio de los instintos infantiles. Y así encontramos,
por ejemplo, los juegos de agua, de arena, juegos organizados
y cantos y juegos, entre otros; en suma, el juego dirigido.
El conductismo reforzó posteriormente la visión
del niño como una tabla rasa, es decir, un sujeto sin saber, sin
conocimientos que rescatar, sin procesos internos en el acto
de conocer, donde todo estaría determinado desde fuera. La enseñanza,
por lo tanto, se entendería como estimulación y el aprendizaje
como una especie de reflejo o copia de la realidad ya que, lo
que se espera de quien aprende es la producción de respuestas
precisas y exactas en co-rrespondencia a los estímulos que el
docente propone.
Lo importante en este esquema simple y preciso,
basado en el principio biológico de estímulo respuesta,
es la respuesta conductual, lo observable y medible desde el punto
de vista de los propósitos educativos. Tanto el sujeto como el
objeto de la enseñanza son vistos en la fragmentación y desarticulación
de sus elementos, es decir, en una multiplicidad de fragmentos
de sus capacidades y funciones, donde no existen relaciones, integración
alguna ni construcción de sentido.
La enseñanza así concebida ha tenido como objeto
la estimulación de fragmentos de ideas, de cualidades físicas
y de funciones de los sujetos y de los objetos; de habilidades
personales totalmente parcializadas, descontextualizadas y carentes
de sentido, a no ser los premios, cuando hacían bien la tarea
o los estímulos negativos cuando no lo lograban. Así hemos visto,
a lo largo de años, un predominio de juegos sensoriales relacionados
con los colores, las formas, los olores y cualidades espaciales.
Actividades para educar la atención y la memoria; otras de ejercitación
muscular para la coordinación motora en el aprendizaje, por ejemplo
de la escritura, donde todos hemos visto planas de trazos o la
repetición al infinito de letras sueltas. Incluye también a ciertos
objetos de enseñanza que la moda va tomando y trasladando como
ofertas a una especie de mercado educativo que vende
técnicas para acelerar la adquisición de habilidades que demanda
la modernidad por ejemplo leer rápido, hablar inglés,
saber computación; otras como la ejercitación motora para que
los bebés caminen mas pronto o se vuelvan mas inteligentes, o
lean al año, entre muchas otras. Es decir, la mirada puesta en
un niño fragmentado.
Este enfoque, que ha tenido un peso dominante en
la educación infantil, hasta hoy, dio lugar a que las educadoras
enfrentaran una enorme atomización de los contenidos conductuales
a estimular, cada uno, con su correspondiente actividad, lo cual
llegó a ser casi delirante. En este modelo la participación de
los niños se reduce a recibir y cumplir indicaciones de lo que
deben hacer, con un cierto orden, y sin interactuar con sus compañeros.
Esto trasmite la idea del niño del momento (no en proceso), del
niño eficiente en ese recorte de conducta, en el que no se percibe
un futuro basado en el desarrollo de sus potencialidades. En cuanto
a la educadora, en ella recae la tarea de preparar todos los estímulos
necesarios para realizar las actividades.
Esta oferta educativa, simplista, pragmática y
de serias consecuencia para la educación infantil, dominaba la
fase previa a la implantación, a nivel normativo, de un programa
en educación preescolar fundamentado en la teoría psicogenética [7] . El hecho de haber sido la
primera formalización curricular a nivel oficial y, por lo tanto,
de haberse convertido en norma a nivel nacional, impulsó su difusión
y puso en contacto a las educadoras con esa lógica constructivista.
Este proceso se continuaría, a partir de 1992, con el segundo
Programa Nacional [8] el cual, en esencia, aunque con
otro esquema metodológico basado en el desarrollo de proyectos,
sostendría el mismo enfoque. Está por demás hablar del shock
que este cambio generó en la base docente y en la organización
técnico administrativo. Fue evidente que había impactado a la
educación preescolar.
¿Cómo explicar las transformaciones posteriores
y a que reflexiones nos llevan?
Desde que comienzan a difundirse las investigaciones
de J. Piaget, a partir de los setentas, surgen en varios países
proyectos de investigación para pensar estas teorías desde lo
propio del campo pedagógico
[9] . En una primera fase se produjo un traslado casi mecánico
de estas ideas, identificado como aplicacionismo ,
al campo de la práctica [10] . Es decir, se tomaron como contenidos las operaciones descritas
en la teoría para explicar el desarrollo pscicologizándose las
actividades y aplicándose la jerga propia del trabajo experimental
al campo educativo en preescolar. Un ejemplo de esto, en el caso
de México, es el Programa de Educación Preescolar de 1981 y sus
repercusiones en la práctica. Entre ellas, por ejemplo, el hecho
de que las educadoras, sin mayor elaboración al respecto, realizaran
actividades de clasificación y de seriación para que los niños
aprendieran matemáticas.
Ante la imprecisión didáctica respecto a una intervención
docente acorde con estas ideas, se fue acentuando la postura del
dejar hacer bajo el supuesto de que los niños, por
si solos y en interacción con los objetos, construyen conocimientos.
Aparejada a esta forma de intervención __es decir la de no intervención__
las educadoras tomaron un rol pasivo como respuesta a un vacío
de reflexión en torno a otra manera de entender su función, es
decir, en el sentido de crear condiciones para el avance de los
conocimientos y el desarrollo de capacidades. Esto se podría
expresar así: si el niño construye conocimientos por si solo
y en interacción con los objetos, ¿qué tendría que hacer la educadora
de preescolar o de educación inicial sino dejarlo construir por
si solo y tomar distancia de ese proceso?. Bajo este supuesto
la idea de lo activo acentuó la lógica de una activitis
pragmática que siempre ha encontrado un terreno fértil en la educación
infantil, tendencia a la que también contribuyó la escuela activa.
Otro efecto fue que, al incorporarse a la jerga
cotidiana los términos propios de la teoría psicogenética, y entre
ellos el de objeto de conocimiento, todo, practicamente, pasó
a ser objeto de conocimiento. Esto agudizó la dificultad de comprenderlo
en cuanto a su propia naturaleza y esencia como saber universal,
su carácter integrado y complejo, su conceptualización como contenido
escolar, su funcionalidad como conocimiento que circula en las
prácticas sociales y culturales y, por lo tanto, la congruencia
de estos aspectos en una didáctica específica para su enseñanza
y su aprendizaje.
Si bien, desde esta perspectiva constructivista,
se había dado un viraje radical que nos daba luz para comprender
la capacidad del sujeto para construir conocimientos, nos encontramos
a la vez, y por mucho tiempo, en una especie de vacío desde el
punto de vista didáctico, para responder al insistente y justificado
¿cómo hacer para...? que planteaban las educadoras
para llevar a la práctica estas ideas.
Este ¿cómo...? lo formulaban inicialmente en un
intento de comprender la metodología general, que en 1981 proponía
la organización de actividades en situaciones y en 1992 en torno
a proyectos. Sin embargo, esta preguntas y confusiones comenzaron
a despejar el camino para entender lo que en ellas había de fondo
y pensar didácticamente en la manera de abordarlas. Uno de los
ejes de esta reflexión y una constante, a la vez, de todo este
análisis, tenía que ver con la relación entre lo general y lo
específico, principio que opera tanto en el plano conceptual como
operativo. Es particularmente significativo por que incide en
esa práctica tan arraigada de desagregar todos los elemento didácticos.
Por ejemplo, la reflexión recupera la visión integradora
del niño y el desarrollo, donde cada una de las áreas se concibe
en estrecha interrelación con las otras. En otro aspecto se considera
la relación entre las actividades de rutina y las
que propiamente intervienen en los proyectos en la vida cotidiana.
En las decisiones didácticas se destaca la relación de sentido
entre las situaciones que abordan contenidos específicos y el
contexto general dado por los propósitos y la lógica misma de
los proyectos. Igualmente, en la definición del recorte [11] que se hace de un objeto de conocimiento,
para tomarlo como eje o núcleo integrador de una determinada modalidad
en la organización de actividades.
En este proceso, y sin haber resuelto muchos interrogantes,
se han escuchado preguntas mas de fondo y demandas mas concretas
respecto a la enseñanza y, a los contenidos [12] . Un lugar de preferencia respecto a estas inquietudes se ha
expresado en torno a la enseñanza del lenguaje escrito que tradicionalmente
ha enseñado la primaria (lo digo en el sentido de tradición y
de práctica tradicional) y que ha influido muchísimo en preescolar.
No es de sorprender que esto haya sucedido ya
que a partir de la investigación en el marco psicogenético
[13] se ha difundido el conocimiento sobre los procesos
de aprendizaje de los niños, en este contenido específico, y se
han desarrollado investigaciones y propuestas propiamente didácticas
que han revolucionado, aunque no dominado aún, la enseñanza de
este contenido en educación inicial. [14] En el proceso de asimilación de esta ideas
en el nivel preescolar, se ha logrado romper con el mito de que
el Jardín de Niños no debía enseñar a leer ni escribir. A esto
se ha sumado la demanda social que cada vez reclama, con mayor
fuerza y legitimidad, el derecho a ese conocimiento desde las
primeras edades.
Otra consecuencia importante a partir de la reflexión
entre constructivismo y didáctica del lenguaje escrito, es que
ha abierto el camino a reflexionar sobre la legitimidad de enseñar
otros contenidos específicos en el nivel preescolar que correspondan
a diferentes campos del conocimiento científico y artístico y,
desde esta idea, considerar la pertinencia de construir estas
didácticas sin que se pierda la función y la identidad que este
nivel tiene en la educación infantil.
Otra visión que profesionalice de manera distinta
la actividad docente, implicaría una revisión y resignificación
de las formas didácticas con que tradicionalmente se han tratado
estos contenidos muchos de los cuales, a mi juicio,
han estado presentes pero no en su dimensión de objetos de conocimiento
ni de objetos sociales y de la cultura, sino como temas que han
sido un soporte para otros propósitos.
Retomando la perspectiva general: ¿Que elementos
o factores estructurantes en este marco constructivista son los
que se recuperan para una elaboración propiamente didáctica? Es
decir, ya no para explicar como un sujeto pasa de un estado de
menor conocimiento a otro de mayor conocimiento, tema que corresponde
a la investigación psicológica, si no para responder a otra que
tiene propósitos e implicaciones didácticas y que es: ¿cómo
lograr que los alumnos pasen de un estado de menor conocimiento
a otro de mayor conocimiento en relación con los contenidos escolares?.
[15]
En un enunciado muy general, la perspectiva Piagetiana
explica el desarrollo de la inteligencia [16] en la confluencia de la maduración biológica, el ejercicio
y la experiencia que el niño va adquiriendo por las acciones que
realiza sobre los objetos, desde que nace, y por la interacción
social; es decir, por las relaciones que establece con las otras
personas con quienes vive y convive en distintos espacios sociales
de su vida cotidiana. Señala también la afectividad, como factor
inherente a toda conducta y la equilibración, como un mecanismo
de compensación activa en la interacción entre sujeto y objeto,
en el proceso de construcción del saber. En el enfoque socio-histórico [17] , Vigotsky pone el énfasis
en la transmisión social y cultural que representan los objetos
y prácticas sociales y culturales en que el niño aprende y se
desarrolla y, específicamente, en su interacción con los otros
seres humanos.
Estos factores, construidos desde la teoría, han
pasado a ser objeto de estudio e investigación de la didáctica,
con el propósito de que tengan una función y sentido propio en
esta disciplina y se puedan desarrollar estrategias pertinentes
para la enseñanza de los contenidos escolares, a partir de sus
propias cualidades como objeto de conocimiento y de su función
en las prácticas sociales y culturales.
Una situación didáctica, con propósitos
de enseñanza implicaría una conjunción interactiva entre los
contenidos, la intervención del docente y la participación de
los niños a partir de la definición de sus características y
funciones en ese proceso, las cuales se definen en esta perspectiva
constructivista.
Las modalidades en que las situaciones didácticas
se organizan y desarrollan pueden ser las actividades puntuales,
una secuencia de situaciones o los proyectos. Su complejidad tendría
que ver con los contenidos que se aborden. Cada una, con su propósitos,
se organizaría en torno a un eje o núcleo que da cuenta de una
situación o problema social a conocer y/o resolver. En ese proceso
se planifican y desarrollan las situaciones con objeto de crear
condiciones para que los niños tengan nuevas experiencias y aprendizajes,
desarrollen distintas capacidades y profundicen en otros conocimientos.
Considero conveniente una pequeña reflexión acerca
del término situación por que tiene distintas interpretaciones.
En el medio educativo ha sido mas familiar el concepto de actividad,
como unidad didáctica y su relación con los contenidos. Sin embargo,
en una perspectiva integradora, tanto desde el punto de vista
de los sujetos como de los objetos de enseñanza, el término situación
remite a una organización integradora y dinámica de los elementos
que la constituyen y de sus relaciones. Estas situaciones,
en el contexto social y cultural donde toman vida, ocurren en
la diversidad de prácticas sociales. En cada una de estas prácticas
interviene una particular configuración de saberes que tienen
sentido en función de esa práctica. La regularidad de sus repeticiones
respecto a la función que cumplen, como rito, ante una necesidad
social y cultural, da lugar a que se expresen los lugares y formas
de saber y poder de los sujetos así como interacción, entre personas
y con los objetos propios de tal configuración.
Cada situación didáctica que se interprete desde
esta perspectiva, establece una determinada participación de los
sujetos y la inclusión de formas comunicativas congruentes con
el eje o núcleo que la define y con los propósitos de la práctica.
Estas situaciones, desde los propósitos
didácticos implican la articulación entre lo extraescolar y lo
escolar. Una articulación que considera la práctica social
como un contexto de sentido, generador de preguntas, retos y desafíos
que movilizan los saberes en los que hay que profundizar en la
escuela. En congruencia con este objeto social y los contenidos
involucrados, se decide la modalidad para la organización de las
actividades.
Es importante, aunque sólo alcance a mencionarla,
la forma como Brousseau [18] entiende el concepto de situación
desde la lógica interna de la construcción del saber. La identifica
como una especie de espacio donde el sujeto pone en relación lo
que sabe y puede de un cierto objeto de conocimiento para encarar
los retos o desafíos que las situaciones problemáticas le presentan.
Sin embargo al no ser suficientes estos conocimientos para entender
o resolver la situación, se ve en la necesidad de construir
otros conocimientos. Es decir, a diferencia del concepto de situación
antes señalado, que es un contexto con sentido social donde circula
el saber, ésta otra alude a una especie de estado de fricción
entre lo que el sujeto no sabe o no puede y lo que tiene que saber,
respecto a un problema que encarar y tiene que resolver construyendo
otros conocimientos.
La posibilidad de ver esta perspectiva del conocimiento
hace pensar en la necesidad de una intervención docente sistemática,
dialógica y problematizadora, que oriente y guíe el proceso. Esto
requiere, a la vez, de un marco flexible y abierto de criterios
que permitan pensar los elementos que intervienen y sus relaciones
en función de cada situación
Esta perspectiva de la educación infantil, desde
los lactantes hasta la primaria, y de allí en adelante, implica
una transformación de las funciones y responsabilidades tradicionales
de las instituciones de educación infantil, la redefinición de
sus contenidos y, por lo tanto, de la función docente. Como en
todo proceso de transformación se requiere de convicciones para
abordar los conflictos que se generan en el proceso.
Asumirse en la función de enseñante
o maestra de aquello que se enseña o pretende desarrollar requiere,
entre muchas otras cosas, de tener una identidad que lo sostenga.
Esta identidad ha correspondido mas a los docentes de la primaria
que a las del jardín de niños donde su función, como educadora,
ha tenido orientaciones muy diferentes. La idea dominante en preescolar
ha sido que los niños vayan al jardín a que se les eduque, a
que jueguen, a que se socialicen. A que se les eduque en los
buenos hábitos y en adquirir una disciplina en relación a los
comportamientos escolares. A que se socialicen en la adquisición
de todo tipo de hábitos, que si bien no son malos de por sí, se
han tenido como metas prioritarias en la educación infantil. A
que entren a la lógica de la actividad juego, es decir,
del juego como instrumento de control y como señuelo para los
aprendizajes, es decir, a que jueguen pero renunciando
al acto libre de jugar.
Ser seño o señorita o
miss, como ahora les dicen o simplemente educadora,
es diferente de ser la maestra de primero o de segundo, que es
buena porque enseña, aunque sea dura con la disciplina. En el
caso de los aún mas pequeños, el concepto de lo educativo se
ha restringido, generalmente, al de otorgar los cuidados asistenciales
básicos.
¿Podemos hablar de los centros de desarrollo infantil
y de los jardines de niños como escuelas?.
En torno a esta pregunta podemos ver aproximaciones
contradictorias. A lo largo de los años la escolarización ha estado
asociada a la escuela primaria y niveles posteriores. Escolar,
remite a la idea de escuela y en la escuela se enseña y se aprende.
De hecho, sigue pensándose que es en la primaria donde comienzan
los aprendizajes socialmente valorados y esto involucra la cantidad
de métodos y técnicas que sirven para ello. Antes, institucionalmente
hablando, nada importante pasaba por las cabezas de los niños.
Al jardín de niños se le ha visto como preparador
para el gran inicio de los aprendizajes que ocurriría en la escuela
primaria. Respecto a la guardería, o nombres equivalentes, tiene
vida aún la idea original de que los mas pequeños van a que se
les entrene debidamente en sus funciones fisiológicas, a cuidar
que no corran riegos físicos, a que reciban sus alimentos, a adquirir
buenos hábitos de disciplina e higiene y algunas habilidades básicas.
No es que esto esté mal sino que, institucionalmente y por mucho
tiempo, ha habido un vacío de reflexión respecto al enorme potencial
de aprendizajes y desarrollo que tienen los niños y cómo hacer
para lograrlo, no solo como entrenamiento.
La primaria, entonces, ha legitimado su espacio
pedagógico como un lugar donde los niños sí van a aprender y no
a jugar (total descalificación del juego en lugar de abrirle sus
espacios). Es por ello que en el currículo de este nivel y los
que siguen, el concepto y función de los contenidos serios
y formales tienen legitimidad. En este sentido se
ha pensado que hablar de currículo en educación infantil no es
propio y que al hacerlo no se toman en cuenta las necesidades
y características de los preescolares. Es así que asociar la escolarización
a la idea de los métodos tradicionales, de la primaria principalmente,
adquiere un sentido negativo.
Parte de la realidad es que no ha existido, en
México por lo menos, una tradición pedagógica que haya generado
una estructura conceptual ni metodológica en relación a lo que
implica moverse en el concepto de contenidos pertinente a esta
fase del desarrollo, aún cuando está demostrado, por la experiencia
de otros países, la plena posibilidad de hacerlo
[19] .
He señalado cómo, el jardín de niños, ha establecido
su diferencia con la primaria organizando sus tareas en relación
a los juegos y transformando esta actividad esencial en métodos
donde las diferentes actividades se disfrazan de juegos
o de ..juguemos a.... Creo que es importante insistir
en ello porque, en pocas palabras, esta forma de asumir el juego,
que se ha institucionalizado y escolarizado impide a los niños
acercarse al sentido de lo que es jugar, y la función que tiene.
Distorsiona la posibilidad de considerar, en la organización escolar,
un equilibrio entre las actividades que son propiamente de enseñanza
y el espacio para jugar. Y sobre todo cancela lo mas sensible
del desarrollo infantil que es encontrarse, jugando, en el espacio
de la magia, del sueño, de la fantasía, de la poesía; de transitar
en el mundo de la creación, en los límites entre la ficción y
la realidad; por lo tanto, de vivir la antesala de los lenguajes
artísticos. Esta reflexión no es simple; no jugar va en detrimento
de la constitución del sujeto en su desarrollo simbólico.
La idea de los contenidos y la escolarización,
al interior de esta cultura pedagógica, tan particular, pareciera
agredir una especie de sentido originario que rompe con algo
idílico y hace incompatible pensar en una enseñanza seria y profunda
y en una formación profesional seria, exigente y profunda. Esto
implicaría dejar de reconocer a los niños como chiquitos incapaces,
tontos y a quienes hay que resolverles la vida por
que no entienden. Estos estereotipos han impedido,
lamentablemente, el placer enorme de dialogar con los niños en
su propia lógica y posibilidades y aprender de sus pensamientos
cuando intentan comprender el universo físico y social en que
viven.
Paradójicamente observamos, en la práctica actual
en los jardines de niños, que muchas educadoras realizan esa forma
tradicional de escolarización o primarización, que estamos cuestionando
y que se expresa, en la mayoría de los casos, en formas totalmente
mecánicas y repetitivas de enseñar a los niños, por ejemplo, a
leer y escribir, a sumar y restar, aprender idiomas o aprender
computación.
La escolarización en el nivel preescolar desde
el marco constructivista está lejos de estas ideas. Hace intervenir
el concepto y desarrollo de la autonomía infantil como herramienta
para el desarrollo de todas sus capacidades. Asume la construcción
de conocimientos como un valor y un derecho legítimo desde las
primaras edades y da un peso fundamental al acto de jugar. Estas
ideas se apoyan, justo, en las características infantiles y en
el conocimiento del objeto de enseñanza; de esta manera es posible
crear un espacio didáctico para que ocurran las experiencias educativas
y para orientar la intervención docente.
La flexibilidad y apertura que requiere una propuesta
así, no se contradice con la seriedad, el rigor y sistematización
que exigen las fases del proceso. Por ejemplo, saber que los niños
aprenden de distintas maneras sugiere diversas formas de organización
de las experiencias: con objetos, en el marco de situaciones
y prácticas sociales, en el acompañamiento con mayores que guían
de cerca su procesos; en la interacción con otros niños que saben
mas o que saben menos, en equipos, en el grupo total, en interacción
con valores y diversidades humanas; observando, imitando, creando
y otras.
Es importante insistir en la idea, tan generalizada
de que los niños por ser chiquitos son tontos e incapaces. Es
frecuente escuchar comentarios en el sentido de que: aún
no saben....., aún no pueden...... o que algún
día llegarán a ser o saber lo que deben. La ideología de la falta
y de no hacer con exactitud lo que se pretende, además de ser
discriminadora, no corresponde a una visión constructivista que
se sostiene en el concepto de proceso. En esta idea, los niños
son, saben y pueden hacer mucha cosas en un momento dado; las
hacen a su propio ritmo, forma y contenido de acuerdo a sus determinaciones
históricas y a las características universales de esa fase del
desarrollo. Eso determinaría el punto de partida de la intervención
docente para ayudarlo a avanzar a un mayor grado de desarrollo.
Así que la idea que sugiere que todos los niños de cierta edad
deben hacer, decir, saber y pensar lo mismo, queda anulada.
Es indudable que cada niño o niña puede llegar
más allá de lo imaginable y de lo que las normas decidan. Sin
embargo esto depende, en gran medida, de cómo se entiendan y aborden
sus procesos de aprendizaje y desarrollo, tema de este artículo.
Para avanzar, ampliar y profundizar en conceptos y acercamientos
didácticos desde el punto de vista constructivista, ayudaría
considerar las posibilidades que al respecto ofrecen Vigotsky
y Bruner. Dada la brevedad del artículo y por la pertinencia
que tiene con el tema tratado, sólo quiero destacar algo que me
parece importante en los planteamientos de Vigotsky.
Considera este autor que el aprendizaje implica
los nuevos conocimientos y que el desarrollo los profundiza y
hace cada vez mas complejos y significativos [20] . Es decir, ubica los aprendizajes como condición previa al
desarrollo o, dicho en la lógica escolar, se organizarían primero
situaciones que den lugar a nuevos aprendizajes y se trabajaría
luego en el sentido de profundizar esos conocimientos. En esta
lógica, la relación entre aprendizajes y desarrollo de distintas
capacidades, conocimientos y valores, a lo largo de la vida,
irá siempre de la mano.
Integrar algunas de las ideas planteadas en este
artículo, me sugiere que estos conceptos podrían dar una especie
de identidad a la lógica de las didácticas en educación infantil.
Es decir, para adquirir los primeros aprendizajes se requiere
que los niños tengan oportunidades de participar y vivir experiencias
interesantes y significativas en situaciones donde los saberes
sociales, culturales, científicos, comunicativos y muchos otros,
adquieren su funcionalidad y sentido, en el uso social que de
ellos se hace para resolver la vida.
Estamos hablando de situaciones que pueden ser
extraescolares y escolares y que se experimentan en toda su complejidad.
Unas se recuperan para abordarlas didácticamente en el Jardín
o CENDI ; en ocasiones se va a ellas en el contexto vivo de la
comunidad. El criterio es que sean reales, o tan reales como
sea posible. Se podría de esta manera tener experiencias con las
formas sociales que adquieren los contenido, la forma y función
de las interacciones entre las personas y con los objetos y espacios;
el lenguaje que utilizan, los saberes que circulan.
Condiciones similares, pero enfocadas al desarrollo
de un conocimiento específico, como podría ser el lenguaje escrito,
que he citado como ejemplo, requieren de entrar a ese concepto
de didáctica específica, pero integrada a una situación de sentido.
Por lo tanto, avanzar en el desarrollo de capacidades
y en la construcción de sentidos, son propósitos esenciales que
se conjugan en estos planteamientos. En este sentido, el acompañamiento
personal del docente y de otros adultos en las exploraciones y
anticipaciones que un niño hace en ese proceso, es una de la formas
de intervención más importantes. Ayudarlo en lo que no sabe o
puede, identificar y reconocer sus anticipaciones y valorar sus
avances, va mas allá de lo técnico de la enseñanza, ya que incide
en la dimensión afectiva, en las sutilezas de la relación humana,
en la posibilidad de despertar la confianza en sus capacidades
y sintiendo el apoyo en la construcción de una identidad positiva.
Organizar un currículo de educación infantil tomando
como núcleo el desarrollo de las capacidades humanas, en su sentido
mas amplio y universal y no por ello menos organizable e integrador,
corresponde a una ideología que implica conocer y respetar lo
que cada niño o niña es, sabe y puede, pero también lo que es
capaz de aprender, desarrollar y crear si se le ofrecen oportunidades
congruentes con sus características y necesidades fundamentales.
Entre ellas la de jugar en el despliegue de sus acercamientos
para comprender, manejar y representar el mundo en que vive. En
última instancia, el ejercicio de una autonomía e independencia
progresivas, en todas las capacidades, son la finalidad del desarrollo
y el desarrollo mismo, como proceso, es la base de mayor independencia
y autonomía en el dominio de esas capacidades. Estas serán las
armas con que los niños y niñas cuenten para comprender y saber
moverse en el mundo en que viven y poder acceder a otros universos.
[1] En el contexto de esta metáfora, la tierra simbolizaba
uno de los elementos peligrosos de los que había que proteger
a los niños.
[2] Núñez,Elisa, Teoría y Práctica del Kindergarten.
Interpretación de los juegos de la madre, Tomos I y II,
Librería de la Viuda. de CH. Bouret, Paris México, 1917.
[3] Núñez Elisa, op. Cit.
[4] Núñez Elisa, op.cit. tomo II pp.93
[5] Zapata Rosaura, Teoría y Práctica del Jardín
de Niños , México, 1962
[6] Zapata R. Op.cit, pp 10
[9] Lavatelli, Illinois, 1970. Binghman, Newman, Saunders
y Hooper, Winsconsin, 1976. Kamii y de Vries, 1974. Weikart
(High Scop), Michigan, 70s
[10] Lerner Delia, La enseñanza y el aprendizaje
escolar. Alegato contra una falsa oposición, en Jose Antonio
castorina, Emilia Ferreiro, Marta Col de Oliveira, Delia Lerner,
Piaget Vigotsky contribuciones para replantar el debate.
Paidos Educador, México 1996
[11] Nemirovsky Myriam, La integración de contenidos.
El papel de lo general y de lo específico: ¿un problema didáctico?
en La atención del niño preescolar, entre la política educativa
y la complejidad de la práctica. Fundación SNTE para la
Cultura del maestro mexicano A.C. IEEPO, México q995,
pp 89 - 112
[12] Arroyo A. Margarita, El lugar del niño, Sentido
y Naturaleza de los contenidos en la propuesta metodológica
de educación preecolar. Básica, Revista de la Escuela y el
Maestro No. 10 Mexico, 1996, pp 6-16
[13] Farreiro Emilia y Teberosky Ana, Los sistemas
de escritura en el desarrollo del niño, Siglo XXI editores,
México 1979
[14] Nemirovsky Myriam , Sobre la enseñanza del
lenguaje escrito... y temas aledaños. Piados, México 1999 Otras
autoras con amplia producción en el tema son:, Kaufman Ana María,
Lerner Delia, Teberosky Ana, Molinar Claudia, Siro Ani, Castedo
Mirta....
[15] Lerner Delia, Op cit. pp.72
[16] Piaget J, Inhelder B., Los Factores del Desarrollo
Mental en Psicología del Niño, Ediciones Morata, España
1972, pp 150 - 158
[17] Wersch James V., Vigotsky y la formación
social de la mente, Paidos, España 1995
[18] Brousseau, G., ¿Qué pueden aportar a los enseñantes
los diferentes enfoques de la didáctica de las matemáticas?
En Enseñanza de las ciencias, 1991, 9(1), 10 2,
IREM, Université de Bordeaux I, Francia.
Versión castellana de Luis Puig.
[19] Como ejemplo puede citarse, del Ministerio de
Educación y Ciencia de España, el Diseño Curricular Base.
de Educación Infantil, la propuesta curricular de la provincia
de Buenos Aires en Argentina.
[20] Citado en Bassedas Eulalia, Huguet Teresa, Solé
Isabel, Aprender y enseñar en educación infantil, Graó
Serie metodología y recursos, España 2000
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